familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Me llega una noticia sobre que ha reabierto el Park Güell, ahora libre de turistas.

Es uno de mis sitios favoritos del mundo. B. y A. fueron varios veranos a un casal de música a un colegio que estaba dentro del parque y cuando les dejaba a las 9 de la mañana, después de una excursión andando y en el microbús que circula por las callejuelas estrechas y empinadas de esta parte del barrio, siempre me daba un garbeo por el parque sin gente. Luego miraba la ciudad desde lo alto, respiraba hondo, y me iba a trabajar.

Es uno de esos sitios a los que no sé cuándo volveré a ir. Cómo no sé cuándo volveré a ver a mi familia, cuando volveré a pisar una playa, qué haré las próximas vacaciones.

Qué difícil hacer planes a más de una semana vista.

Dicen que Madrid pasa a la fase 1 el próximo lunes: se lo oí ayer a un señor que pasaba por la calle, lo buscamos en Internet, y ahí estaba la noticia.

A pesar del baile de números, a pesar de la sanidad depauperada, a pesar dela incompetencia de los políticos, el lunes podremos ir a tomar cervezas y hacer reuniones de amigos.

Si queremos; como dice M, yo pienso ir una fase detrás de lo que diga la Ayuso. O dos.

N. ha sacado la máquina de coser y ha hecho mascarillas para toda la familia. También para la vecina, que vio la primera que hizo y se enamoró de ella.

Con las mascarillas puestas, salimos al paseo diario. Siempre lo más tarde posible, aunque a los chicos la hora se les hace corta. Estos últimos días les gusta ir a un parque arbolado con las bicicletas, donde se persiguen en un juego con unas normas complejas que han ido negociando a medida que jugaba. Hace unos días, una tarde que salieron con N., me contó que había policía poniendo multas a los que incumplían las normas: familias con más de una persona adulta, personas no convivientes demasiado cerca unas de otras. Ayer y hoy ha estado muy tranquilo y les he esperado en la sombra mientras ellos correteaban y se terminaba toda el agua que habíamos llevado.

“He descubierto que es divertido jugar con B.”, dice A.

Esta es otra de las ganancias del confinamiento.

Cuando llegamos a casa, tienen tanto calor que se duchan con las regaderas en el patio.

Yo había escrito algunas cosas ayer, pero me ha desaparecido el documento, así que vuelvo a empezar mientras les oigo gritar de emoción, trastear en la cocina, empezar a preparar la cena, y el sábado empieza a terminarse.

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