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Niños en venta: mi madre fue engañada

Después de descubrir la historia de Mata, busqué más información sobre el caso. Este texto profundiza en su caso y expone también el de otra niña, Violah, sacada sin permiso de su familia del mismo pueblo de Uganda, y que también retornó a su país. Sus hermanas, también adoptadas en Estados Unidos, no han vuelto.

Violah's mother embraces her daughter and Stacey Wells, the woman who adopted Violah and then returned the girl to her Ugandan village. "I'm very happy and very grateful," Violah's mother said.<br />

La niña de 7 años, vestida de color fucsia y sujetando uno de sus peluches favoritos, ve a su madre por primera vez en cerca de un año. Una sonrisa radiante ilumina la cara de Namata, puntuando su emoción.

Ella y su madre están hablando por Skype separadas por más de 7,400 millas. Namata, o Mata, como la llaman, habla desde la casa de sus padres adoptivos en Ohio. Su madre la observa a través de un ordenador portátil en Uganda, en un lugar tranquilo cerca de su pueblo.

“Hola”, dice Mata, “¿Cómo estás?”

Su madre se ríe. Está asombrada mientras mira a la hija que creyó que había perdido para siempre. La madre tiene en brazos un recién nacido, y Mata dice que quiere ver más de cerca a su hermana. Su madre se pone de pie y sujeta a la bebé, acunándola frente a la pantalla del ordenador.

Mata sonríe, como lo hace su madre adoptiva, Jessica Davis.

La conversación avanza, y Mata quiere respuestas. Quiere saber por qué su madre la abandonó.

Cuando la llamada termina, la sonrisa radiante de Mata se ha convertido en sollozos. “Engañaron a mi madre”, dice. “Engañaron a mi madre”.

Su madre le ha contado que nunca tuvo intención de renunciar a Mata – que la engañaron. Le dijeron que Mata tendría una gran oportunidad de educarse si viajaba al extranjero, pero que un día regresaría. Que mamá sería siempre una parte de la vida de su hija.

Una conversación de Skype lo ha cambiado todo para Namata, para su madre de nacimiento en Uganda y para su familia adoptiva en Ohio.

Para la madre adoptiva de Mata, la revelación fue como un terremoto. Devastadora. Traumática. Todas las emociones posibles convertidas en una sola.

También confirmó lo que le decían sus tripas: que algo faltaba en la historia que la agencia de adopción asentada en Ohio había contado a Jessica y su marido, Adam, sobre el pasado de Mata. La agencia, European Adoption Consultants, les contó que el padre de Mata había muerto y que madre la negligía y no podía permitirse alimentarla. La documentación decía que Mata nunca había pisado una escuela.

Pero en los meses posteriores a su llegada, a medida que el dominio de Mata del inglés mejoraba, ella habló brillantemente sobre su madre. Cómo cocinaban juntas, cómo iban juntas a la iglesia y cómo su madre la recogía del colegio.

La conversación de Skype, el 29 de agosto del 2016, confirmó las sospechas de Jessica. A medida que asumía la información, jessica se dio cuenta de que no había participado en una adopción sino que inconscientemente había “participado en sacar a una criatura de una familia amorosa”.

Y supo qué tenía que hacer: devolver a Mata a su madre.

Una investigación de la CNN sobre este presunto tráfico descubrió que las criaturas eran sacadas de sus hogares en Uganda bajo la promesa de mejor escolarización, colocadas en orfanatos a pesar de no ser huérfanas, y vendidas por cantidades como 5.000 dólares a familias americanas que no sospechaban nada. La investigación de la CNN descubrió que muchas familias fueron engañadas así.

Keren Riley, de Reunite, una organización de base que ayuda a retornar niños traficados a sus madres de nacimiento, dice que los facilitadores en el terreno se aprovechan de las madres vulnerables, a menudo viudas, con la promesa de oportunidades educativas para las criaturas.

Los traficantes, afirma, pueden incluir policía y abogados, maestros y líderes locales. Para complicar las cosas, no hay palabra para “adopción” en el lenguaje que muchos habitantes de Uganda hablan, así que las madres pueden ser fácilmente engañadas.

“Es fácil quitarse la venda de los ojos”, dice Riley, que organizó el encuentro en video entre Mata y su madre de nacimiento. Los traficantes “saben cuando alguien ha perdido un marido de forma trágica y es vulnerable y no lo puede afrontar – y les marcan”.

Esto es exactamente lo que pasó en el pueblo de Mata, dice Riley: un aldeano convertido en traficante hizo una llamada en la iglesia local y consiguió meter a 7 criaturas en el circuito de adopción, incluida Mata, que fue enviada a un lugar llamado God’s Mercy, a una cuatro horas de viaje. Ahí es donde los Davis la conocieron: “Estaba en un orfanato. Sin juguetes, con barrotes en la ventana”, dijo Jessica.

De acuerdo con una declaración jurada, la madre de Mata le dijo a un tribunal de familia ugandés que estaba desconsolada después de que su esposo muriera en un accidente automovilístico en marzo de 2014 y que la hablaron de la manera de dar a Mata una buena educación.

“No fui consciente de que había habido un proceso para quitarme mis derechos parentales”, dijo en testimonio jurado en septiembre del 2016. “Había siempre pensado y entendido que la niña iba a recibir una educación y regresar conmigo”.

Pero el formulario original que mandó a Mata al God’s MErcy pintaba una imagen distinta, diciendo que la madre estaba “indefensa” y “no podía ocuparse de las necesidades básicas para que su hija creciera”.

El formulario tiene fecha de octubre de 2014 – exactamente una semana después de que los Davis dijeran que recibieron una llamada de la agencia European Adoption Consultants diciéndoles que Mata era adoptable.

Cuando recibieron la llamada, creen ahora los Davis, Mata no era huérfana en absoluto, sino que vivía en su casa con una madre que la quería. Creen que fue arrancada de su casa y llevada al orfanato después de que la agencia encontrara una pareja americana – compradores, en definitiva – con dinero para adoptar una criatura.

El gobierno ugandés determinaría más tarde que la madre de Mata había sido engañada, y el tribunal ugandés descubriría que el formulario había sido falsificado y que de hecho no estaba firmado por la policía ugandesa.

Creyendo que la historia en el formulario era falsa, los Davis empezaron su propia investigación y contactaron el Departamento de Estado norteamericano para aclarar las discrepancias.

“Nos dijeron que el padre había muerto, que ella estaba siendo gravemente negligida en su casa y que su madre dejaba que la maltrataran, abandonándola durante días”, dice Jessica Davis. “Era un archivo bastante dramático”.

Una mujer llamada Debra Parris de European Adoption Consultants fue la primera persona en hablar a los Davis sobre Mata, diciéndoles que tenían que decidirse rápido sobre si querían proseguir con la adopción.

Adam Davis dice que nunca ha olvidado esta llamada porque, en medio del dolor de conocer el pasado de Mata, fue un momento de alegría. “Cuando dijo su nombre, fue tan hermoso”. Convirtió el proceso de adopción en real.

Poco imaginaba que era el principio de un viaje desgarrador.

La sede de European Adoption Consultants, o EAC, resta abandonada en el césped bien cuidado de un parque empresarial en Strongsville, Ohio, cerca de Cleveland. Un vistazo a través de la ventana descubre tarjetas de tiempo aún colgadas en la pared, y escobas tiradas en el suelo en medio de restos de muebles de oficina.

El logo de la compañía permanece colgado en u lateral del edificio, pero le falta una letra de us dirección en Alameda Drive.

“Alameda Dive”, dice.

European Adoption Consultants asignó a más de 2.000 niños de otros países en casas norteamericanas desde principios de los 90 antes de que el Departamento de estado inhabilitara la agencia en diciembre.

El edificio fue cerrado en diciembre después de que el Departamento de Estado inhabilitara la agencia para tres años – lo que significa que no pueden seguir asignando criaturas. El FBI desde entonces ha allanado el edificio, llevándose cajas llenas de material, y la oficina del fiscal general de Ohio presentó una demanda en junio para disolver por completo la agencia de adopción.

El Departamento de Estado dijo que EAC “fracasó al no supervisar adecuadamente a sus proveedores en países extranjeros para asegurarse” que no participaban en la “venta, secuestro, explotación o tráfico de menores”.

Dijo que EAC había mostrado “un patrón de un patrón de incumplimiento grave, voluntario o gravemente negligente ” de las normas para la adopción internacional y que fallaron los procedimientos de seguridad que evitan la” solicitud de sobornos “y el” consentimiento fraudulento de los padres biológicos “.

“EAC indujo a los padres de nacimiento a entregar a sus hijos en adopción” y no tomó las medidas adecuadas para asegurarse de que los padres de nacimiento daban su consentimiento a renunciar a sus derechos parentales de acuerdo con las leyes vigentes”, determinó el Departamento de Estado.

“Al no supervisar adecuadamente, se contribuyó a muchas de las violaciones descritas anteriormente”, dijo el Departamento.

Cuatro meses después de que el Departamento de Estado tomara medidas contra EAD, el gobierno de Uganda cerró el orfanato God’s Mercy, donde Mata había sido enviada. El orfanato fue cerrado por “tráfico de niños”, “irrumpir ilegalmente en los hogares de los niños” y “procesar órdenes de tutela fraudulentamente”.

El gobierno también descubrió que todas las órdenes de tutela que se procesaron para los niños de God’s Mercy se hicieron a través de un bufete de abogados ugandés que trabajaba directamente con EAC.

El abogado que procesó las adopciones de EAC en God’s Mercy, Dorah Mirembe, negó toda mala praxis por parte del orfanato. Insistió en que los niños no eran traficados en Uganda a través de orfanatos y que ni ella ni EAC nunca traficaron con criaturas.

También dijo que la madre de nacimiento sabía que su hija iba a ser adoptada en Estados Unidos, a pesar de que el tribunal Ugandés falló que a la madre de Mata se la había engañado. Dijo lo mismo de otra mujer del mismo pueblo cuya hija también fue enviada al God’s mercy y adoptada por una pareja norteamericana a través de EAC.

De acuerdo con la demanda del fiscal general de Ohio, cerca de 300 familias habían pegado a EAC por adopciones internacionales que estaban en distintas fases cuando la agencia fue inhabilitada. El Departamento de Estado dijo que estos casos se habrían transferido a otros proveedores de adopción autorizados y que se estaba ayudando a numerosas familias en el proceso.

Las alegaciones del Departamento de Estado efectivamente lograron el cierro de una agencia que había colocado a más de 2.000 niños de otros países en hogares de todo Estados Unidos desde 1991 – un sueño que empezó después de que su fundadora, Margaret Cole, perdiera un hijo de muerte súbita. Cole dijo que ya tenía 4 hijos pero que después de la muerte de su quinta hija, puso en marcha la agencia de adopción y posteriormente viajó a Rusia a establecer contactos para empezar lo que ella dijo que era su nueva misión en la vida.

“La agencia es lo único bueno que me h pasado después de la muerte de mi hija”, dijo.

La agencia floreció. A medida que EAC crecía, tramitó adopciones en más de una docena de países, incluidos la República Democrática del Congo, Guatemala, Haití, Rusia y Uganda. Los registros de impuestos del 2000 al 2015 muestran que EAC EAC reportó más de 76.1 millones de dólares en ingresos y más de 76.3 millones de dólares en gastos durante ese período.

En 2004, se le preguntó a Cole cómo había evitado a los delincuentes en medio del oscuro negocio de las adopciones internacionales.

“Tengo un radar”, dijo.

¿Engañó EAC a las familias a propósito como parte de un esquema para traficar criaturas por dinero? ¿O fue simplemente negligente, inconsciente debido a la falta de verificación de antecedentes de que los niños que estaban recibiendo de Uganda estaban siendo traficados? ¿Pudo EAC haber sido también una víctima de esta supuesta trama de tráfico?  

En la misma época en la que los Davis se dieron cuenta de que su adopción era una farsa, una familia en Virginia Occidental hizo un descubrimiento parecido.

Stacey Wells y su marido, Shawn, habían adoptado en Uganda a una niña de 7 años llamada Violah a través deEAC.

Para los Wells, las preguntas empezaron a amontonarse en el año en el que VIolah vivió con ellos. Las cosas no encajaban. A medida que su inglés mejoraba, empezó a hablar de ir con su madre a la iglesia y cocinar con ella – no la historia de abandono que la agencia había contado a los Wells.

Violah habló del día en el que ella y su hermana fueron arrancadas de su madre, con las niñas gritando y llorando. “Sus vivencias en su casa simplemente no cuadraban con la documentación”, dijo Stacey Wells.

Entonces, una noche en Septiembre, Shawn Wells vio en el Facebook la página de Reunite. Había la historia de una mujer que decía que le habían quitado a sus hijas contra su voluntad. Shawn llamó a su esposa junto al computador. Estaban en shock.

“Es la madre de Violah”, dijo Stacey. “Es ella”.

Stacey Wells adoptó a Violah pensando que había sido abandonada por su madre. “Después de que el padre muriera, nos dijeron, no las alimentaba, las encontraron enfermas, muriendo, básicamente”.

No es inusual en Uganda que los padres adoptivos norteamericanos coincidan en el Tribunal con la madre biológica – procedimientos que suceden rápido, a menudo sin traductores, sin que la madre biológica pueda entender lo que ha aceptado y con los padres norteamericanos igualmente confusos sobre qué está sucediendo.

Este fue el caso de los Wells, que estaban devastados después de ver la página de Faebook.

“Nos pusimos enfermos”, dice Stacey, “debido a la mentira de que había sido abandonada”.

Ellos ya tenían dos hijos cuando acogieron a Violah. Pensaban que estaban dando un hogar a una huérfana. En vez de esto, dice Stacey, “fue convertida en huérfana”.

“Yo no me metí en esto para robar una criatura”.

Como los Davis, empezaron el camino extraordinario de devolver a Violah, que procedía del mismo pueblo ugandés de Mata y había sido mandada al mismo orfanato, God’s Mercy. Los Wells se pusieron en contacto con Reunite, que les dijo que a la madre de nacimiento de Violah también le habían mentido los traficantes locales usando la misma falsa promesa de educación en Estados Unidos.

Violah era una de las 4 niñas apartadas de su madre. Una ya había regresado con ella; las otras dos seguían faltando, se suponía que en hogares norteamericanos.

“Consiguen huérfanos porque hay un signo de dólar, sabes. Se ha creado un mercado”, dice Stacey. Como los Davis, los Wells pagaron sobre 15.000 dólares a EAC. Dijeron que habían dedicado los ahorros de su vida a la adopción. A ambas las ha entrevistado el FBI.

En noviembre, Stacey Wells llevó a Violah de vuelta a su pueblo natal, un momento emocional que quedará para siempre en su cabeza. La madre de Violah salió de una pequeña tienda donde trabajaba y corrió hacia ellas. Abrazó a Stacey y después dio a Violah un abrazo gigante.

En su casa, Violah fue recibida por hermanos jubilosos. Su hermano mayor la cogió de las manos y arrancó a danzar, balanceándola de un lado a otro en celebración.

“En este momento”, dice Stacey, llorando, “supo que ella estaba donde debía estar”.

Después de conocer el pasado de Mata, Jessica Davis dice que su mantra fue “quiero la verdad para mi hija, porque vivir una mentira no funciona nunca”.

Sin saber cómo proceder, contactó el Departamento de Estado.

Jessica dijo que hubo un momento en el que le dijeron “te la puedes quedar si quieres”.

“Les dije: “No la compré en el Walmart”

Pidió a los funcionarios que no notificaran a la agencia de adopción, temiendo que algo pudiera suceder a la madre de Mata como represalia.

Después de un culebrón de casi tres años, Jessica y Adam Davis estaban exhaustos, física y emocionalmente. Habían gastado sobre 65.000 dólares en la adopción, vuelos a Uganda, impuestos y otros gastos.

Al principio, adoptar había parecido la opción correcta. Esta en línea con sus fuertes creencias cristianas, y permitía a Adam poner en práctica lo que predicaba como pastor asociado en la Iglesia Metodista de St. Clairsville, Ohio. Bendecidos con cuatro criaturas propias, creían que adoptar a una criatura huérfana que estuviera en una situación desesperada era una menra de hacer algo bueno en un mundo difícil.

Abrieron su hogar y su corazón, sólo para sufrir el golpe aplastante de la realidad.

“Inconscientemente hicimos una solicitud para una criatura”, dice Adam. “El único trauma que esta pobre niña llegó a experimentar fue esencialmente porque nosotros presentamos esa solicitud”.

“La seleccionaron para nosotros”, añade Jessica.

Los Davis llenaron papeleo para deshacer la adopción de Mata, y en septiembre, el Gobierno ugandés devolvió a su madre sus derechos parentales.

La familia le organizó una fiesta de despedida antes de que se marchara de Estados Unidos el otoño pasado. Los Davis pidieron a sus cuatro hijos que pusieran buena cara – y trataran de no llorar delante de Mata. Los videos caseros permiten echar un vistazo a esta escena emocionante.

“¿Qué día es hoy?”, pregunta Jessica.

“Me voy a casa”, dice Mata, sonriendo.

“¿Estás emocionada?”

“Sí”

La primera cosa que hará cuando vea a su madre, dice, es “abrazarla”.

Pronto, Mata y Adam estuvieron en el vuelo de 14 horas hacia Uganda mientras Jessica y el resto de la familia se quedaba en casa. Mata había vivido con los Davis durante un año, encajando bien con los otros niños y adaptándose a la vida en Estados Unidos.

Devolverla era no solo lo correcto – en la cabeza de los Davis, era la única cosa posible.

El día después de aterrizar en Uganda, Adam y Mata viajaron hasta su pueblo. A medida que se acercaba a casa, Adam le dijo a Mata que la quería y que estaba orgulloso de haber sido su padre el último año.

Cuando Mata y su madre se vieron por primera vez, Adam dijo, fue como en la parábola bíblica del Hijo Pródigo. Su madre corrió hacia Mata, abrazándola. Reían y lloraban, desbordadas de pura alegría.

“Nunca había visto nada igual”, dice Adam.

Mata estaba en casa.

Epílogo.

Los Davis aún hablan con Mata vía Skype cada dos meses. Ha vuelto a la escuela en su pueblo y disfruta de su nueva hermana. Los Wells se mantienen en contacto con Violah, también.

Mata y Violah se han hecho amigas y han florecido desde que han regresado a casa.

Cuando se le pregunta cómo se ha sentido desde el regreso de Mata, su madre dijo con una sonridas: “Soy muy muy muy feliz”.

La madre de Violah compartía el sentimiento: “Estoy muy feliz y agradecida”.

Dos de sus hijas siguen faltando, sin embargo. Desde Reunite han notificado a las dos familias norteamericanos que parecen haberlas adoptado. No han tenido respuesta.

“Las dos familias son conscientes de la verdad. Parece que quieren continuar su vida y hacer creer a las criaturas lo que les han contado, aunque no tenga ni un gramo de verdad”.

Un estudio del Gobierno ugandés y de UNICEF descubrió que los padres ugandeses eran “sobornados” y “engañados”, a menudo con incentivos económicos, y que los orfanatos eran cómplices.

El informe dice que los orfanatos no siempre verifican correctamente la información sobre las historias de las criaturas antes de acogerlas. Los hallazgos de este estudio concuerdan en muchos sentidos con lo que sucedió a Mata y Violah.

Cómo ayudar.

Las familias que protagonizan nuestra historia trabajaron con Keren Riley de Reunite para ayudar a regresar a sus hijas adoptadas a sus madres biológicas. Riley, una ciudadana británica que vive en Uganda desde 2010 ha puesto en marcha una organización de base para proveer servicios a niños que no son atendidos por su familia, y para ayudar a criaturas que han sido traficadas o se han perdido en el sistema a reencontrarse con sus familias en Uganda.

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Espacio seguro

Siempre he pensado que los padres y madres blancos que criamos a hijos negros (hijos racializados en general) tenemos una enorme desventaja respecto a las familias negras que crían hijos de su mismo color: no hemos vivido en propia piel el racismo y la discriminación que nuestros hijos sufran. Alguien me hizo notar hace un tiempo que tenemos, o podemos tener, ciertas ventajas sobre las familias racializadas: en muchos casos, ellos tampoco están entrenados a sufrir racismo porque vienen de lugares donde no lo sufrían y, además de no poder darle a sus hijos las herramientas necesarias, su situación de desventaja no les permite sentirse empoderados y son menos feroces al reclamar sus derechos.

Festival Nyansapo

Esto puede ser cierto. Pero los niños que crecen en familias de su mismo color, siempre tienen algo de lo que nuestros hijos, muchas veces, carecen: un espacio seguro. Un espacio donde no son los únicos negros, donde no se sienten amenazados, donde pueden compartir vivencias sabiendo que no serán malinterpretados o incomprendidos, donde no escucharán comentarios racistas emitidos desde la ignorancia o el desconocimiento, donde no serán juzgados.

Un espacio que ocupa el mismo lugar que los locales de ambiente pueden tener en la comunidad LGTBI, las asociaciones feministas para las mujeres, y en general, en cualquier grupo minoritario o discriminado. Como se cuenta en este artículo, son espacios que se construyen sobre la base de experiencias de lucha verdaderas y no reflejan estructuras de poder ya existentes, sino que intentan subvertirlas.

Un oasis como el que decenas de jóvenes LGTBI han encontrado en estas colonias donde, como ellos mismos explican, han podido ser ellos mismos.

 

Desencajada

Al hilo de la última entrada, sobre diversidad familiar, publico esta reflexión de A., madre en una familia que no podría contener más diversidad.

Todos queremos encajar en algún sitio, encontrar nuestro lugar en el mundo. Pero a veces no es fácil. A veces es muy, muy difícil.

 

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En el grupo de Familias de Niñ@s Transexuales soy la única madre de una niña trans fluida no binaria y no blanca; en el grupo de Altas Capacidades soy la única con hijos adoptados, con una hija trans, con hijos negros; en el grupo de Homeschooling, la única monoparental y con una hija trans; en el grupo de Feministas soy la única monoparental por decisión propia y la única adoptiva, la única con hijos negros.

Si vas con familias adoptivas te dicen cosas como: ¿y le ha cogido muy fuerte esto de ser una niña? Ya se le pasará… y cuando estás con familias trans que entienden, tienes que aguantar comentarios del tipo: Siempre he querido adoptar pero… Qué buena acción, te has ganado el cielo, qué suerte han tenido… y cuando no, piensas que quizás has encontrado el lugar, entonces se cuestiona por qué se tiene que hacer diferencia con las familias monoparentales si hay biparentales que tienen solo un sueldo.

Hay una insensibilidad general hacia aquello que no te afecta

Y ya no entro cuando  en un grupo, para defender al colectivo LGTBI, hay comentarios racistas; o en cuando en otro, para defender a las personas racializadas, son contra los colectivos LGTBI; o cuando en todos hay contra quien no cumple los estándares o que no siguen un modelo concreto. Y esto cuando no es insensibilidad sino fobia, porque el grupo no va de eso, y por tanto, se puede expresar tranquilamente.

Estas líneas, sorprendentemente, nadie tiene problemas en traspasarlas.

¿Qué nos contarían las niñas y los niños negros?

I. es la madre (adoptiva) de F., un quasi adolescente nacido en Etiopía y que está creciendo en España. Esta es una reflexión de I. sobre las vivencias de F. que ha accedido a compartir con nosotros.

La imagen puede contener: una o varias personas y personas de pie

Silvia Albert decía “Lejos han quedado los días en los que te pegaban una paliza sólo por ser negro, los días en los que te insultaban varias veces por la calle, los días en los que los skinhead te pegaban una paliza solo por ser negro… Ahora el racismo se ha vuelto mucho más sutil, son pocos los casos denunciados de agresiones directas, pero son infinitos los casos de agresiones sutiles, el racismo invisible nos rodea hasta que abrimos los ojos y entonces no podemos parar de verlo”.

Cuando leo, y leo mucho sobre estas cosas, pienso en lo que viven los niños y niñas negros….Aunque no lo sepas, aunque no lo creas. …..

El otro día, fue un día de esos…

10h. Atravesamos Blasco Ibañez para ir a la clínica odontológica universitaria. Los bares de las facultades llenos de gente. F observa. “ Mamá, ni un solo negro”.

10.15h. Lxs futurxs profesionales de la Odontología empiezan a jugar con el nombre de F. (entra solo), cambiando las letras, el orden…. Jugando con su nombre. Todo muy cariñoso… y molesto.

Pasa un niño negro por el pasillo….. lxs futurxs profesionales de la odontología, y actuales practicantes de la ignorancia supina, preguntan a F. “¿Es tu hermano?”.

17.30h. Tras la sesión de piscina. F. solo en el vestuario, con otros niños y niños acompañados de sus padres. Uno de ellos, un padre que pierde el norte, se dirige a F. y le dice. “Yo pensaba que iban a ponerte en el grupo de principiantes”. Y se quedó tan fresco.

Para muestras, un botón. Si los niños y las niñas lo escribieran…… veríamos lo mal que lo estamos haciendo como sociedad. No es sólo la calle…  es el colegio, es el aula…

Que España es un país racista sólo depende de nuestra capacidad de escucha, no mirar a otro lado, no relativizar, ni quitar importancia a lo que nosotrxs no vivimos.

Lo escolar (1)

La escuela es el principal caballo de batalla para los niños y niñas adoptadas (y para sus familias). Dificultades de aprendizaje, conflictos, ritmos distintos a los de otras criaturas, otras formas de aprender, peleas, racismo, bullying…

Seguro que no pocas familias se sentirán identificadas con este texto publicado en el blog En este preciso instante.

No hay texto alternativo automático disponible.

 

Mi hija es alegre.
Mi hija es hermosa.
Mi hija es cariñosa.
Mi hija es empática.
Mi hija es ordenada.
Mi hija es trabajadora.
Mi hija es graciosa.
Mi hija es ingeniosa.
 
Sin embargo…
 
Mi hija se siente triste.
Mi hija cree que es muy fea.
Mi hija se muestra arisca.
Mi hija se aleja de los demás.
Mi hija pierde en interés en sus cosas.
Mi hija se rinde antes las dificultades.
Mi hija se ofende con las bromas.
Mi hija está a la defensiva.
 
En medio de esas dos listas hay algo muy simple. Tan simple como un colegio.
 
Un lugar en el que la convencieron de que no era capaz ni de hacer la fila y la llevaban de la mano la primera. A ella, que es la primera que se levanta de la cama y se viste, eso sí, después de combinar cuidadosamente el modelito del día (“mamá, tú no entiendes de moda”).
 
Un lugar en el que un día, la profesora de PT, en medio de una conversación en la que yo mencionaba lo bonita que iba a ser de mayor me corrigió y me dijo “bueno…atractiva” y los niños la llamaban fea sin cesar, por sus ojos de almendra.
 
Un lugar en el que nadie la invitaba a los cumpleaños, incluso si, por compromiso acudían a suyo.
 
Un lugar en el que la convencieron de que no sabía recoger su material y hacían que otros niños lo hicieran por ella. A ella, que se hace la cama cada mañana y que recoge todos sus juguetes. A ella que conserva las mismas ceras desde hace tres años.
 
Un lugar en el que nunca le dieron alas para aprender y donde, cuando yo les contaba los grandes avances que observaba trabajando con ella en casa me contestaban…”bueno, bueno…con los pies en el suelo” y la ponían a colorear en un rincón.
 
Un lugar en el que una niña la acosó durante dos años sin que nadie en el colegio pusiera remedio. A ella, que deseaba más que nada en el mundo tener amigas.
 
Un lugar en el que el castigo cuando según ellos se lo merecía, era llamarla bebé y llevarla a la clase de los más pequeños del colegio.
  
¿Porqué lo aguantamos? Porque a veces no ves lo que tienes delante de tus narices hasta que te alejas un poco. Porque la vida no nos permitía escoger en ese momento. Porque  estábamos abrumados y nos convencían de que no había otra manera de hacer las cosas. Porque hasta en esto, hay que aprender y nosotros éramos ignorantes en este territorio.
 
Mi hija se enfrenta ahora a un gran desafío. Un colegio nuevo en el que, por ahora (tengo demasiadas heridas como para confiar completamente) le han abierto los brazos. Es un macrocolegio con cientos de niños de todas las edades. Y muchos, muchos de ellos, son niños especiales en inclusión. O sea, en un aula normalizada.
 
Yo tenía tanto miedo…un colegio tan grande y mi niña tan pequeña. ¿Y si realmente no sabia hacer la fila? ¿Y si, como me decían, no era capaz de estar sentada ante su pupitre como los demás? ¿Y si, y si, y si…?
 
El primer día la acompañé hasta el patio donde hacen la fila, ya dentro del recinto escolar. Esperé a que entrase y le tiré un montón de besos. Ella se fue tan feliz.
 
Al día siguiente, antes de salir para el colegio, me dijo muy seria: “Mamá, haz el favor de no acompañarme hasta dentro, que me dejas en ridículo. Y no me mandes besos. Ya me los darás luego.” La dejé en la puerta envuelta en una marabunta de niños que entraban al colegio. Y la vi alejarse, con su mochila al hombro, camino al patio en el que se colocó en su lugar en la fila. Una niña más.
 
Ni más ni menos lo que es.
 
Sin embargo aún nos queda mucho camino por andar antes de que ella vuelva a sentirse igual que las demás. Su autoestima está muy dañada. Y su confianza en los demás también. Y ese es el primer escalón que hay que superar para afrontar cualquier tipo de aprendizaje. Tan convencida está de que no puede aprender que cuando se enfrenta a un reto se bloquea, se frustra y abandona. Es  una actitud de supervivencia. Si tu experiencia se basa en el fracaso huirás de las circunstancias que históricamente te lo han proporcionado. Un ejemplo: está aprendiendo a leer y jugando, lee las palabras por separado sin ninguna dificultad. Hasta que, de pronto, se percata de lo que está haciendo. En ese momento, deja de ser algo divertido para ser algo angustioso y quiere dejar de hacerlo.
 
La confianza en las propias posibilidades es imprescindible para aprender. Corregir demasiado, exigir de forma impaciente, no valorar los pequeños pasos, despreciar la iniciativa, dar más importancia al error que al acierto, comparar con otras personas y sobre todo, no aceptar la forma de aprender de cada niño son errores que pueden herir de forma grave la capacidad de nuestros hijos de sentirse capaces.
 

Ahora mi reto es conseguir que sepa cuánto vale y que crea, igual que nosotros sabemos, que es una niña maravillosa.

Su nuevo profesor en la primera reunión del aula nos dijo una sencilla frase: “Ella es, sin ninguna diferencia con el resto de sus compañeros, una niña más en el aula”.

Qué pedazo de frase. Creo que me la voy a enmarcar…

Después de ver This is us

Llevamos días enganchadas a la serie This is us. Como adoptante, me parece un retrato magnífico de todos los ángulos de la adopción (y de la adopción transracial). ¿Piensan igual los adoptados? He encontrado este texto en el blog de una adoptada adulta (que tiene otras entradas sobre la serie y que parece en conjunto muy recomendable, aunque aún lo estoy empezando a explorar).

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Mi coguionista me vio acercarme a la cafetería está mañana y paró el coche y bajó la ventanilla. “¿Estás bien”, dijo.

Sacudí la cabeza. “Esa serie”.

“Salgo”, dijo. “Mejor que no venga nadie”. Dejó el coche enmedio de la calle y corrió a abrazarme. “Estuviste chillando a la televisión anoche”.

Asentí

“Pero te gusta la serie, ¿no?, crees que es buena”

Asentí otra vez.

“Vas a llorar, ¿verdad?”

“Es el aniversario de la muerte de mi madre”, dije

“Oh, no”, se puso a mi espalda y empezó a cepillar mi chaqueta como si estuviera cubierta de pelusa. “Y tu cumpleaños es mañana”.

A veces ser adoptado es demasiado. Como ser humano, soy un vaso de agua lleno hasta el borde conmigo misma. Como persona que fue adoptada, soy un vaso de agua que a menudo se derrama – soy demasiado – y no es infrecuente que la única gente que entienda este fenómeno sean otros adoptados.

Y el guionista de This is us.

Cuando prestas atención a algo de manera amorosa e interesada, esto prospera. Tener una serie en televisión que pone el foco en la adopción de una manera intrépida, amorosa e inteligente me hace pensar que vivo en un mundo completamente nuevo. Uno donde yo podría florecer de una manera completamente nueva.

Hay gente – millones de personas – que ven esta serie y a los que se les cuenta – ¡muestra! – cómo puede ser ser adoptado (sin mencionar cómo es ser parte de una adopción transracial) y los espectadores están PRESTANDO ATENCIÓN. No apagan el televisor cuando la palabra “adopción” aparece. De hecho, incluso SE QUEDAN DESPUÉS DE QUE TERMINE LA SERIE para meterse online y HABLAR de ella.

No puedo deciros lo que significa para mí. No puede decíroslo porque no lo sé. Sé que no puedo respirar profundamente cuando pienso en cómo la adopción no sólo es un tema de conversación aceptable, sino interesante para todas las partes. Quizás, incluso, esperanza sobre esperanza, interesante para los padres que adoptan.

¿Habría MI madre visto esta serie? (Lo he dicho antes, pero no puedo estar segura de que hayáis leído todos mis posts, cuando digo “madre” y “padre” me refiero a los padres que me adoptaron).

No. Ella no lo habría tripeado. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que mi madre vivía en su nube donde las historias de sus hijos empezaban “el día que te conocimos”, donde cualquier cosa que sugiriera que había habido otra madre era insostenible. En los ojos de mi madre, ella era la única madre. Fin a de la historia. (Peligro, Will Robinson. Peligro).

¿Puedes imaginar que toda tu vida has tenido un tercer brazos que a veces no te dolía, pero otras veces dolía mucho pero que sobretodo te dolía de una manera que te descentraba? Imagínate que era lo bastante desgarbado para hacer la vida más difícil de lo que era para la gente de dos brazos, solo que era un brazo que nadie podía ver. Pronto aprendiste que no merecía ni siquiera la pena sacarlo a colación porque nadie quería oír hablar de un brazo invisible (especialmente los médicos – quiero que me devuelva mi dinero, Dr. Fisher. Todas esas horas de terapia a 250 dólares cada una. Ser adoptado sí que importa y deberías haberlo sabido, Sr. Licenciado)

Los adoptados tenemos miedo de parecer llorones, víctimas, y muchos aprendemos a minimizar el dolor y la confusión e intentamos actuar y pensar como los demás. Pero si tienes un tercer brazo, se meterá en medio, incluso aunque nadie pueda verlo.

Hay una escena en el episodio de This is Us que vi anoche donde Randall presentaba a su padre biológico a su hermano. Me dejó sin aliento. Era como ver a alguien hacer lo imposible y juntar dos polos opuestos de un imán. Estaba a la par con la escena de Aliens donde esa cosa surge disparada de Sigourney Weaver. NO sabía que podía suceder.

No puedo siquiera imaginar cómo habría sido si una tarde yo hubiera llegado a casa y mi madre y mi madre de nacimiento estuvieran sentadas en la mesa de la cocina, charlando. Incluso más inimaginable habría sido la escena de yo misma llevando a mi madre de nacimiento a la cocina y presentándosela a mi madre, la madre a quien tanto quiero. Mi cerebro sabe que ni siquiera está PERMITIDO imaginarlo, así que no lo hago. Todo lo que sé es que este encuentro habría matado a mi madre, así que el cerebro se queda en blanco.

Crecí sabiendo que no todas las piezas que definen mi vida están en el mismo lugar. ¿Por qué? Porque los adultos estaban asustados. Y cuando no te permiten tener lo que es tuyo en la habitación, quiere decir que algo falla en ti, algo menos que.

Estoy luchando contra mi cerebro ahora e imaginando a todos mis padres, mis dos padres de nacimiento que no quisieron verme y mis padres que me adoptaron juntos en una habitación conmigo.

Santo Dios, sería como si las puertas del paraíso se abrieran y la luz del conocimiento nos iluminara. Estaría allí, completa. Sería la revelación de que el mundo se preocupaba lo suficiente para mostrarme todas mis piezas. Mis padres se preocupaban lo suficiente por mí para dejar a un lado sus miedos personales y mostrarse como padres.

Hay tanto espacio para el amor en este mundo, y los adoptados lo necesitamos más que la mayoría de la gente porque hemos experimentado la pérdida más profunda que puede tener una persona: la de las raíces. Dar a los adoptados piezas de si mismos: la historia de sus orígenes, sus nombres, sus raíces, su libertad para hablar, incluso, les hace sentir incluso más humanos. La primera cosa que vi cuando conseguí una foto de mi madre de nacimiento fue, no soy de Marte. Muchos adoptados sienten que llegaron de otro planeta. Puede sonar guay si no eres adoptado, como una aventura, pero no es un sentimiento positivo. Cuando los humanos caminamos, nos gusta sentir nuestros pies en el suelo. Nos hace sentir seguros. Conectados. En casa. Nadie de Marte conoce este sentimiento. Y lo quieren.

Llena la habitación de familia. Deja entrar a todo el mundo. Ama. Y observa qué sucede.

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

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