familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para febrero, 2021

Diario del año de la peste, entrega 250

Me hace llegar esto M. Hay que grabárselo con cincel:

Cuando debates con alguien un tema que les afecta más que a ti, recuerda que implica mucho mayor peaje emocional para ellos que para ti. Para ti puede ser como un ejercicio académico, para ellos es poner al descubierto su dolor, solo para que hagas de menos su experiencia e incluso su humanidad. El hecho de que tú seas capaz de conservar la calma bajo esas circunstancias, es consecuencia de tu privilegio, no una muestra de tu objetividad. Sé humilde.

Diario del año de la peste, entrega 249

Siempre me he levantado cargada de energía. Por las mañanas soy capaz de todo: despierto a los remolones, preparo desayunos, pongo las lavadoras, organizo la cocina, guiso.

Hoy, mientras picaba una cebolla para hacer unas croquetas con el pollo del caldo, me pregunta C.

¿No te sientes como una ama de casa? …

…Estás en casa todo el día, cocinas y eso, bueno, también trabajas, pero solo sales para el yoga y el aquagym y para llevarnos a nosotros a sitios…

No me siento como una ama de casa, algo que siempre me ha dado horror vacui, porque el trabajo le da estructura y propósito a mis días.

Pero sí es cierto que estos días estoy sintiendo cosas que no sentía desde hace años: desasosiego, desazón, la sensación de que el tiempo pasa y no he hecho nada con mi vida, nada realmente importante que acabe por hacer un dibujo comprensible en la arena que piso, como decía Isak Dinesen; la sensación de que queda cada vez menos tiempo, y que tantas cosas están sin hacer.

Esta absurda sensación de para qué.

Diario del año de la peste, entrega 248

Debería recordarlo, porque tenía 9 años y vivía en una casa donde la política era no importante: parte de lo que éramos. Pero lo único que recuerdo del 23F es ver a mi madre pegada a un transistor, algo que no sucedía nunca: en mi casa se escuchaba mucha música, pero apenas nunca la radio. De hecho, tengo la idea de que el transistor nos lo había prestado una vecina.

Al día siguiente fui a la escuela y allí sí hablamos del tema: el resto de niños y niñas, o al menos algunos de ellos, sí sabían qué había pasado. Quizás porque tenían tele, quizás porque les habían explicado, quizás porque preguntaron. Nos explicaron qué era un golpe de Estado y qué significaba “República bananera” (que expresión más racista, por cierto).

Tardé años no solo en entender sino en conocer qué había pasado. Y siempre me fascinó la imagen de los tres únicos hombres del hemiciclo que no se escondieron tras los escaños: el presidente saliente, Adolfo Suárez; el vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado, que llamó al orden a los golpistas; y Santiago Carrillo, el secretario general del Partido Comunista recién legalizado, que pensó que al final le iban a matar igual, y siguió fumando en su escaño. Hombres que, siendo veinteañeros, estaban en bandos opuestos: Carrillo era jefe de la defensa del Madrid republicano y Gutiérrez Mellado, quintacolumnista de Franco, coincidieron en ese gesto que, dicen algunos, es el mito fundacional de la imperfecta democracia en al que vivimos ahora.

Diario del año de la peste, entrega 247

Nunca te entregues ni te apartes / junto al camino, nunca digas/ no puedo más y aquí me quedo

La vida es bella, tú verás / como a pesar de los pesares/ tendrás amor, tendrás amigos

Diario del año de la peste, entrega 246

Vuelven los disturbios en las calles, las balas de foam, los ojos saltados en manifestaciones. Los contenedores quemados y las cargas policiales.

Vuelven las penas de cárcel contra la libertad de expresión, la monarquía intocable, el fascismo intocado. La diferencia en los raseros.

Vuelve el miedo, el hartazgo, la impotencia, la rabia, el fuego.

Seguimos contaminando, consumiendo, rompiendo, insultando.

Seguimos conformándonos con cualquiera para héroe: zafios, machistas, violentos.

Como era aquello de “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría la vida para que pudieras decirlo?”. El tema no es que el tipo sea un héroe, ni simpático, ni buena persona. Es que es un delito mentar a la monarquía en una canción, como lo es hacer humor sobre Carrero Blanco en un tuit.

El tema es que España es el país con más artistas encarcelados por delitos contra la libertad de expresión (mientras los fascistas dicen lo que les da la gana, incluso en los Parlamentos y los Senados).

El tema es que hay nunca ha habido más gente encarcelada por apología del terrorismo hasta ahora, cuando ya el terrorismo no es un problema.

Lo tremendo es que se castigue la libertad de expresión cuando va contra el poder y no cuando va contra los colectivos vulnerables. Que es lo que está pasando.

Seguimos discutiendo los detalles y dejando que nos cuelen el pack completo.

Hemos amartizado, pero en la tierra todo sigue igual.

Diario del año de la peste, entrega 245

Cuando todo esto empezó, leí en varios sitios la historia de cómo Shakespeare había escrito algunas obras durante un confinamiento por una peste; e Isaac Newton estableció la Ley de la Gravedad. Como dice este artículo, hay un hecho obvio: ninguno de ellos tenía el cuidado de criaturas entre sus responsabilidades. Añado: y aunque hubieran tenido criaturas, alguien – una mujer – se hubiera ocupado de que pudieran seguir trabajando.

Esta encuesta confirma lo que ya decíamos en marzo: “El coste de la pandemia lo están sufragando las madres, con tal de no dejar a los niños y niñas solos”

Acabo de leerme “La mística de la feminidad” y una de las cosas que me ha flipado es el retroceso de las mujeres en este sentido después de la II Guerra Mundial: el porcentaje de mujeres en las universidades bajó, la edad de matrimonio también, el número de hijos aumentó… es tan fácil retroceder, perder lo conseguido con sangre sudor y lágrimas…

¿Cuántos años perderemos de lucha por la igualdad?

Mientras tanto, fuera de las casas, de la maternidad, de las responsabilidades, de las crianzas, pasan cosas que deberían encender nuestras alertas: el PP se vende uno de los balcones más famosos de la política madrileña, el de Génova 13, donde tanto han botado sus líderes cuando han ganado, donde tanto nos hemos manifestado contra sus políticas; parecería el fin de una era, pero no es más que cosmética. El rapero Pablo Hasél fue detenido en la Universidad de Lleida, por “injuriar a la monarquía y enaltecer el terrorismo”. O lo que es lo mismo, por escribir canciones y tuits.

Normalidad democrática, le llaman.

Leo que las familias ricas de Florencia son las mismas que hace 600 años y pienso que por fin lo entiendo todo.

Murió Joan Margarit, poeta y arquitecto, a quien tanto he leído.

He sacado alfombras y cortinas,

las mesas donde hace tiempo que no como ni escribo.

He sacado los cuadros y he pintado los muros

para borrar las marcas de tantos años.

He guardado algunos libros. Sé cuáles son.

He destruido cartas de amor.

Silenciosos, los amores

ahora son icebergs errantes del pensamiento.

Sin rincones para el miedo, la casa

me ha desnudado los ojos. Ni la esperanza

perturbará la última muerte.

No hay ninguna otra casa para los que amo.

 

Diario del año de la peste, entrega 244

Sábado:

Fuimos al teatro el sábado por la noche, un teatro que se presume seguro que nos pareció (a diferencia de otras veces) abarrotado, quizás con las cifras de aforo establecidas pero con escasa distancia personal; a diferencia de otras veces, no nos tomaron la temperatura al entrar ni nos indicaron que nos laváramos las manos en el vestíbulo.

Ya no sabes qué.

Volvemos a casa antes del toque de queda por estas extrañas calles desiertas, los bares echando la persiana, el metro casi vacío.

Domingo:

Cuando nos mudamos de ciudad, una de las costumbres que instauramos fue la de organizar en casa las Noches Electorales. Invitábamos a amigos y vecinos, sacábamos bebida y picoteo (todos aportaban cosas) y nos poníamos la programación televisiva para ir siguiendo los resultados a medida que salieran, debatiendo y discutiendo sobre posibles pactos y estrategias.

La última que celebramos fue ya en esta casa, poco después de la mudanza, con muebles a medio montar y cajas sin vaciar.

Anoche no; anoche, después de una jornada electoral con epis y carpas en la calle, pusimos la programación electoral y estuvimos pendientes del escrutinio (la debacle de C’s no consuela del subidón del partido ultra), pero nos tuvimos que conectar con los amigos a través del Whatsapp y otras redes.

Lunes:

De resaca electoral, escucho en la radio el anuncio de nuevas medidas y restricciones y me sorprende qué fácil ha sido hacernos a esta nueva normalidad.

Diario del año de la peste, entrega 243

El teletrabajo me ha robado la necesidad de salir de casa todos los días, la cháchara intrascendente con los compañeros, el ruido de fondo de la redacción, pero también me ha regalado cosas: la posibilidad de optimizar el tiempo, las comidas con mis criaturas, saber que no pasan horas solos en casa, la conciliación.

Me siento menos conectada con mi trabajo, pero más con mi familia.

Ahora camino menos, pero leo más.

Voy menos lejos, pero conozco mejor mi entorno.

Veo menos a mis amigos, pero conozco mejor a mis vecinos.

Viajo menos, pero me siento más arraigada al barrio.

Cocino más, pero como mejor.

Uso menos ropa, pero es más cómoda.

Hago menos cosas, pero las disfruto más.

Son las pérdidas y las ganancias de la pandemia.

Muchos han muerto, pero para los que hemos sobrevivido la vida es más intensa.

Diario del año de la peste, entrega 242

En esta etapa de la vida tan casera y recogida, intentamos salir los fines de semana al campo, a respirar aire puro, ver color verde y mirar a larga distancia, no sea que de tanto ver solo la fachada de enfrente acabemos miopes. En nuestras excursiones, hemos descubierto lugares cercanos que no son muy bonitos, pero quizás por esto, tampoco muy transitados. Que gusto poder respirar sin mascarilla un rato y notar el sol escaso de febrero.

A la vuelta de la excursión de ayer, un WhatsApp de la escuela de B. nos alertaba de que la semana pasada, en Piscina, fue “contacto próximo” de una persona que ha dado positivo. Fue en el agua clorada y en la calle paralela, pero aún así nos piden que guarde 10 días de cuarentena y nos pongamos en contacto con el Centro de Salud. Entramos en la App para pedir cita y descubrimos que han habilitado una “cita Covid”… lástima que la primera disponible nos la den para cuándo habrán terminado los 10 días de cuarentena.

Es la primera cuarentena familiar que nos toca guardar, lo que no está nada mal después de medio curso, cuatro criaturas en 3 centros distintos y alguna que otra extraescolar.

Diario del año de la peste, entrega 241

Hay en catalán una palabra preciosa, estirabot. El diccionario la traduce como despropósito. Es la palabra que me vino a la cabeza cuando escuché a la gerente del Hospital de Alcalá de Henares decir que hay que trasladar a los pacientes al Hospital Isabel Zendal en contra de su voluntad, no dejándoles que se comuniquen con las familias, incluso quitándoles el móvil si hace falta.

Los defensores de la libertad, de la propiedad privada, abogando por el robo y el secuestro.

Pienso en la indefensión que debe sentir cualquier paciente ingresado en un hospital, sin visitas, sin nadie cercano que le coja la mano, que le ayude a tomar decisiones, que le acompañe; y la soledad e indefensión e impotencia que sienten las familias que se quedan fuera y no reciben más que noticias con cuentagotas cuando el sobrepasado personal de los hospitales puede hacerles una llamada e informarles someramente de cómo van las cosas.

Ese personal sanitario que es lo mejor de la Sanidad, lo mejor de nuestra sociedad, y del que la misma gerente sospecha que les están boicoteando, “porque si el paciente dice que sí, y ya llevamos unos cuantos, y al cabo de cinco minutos entra un auxiliar o entra no sé quién y resulta que el señor ya dice que no… A ver qué está pasando”.

También de boicots y sabotajes habla Ayuso, que ayer acusaba a las enfermeras y médicas de romper las cosas del hospital a propósito, de desconectar aparatos y robar medicación, para luego ir a la prensa y criticarla. Y yo no paro de imaginar en Mortadelo y Filemón disfrazados de médicos, mandados por la autoridad a romper cosas para luego poder criticar a los sanitarios en pleno.

La que se queja de que la desprestigian, desprestigiando sin pestañear a la profesión médica y sanitaria.

Y luego irán y la votarán.

Otro despropósito.

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