familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Hace 13 años, mis días empezaban en una ciudad ajena, en un apartamento sin calefacción, en el que desayunaba con B. y luego cogíamos un pétit taxi compartido y llegábamos a la crèche dónde A. aún estaba echado en su cuna, en una habitación en penumbra, mirando al techo, sin esperar nada.

Como sabemos, esto no es algo que pasó y ya está, algo que terminó, algo de lo que haya pasado página. Es algo que sigue impregnando su ADN.

Como explica en este blog esta adoptada adulta que hace 8 meses fue por primera vez madre biológica.

Lloraba cuando era bebé. Lloré por horas y horas y horas y horas y horas.

Me pusieron en un armario para que dejara de llorar. Un armario oscuro, húmedo, lleno de inmundicia.

Entonces paré de llorar.

Paré porque nadie vino por mí. Dejaron de venir a por mí. No podían atendernos a todas las 56 criaturas que compartíamos una habitación con un armario y un baño.

No nos podían atender a todos. Así que paramos.

Nos desanimamos.

Aprendimos como bebés que nuestro llanto no era importante.

Aprendimos a hacer ver que nuestra necesidad de nuestras madres, padres, hermanos, etc, no era importante y no era una necesidad.

Esencialmente, renunciamos a la humanidad; solo esperábamos que nuestras necesidad fisiológicas fueran atendidas.

Comida.

Agua.

Un techo sobre nuestras cabezas.

Pero a menudo no nos daban comida.

Recuerdo estar sedienta.

Pero recuerdo que siempre tuve un techo sobre mi cabeza.  

Yams es la mejor versión de mi misma porque no le dejaré que sea lo que yo fui, donde estuve, cómo estuve.

Yo no escogía la experiencia que tuve, pero escogeré una experiencia distinta para mi hijo.

Así que no. No dejaré que llore hasta que se duerma.

La gente me dice que le deje llorar. Y de hecho, entiendo el razonamiento que hay detrás. Pero la mayoría de gente que me recomienda que le deje llorar hasta que se duerma no son conscientes de que yo soy alguien que lloró con la esperanza de que alguien me cogiera.

Nunca vinieron.

¿Para qué llorar si no van a venir?

Cuando mi hijo llora, yo lloro.

No lloro por él.

Sé que va a estar bien. Que estoy a su lado. ¡Siempre!

Lloro por la niña que fui.

(…)

Los adoptados somos unos humanos de otra clase. Somos anomalías. Tenemos experiencias que nadie, dejado solo, ninguna CRIATURA debería tener.

(…)

Por esto cuando los adoptados tienen criaturas, no solo entran en el territorio nuevo en el que todos los padres y madres entran, también ponen sobre la mesa su propia anomalía.

Están poniendo su alma sobre una mesa que no fue creada para su mente, cuerpo, espíritu.

Están desempacando el equipaje que está reventando en la cremallera.

Los adoptados intentan encontrar la manera de equilibrar los niños que fueron cuando les adoptaron / traficaron / robaron con los adultos que son ahora que tienen una criatura.

Así que no.

(…)

No le dejaré que llore hasta dormirse.

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