familia monoparental y adopción

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¿Qué nos contarían las niñas y los niños negros?

I. es la madre (adoptiva) de F., un quasi adolescente nacido en Etiopía y que está creciendo en España. Esta es una reflexión de I. sobre las vivencias de F. que ha accedido a compartir con nosotros.

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Silvia Albert decía “Lejos han quedado los días en los que te pegaban una paliza sólo por ser negro, los días en los que te insultaban varias veces por la calle, los días en los que los skinhead te pegaban una paliza solo por ser negro… Ahora el racismo se ha vuelto mucho más sutil, son pocos los casos denunciados de agresiones directas, pero son infinitos los casos de agresiones sutiles, el racismo invisible nos rodea hasta que abrimos los ojos y entonces no podemos parar de verlo”.

Cuando leo, y leo mucho sobre estas cosas, pienso en lo que viven los niños y niñas negros….Aunque no lo sepas, aunque no lo creas. …..

El otro día, fue un día de esos…

10h. Atravesamos Blasco Ibañez para ir a la clínica odontológica universitaria. Los bares de las facultades llenos de gente. F observa. “ Mamá, ni un solo negro”.

10.15h. Lxs futurxs profesionales de la Odontología empiezan a jugar con el nombre de F. (entra solo), cambiando las letras, el orden…. Jugando con su nombre. Todo muy cariñoso… y molesto.

Pasa un niño negro por el pasillo….. lxs futurxs profesionales de la odontología, y actuales practicantes de la ignorancia supina, preguntan a F. “¿Es tu hermano?”.

17.30h. Tras la sesión de piscina. F. solo en el vestuario, con otros niños y niños acompañados de sus padres. Uno de ellos, un padre que pierde el norte, se dirige a F. y le dice. “Yo pensaba que iban a ponerte en el grupo de principiantes”. Y se quedó tan fresco.

Para muestras, un botón. Si los niños y las niñas lo escribieran…… veríamos lo mal que lo estamos haciendo como sociedad. No es sólo la calle…  es el colegio, es el aula…

Que España es un país racista sólo depende de nuestra capacidad de escucha, no mirar a otro lado, no relativizar, ni quitar importancia a lo que nosotrxs no vivimos.

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Lo escolar (1)

La escuela es el principal caballo de batalla para los niños y niñas adoptadas (y para sus familias). Dificultades de aprendizaje, conflictos, ritmos distintos a los de otras criaturas, otras formas de aprender, peleas, racismo, bullying…

Seguro que no pocas familias se sentirán identificadas con este texto publicado en el blog En este preciso instante.

No hay texto alternativo automático disponible.

 

Mi hija es alegre.
Mi hija es hermosa.
Mi hija es cariñosa.
Mi hija es empática.
Mi hija es ordenada.
Mi hija es trabajadora.
Mi hija es graciosa.
Mi hija es ingeniosa.
 
Sin embargo…
 
Mi hija se siente triste.
Mi hija cree que es muy fea.
Mi hija se muestra arisca.
Mi hija se aleja de los demás.
Mi hija pierde en interés en sus cosas.
Mi hija se rinde antes las dificultades.
Mi hija se ofende con las bromas.
Mi hija está a la defensiva.
 
En medio de esas dos listas hay algo muy simple. Tan simple como un colegio.
 
Un lugar en el que la convencieron de que no era capaz ni de hacer la fila y la llevaban de la mano la primera. A ella, que es la primera que se levanta de la cama y se viste, eso sí, después de combinar cuidadosamente el modelito del día (“mamá, tú no entiendes de moda”).
 
Un lugar en el que un día, la profesora de PT, en medio de una conversación en la que yo mencionaba lo bonita que iba a ser de mayor me corrigió y me dijo “bueno…atractiva” y los niños la llamaban fea sin cesar, por sus ojos de almendra.
 
Un lugar en el que nadie la invitaba a los cumpleaños, incluso si, por compromiso acudían a suyo.
 
Un lugar en el que la convencieron de que no sabía recoger su material y hacían que otros niños lo hicieran por ella. A ella, que se hace la cama cada mañana y que recoge todos sus juguetes. A ella que conserva las mismas ceras desde hace tres años.
 
Un lugar en el que nunca le dieron alas para aprender y donde, cuando yo les contaba los grandes avances que observaba trabajando con ella en casa me contestaban…”bueno, bueno…con los pies en el suelo” y la ponían a colorear en un rincón.
 
Un lugar en el que una niña la acosó durante dos años sin que nadie en el colegio pusiera remedio. A ella, que deseaba más que nada en el mundo tener amigas.
 
Un lugar en el que el castigo cuando según ellos se lo merecía, era llamarla bebé y llevarla a la clase de los más pequeños del colegio.
  
¿Porqué lo aguantamos? Porque a veces no ves lo que tienes delante de tus narices hasta que te alejas un poco. Porque la vida no nos permitía escoger en ese momento. Porque  estábamos abrumados y nos convencían de que no había otra manera de hacer las cosas. Porque hasta en esto, hay que aprender y nosotros éramos ignorantes en este territorio.
 
Mi hija se enfrenta ahora a un gran desafío. Un colegio nuevo en el que, por ahora (tengo demasiadas heridas como para confiar completamente) le han abierto los brazos. Es un macrocolegio con cientos de niños de todas las edades. Y muchos, muchos de ellos, son niños especiales en inclusión. O sea, en un aula normalizada.
 
Yo tenía tanto miedo…un colegio tan grande y mi niña tan pequeña. ¿Y si realmente no sabia hacer la fila? ¿Y si, como me decían, no era capaz de estar sentada ante su pupitre como los demás? ¿Y si, y si, y si…?
 
El primer día la acompañé hasta el patio donde hacen la fila, ya dentro del recinto escolar. Esperé a que entrase y le tiré un montón de besos. Ella se fue tan feliz.
 
Al día siguiente, antes de salir para el colegio, me dijo muy seria: “Mamá, haz el favor de no acompañarme hasta dentro, que me dejas en ridículo. Y no me mandes besos. Ya me los darás luego.” La dejé en la puerta envuelta en una marabunta de niños que entraban al colegio. Y la vi alejarse, con su mochila al hombro, camino al patio en el que se colocó en su lugar en la fila. Una niña más.
 
Ni más ni menos lo que es.
 
Sin embargo aún nos queda mucho camino por andar antes de que ella vuelva a sentirse igual que las demás. Su autoestima está muy dañada. Y su confianza en los demás también. Y ese es el primer escalón que hay que superar para afrontar cualquier tipo de aprendizaje. Tan convencida está de que no puede aprender que cuando se enfrenta a un reto se bloquea, se frustra y abandona. Es  una actitud de supervivencia. Si tu experiencia se basa en el fracaso huirás de las circunstancias que históricamente te lo han proporcionado. Un ejemplo: está aprendiendo a leer y jugando, lee las palabras por separado sin ninguna dificultad. Hasta que, de pronto, se percata de lo que está haciendo. En ese momento, deja de ser algo divertido para ser algo angustioso y quiere dejar de hacerlo.
 
La confianza en las propias posibilidades es imprescindible para aprender. Corregir demasiado, exigir de forma impaciente, no valorar los pequeños pasos, despreciar la iniciativa, dar más importancia al error que al acierto, comparar con otras personas y sobre todo, no aceptar la forma de aprender de cada niño son errores que pueden herir de forma grave la capacidad de nuestros hijos de sentirse capaces.
 

Ahora mi reto es conseguir que sepa cuánto vale y que crea, igual que nosotros sabemos, que es una niña maravillosa.

Su nuevo profesor en la primera reunión del aula nos dijo una sencilla frase: “Ella es, sin ninguna diferencia con el resto de sus compañeros, una niña más en el aula”.

Qué pedazo de frase. Creo que me la voy a enmarcar…

Después de ver This is us

Llevamos días enganchadas a la serie This is us. Como adoptante, me parece un retrato magnífico de todos los ángulos de la adopción (y de la adopción transracial). ¿Piensan igual los adoptados? He encontrado este texto en el blog de una adoptada adulta (que tiene otras entradas sobre la serie y que parece en conjunto muy recomendable, aunque aún lo estoy empezando a explorar).

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Mi coguionista me vio acercarme a la cafetería está mañana y paró el coche y bajó la ventanilla. “¿Estás bien”, dijo.

Sacudí la cabeza. “Esa serie”.

“Salgo”, dijo. “Mejor que no venga nadie”. Dejó el coche enmedio de la calle y corrió a abrazarme. “Estuviste chillando a la televisión anoche”.

Asentí

“Pero te gusta la serie, ¿no?, crees que es buena”

Asentí otra vez.

“Vas a llorar, ¿verdad?”

“Es el aniversario de la muerte de mi madre”, dije

“Oh, no”, se puso a mi espalda y empezó a cepillar mi chaqueta como si estuviera cubierta de pelusa. “Y tu cumpleaños es mañana”.

A veces ser adoptado es demasiado. Como ser humano, soy un vaso de agua lleno hasta el borde conmigo misma. Como persona que fue adoptada, soy un vaso de agua que a menudo se derrama – soy demasiado – y no es infrecuente que la única gente que entienda este fenómeno sean otros adoptados.

Y el guionista de This is us.

Cuando prestas atención a algo de manera amorosa e interesada, esto prospera. Tener una serie en televisión que pone el foco en la adopción de una manera intrépida, amorosa e inteligente me hace pensar que vivo en un mundo completamente nuevo. Uno donde yo podría florecer de una manera completamente nueva.

Hay gente – millones de personas – que ven esta serie y a los que se les cuenta – ¡muestra! – cómo puede ser ser adoptado (sin mencionar cómo es ser parte de una adopción transracial) y los espectadores están PRESTANDO ATENCIÓN. No apagan el televisor cuando la palabra “adopción” aparece. De hecho, incluso SE QUEDAN DESPUÉS DE QUE TERMINE LA SERIE para meterse online y HABLAR de ella.

No puedo deciros lo que significa para mí. No puede decíroslo porque no lo sé. Sé que no puedo respirar profundamente cuando pienso en cómo la adopción no sólo es un tema de conversación aceptable, sino interesante para todas las partes. Quizás, incluso, esperanza sobre esperanza, interesante para los padres que adoptan.

¿Habría MI madre visto esta serie? (Lo he dicho antes, pero no puedo estar segura de que hayáis leído todos mis posts, cuando digo “madre” y “padre” me refiero a los padres que me adoptaron).

No. Ella no lo habría tripeado. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que mi madre vivía en su nube donde las historias de sus hijos empezaban “el día que te conocimos”, donde cualquier cosa que sugiriera que había habido otra madre era insostenible. En los ojos de mi madre, ella era la única madre. Fin a de la historia. (Peligro, Will Robinson. Peligro).

¿Puedes imaginar que toda tu vida has tenido un tercer brazos que a veces no te dolía, pero otras veces dolía mucho pero que sobretodo te dolía de una manera que te descentraba? Imagínate que era lo bastante desgarbado para hacer la vida más difícil de lo que era para la gente de dos brazos, solo que era un brazo que nadie podía ver. Pronto aprendiste que no merecía ni siquiera la pena sacarlo a colación porque nadie quería oír hablar de un brazo invisible (especialmente los médicos – quiero que me devuelva mi dinero, Dr. Fisher. Todas esas horas de terapia a 250 dólares cada una. Ser adoptado sí que importa y deberías haberlo sabido, Sr. Licenciado)

Los adoptados tenemos miedo de parecer llorones, víctimas, y muchos aprendemos a minimizar el dolor y la confusión e intentamos actuar y pensar como los demás. Pero si tienes un tercer brazo, se meterá en medio, incluso aunque nadie pueda verlo.

Hay una escena en el episodio de This is Us que vi anoche donde Randall presentaba a su padre biológico a su hermano. Me dejó sin aliento. Era como ver a alguien hacer lo imposible y juntar dos polos opuestos de un imán. Estaba a la par con la escena de Aliens donde esa cosa surge disparada de Sigourney Weaver. NO sabía que podía suceder.

No puedo siquiera imaginar cómo habría sido si una tarde yo hubiera llegado a casa y mi madre y mi madre de nacimiento estuvieran sentadas en la mesa de la cocina, charlando. Incluso más inimaginable habría sido la escena de yo misma llevando a mi madre de nacimiento a la cocina y presentándosela a mi madre, la madre a quien tanto quiero. Mi cerebro sabe que ni siquiera está PERMITIDO imaginarlo, así que no lo hago. Todo lo que sé es que este encuentro habría matado a mi madre, así que el cerebro se queda en blanco.

Crecí sabiendo que no todas las piezas que definen mi vida están en el mismo lugar. ¿Por qué? Porque los adultos estaban asustados. Y cuando no te permiten tener lo que es tuyo en la habitación, quiere decir que algo falla en ti, algo menos que.

Estoy luchando contra mi cerebro ahora e imaginando a todos mis padres, mis dos padres de nacimiento que no quisieron verme y mis padres que me adoptaron juntos en una habitación conmigo.

Santo Dios, sería como si las puertas del paraíso se abrieran y la luz del conocimiento nos iluminara. Estaría allí, completa. Sería la revelación de que el mundo se preocupaba lo suficiente para mostrarme todas mis piezas. Mis padres se preocupaban lo suficiente por mí para dejar a un lado sus miedos personales y mostrarse como padres.

Hay tanto espacio para el amor en este mundo, y los adoptados lo necesitamos más que la mayoría de la gente porque hemos experimentado la pérdida más profunda que puede tener una persona: la de las raíces. Dar a los adoptados piezas de si mismos: la historia de sus orígenes, sus nombres, sus raíces, su libertad para hablar, incluso, les hace sentir incluso más humanos. La primera cosa que vi cuando conseguí una foto de mi madre de nacimiento fue, no soy de Marte. Muchos adoptados sienten que llegaron de otro planeta. Puede sonar guay si no eres adoptado, como una aventura, pero no es un sentimiento positivo. Cuando los humanos caminamos, nos gusta sentir nuestros pies en el suelo. Nos hace sentir seguros. Conectados. En casa. Nadie de Marte conoce este sentimiento. Y lo quieren.

Llena la habitación de familia. Deja entrar a todo el mundo. Ama. Y observa qué sucede.

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

Lion

Vimos, finalmente, Lion, la película basada en la búsqueda de Saroo, un niño indio que se perdió con 5 años, fue llevado a un orfanato y adoptado por una familia australiana.

Pasan 20 años, ha crecido como australiano, la India es una referencia exótica para él… y de repente, el color, el olor y el sabor de un plato de su infancia le regresa a sus primeros 5 años perdidos. Y este chico, tan australiano, tan integrado, tan equilibrado… lo deja todo para obsesionarse con esa búsqueda que no dará resultados hasta 10 años más tarde.

Una historia tan compleja, con tantas cosas, contadas, a veces, con secuencias muy simples: la conversación entre Saroo y su madre adoptiva sobre por qué fueron adoptados; la llegada de Mantosh, hermano adoptivo cargado de secuelas de un pasado que se intuye durísimo; la conversación con los amigos de la universidad en los que él muestra su desapego de su país de origen; y, sobretodo, la comida en la que la madre adoptiva se niega a retirar los cubiertos para el hijo ausente: Que forma más sencilla, gráfica y profunda de explicar lo que es la incondicionalidad. Seguir esperando, siempre, pase lo que pase. Pagues el precio que pagues.

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C., adoptada adulta que lleva años buscando sus orígenes también, ha hecho esta crítica personal e intransferible:

Algunas de las razones por las que me gustó mucho: porque muestra a las claras que el deseo de saber e interesarse por la familia biológica no es incompatible con tener una excelente relación con los padres adoptivos; porque muestra también que reencontrarse con los orígenes da paz y no menoscaba en nada el amor de los adoptados por sus padres adoptivos; porque muestra que la adopción es la mejor reparación posible ante una desgracia, ante una pérdida inmensa, y no un cuento color de rosa; porque muestra que el amor no lo puede todo, que hay heridas demasiado profundas (pienso en el personaje del hermano adoptivo); porque muestra que sí, que es posible amar a dos madres; porque muestra el dolor inmenso de una madre que no pudo estar junto a su hijo tantos años y en medio de ese dolor, su amor es inmenso también y acepta que la madre adoptiva es tan madre como ella; porque demuestra, en suma, la incondicionalidad del amor. Me parece que es una película que va a hacer mucho bien, sobre todo va a hacer pensar a los padres adoptivos que el silencio (mi hijo no quiere saber) no siempre refleja lo que en realidad siente su hijo adoptado, que el silencio puede ocultar sufrimientos secretos. Algo que llama la atención es que a padres tan empáticos como los de la película no se les ocurriera que el comportamiento extraño de su hijo pudiera tener algo que ver con su búsqueda de orígenes, con su conflicto de identidad; nunca sacan el tema. Por otro lado, es una actitud muy habitual; en ese sentido, creo que la película hace un aporte muy positivo. En cuanto a la búsqueda, acierta en mostrar las sucesivas oleadas de obsesión, desmoronamiento, depresión, conflicto, etc. Me pareció muy realista. Así buscamos: por momentos, obsesivamente; luego, nos preguntamos para qué y abandonamos un año, volvemos a obsesionarnos, etc. Y en el camino, nos desconectamos de quienes tenemos al lado: pareja, familia, etc. La diferencia también es que el protagonista sabía que su madre se alegraría de verlo; la mayoría de nosotros, no tiene esa certeza.

Yo me sentí muy identificada, sobre todo con la angustia que provoca el proceso de búsqueda, que me parece especialmente bien mostrado en la película. Esa mezcla de sentimientos cruzados y contradictorios, esa doble culpa (sentimientos de traición hacia los padres adoptivos y sentimientos de culpa con los biológicos, por haber vivido una vida más cómoda y privilegiada que ellos, por “olvidarlos”) y sobre todo, una enorme soledad (la sensación de que nadie de nuestro entorno nos termina de entender).

En resumen: ¡vayan a verla!

 

 

Cielos de buenos aires

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.

Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.

Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche, duelen de noche bajo el sol.

Juan Gelman

Identidad y capas

Hace algún tiempo conocí en las redes a M., adoptado transracial adulto y gay, muy activo en muchos grupos de adopción. Siempre aporta puntos de vista interesantes, de los que ayudan a crecer. Como esta reflexión sobre la identidad, las diferencias y las capas:

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Nací en Corea del Sur y fui adoptado, junto con mi hermano gemelo, de bebé. Crecí en el Medio-Oeste de los Estados Unidos, y he vivido en Chicago durante muchos años. Cuando era niño, atribuía todo mi sentido de “originalidad” a ser asiático, y a ser adoptado transracial. Cuando tenía 18 años, salí del armario como gay en mi primer año en la universidad. Mi hermano gemelo, también se reveló como gay al mismo tiempo. Hace 20 años se dio cuenta de que era transgénero, y ahora vive como una mujer.

Ser gay y ser adoptado, y el hecho de ser un adoptado transracial, significa tener varias capas en la identidad, varios elementos. Es muy complejo.

Los niños y los adolescentes de ahora se están desarrollando psicológicamente y socialmente  a edades más tempranas de lo que lo hicimos en mi generación; y están expuestos a muchas más influencias sociales. Lo bueno de ahora es que hay tantas fuentes de información y entretenimiento disponibles. En el momento en que yo estaba creciendo en Milwaukee, Wisconsin, en los años 1960 y 1970, la homosexualidad nunca se hablaba, salvo en susurros asustados y ansiosos, o se mencionaba en relación con el delito o la cárcel. De hecho, yo apenas sabía que existía antes de ir a la universidad. Y me di cuenta después de salir del armario que yo había atribuido la totalidad de mi sensación de diferencia a ser un niño adoptado transracial asiático, cuando en realidad, hay otro elemento muy grande del que yo no había sido consciente.

La mejor manera en la que puedo explicar mi identidad compleja es hablar de las capas de la cebolla–excepto que todas las capas están al mismo nivel. Soy asiático, soy adoptado, soy  adoptado transracial, soy gay, soy  inmigrante (no nacido en el país donde yo vivo y del que soy ciudadano). También soy padre, y periodista, y americano. Todas estas capas son verdaderas. Todas son elementos de mi identidad. Ninguna de ellas es “más importante” o “más significativa.” Simplemente existen, juntas, en mí. Y cada elemento afecta a los demás.

Un resultado muy importante de tener tantas identidades es que siempre me siento raro, diferente, alejado de los demás, incluso en grupos compuestos de miembros con una identidad común. Por ejemplo, en un grupo de hombres gay, yo podría ser el único hombre de color, y ciertamente el único adoptado transracial. En un grupo de adoptados transraciales, puedo ser el único hombre gay. En un grupo de padres, es posible que sea yo el único hombre gay. En un grupo de padres gay, yo podría ser el único hombre de color. (De hecho, soy miembro de un grupo de padres gay, y soy el único hombre de color, y también el único hombre que no estaba casado antes de salir del armario como gay).

Para alguien como yo,  adoptado transracial gay, es absolutamente imposible para mí  vivir en cualquier parte que no sea urbana, cosmopolita y tolerante–con la convivencia. Sólo puedo sentirme cómodo en un lugar (por tanto, CIUDAD) con gran diversidad. En este entorno, puedo sentirme apoyado y, sobre todo, puedo sentirme cómodo sabiendo que no estoy solo. Para aquellos de nosotros que tienen identidades múltiples y complejas, los espacios sociales en que nos podamos sentir cómodos son mucho menores. También tenemos que elegir a nuestros amigos, nuestras carreras, e incluso nuestros viajes, con más cuidado y más consideración

Todo dicho, tengo una vida maravillosa, y estoy muy agradecido por todo lo que ha sucedido. Es increíblemente importante no vernos como “víctimas”: no lo somos. Somos personas cuya vida será compleja y rica, con muchos elementos y capas. Y honestamente, en mi vida, cada cosa buena que me ha sucedido ha salido de la complejidad, la riqueza, e incluso las luchas de mi vida.

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