familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Distopías: ¿Realidad o ficción?

Vivimos en el tiempo de las distopías. Es decir, «representaciones ficticias de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana». O esto es lo que sostiene un libro que está a punto de publicarse, que asegura que “a lo largo del siglo XXI la distopía ha dejado de ser una rama de la ciencia ficción atiborrada de títulos minoritarios y agraciada con éxitos dispersos. Se ha convertido en una moda de masas altamente rentable que suministra a los fans multitud de bestsellers, blockbusters y merchandising”.

Decía mi profesor de Cine en la facultad que la Ciencia Ficción no habla nunca del futuro, sino de los miedos del presente. El miedo al comunista se enmascara en invasiones marcianas, el pánico a las delaciones llena la pantalla de personas creadas en vaina que por fuera parecen normales, el temor a los avances tecnológicos dibuja futuros dibujados por las máquinas, la idea de la manipulación genética nos ofrece seres humanos hechos en laboratorios…

Qué decir de lo que vivimos ahora: una pandemia que ha llegado a todos los rincones de planeta, un crecimiento económico ilimitado que está acabando con los recursos del planeta, el calentamiento global, la desigualdad creciente, las tecnologías impensables hace unas pocas décadas, las fake news, ,la conectividad global y el control sobre cada resquicio de nuestra vida.

Las profesoras Shauna Shames y Amy Atchison han clasificado las distopías en tres grupos en función de su estructura política. En unas, un gobierno totalitario fiscaliza las vidas de los invididuos y limita sus libertades, con el ‘Gran Hermano’ y la ‘policía del pensamiento’ de Orwell como ejemplos más obvios, incorporados ya a nuestro léxico habitual. En otras, es la confluencia del poder político y económico lo que aliena a la población: ahí proponen como inesperado ejemplo la película ‘Wall-E’, donde el presidente de Estados Unidos está también al frente de la corporación que controla la economía. La tercera opción sería la del gobierno que se ha venido abajo, empujando a la humanidad hacia «un primitivo feudalismo» cuyos líderes obran con impunidad, al estilo de ‘Mad Max’.  

¿Por qué cuando vivimos un presente que espanta nos sumergimos en historias que ahondan todos estos miedos? ¿No tenemos suficiente, o imaginar futuros peores que el presente es una especie de vacuna para conjurar las posibilidades que se abren?

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