familia monoparental, diversidad familiar y adopción

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Diario del año de la peste, entrega 79

Cuando B. era pequeño, convertimos el parque de la esquina en nuestra segunda casa. Estaba en la acera central de un bulevard con grandes árboles que daban sombra a unas y otras zonas del parque, según la hora que fuera, y la época del año. Llegué a pensar que se podría haber un estudio de cómo se mueve el sol según avanzan las estaciones por las zonas de sombra de ese parque, pero nunca lo hice. Sin embargo, sí me aprendí cuáles eran las mejores horas para bajar según fuera primavera, verano, otoño o invierno.

Ahora frecuentamos los parques con menos asiduidad, pero en nuestro patio sucede lo mismo; por la mañanas, el sol baña nuestra mesa, así que es una buena hora para tender y para comer en invierno; cuando hace calor, se puede salir a desayunar si no se ha hecho muy tarde y es ideal para cenar, pero a mediodía es impracticable; y las noches de verano es el lugar más maravilloso del mundo.

Oh, these summer nights, que cantaban Travolta y Olivia Newton John.

Ayer fue nuestra primera noche de patio. Como la iluminación de esa zona sigue siendo tarea pendiente, sacamos por la ventana de la cocina y por la habitación de P. unas lámparas de estudio que tenemos infrautilizadas y cuando las criaturas se fueron a la cama, N. sacó su punto y yo mi libro y nos quedamos en el exterior hasta que nos caímos de sueño.

Oh, these summer nights.

Y la paz y la alegría de esas noches de patio contrastan con lo que leemos en la prensa, en las redes.

Del otro lado del Atlántico llegan dos historias que se han convertido en portada – y que pronto caerán en el olvido – y que son tratadas como acontecimientos aislados aunque ambas responden a un patrón clarísimo.

Por un lado, tenemos la muerte, mejor dicho, el homicidio, de George Floyd, un hombre afroamericano que fue detenido, sospechoso de haber pagado con un billete falso, inmovilizado por un policía contra el suelo con una rodilla en su garganta durante 8 minutos, que no soltó su presa a pesar de sus gritos de que no podía respirar.

Y las manifestaciones, y los disturbios, y Black Lives Matter, y los edificios incendiados, y titulares como “Detenido el policía que presionó con la rodilla el cuello de George Floyd, quien perdió la conciencia y murió minutos después”.

Como nos pasa a las mujeres, a las personas racializadas no las matan: se mueren solitas, no se sabe bien por qué.

No solo en Estados Unidos: en nuestras tierras también.

No puedo respirar.

La otra noticia es la del abandono por parte de una pareja norteamericana – youtuber ella, y por esa razón en el ojo del huracán, aunque su marido participó igualmente – de uno de sus 5 hijos, el único adoptado, un niño de origen chino con necesidades especiales. Después de años mostrando – y monetarizando – la intimidad de su hijo, de abogar por la adopción de criaturas con dificultades, de fotos de familia con toda la prole conjuntada, de repente el niño desapareció de su canal, y quedaron solo las cuatro criaturas rubias gestadas en su vientre, engendradas por ellos. Finalmente, un vídeo en el que con ojos llorosos contaban que habían sido engañados, que el niño tenía más dificultades de las que podían gestionar y que ahora estaba en su “nueva familia para siempre”. No se pierdan el oximoron.

Otra vez los mismos patrones repetidos, y las mismas justificaciones por parte de las familias adoptivas, “no se puede juzgar, nadie sabe por lo que ha pasado esta familia”. Otra vez la misma empatía peligrosísima con las familias que reabandonan a los hijos que prometieron cuidar y proteger. Curiosamente, muchos son a la vez incapaces de empatizar con las familias biológicas que abandonaron a sus criaturas; y lo que es más grave, tampoco empatizan con los niños y niñas, que ya han sufrido como mínimo una pérdida y que no tomaron ninguna decisión; pero nunca dejan de intentar comprender y justificar a los adoptantes que les han convertido en mercancía de usar y tirar. 
No puedo respirar.

Perfeccionismo

Es habitual entre las familias adoptivas señalar, a veces de forma consciente y otras sin siquiera darle importancia, la “perfección” de sus criaturas adoptadas. No su perfección intrínseca como niños y niñas que son – se comporten bien o mal, saquen buenas o malas notas, sean buenos o malos en los deportes o las artes – sino la necesidad de demostrarnos, y demostrar al mundo, que no tienen fallos, que no cometen errores, que no nos fallarán, que no nos darán ningún motivo para volverles a abandonar. No siempre somos conscientes de la presión que esto implica para ellas, del estado de alerta, de cómo afecta a su autoestima – aunque pueda tener ventajas en lo que implica de mejora de sus vidas.

A este respecto, quiero compartir esta reflexión de Mark Hagland, adoptado adulto de origen coreano:

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No fue hasta que hube cumplido los 40 años y hube conocido a un número significativo de adoptados adultos transraciales, cuando me di cuenta de que algo que había ocupado una gran cantidad de mi espacio cerebral, había hecho lo mismo para otros adoptados transraciales (y más tarde, me dí cuenta, para adoptados de todo tipo).

Al crecer, sintiéndome profundamente marginado y con mucha “otredad,” terminé convirtiéndome en una persona exitosa, por ambición super fuerte. Ni una sola vez articulé esto para mí mismo, pero me di cuenta muchos años después, de que inconscientemente, sintiéndome profundamente rechazado por la sociedad en general, sentía que la única forma en que podía lograr un mínimo de aceptación social sería por alcanzar el nivel más alto de logro posible en la vida, mientras que sentía que tenía que parecer perfecto a todos, en todo momento. Como digo, nunca articulé esto para mí mismo, pero mirando hacia atrás ahora, era un factor absolutamente determinante en mi vida. Sintiéndose rechazado por la sociedad en general (sí, a pesar de tener una familia muy amorosa), el logro parecía ser el único camino para una aceptación mínima.

Eso también me llevó a ser una persona que siempre necesitaba ser conocido como siempre exitoso, y por eso, también evitaba lo más posible de áreas en las que naturalmente no era lo mejor de lo mejor.

Así que terminé siendo muy exitoso en la escuela, hasta la universidad, en mis estudios de posgrado, y en toda mi carrera (y aún lo soy). Eso no es de ninguna manera una jactancia; simplemente es lo que ha sucedido. Pero me llevó muchos años comprender lo que estaba sucediendo y comprender que había una patología subyacente involucrada; y solo me di cuenta por completo después de conocer a muchos compañeros adoptados y descubrir que habían tenido exactamente la misma experiencia, por sus caminos individuales.

El elemento “bueno” de todo esto es que finalmente, gracias a mi ambición, conseguí salir del entorno social estrecho y racista de la comunidad en la que crecí y, en última instancia, a un área metropolitana que me conviene totalmente y es perfecta para mí como adulto, por lo que cumplió su propósito. Pero también causó estrés innecesario en cierto nivel.

Lo que fue intensamente curativo en todo esto fue conocer a innumerables adoptados transraciales adultos que habían tenido la misma amplia experiencia. Darme cuenta de que no estaba solo en esto fue muy poderoso y me ayudó a avanzar hacia la curación y la integración. De hecho, resulta que esta tendencia es extremadamente fuerte entre muchos, muchos adoptados, tanto transraciales como de la misma raza. En las conversaciones que he tenido con otros adultos adoptados, han surgido hilos comunes, particularmente en torno a nuestra curación desde la comprensión subconsciente (y a veces consciente) de cuán frágil siempre hemos sentido nuestro lugar en el mundo, nuestra sensación de que la aceptación que se hacía de nosotros como individuos era extremadamente contingente, y nunca, nunca estaba asegurada.

En realidad, a veces todavía siento esa sensación de contingencia en el mundo, independientemente de si coincide con alguna perspectiva racional de mi situación individual; pero al menos ahora, puedo ser consciente del pensamiento distorsionado.

Por cierto, un elemento adicional en todo esto tiene que ver con mi raza: desafortunadamente, terminé jugando con el modelo del mito de las minorías, incluso cuando lo rechacé intelectualmente (y aún lo hago), ya que la gente me veía como un punto más. -Asiático asiático, que apestaba y apestaba totalmente.

Por lo tanto, padres adoptivos, os pido a que penséis detenidamente sobre cómo cualquier aislamiento social que pueda sentir vuestro hijo, podría traducirse en patrones distorsionados de pensamiento y comportamiento. Este sentimiento de la necesidad de tener éxito tiene su lado negativo, y puede relacionarse con una falta de integración emocional, incluso si vale la pena en términos de carrera educativa y profesional. Lo importante es criar a un/a niño/a que pueda estar relajado en el mundo, sea cual sea su nivel de logro, en cualquier área. No hay nada malo con el logro, por supuesto; pero la psicología en torno a esto involucra trampas y problemas que pocos padres/madres adoptivos reconocerán como poco saludables. Estoy intentando mucho ahora separar el impulso para el logro, que es natural e incluso deseable, de los patrones de pensamiento subconscientes desajustados, y lograr un nivel de integración que sea tanto intelectual como espiritual.

Choque cultural y confusión identitaria

Mi necesidad de aprender – y sobretodo de desaprender – sobre el racismo, me ha llevado a hablar mucho con y leer mucho a personas racializadas. Una de las más interesantes es la activista antiracista y feminista Yousra El Mansouri, autora de este texto que explica tantas cosas:

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Cuando nacemos, lo hacemos abrazadas por unos quehaceres y cuando los años transcurren, los entornos se diversifican.

El primer par de lustros los recuerdo con voz. Respondiendo mi nombre, sin adaptar la forma de pronunciarlo, diciendo el de mis familiares, feliz del nacimiento de mis hermanos gemelos.

Pienso y pienso… No consigo recapitular a cuál fue el primer día que dejé de sentir admiración por las telas de los vestidos marroquíes, por la henna, por las comidas de mama África norteña… No consigo recordarlo. Pero sé que llegó un punto en el que mi cabeza estaba a punto de estallar.

Las noches en vela con una libreta y un bolígrafo, garabateando libertad, a pesar de tener mi conciencia enjaulada en la duda.

Había recibido tanto rechazo por mi nombre, que lo cambié por Yus. Había obtenido tanta burla por tener dos hermanos y una hermana, que dejé de mencionarlas. Había cogido tanto miedo a mis pertenencias moras, que abandoné mi sentir africano.

Ropajes ajustados al cuerpo, plancha en mano recorriendo mi pelo, omisión a mis viajes a Marruecos (aunque una vez allí fueran de lo más feliz que me pasaba), ignorancia a las preguntas sobre mi origen, YUS, YUS Y MÁS YUS.

Incluso recuerdo, y sé que son palabras graves las que escribo, sentir vergüenza de caminar con mi madre, no era bochorno hacia su persona (eso jamás), sino aversión a su hiyab, delator de nuestra “no integración”. O así lo percibía en su momento. Cada día y con cada beso pido disculpas a mama, me avergüenzo y no pretendo justificarme.

Pero, en un entorno que devalúa tus raíces, en un contexto que señala y apunta con el índice tu diferencia… ¿Cuántas adolescentes no han querido subirse al velero de la homogeneización? Aún sabiendo que este solo te permite montarte si eliminas tu esencia.

Aquí quiero llegar, a la necesidad pedagógica que tenemos como sujetos de acompañar las voces confundidas. De comprender que hay vida más allá de la polaridad, que cada persona puede navegar por sus corrientes, que existen las identidades múltiples, que fluyen y confluyen.

 

Racismo inverso

Cuando era muy joven (nosotras, las de entonces, ya no somos las mismas), alguien preguntó en este mismo blog por el racismo inverso… y no supe que contestar. Ahora que he leído mucho más, he escuchado mucho más, he pensado mucho más… he encontrado la respuesta en esta charla de Aamer Rahman, comediante australiano de ascendencia bangladesí.

 

Palimpsesto

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Esta mañana he terminado de leerme “Palimpsesto”, la novela gráfica en la que Lisa Wool-Rim Sjöblom, coreana adoptada por una familia sueca, narra la odisea que para ella supuso la búsqueda de sus orígenes, y toda la suciedad que descubrió respecto a la adopción internacional.

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Los secretos, las mentiras, las omisiones, los tachones, las contradicciones, los papeles que han desaparecido (como en una pesadilla recurrente, en las historias de los adoptados se repiten los documentos destruidos en incendios, inundaciones, mudanzas). Los que no saben, los que no quieren saber, los que saben pero se niegan a hablar.

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Y cómo ella y su pareja se abren camino a contracorriente en esta riada de negaciones, de silencios, de llamadas no devueltas, de informaciones contradictorias, siguiendo los rastros como miguitas de pan que han sobrevivido a los picotazos de los pájaros, buscando su propio relato. Una lucha contra el tiempo, dice, pero también contra la desinformación, la burocracia, la mala praxis y la mala fe que intentan ocultar debajo de una tonelada de papeles y errores de traducción lo que solo se puede calificar como tráfico de criaturas.

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“La metáfora del palimpsesto funciona a varios niveles con muchos adoptados. Por un lado, reconoce a los huérfanos de papel. Es decir, a todos aquellos adoptados que han visto borrados y blanqueados sus orígenes, reemplazados con información falsa o manipulada sobre sus antecedentes, desde las fechas de sus cumpleaños hasta cómo llegaron a ser adoptados. Por otro lado, también sirve para visibilizar la forma en que las personas tratan a los adoptados y sus orígenes. Nuestras adopciones a menudo se ven como una especie de nacimiento y, a través de él, se nos cambia el nombre, se nos da una nueva ciudadanía, una nueva lengua materna y una cultura completamente nueva, de forma que a través de la adopción nuestras historias de origen se borran y la historia de la adopción se escribe por encima, haciendo que todo lo que sucedió antes sea irrelevante o de menor valor”, cuenta.

No dejen de leerlo.

Si la adopción es hermosa…

Casi todo en la vida lo he procesado a través de la lectura y la literatura (que se parece pero no es exactamente lo mismo). También la adopción. Y como en muchas otras cosas, he vivido un proceso respecto a este tema: empecé buscando iguales, leyendo la experiencia de los adoptantes, para acabar leyendo básicamente las experiencias de los adoptados, los que pueden acercarme al punto de vista del otro.

Los puntos de de vista: porque no es solo uno. No hay una sola voz de los adoptados, hay muchas. Como la de la autora de este blog que se plantea todas estas preguntas dolorosas pero muy pertinentes.

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¿Por qué la gente miente al respecto?

¿Por qué no es la primera opción para las parejas que quieren tener criaturas?

¿Por qué ha existido tal y como es menos de 100 años?

¿Por qué no todo el mundo abandona a una criatura para los que no pueden tener?

¿Por qué la recolocación no solo sucede sino que es completamente legal?

¿Por qué las escrituras Bíblicas deben retorcerse para justificarla?

¿Por qué el Corán la condena?

¿Por qué no se hace en todo el mundo?

¿Por qué la gente en otros países se horroriza cuando entienden qué significa la adopción aquí?

¿Por qué tantos países “de origen” han prohibido la adopción internacional?

¿Por qué las agencias de adopción son demandadas o forzadas a cerrar?

¿Por qué los adoptados se hacen tests de ADN para no salir con sus hermanos?

¿Por qué la historia médica familiar es lo primero que piden en las citas médicas?

¿Por qué se niegan los registros a las personas a las que pertenecen?

¿Por qué se necesita una orden judicial para ver los registros?

¿Por qué los adoptados están aterrorizados de preguntar a sus padres sobre el tema?

¿Por qué los padres adoptivos piden a sus familias que les guarden el secreto?

¿Por qué la Iglesia Católica se ha hecho rica con su corrupción?

¿Por qué las coerción se emplea rutinariamente para que las madres biológicas cedan a sus criaturas?

¿Por qué hay permanentemente más de 100.000 criaturas disponibles esperando sus “familias para siempre”?

¿Por qué los niños blancos cuestan más que los niños negros?

¿Por qué es correcto pensar en los niños como mercancía en la frase anterior?

¿Por qué existen organizaciones como the American Adoption Congress, Adoptee’s Liberty Movement Association, Bastard Nation o Concerned United Birthparents?

¿Por qué tantas personas adoptadas buscan?

¿Por qué el Gobierno australiano pidió disculpas oficialmente por su papel en el asunto?

¿Por qué los adoptados que han sido asesinados por sus padres adoptivos se siguen considerando “afortunados”?

¿Por qué los adoptados son utilizados para experimentos médicos y psicológicos?

¿Por qué se hacen chistes con la adopción?

¿Por qué se reconoce como un trauma infantil?

¿Por qué si los adoptados se consideran como si fueran hijos biológicos, los casos de incesto no están tan mal vistos como cuando hay relación genética?  

¿Por qué en los casos en los que la criatura vuelve con su madre natural se llaman “fracasos”?

¿Por qué hay tantos adolescentes adoptados sobrerrepresentados en los servicios de salud mental?

¿Por qué tantos reciben ayudas del sistema?

¿Por qué se inspiró en el sistema que desarrolló Georgia Tann – conocida secuestradora, traficante, asesina de criaturas y pedófila?

¿Por qué se utiliza como herramienta de guerra y genocidio cultural?

¿Por qué hay adoptados que no pueden conseguir un pasaporte? ¿Por qué otros son deportados?

¿Por qué los adoptados tienen 4 veces más probabilidades de intentar suicidarse?

¿Por qué no podemos tener esta conversación?

¿Por qué no podemos tener esta conversación?

Elle Cuardaigh, autora de “The Tangled Red Thread”.

Desenredando el tema del pelo

Angel Davis

Una de las primeras cosas que pensé cuando recibí la asignación de B. fue “Menos mal que es un chico. No sabría cómo encargarme del pelo afro de una niña”.

Entonces no sabía todavía toooodo lo que puede dar de sí el tema del pelo en las personas africanas y afrodescendientes (también los hombres).

El cuidado del pelo afro es complejo y delicado, no sólo por cuestiones prácticas (desde el desenredado a los piojos pasando por la hidratación) sino también por razones culturales y de racismo. Las redes están llenas de grupos en los que se habla del tema, qué estilos son apropiados para cada edad, qué implicaciones tiene alisarse el pelo, qué reacciones puede provocar en la comunidad afrodescendiente que nuestras criaturas no vayan  correctamente peinadas, qué peinados son apropiación cultural y por qué cuando estos peinados los llevan personas blancas son “modernos” y “alternativos” pero en el caso de las personas negras implican “suciedad”, “descuido” y pueden vetar el acceso a determinados puestos de trabajo. En las familias, el cuidado del pelo se transmite de generación en generación y el desenredado y el trenzado crea un espacio de intimidad entre madres e hijas. Y las peluquerías afro se convierten en muchas ciudades en lugar de reunión donde se teje comunidad. Y la negativa a dejarse tocar el pelo por propios y extraños, una forma de proteger el cuerpo y empoderarse.

Por no hablar de las connotaciones históricas: el pelo afro fue en la esclavitud, que estableció leyes que obligaban a ocultarlo, un símbolo de lucha y resistencia, no solo simbólica; con las trenzas se dibujaban los mapas para que los siguieran los esclavos que huían en busca de la libertad.

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Una de las primeras personas a quién oí hablar del tema fue a Désirée Béla-Lobedde, que hablaba de la importancia de todo lo relacionado con el pelo afro mucho antes de que esto se denominara “activismo estético”.

“Históricamente venimos aceptando unos cánones de belleza blancos, para mujeres negras. El canon de belleza blanco ensalza la piel clara y el pelo liso, imagínate el nivel de violencia que implica para una persona negra intentar encajar en ese canon. Venimos creyendo que el pelo afro es malo, seco, duro, que no se puede peinar, etc. Efectos todos ellos de la colonización y la esclavitud.

Mucha gente dice que eso ya pasó, pero queda tanto poso a día de hoy que no podemos olvidarlo. Ese poso que queda también afecta a la imagen de las personas racializadas. Yo ofrezco contenido a las personas negras para que aprendan a valorar y a cuidar su pelo. Al final esto constituye una forma de descolonizarse el cuerpo, de aceptar que tu canon de belleza es otro, que tu pelo es muy rizado y crece alrededor de la cabeza, que es versátil y hay que valorarlo porque tiene que ver con nuestra identidad y la construcción de la misma.

Por otro lado, para las personas blancas mi activismo estético sirve para intentar derribar todos esos prejuicios, esa marcianización que hay en torno al pelo afro y crear un acercamiento y una normalidad, que se entienda de dónde venimos y porqué estamos donde estamos. Lo que pretendo es romper esas barreras y derribar mitos. Respecto a las empresas y marcas lo que hago es dar collejas. Cuando se habla de pelo afro se mete mucho la pata, lo que demuestra la poca gente negra que hay en los medios de comunicación”.

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También en Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie escribía sobre el pelo como «la metáfora perfecta para la raza en América» y sobre cómo su cuidado se convierte en una seña de identidad para la protagonista:

“El pelo es algo que vemos, pero no entendemos lo que hay detrás con respecto a la raza. Es algo que parece sencillo pero es realmente complicado. Por ejemplo, cuando vemos a una mujer blanca de mediana edad que se tiñe el pelo, no es algo que necesariamente todo el mundo entienda, sobre todo si es porque ella lo hace para cubrir sus canas. O si eres una mujer negra, a veces la manera en que tu cabello crece se considera descuidado por las personas que no conocen el pelo afro. No creo que las personas sean malintencionadas, creo que simplemente algunas personas no conocen el pelo afro y la belleza del mismo” (de una entrevista con la escritora).

La activista Superfunkie Nath da una vuelta de tuerca más al tema del pelo afro en el Blog Afronomadness (que por otro lado, no tiene desperdicio): la importancia de la concienciación para proteger los derechos de nuestros niños Afrodescendientes, y por esto ha iniciado una campaña en contra de los químicos tóxicos presentes en los productos capilares que hacen peligrar su salud y que han sido específicamente comercializados para ellos.

 

Testimonio de una adopción transracial

Saludé a Laia hace algunos meses en el Festival Afroconciencia, pero llevo años leyéndola y conversando con ella en las redes sociales. En este vídeo explica los procesos y las dificultades de la adopción transracial en estos tiempos, en estos lares.

A.K.A / American son

En las últimas semanas, hemos visto una obra de teatro y una película que tienen muchos puntos en común (además del hecho de que la película nazca de una obra de teatro de las de dos personas en una habitación). Son dos historias que muestran el desconcierto de las familias blancas cuando sus hijos, racializados, se enfrentan al mundo real.

OJO: Spoilers.

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American son es la historia de una noche en una comisaría. Sus protagonistas son la madre, negra, y el padre, blanco y policía, de un adolescente biracial que no ha vuelto a casa. A lo largo de las horas en las que esperan noticias del chico, se muestran los prejuicios, la diferencia de trato que recibe la madre negra y el padre blanco, los desencuentros que han hecho que esa pareja mixta no haya sobrevivido, y cómo el padre acaba por descubrir que el hecho de tener un padre blanco y una educación exquisita en colegios de élite no ha servido para protegerle del racismo.

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A.K.A. (Also Known As) es la historia de un adolescente de 15 años, adoptado, de origen árabe, que es acusado de violación por una familiar de su novia por racismo y por islamofobia.

Me impresionó mucho, y me impresionó especialmente ir con C., que tiene 15 años y tiende a encerrarse en la habitación como el protagonista de la obra, y con A. que es adoptado, de origen árabe (y cuyo “amor” se llama como la novia del chico en la obra). Aunque él me dijo que no le había removido, a mí sí me removió.

C. salió muy contenta, aunque no le gustó que se usara el argumento de la denuncia falsa de violación. Y la entiendo, a mí me pasa lo mismo. Pero pienso que solo hay alguien a quién se crea menos que a las mujeres: a las personas migrantes, a las personas racializadas.

Los que votan a VOX nunca se creerán que una mujer haya sido violada… a no ser que lo haya hecho un magrebí.

 

Girl in return

Conocimos la historia de Amy Steen (el nombre de adopción de Tigist Anteneh) hace 3 años, cuando un tribunal etíope decidió revocar su adopción. Amy/Tigist fue adoptada a los 10 años por un matrimonio danés, junto a su hermana pequeña, Buzayo; luego fue abandonada, pasó a vivir con una familia de acogida de la que fue arrancada, contra su voluntad y la de sus acogedores, brutalmente; como las imágenes de este momento de violencia y desesperación se hicieron virales, pudo regresar a casa de sus acogedores, pero la administración danesa y su familia siguieron negándole el derecho a viajar a Etiopía. Así que lo hizo sin su permiso, con la ayuda de unos activistas contra el Tráfico de Niños y Niñas.

Todo esto se puede ver en los 47 minutos emotivos, impresionantes y también descorazonadores, del documental “Girl in return”, que podéis ver en este enlace hasta el 4 de diciembre.

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En él vemos cómo la adopción, teóricamente pensada para construir familias, en muchos casos lo que hace es destruirlas. Como hay familias adoptivas que a pesar de prometer convertirse en “familias para siempre”, se deshacen de las criaturas como si fueran mercancías dañadas, pero no contentas con ello, siguen mandando sobre sus vidas, decidiendo qué es mejora para ellas.

Me ha impactado que una familia que es capaz de cambiar el nombre de la niña a la que adopta, probablemente porque consideran que es la forma de hacerla “suya”, es capaz después de apartarla de su vida y seguir adelante.

Me ha impactado el peso de los nombres: como Tigist ha pasado a llamarse Amy y esto no tiene ni vuelta atrás, ni siquiera para su familia de origen; y cómo su madre ha dejado de ser “enate” (“mamá”) para pasar a ser Gennet.

Me impresiona la historia que falta: la de la pequeña Buzayo, que fue adoptada junto con Tigist a los 2 años, que sí sigue viviendo con la familia adoptiva, y que ha perdido toda relación con su primera familia, incluida su hermana que viajó a Dinamarca con ella.

Me ha impactado cómo esta niña, que se marchó con 10 años de su tierra y de su familia, ha perdido el idioma y la capacidad de comunicarse con los suyos. También lo más esencial de su cultura: saber cómo relacionarse con ellos. Es tremenda la distancia cultural.

Hay respeto, dice, pero no nos entendemos.

El viaje de ida y vuelta le sirve a Amy / Tigist para descubrir que la adopción es, quizás, no volver a encajar nunca en ningún sitio.

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