familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para octubre, 2020

Diario del año de la peste, entrega 175

El edificio contiguo a la casa de mi madre es un hotel. Desde la galería de casa se ve su jardín, lleno de árboles, con un abeto inmenso en el centro, la piscina en una esquina, y los jacuzzis en las terrazas de las habitaciones que dan al patio. Algunas veces, se nos ha caído alguna pieza de ropa al tender y hemos bajado a buscarla a la recepción del hotel.

Recuerdo cuando lo construyeron, aún vivían mis abuelos y los dueños del hotel les pidieron que, por favor, no cortaran la palmera del jardín, que aportaba un punto de exotismo al suyo. Años más tarde, la palmera enfermó y hubo que cortarla, pero desde entonces se mantiene una relación cordial entre los dueños del hotel y los habitantes del edificio de mi madre; ella intercambia mails a menudo con el dueño.

Al algoritmo le ha dado por mostrarme fotos del hotel, con su piscina y sus jacuzzis. Debe notar que hace tiempo que no me acerco a esa zona.

Llevamos toda la semana pensando si vamos o no a Barcelona este finde. Si nos van a dejar salir, si nos van a dejar entrar, si una vez allí podremos hacer algo (al menos salir de casa); si es seguro ir, para nosotros y para los de allí. No pedimos mucho: unos días en familia, sin grandes planes.

Finalmente, los políticos han resuelto el dilema: Cierre perimetral, se llama. Ayuso, siempre dando la nota, ha pedido que la Comunidad de Madrid se perimetre pero poco; pero sin duda, otras comunidades serán más sensatas y aunque podamos salir, no nos dejarán entrar.

El tiempo pasa y las distancias se hacen cada vez más difíciles.

Diario del año de la peste, entrega 174

Estado de alarma y toque de queda a partir de las 23 horas. Excepto si eres político, periodista, VIP. Si perteneces a esa casta privilegiada, puedes reunirte de 150 en 150 personas en un sitio cerrado, sin mascarillas. Dicen que los coches oficiales ocupaban la calle por la que si nosotros paseamos nos multan.

Está prohibido reunirse más de 6 personas en la ciudad de Madrid. Está prohibido reunirse por la noche con personas no convivientes. En mi familia, en la que ya somos 6, no podemos quedar con NADIE. Pero no pasa nada porque ellos se hagan la foto en grupos de más de 6, ahí bien pegaditos.

José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid, recomienda a los ciudadanos de los barrios del Sur de la ciudad que no salgan a la calle y anuncia que endurecerá la vigilanacia antibotellón. Véanlo en esta foto, en un acto nocturno, sin mascarilla y con una copa de vino delante.

También ha dicho que “los ciudadanos no merecen este desconcierto”. Pero seguramente no se refería a esto.

Pablo Casado (al fondo y – sin que sirva de precedente- a la izquierda), sin mascarilla: “El Covid-19 solo se vence con mascarillas no con mordazas”.

 

Inés Arrimadas asegura que ha llamado por teléfono al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez para urgirle a que “tome el control” y aplique un plan nacional contra el coronavirus con medidas “contundentes” que eviten un nuevo confinamiento

Estoy casi segura de que no se refería a poder salir a saraos y circular sin mascarilla.

Estoy bastante segura también de que cuando dice que “estamos dando una imagen bochornosa” no se refería tampoco a esto.

Fíjense en el fondo de la foto: dos personas, probablemente no convivientes, abrazadas. El distanciamiento social, ya si eso.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, asegura que la pandemia no está controlada y anuncia que se avecinan meses duros.

«Si tuviéramos que tomar la decisión hoy pues habría que, lamentablemente, tener unas Navidades con medidas de restricción importantes, en grupos reducidos y con convivientes estables» porque “en un contexto tan inestable hay que tener mucha prudencia”.

Aquí le vemos departiendo en la fiesta con la que también fue ministra de Sanidad, Ana Pastor, que ha asegurado que la gestión del Gobierno en la pandemia es “una inestabilidad absoluta. Somos la comidilla de Europa”.

4 ministros, entre ellos el de Sanidad; la fiscal general del Estado y el jefe del Estado Mayor de la Defensa, entre otros integrantes de la plana mayor del PP. El líder de la oposición  la aspirante a lideresa. El alcalde de la capital y la presidenta de la comunidad autónoma más castigada. Todos ellos han participado en la fiesta de un medio de comunicación privado, y se han exhibido sin pudor en las fotos que les muestran haciendo todo lo que nos prohiben a la ciudadanía.

Mientras, nosotros no podemos salir a la calle sin mascarilla, aunque no haya nadie; tenemos que acatar el toque de queda; no podemos reunirnos más de 6 personas; llevamos varios meses sin ver a las familias que viven lejos.

 

Diario del año de la peste, entrega 173

Llevamos varios días con reuniones de clase online…. y estoy a nada de empatizar con la profesión docente.

Dicen: apagad cámaras y micros. Y la mitad de las familias dejan las cámaras, y 3/4 los micros. Dicen: no hagáis preguntas personales, protección de datos, tutorías individuales. Y salta una a preguntar qué pasa con (nombre y apellidos) que ya ha llevado dos partes y no sabe explicarle por qué. Preguntan lo que se acaba de explicar. Vuelven a preguntarlo después de que se vuelva a explicar.

La reunión de P. y la de A. se hacen con las cámaras apagadas, dicen que por una cuestión de protección de datos. Me parece una lástima que perdamos la que quizás será la única oportunidad de vernos – incluso conocernos en el caso de A. Intento deducir algo de los nombres, de las voces cuando alguien habla, pero no llego a ninguna conclusión.

La reunión de la clase de B. me reafirma en lo acertado de la elección de la escuela. Que interesante todo lo que hacen y cómo lo hacen, con qué empatía y cariño y respeto hablan del alumnado, y esto que no es un alumnado fácil.

La de C. es Fue corta y eficiente y las familias algo menos despistadas. Nos cuentan la pérdida que supone para el alumnado que la mitad de las clases sean no presenciales. Todo a lo que no se llega, todo lo que depende de los adolescentes. Me llama la atención que casi todas tienen estanterías con libros en algún lugar de la habitación, algo que no he visto en las reuniones de otras etapas. Me conocía la teoría, pero me impresiona ver la representación gráfica. no puedo dejar de pensar en el fracaso que supone para la Educación Publica que sean ((casi)solo) las familias donde hay libros las que llegan a Bachillerato.

 

Diario del año de la peste, entrega 172

Los viernes se han convertido en los días de las novedades. Estado de alarma, toque de queda, confinamientos, restricciones…

La idea de vivir en Estado de Alarma asusta; la de que se puedan imponer según qué limitaciones a los Derechos Fundamentales sin Estado de Alarma, asusta más.

Otra vez estamos en la incertidumbre de lo que implica. Sabemos que hay un toque de queda nocturno, como si el virus fuera, como dijo alguien, un virus “gremlinico”, que solo se vuelve malo si le das de comer después de medianoche. En otro sitio he leído que como deriva del murciélago, ataca de noche y duerme de día como Batman.

Vuelve el humor, quizás la única manera de afrontar la incertidumbre y el despropósito.

“No quiero ser cabrón pero acabo de ver al Dúo Dinámico afinando la guitarra”, reza un meme que me llega por Whatsapp.

Dice el humorista Mauro Entrialgo: “Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral, o expulsa aerosoles”.

La palabra de la semana es “Disciplina Social”. A ella apeló Pedro Sánchez el viernes en su comparecencia, para lograr contener el virus. Es curiosa la elección del lenguaje: hablar de disciplina en vez de responsabilidad o consciencia colectiva, quizás porque lo colectivo siempre brilla por su ausencia en todos estos discursos: quieren vendernos que se trata de soluciones individuales, que lo comunitario no tiene ningún peso. Que lo que nos salvará es quedarnos solos en vez de las conexiones, el pertenecer al grupo, los otros.

Los otros: los chinos, los italianos, los madrileños, los de los barrios pobres, las criaturas, los jóvenes, los que salen de noche, los que llegan a Barajas… son el enemigo.

Sigue sin hacerse pedagogía: se dan muchas normas y pocas explicaciones. Se apela al miedo y no a la responsabilidad, a la conciencia. Se proponen normas absurdas o incumplibles. Y contradictorias, porque nos dicen a la vez que no salgamos de casa pero que no vaciemos bares y tiendas.

“Allá donde se cruzan los caminos/ donde el mar no se puede concebir / donde regresa siempre el peregrino (sic) / pongamos que vamos camino de Madrid”.  Me recuerda mi Facebook que tal día como hoy, hace 8 años, estábamos en un tren con destino a Madrid. Quién nos iba a decir que ese día conoceríamos a la otra mitad de su familia, que el viaje que empezábamos no iba a durar solo un fin de semana, que Madrid no iba a ser un destino exótico al que volver de vez en cuando. Quién nos iba a decir que esto iba a ser el principio de todo.

Diario del año de la peste, entrega 171

Ayer fuimos al teatro. Con prisas después de la enésima reunión escolar online, bajo la lluvia.

Dicen que los teatros son seguros: los aforos están limitados, llevamos mascarillas, estamos en silencio. Además, se supone que ventilan y desinfectan las salas.

Aún así, que raro ver a los actores sin mascarilla, sin distancia física entre ellos, tocándose. Te entran ganas de darles un grito, advertirles de los riesgos que están corriendo.

Que raro estar sentados con mascarilla, no ver las caras de los vecinos de sala cuando se levantan a aplaudir; que raro que te tomen la temperatura antes de entrar, tener que lavarte las manos en el pasillo del teatro.

Que raro salir a la calle y ver que todos los locales están cerrados, aún en el centro; esto parece Barcelona, le dije a N. al ver el barrio vacío de vida, de gente, de ruido.

Los cristales de las gafas empañados entre la mascarilla y la capucha de la parka, otra vez nos hemos olvidado el paraguas.

“Llegará un día que habremos olvidado lo que es vivir en paz, no sabremos vivir con normalidad y entonces ya nada tendrá remedio, ya no habrá vuelta atrás”, dice el Coronel en la obra.

Quizás es esto la nueva normalidad.

Dentro del teatro, es octubre y llueve. Fuera también.

Diario del año de la peste, entrega 170

Se levanta A. con dolor de cabeza. Le doy un analgésico, le tomo la temperatura (no tiene fiebre). Le digo que se vista, desayune, y ya veremos. Después de vestirse y desayunar sigue doliéndole la cabeza y le digo que mejor se quede en casa. En otros tiempos, sin fiebre y con chute de analgésico, le habría mandado a la escuela, con la esperanza de que iría mejorando a lo largo de la mañana, y la certeza de que si no lo hacía, lo iría a buscar y santas pascuas. Ahora no. Ahora toda precaución es poca, y al mínimo síntoma, criatura en casa.

Le oigo de fondo, descansando en su cuarto, jugando tranquilo, pintando. A lo largo de la mañana el dolor de cabeza se va apaciguando pero no merece la pena mandarle al instituto. 24 horas en casa nos darán una dosis extra de seguridad.

Mientras, trabajo con la radio de fondo. Oigo a una senadora del PP que no me resulta familiar preguntarle con mucha grosería a Irene Montero si “¿siente usted vergüenza por compartir su vida con un machista o va a seguir callada?¿Es usted una mujer sumisa a un macho alfa? De mujer a mujer”; oigo a Andrea Levy arremeter contra varios concejales de la oposición como un toro herido acorralado en una plaza.

“¿Me va a decir el señor de Más Madrid como tengo que hacer mi intervención como delegada?”, le dice a Paco Pérez cuando la llama al orden, y él le responde: “Puede llamarme señor presidente”.

Me pregunto qué les han dado. Qué consignas y/o drogas.

Oigo a Pedro Sánchez a Abascal que a un patriota no le sobran la mitad de los compatriotas. Pero quizás es al revés, quizás la definición de Patriota es la de alguien que quiere repartirse la tierra en la que vive con sus amigotes.

He dudado entre escribir amigotes o amiguetes, no es lo mismo pero valen los dos.

Me emociona la absolución de Trapero, aunque seguro que no compensa, que no compensa en absoluto, el tiempo perdido, las noches sin dormir, la angustia, el trabajo del que le descabalgaron, el miedo.

Bueno, pues molt bé, pues adiós.

Ruido mediático, ruido político, que me va cargando las cervicales, encogiendo los músculos de la espalda, encogiéndome el estómago de angustia, dejándome sin aliento.

¿Qué vendrá? ¿Cómo haremos frente a lo que vendrá?

Finalmente, oigo la mejor intervención de todas, la de Aitor Esteban: “El PNV no contribuirá a dar protagonismo a esta patochada de moción de censura. Puede pasar al siguiente turno, señora presidenta, y usar los 29 minutos que no he utilizado yo”.

Fuera llueve y hemos llegado al millón de contagiados.

Diario del año de la peste, entrega 169

Cuando oigo la expresión “Toque de queda”, siempre pienso en aquella anécdota protagonizada por Golda Meir, que era la presidenta de Israel: cuando ante el aumento de las violaciones, en su parlamento se propuso el toque de queda para las mujeres, ella dijo que quizás a los que habría que aplicárselo era a los hombres, que eran los que violaban. No sé cómo terminó el tema, ni siquiera si la anécdota es apócrifa, pero mi madre siempre la contaba para señalar que ya está bien de poner la culpa en las víctimas y no en los agresores.

También recuerdo que mi madre comentó, cuando negociamos los horarios de vuelta a casa en la adolescencia, que no dejarnos salir por la noche era absurdo: cualquier cosa que quisiéramos hacer la podríamos hacer por la tarde. O por la mañana.

Había un cartel en aquella época, con la foto de una chica de los años 60, que lo ilustraba muy bien. Decía “María se levanta de la cama a las 9 porque a las 10 tiene que estar en casa”.

Ahora se vuelve a hablar de toque de queda. De los países donde se ha implantado, de si se va a implantar en España también, de los horarios, la circulación prohibida, las libertades fundamentales, de restricciones y estados de alarma.

Dicen que es el ocio nocturno el responsable de la mayoría de los brotes localizados, y de ahí el toque de queda. Aunque pienso que igual que esa María que se levantaba de la cama a las nueve para llegar a casa a su hora, la gente que quiere reunirse y festejar, lo harán igual a deshoras; o en lugares donde no sea fácil controlarles.

Y yo no dejo de pensar en la ocurrencia de que el virus es un animal nocturno, de que hay cosas que solo se pueden hacer por la noche, de lo contraproducente que puede ser lo de matar moscas a cañonazos.

Diario del año de la peste, entrega 168

Aunque en la Wikipedia dice que los cines Texas abrieron en 2014, no es cierto. Buceo un poco más y leo que abrieron por primera vez en 1948, el mismo año en el que nació mi padre. Cuando él era pequeño, era uno de los cines en los que se metía con su tío, pocos años mayor, que cargaba con él las tardes de domingo. Entraban a ver las sesiones dobles, y si les gustaban mucho las películas – a menudo les gustaban mucho – las veían las dos veces.

Comían pipas porque entonces lo de las palomitas no se llevaba. O bocadillos de chorizo.

Yo fui alguna vez de niña: ponían sesiones dobles de películas de reestreno. En el Texas vi por primera vez “Rebelde sin causa” y me enamoré de la rebeldía de James Dean; y de adolescente, aunque la vez que más recuerdo es una tarde de sábado en la que había quedado con mis amigas, y un diluvio me impidió llegar.

Cuando lo cerraron y lo reabrieron convertido en un cine normal, de una cadena que prosperó mucho en esos años, que emitía películas de estreno dobladas a precios estándar, yo vivía justo en la acera de enfrente. Aunque siempre he preferido la V.O., era el cine al que iba muchas noches entre semana, antes de regresar a casa, sola.

Fue el primer cine en el que B. y A. vieron una película, aunque más bien la vio B.; A., que era pequeño, se agobió, y él y yo salimos a la acera a esperar que B. y los amigos que nos acompañaban terminaran de verla. Luego vieron, vimos, muchas otras.

Volvió a cerrar y lo compró el cineasta Ventura Pons, y lo convirtió en un cine de reestreno a precios populares, y le devolvió su nombre. Volvimos a ir al Texas, esta vez a ver películas infantiles.

Cuando B. y C. tenían 8 años, fue el Texas el primer cine al que fueron solos: bajaron con sus monedas en el bolsillo y una bolsita con palomitas, y les fuimos a buscar a la salida.

Han pasado poco más de 70 años, toda una vida; y el Texas, que había sobrevivido a todas las crisis, no ha resistido a la del Covid-19.

Que cierre el Texas es como que baje la persiana una parte de nuestras vidas.

P.D. En Madrid no tengo apenas memoria sentimental, pero también ha cerrado el Achuri, el sitio al que N. me llevaba las pocas veces que bajábamos a la ciudad. No pude evitar que me viniera a la cabeza aquello de en ese bar te vi por vez primera… 

Diario del año de la peste, entrega 167

Más de una vez, en estos días extraños, me ha dado por pensar cómo habría sido mi vida si la pandemia hubiera llegado hace 10 años.

Vivíamos en Barcelona, en un piso soleado; B. tenía 6 años (5 cuando empezó la pandemia), A. tenía 3 (2 cuando todo empezó: apenas llevaba un año en casa). Yo era 10 años más joven, claro, y aunque seguramente tenía más energías, la crianza de dos criaturas pequeñas y con sus dificultades, me tenía desbordada.

Habría cerrado la escuela, aunque el centro al que fueron los niños se caracterizaba por sus facilidades para la conciliación; habría cerrado también la escuela infantil. Me habría encontrado con dos criaturas en casa, y aunque me habrían mandado a teletrabajar (seguro que habría tenido que comprar un ordenador nuevo, contratar una mejor línea telefónica), ¿cómo hacerlo? ¿Cómo trabajar en casa y criar, al mismo tiempo, a dos criaturas pequeñas y demandantes sin morir en el intento? ¿Habría tenido que trabajar a deshoras, como han hecho tantas de mis amigas, y dormitar durante el día? ¿Habría podido cumplir con mis cometidos teniendo que lidiar con sus peleas y sus travesuras? (y los pañales y los biberones y las tiritas) ¿Habría funcionado enchufándoles a la tele horas y más horas? ¿Me habría echado una mano mi hermana – que entonces no tenía criaturas, y acababa de conocer a su pareja? ¿O M., mi vecina de arriba, que siempre ejerció de abuela postiza de los niños? ¿Me habría podido organizar con otras familias? Aunque ya nos conocíamos, no teníamos la confianza ni la política de apoyo que generamos después con L., con P. y A. ¿Habríamos organizado una red de madres monoparentales con las otras mujeres que nos habíamos ido encontrando en el proceso de adopción y que tan importantes fueron en esa etapa? ¿Habría podido contratar a una canguro? ¿La habría encontrado? ¿Cómo habría sobrevivido?

¿Habría sido capaz de poner en marcha este blog… que nació, un día como hoy, hace exactamente 10 años? Y que, contra todo pronóstico, sigue gozando de una salud razonable.

Hoy, que es el Día de las Escritoras, celebro el aniversario de este blog con  esta frase de Emilia Pardo Bazán: “Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos”.

Añado: ni siquiera algunas de las que somos madres.

Gracias por acompañarme una década.

Diario del año de la peste, entrega 166

Hemos puesto la calefacción por primera vez este otoño.

La casa ha dejado de ser este espacio glacial donde las criaturas se desplazan por las mañanas envueltos en polares y calcetines de lana, arrastrando las mantas como si fueran capas. Vuelve a ser un lugar cálido y acogedor en el que apetece tumbarse en el sofá con una taza de te en las manos y un buen libro. O una buena serie. O un buen documental, como el que han puesto en La noche temática sobre Margaret Atwood. Empecé a leerla hace 35 años y entonces era como un secreto compartido por muy pocos. Cada libro en una editorial distinta, algunos ni siquiera se traducían. Entonces pensaba: ¿Cómo puede ser que la gente no la conozca? Ahora se ha vuelto mainstream pero sigo sintiendo que es algo mío. Observo su fragilidad, sus rizos blancos, su paso pausado, que contrasta con la belleza exótica e insolente de su juventud y pienso en el paso del tiempo.

Hace frío y sacamos de los armarios las chaquetas, los abrigos, los jerseis gordos. Aún no anochece pronto pero no falta mucho para el cambio de hora que convierte las tardes en un espacio tan corto. Si hace sol salimos al patio a comer, y es como salir a otro huso horario, a otro paralelo, a otra tierra. Podemos sacarnos los jerseis y levantar las caras hacia el sol como si fuéramos girasoles.

Pero por la tarde da pereza salir a regar, ya no hace falta hacerlo todos los días. Hay rosas rojas y blancas, capullos aún por abrirse, hay margaritas y claveles de un rosa subido, casi rojos. Las tomateras tienen aún flores amarillas y algunos tomates, más gordos que los que salieron en verano, aún verdes. Me pregunto si hará bueno el tiempo suficiente para que maduren. El acanto que creía muerto ha renacido, con sus hojas verde brillante.

Leo en la prensa que cuando acabe el Estado de Alarma la Ayuso nos vuelve a confinar por ghettos y noto cómo me entra la ansiedad. Nada es previsible, todo puede cambiar en los días que quedan, hemos dejado de hacer planes, pero el ruido político me genera mucha ansiedad y estrés.

Casi tres meses sin volver a mi ciudad, sin ver a mi familia más que por las videollamadas, sin hablar más que por teléfono, y a saber cuándo podremos volver.

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