familia monoparental y adopción

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La huérfana que adopté en Uganda ya tenía una familia.

Desde que empecé mi periplo adoptivo, he oído incontables historias de adopciones irregulares. Adopciones en las que la documentación tenía información incompleta o directamente falsa, niños que al aprender el idioma contaban una historia muy distinta a la que había en sus papeles, historias de familias convencidas por buscadores de niños para ceder a sus hijos. Y en muchas ocasiones me han hecho (y me he hecho) la pregunta de qué haríamos si descubriéramos que la familia biológica de alguno de mis hijos no renunció a él voluntariamente y le está buscando. Este caso de adopción en Uganda es el primer caso que conozco en el que la familia adoptiva decidió reintegrar a la niña que habían adoptado a su verdadera familia.

Mata holds her baby sister, whom she first met via Skype while talking with her mother from Ohio. It was during that call that Mata realized her mother hadn't given her up for adoption. "My mom was tricked," she says.<br />

Siempre he querido dejar alguna huella en este mundo. Traer bondad, paz y sanación a un mundo que a menudo parece inundado de pérdida, privación y una gran variedad de obstáculos que hacen la vida difícil a tantos. Cuando tomamos la decisión de adoptar, parecía pan comido.

Pensé que era una manera de marcar una diferencia, al menos para una criatura. Mi marido, Alan, y yo, abriríamos nuestra casa y nuestros corazones a un niño que lo necesitara.

De lo que no fui consciente cuando empecé este camino era que la adopción era tanto más que solamente esto. No esperaba que fuera un camino lleno de rayos de sol y arcoíris, pero tampoco era consciente de la profundidad de la angustia y pérdida que implica la adopción, no solo para los padres adoptivos, sino todavía más, para las criaturas adoptadas, como la que estábamos a punto de conocer y acoger en nuestras vidas.

Adam y yo investigamos a fondo en cada escalón del proceso con la esperanza de garantizar una adopción apropiada y ética. Ya véis, ya éramos padres de cuatro hijos biológicos, así que no se trataba de “tener otro hijo” o simplemente “aumentar la familia”. Para nosotros, adoptar tenía que ver con compartir nuestra abundancia –nuestra familia, amor y hogar, con un niño al que le faltaban estas cosas básicas.

Ninguna parte del proceso fue fácil – ni siquiera la decisión de adoptar internacionalmente. Sabíamos que había niños americanos, al igual que en otras partes del mundo, que necesitaban lo que nosotros podíamos ofrecer. Acabamos llegando a la conclusión (a partir de lo que ahora veo como una forma de propaganda) de que la mayor necesidad estaba en los países más pobres.

Recuerdo leer que hay casi 3 millones de huérfanos en Uganda, y con esta estadística en la cabeza (y algo más de investigación), en octubre de 2013 empezamos el proceso para adoptar allí. Hicimos montones de papeleo, conseguimos innumerables juegos de huellas dactilares y gastamos decenas de miles de dólares. Tardamos algo más de un año a pasar todas las formalidades, pero finalmente llegamos a la mejor parte del proceso, responder a las necesidades de una criatura.

Finalmente llegamos a este punto. En 2015, dimos la bienvenida a nuestra casa a una niña de 6 años hermosa, fuerte y valiente que se llamaba Namata. No se puede anticipar mucho cuando se trata de adopción, pero traté de hacer mis deberes tan a fondo como cualquier otro adoptante – y aún así, nada me preparó para lo que pasaría después.

Tardamos un poco más de un año y medio en darnos cuenta que las cosas que “nuestra” hija nos estaba contando no cuadraban con las historias que había en lo documentación que nos brindó nuestra agencia de adopción, European Adoption Consultatns, Inc.

(En diciembre, el departamento de Estado de los EEUU inhabilitó la agencia por tres años, lo que significa que no pueden seguir asignando criaturas. El Departamento de Estado dijo que encontró “evidencia de un patrón de incumplimiento grave, voluntario o negligente de las normas y circunstancias agravantes que indicaban que continuar acreditando a EAC no habría sido en el mayor interés de los menores y familias implicadas”).

Al principio me pregunté si la información conflictiva que Namata compartía con nosotros reflejaba sus esfuerzos para afrontar el trauma de haber sido abandonada y maltratada. Pero acabé dándome cuenta de que me estaba contando algo distinto – y muchísimo más importante.

En muchos momentos durante este año y medio, tuve que suprimir la compulsión de ver las cosas que me contaba a través de mi propia lupa, ya que a menuda esta lente está velada por el privilegio y las experiencias que uno tiene. Fue cuando empecé a escuchar abiertamente cuando me di cuenta de qué era lo que ella intentaba tan desesperadamente que yo comprendiera.

La niña que habíamos adoptado tras años de lucha no era huérfana en absoluta y prácticamente todo lo que estaba escrito en su documentación y nos habían contado sobre su pasado no era una descripción precisa de su vida en Uganda.

Más que esto, finalmente descubrimos que tenía una familia muy amorosa de la que había sido ilegalmente arrancada con la finalidad (creemos y estamos convencidos) de proveer un “huérfano” para dar respuesta a nuestra solicitud de adopción.

Devastada ni siquiera empieza a explicar lo que sentimos cuando nos dimos cuenta lo que había sucedido para traer a Namata a nuestra casa. A la madre de Namata le dijeron solamente que Adam y yo íbamos a cuidar de su hija mientras le proporcionábamos una educación, que es la vía central al empoderamiento la oportunidad en Uganda.

Así que cuando esta supuesta oportunidad de ser apadrinada por una pareja americana “rica” se le presentó, sintió que ella y su hija habían sido bendecidas. Nunca renunció conscientemente a sus derechos como madre de Namata, pero una vez hubo una confirmación verbal de que nosotros íbamos a adoptarla, los que trabajaban sobre el terreno en Uganda falsificaron la documentación y colocaron a Mata en un orfanato.

Para el momento en el que la madre de Mata se dio cuenta de qué estaba sucediendo, que nunca iba a volver a ver a su hija, ella estaba indefensa para parar las ruedas que habían empezado a girar. Después de muchos meses investigando los detalles de nuestro caso, también me di cuenta de que la experiencia de la madre de Mata no es infrecuente en la Adopción Internacional.

Hay localidades en Uganda y en todo el mundo donde madres, padres, hermanos y abuelos están desesperados por reencontrarse con los niños que fueron ilegalmente separados de ellos a través de la Adopción Internacional. Ha sido descorazonador para mí darme cuenta de que un acto tan hermoso y puro puede estar contaminado con tanta maldad. Pero como sucede con muchas cosas hermosas en el mundo, la corrupción y la avaricia es una realidad – una que no podemos limitarnos a ignorar.

La Adopción Internacional debe ser reformada. Los padres adoptivos y los gobiernos implicados en este proceso no pueden seguir alegando ignorancia.

A través del proceso para reunir a Namata con su familia, me encontrado con tanta resistencia, saturada en derecho y privilegio. Más de una vez me han preguntado, ¿por qué no te limitas a “quedártela”? ¡Son palabras que utilizo cuando describo algo que he comprado en el colmado! Namata nunca me ha pertenecido: es un ser humano que merece algo mejor que este tipo de pensamiento egoísta y estrecho de mente.

En una ocasión, alguien sugirió que no le contara a nadie lo que ella nos había contado. Otras veces, me dijeron que era mi deber cristiano quedarme con ella y “criarla en la fe verdadera”.

Incluso al final, cuando toda la información dejaba claro que la madre de Namata nunca había renunciado a ella, funcionarios del Gobierno norteamericano me dijeron que yo debía decidir si quería o no devolverla a su familia. Su madre, que fue ilegalmente despojada de sus derechos, no parecía ser un factor a tomar en cuenta.

No haya palabras para describir lo paródico de esta injusticia. Debo dejar claro lo siguiente: mi raza, país de origen, nivel económico (aunque pequeño, es mayor que de la inmensa mayoría de personas del mundo), mi acceso a “cosas”, mi religión – ninguno de estos privilegios me da derechos sobre los niños de los pobres, sin voz y desamparados.

Si acaso, creo que estos privilegios deberían venir con una responsabilidad de hacer más, de levantarnos contra estas injusticias. ¡No podemos dejar que otras familias sean separadas para formar nuestras propias familias!

Estoy segura de que la mayoría de personas que adoptan internacionalmente tienen la mejor de las intenciones, pero las buenas intenciones no justifican la ignorancia. Después de desvelar la verdadera historia de Namata y buscar exhaustivamente, creo que he tomado conciencia de las realidades de la corrupción  que ocurren en general en la Adopción Internacional. Este acto a la vez complicado y hermoso de abrir un hogar y un corazón a una criatura que lo necesita se ha corrompido por la avaricia y el salvacionismo.

El proyecto de mi familia para adoptar se ha convertido en un proyecto para luchar por las familias. Familias que son destrozadas por la ignorancia y la falta de empatía hacia los que no tienen voz para luchar contra las injusticias que afrontan cada día. NO puedo mirar hacia otro lado. Debo continuar esta lucha hasta que vea un cambio en el sistema.

Puedo decir también que he visto al belleza de una familia reconstruida y que no hay nada parecido. Adam y Namata hicieron el largo viaje hacia su pueblo remoto en Uganda juntos, mientras yo permanecía en casa con mis hijos biológicos. No podíamos permitirnos viajar los dos y mi marido estaba preocupado por mi seguridad después de haber expuesto la corrupción. También le preocupaba la seguridad de Namata y quería estar a su lado hasta el momento en el que estuviera en casa, bajo la protección de su madre. Así que de mala gana me despedí de ella en Estados Unidos.

Aunque estábamos desbordados de angustia esa mañana, Adam, los chicos y yo intentamos sonreír, porque para Namata era un día feliz. No podía esperar a reencontrarse con su familia y tuvimos mucho cuidado de no quitarle su alegría.  Fui testigo de esta parte del viaje a través de videollamadas y fotos y fue hermoso. Dolorosamente hermoso.

En septiembre de 2016, la madre de Namata abrazó a su hija con alegría y risas abundantes y no se han vuelto a separar ni un día desde entonces. Namata ha florecido desde que llegó a casa y yo me siento agradecida por ello.

Durante este proceso, también he tenido la revelación de lo que significa realmente ayudar y querer a un huérfano (frase que a menudo usé cuando discutía sobre adopción). Este amor va más allá de nada que hubiera imaginado. Ahora parece clarísimo. Ahora que las voces de cientos de adultos adoptados que he conocido desde que empecé este camino resuenan claramente en mis oídos.

La inmensa mayoría de niños en orfanatos, y incontables niños adoptados internacionalmente, no son huérfanos en absoluto. La mayoría tienen un padre o madre, o ambos. Adicionalmente, muchos tienen hermanos, abuelos, tíos y tías, que se ocupan de ellos.

Mis buenas intenciones en todo el camino fueron erróneas. Si realmente quería ayudar a un huérfano, ¡este acto requeriría asegurarme que se han hecho todos los esfuerzos para mantener a este niño dentro de su familia biológica! Si este hubiera sido mi objetivo desde el principio, no habría pasado por alto tantas señales de alerta.

Demasiados vemos la adopción internacional como una manera de “salvar” niños. ¿Y si lo miráramos de otra forma? ¿Y si decidiéramos hacer todo lo que está en nuestra mano para asegurarnos de que estos niños pudieran vivir sus vidas dentro de las familias que Dios les dio en primer lugar?

No hablo de niños retirados por necesidad de familias maltratadoras o negligentes, sino de aquellos cuyas familias amorosas fueron erróneamente persuadidas para renunciar a ellos. Familias que pensaron que la decisión estaba fuera de su control debido a la enfermedad, la pobreza, la falta de acceso a la educación, intimidación, coerción o una idea falsa de lo que el “sueño americano” podía representar para su hijo.

¿Estoy diciendo que no adoptemos? ¡No!

He oído a montones de adoptados adultos que están totalmente en contra de la adopción, y no voy a menospreciar sus voces o negarles el derecho a sentirse así porque es toda una vida de experiencia lo que ha formado sus opiniones.

Pero debido a la fuerza de sus voces, también he visto una nueva ola de padres adoptivos con los ojos abiertos – padres que entienden las pérdidas que han sufrido sus hijos adoptados, que les escuchan, que afrontan las enormes obligaciones y los altos listones que requiere la adopción.

Sólo escuchando y reconociendo las verdades difíciles la adopción puede convertirse en algo ético y positivo. Esto significará algo distinto para cada familia. Para nosotros, significó reunir una familia destrozada por un proceso corrupto y sacar a la luz las actividades criminales de la Adopción Internacional. Para otros, puede representar una vida asegurándose que la criatura conserva su identidad cultural o racial, o mantener vivos los lazos con su familia de nacimiento, cueste lo que cueste. La adopción puede ser hermosa, pero no es nunca fácil.

Por esto digo sí a la adopción, cuando las familias comprendan claramente el peso que tendrán que cargar. El peso de hacer lo correcto para esta criatura de manera que no habías imaginado: de luchar por su mayor interés, sin intenciones enfermizas, egoísmo o avaricia. Y darse cuenta a veces de que el mayor interés puede ser que no termine siendo tu hijo adoptivo.

Recibo noticias de quién fue nuestra hija adoptiva, Namata, a menudo con fotos y a veces con vídeo. Cuando empiezo a verlas, suelo llorar por lo mucho que la echo de menos. Me encantaría abrazarla, pero entonces me recuerdo a mí misma todo lo que casi perdió ella al ser adoptada.

A veces hay fotos de ella en casa de su madre, con una sonrisa de oreja a oreja. Otras veces, lleva en brazos a su hermanita, o regresa de la escuela con su otra hermana.

Una de mis fotos favoritas es una en la que Namata está sentada en el suelo, de cara a su madre. Y su madre – la mujer que la parió, se le parece, sonríe como ella y la quiere más profundamente que nadie en la tierra entera – le devuelve la mirada a la hija que estuvo a punto de perder.

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El principito

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Hace algún tiempo, V. me contó que su hijo adoptivo (el mediano de 3 hermanos) le había echado en cara que ella no era su madre.

¿Y qué le dijiste?, pregunté yo, que por aquella época acababa de estrenarme en la maternidad.

Le dije que me parecía bien, que yo entendía que su madre era E., pero que E. había muerto en Etiopía unos meses antes y ya no podía cuidarles; por esto ahora lo hacía ella, y que si querían llamarle por su nombre o “canguro” o lo que fuera, pues que adelante.

Me acordé de esa conversación cuando leí este párrafo de este texto de Loretta Cornejo:

“Tengo mi Principito particular, un niño de ocho años que me dijo que no quería volver a tener más madres en su vida (de esto hace doce años), y acepté que no lo sería, y le conté tu historia y la del zorro (ver historia), y que seríamos eso, nos domesticaríamos si podíamos. Y estábamos de acuerdo, y llenaríamos nuestras vidas de conversaciones y de historias, si lo veíamos posible. Y entonces me preguntaste si no soy hijo… ¿entonces que soy tuyo? Serás eso, mi Principito, te contesté. Y lo aceptaste, aunque al principio te daba risa esa palabra y aunque luego le perdiste el miedo a decirme mami, mami o mamá (y que repites aún con ternura todos los días) siempre has querido que te siga llamando así: Mi Principito”

Después de ver This is us, una persona adoptada se ausenta sin permiso

Descubrí el blog de Anne Heffron cuando vi la serie This is us (por cierto, se está emitiendo ya la segunda temporada. Yo la tengo pendiente todavía, pero dicen que es tan magnífica como la primera). Este artículo, aunque lleva el nombre de la serie en el título, no habla de ella. Pero me ha gustado tanto que he tomado la decisión de compartirlo aquí.

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Voy a conocer a mi padre de nacimiento dentro de unas semanas. En lenguaje de la adopción, a esto se le llama reunión. ¿Cuántos de vosotros habéis tenido una reunión con una persona a quien no habíais visto antes? Quiero decir, parte de mí era un espermatozoide dentro de él, así que me lo encontré como pez, pero era sólo una parte de mí. No tenía mis piernas ni mis dedos. ¿Me reconocería si apareciera en mi forma original? ¿Un pez diminuto, preparado para luchar con el gran huevo por un lugar en el mundo, estuviera este preparado para mí o no? Creo que no. Ni siquiera me vería.

Así es cómo me empoderé como persona adoptada: me dije a mi misma que el mundo tenía tantas ganas de que naciera que hicieron falta dos desconocidos, una fiesta, algo de alcohol, y la decisión de no abortar ilegalmente para hacerme.

Esto va sobre ser real.

Me he dado cuenta de que a medida que me hago mayor, más triste me siento sobre ser adoptada. Me parecía bien cuando era una niña, y entonces cumplí 50 y fue como si alguien me arrancara el cerebro y me diera otro nuevo, uno que apenas podía gestionar el duelo y las lágrimas.

Hablemos de la crisis de la mediana edad. No es solo que nadie hable de ello cuando eres adoptado. Mis padres nunca me dijeron: “Ey, no tienes problema en ser adoptada ahora, pero cuando uno de nosotros muera, podrías volverte loca una temporada”. Nunca dijeron esto porque no tenían ni idea. No tenían ni idea porque las personas adoptadas no hablaban de ello, y si lo hacían, no había nadie con cuadernos para tomar notas.

Intenta explicar a tu jefe que la razón por la que lloras es que te acabas de dar cuenta de que ser adoptada de bebé te traumatizó y ahora que tienes 52 años necesitas irte a casa un año y llorar. Que tengas suerte a la hora de conservar tus beneficios. Tu trabajo. Tu cordura. Tus amigos. Los contenidos de tu estómago.

Así que la palabra “reunión” es ridícula. Como lo es, de hecho, la expresión “padre de nacimiento”. No estuvo en mi nacimiento. No me sacó de la barriga. Inseminador es grosero y no es algo que me gustaría usar para presentarme. ¿Buen tipo? Ya os informaré.

Adoptada es una palabra que he llegado a odiar. No quiero ser una persona adoptada. Como adoptada, no quiero tener padres adoptados o hermanos adoptados. ¿Por qué? Cuando me casé (la primera vez) me quité los zapatos en el altar para que mi inminente marido y yo tuviéramos la misma altura. Todo el mundo en la congregación pudo ver la etiqueta brillante en la suela de mi zapato izquierdo. Ese zapato parecía tan adoptado. Como si nadie lo hubiera querido y hubieran tenido que ponerle una etiqueta para que pudiera encontrar un hogar.

Si yo soy adoptado y tú no, ¿qué eres tú? ¿Te pregunta alguien si tus padres son tus padres de verdad? Hmmmm. Probablemente no. Así que quizás tú eres de verdad. Y yo soy… no de verdad. Yo soy adoptada, y mis padres son mis padres adoptados. Blchhh. No gracias.

Adoptada significa “adquirida como propia por elección”. Esperad. ¿Qué? Yo no me pertenezco a mí misma porque el nombre que me dieron al nacimiento me fue quitado y recibí el nombre de mis nuevos padres. Así que una mejor definición podría ser “adquirida como de ellos por elección”. Pero esperad. ¿La elección de quién? ¿Mía? ¿De ellos?

Necesito una palabra que pueda traducir de forma más limpia y precisa al lenguaje que entiende mi cerebro, el idioma que resuena con mi experiencia de vida.

Y he aquí el problema. El lenguaje que hablo, el lenguaje de una persona adoptada, es diferente de vuestro lenguaje, os llame como os llame – personas no adoptadas. Recordad, vengo de un planeta distinto del que viene la gente que no ha sido adoptada. Vengo de un lugar donde el creador y la creación están separados. En cierto sentido, es un estado sin dios. Vengo de un lugar donde la carne de mi carne desapareció. Vengo de un lugar donde no se me permite tener un certificado de nacimiento original porque, me temo, soy peligrosa.

Quizás la gente está asustada de que prenda este certificado de nacimiento y use la llama para quemar edificios importantes. Quizás la gente está asustada de que publique el nombre de la madre que me parió y le arruine la vida haciendo nuestra conexión pública.

¿Sueno enfadada? ¿Es desagradable leerme? Lo pillo. El otro día alguien me dijo que la madre de unos niños adoptados no podía leer mi blog porque es muy depresivo. Lo gracioso es que yo intento minimizar el dolor de perder una madre antes incluso de que te pudiera coger en brazos.

Así que, al grano, aquí está mi palabra para reemplazar adoptada: jodida.

Esto suena más real. Ahora cuando vaya al Kaiser con mi misterioso dolor abdominal, puedo contarle al doctor que estoy jodida y probablemente recibiré más atención que si digo que soy adoptada. Si volviera a la Universidad y volverá a pensar en abandonar, podría ir a mi consejero y decirle que estoy jodida, y me haría más caso que si hubiera dicho que soy adoptada. Si estuviera mirando a mi segundo marido, incapaz de conectar con otra persona de la manera en la que todos mis amigos parecen poder hacer, podría haberle dicho que estoy jodida, y más probablemente me habría comprendido mejor que si le dijera, como hice, que soy adoptada.

Una vez, cuando mi hija era pequeña, estaba en el asiento trasero cuando alguien me cortó el paso. Dije, en voz alta, “¡Joder!” y entonces mi dulce niña, en voz alta, dijo lo mismo. Entre en pánico y me reí al mismo tiempo. Ella era tan perfecta, tan pura, tan dulce, y esta palabra, una línea de rabia oscura, salía repetidamente de su boca porque su madre se estaba riendo.

Resulta que me encanta la palabra “joder”. Sienta bien decirla y, si eres de Boston como yo, es como un miembro de la familia. Joder es mejor que jodida porque una es acción y la otra implica que actúen sobre, y yo no quiero pasar mi vida siendo alguien sobre quién se actúa. Así que mi objetivo es joder en  vez de ser jodida. Quiero ser un verbo. En mi sesentena, cuando voy al médico y la enfermera me pida por mi historia familiar, puedo decir simplemente Joder.

Qué bien sentaría esto.

Joder, no puedo esperar a hacerme mayor. 

 

 

 

Desencajada

Al hilo de la última entrada, sobre diversidad familiar, publico esta reflexión de A., madre en una familia que no podría contener más diversidad.

Todos queremos encajar en algún sitio, encontrar nuestro lugar en el mundo. Pero a veces no es fácil. A veces es muy, muy difícil.

 

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En el grupo de Familias de Niñ@s Transexuales soy la única madre de una niña trans fluida no binaria y no blanca; en el grupo de Altas Capacidades soy la única con hijos adoptados, con una hija trans, con hijos negros; en el grupo de Homeschooling, la única monoparental y con una hija trans; en el grupo de Feministas soy la única monoparental por decisión propia y la única adoptiva, la única con hijos negros.

Si vas con familias adoptivas te dicen cosas como: ¿y le ha cogido muy fuerte esto de ser una niña? Ya se le pasará… y cuando estás con familias trans que entienden, tienes que aguantar comentarios del tipo: Siempre he querido adoptar pero… Qué buena acción, te has ganado el cielo, qué suerte han tenido… y cuando no, piensas que quizás has encontrado el lugar, entonces se cuestiona por qué se tiene que hacer diferencia con las familias monoparentales si hay biparentales que tienen solo un sueldo.

Hay una insensibilidad general hacia aquello que no te afecta

Y ya no entro cuando  en un grupo, para defender al colectivo LGTBI, hay comentarios racistas; o en cuando en otro, para defender a las personas racializadas, son contra los colectivos LGTBI; o cuando en todos hay contra quien no cumple los estándares o que no siguen un modelo concreto. Y esto cuando no es insensibilidad sino fobia, porque el grupo no va de eso, y por tanto, se puede expresar tranquilamente.

Estas líneas, sorprendentemente, nadie tiene problemas en traspasarlas.

¿Qué es la diversidad familiar?

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Hace unos meses leí un artículo que llevaba el concepto “diversidad familiar” en su titular. Como es uno de mis focos de interés, me lancé a leerlo… cuál fue mi sorpresa cuando la única familia de la que hablaba era una familia numerosa recompuesta, es decir, una familia integrada por dos adultos (hombre y mujer heterosexuales) y cuatro hijos de relaciones previas de ambos.

Una familia blanca, heteroparental, con hijos biológicos sin ningún rasgo distintivo.

Pero más me sorprendió cuando, al comentar lo “poco diversa” que me parecía esta familia ejemplo de diversidad familiar, otras personas me respondieron que cualquier cosa que se salga de la familia compuesta por hombre y mujer, casados antes de procrear, con hijos comunes, biológicos, y concretamente dos (a poder ser niño y niña) lo consideraban diversidad familiar.

Por ejemplo, una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco con tres hijos biológicos.

O una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco con gemelos, biológicos también.

O una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco separado con dos hijos biológicos (niño y niña).

Sin negar las peculiaridades de estas familias, si estos casos son ejemplo de diversidad familiar, ¿dónde quedan la homoparentalidad, la monoparentalidad, la adopción, la discapacidad (de padres o hijos), la transracialidad, la transexualidad, la reproducción asistida, la donación de gametos…? ¿Qué pasa con las familias donde son los abuelos o los tíos los que crían?  ¿O los hermanos mayores? Por no hablar de situaciones más divergentes aún, como la crianza en colectivo el acuerdo entre más de dos personas para sacar hijos adelante.

Nadie es quien (y menos yo) para repartir carnés de diversidad familiar, pero si cualquier cosa que se salga de la foto fija de padre+madre casados con la parejita de niño y niña, biológicos, de la misma raza (a poder ser blanca) y heterosexuales todos nos parece que entra en el concepto “diversidad familiar”, ¿no lo estamos banalizando?

 

La idoneidad

No hay texto alternativo automático disponible.

La idoneidad en adopción… ¿qué será exactamente? A mi entender son unas características personales que trascienden la propia adopción. Una persona idónea para adoptar es aquella capaz de respetar y tener sentimientos positivos hacia personas a las que no conoce ni de las que posee ningún dato. Es tratar de entender desde la compasión unas circunstancias trágicas y desde la humildad intentar repararlas en la medida de lo posible. Ser idóneo es cuestionar lo que te han dicho, entender que la vedad es poliédrica e incluso aceptar que, aún creyendo no haber hecho nada malo, podemos ser responsables del dolor de otrxs. Es amar sin condiciones ni esperar nada a cambio. Es incorporar a tu vida otras culturas y otras formas de ver el mundo. Ser idóneo en adopción son muchas más cosas, pero pongo aquí estas pocas porque estos días he leído cosas de madres y padres adoptivos que nada tienen que ver con estas características personales. En situaciones de conflicto debemos mantener las cualidades humanas. Quienes no las conservan, para mi, no son idóneos. 

L.E., madre de una niña adoptada en Malí.

Adopción e Internet

Este fin de semana tuve el privilegio de participar en el Segundo Congreso Galego de Adopción, titulado “De expectativas y realidades”. Me invitaron para hablar de Adopción e Internet (lo cual demuestra el pobre nivel de la blogosfera adoptiva española, dicho sea todo), compartiendo mesa con la autora del blog Una adoptada más.

La primera cosa que me dijeron cuando, hace ya más de una década, firmé con la ecai que me iba a llevar hasta B., fue “No leas nada en Internet”. Internet estaba lleno de bulos, mentiras, rumores y noticias sin fundamentar, esto dijeron, y era mejor que cualquier pregunta se la hiciera  a ellos.

Obviamente, empecé a buscar en Internet, y descubrí, entre otras cosas, que la información que se manejaba en foros y webs era casi siempre mejor, más fiable, más completa y más rápida que la que te llegaba por los canales oficiales, las ecais y la Administración.

Y que cuando alguien te dice que no mires algo, es porque tiene algo que ocultar.

Entonces eran los foros, algunos privados, otros abiertos (mención especial merecen los hace mucho desaparecidos “La Pizarra” y sobretodo, “Adoptiva”, donde primero fui lectora, después empecé a responder preguntas y finalmente vertí mis primeras reflexiones sobre adopción: este blog le debe mucho a aquel foro). Foros donde se intercambiaba información, opinión y reflexión, donde se generaban redes-  y de donde nacieron relaciones de amistad. Foros donde las relaciones eran horizontales, algo parecido a lo que ahora llamamos Economía Colaborativa: todos pedíamos lo que necesitábamos y dábamos lo que teníamos, sin esperar nada a cambio. Y nada nos podría haber enriquecido más.

Los foros de aquella época, dijo alguien, eran como un iceberg: sólo un 10% estaba en la superficie, pero fuera de la vista, otro 90% de intercambio, correos, relaciones bipersonales… formaban el entramado que aguantaba la estructura.

Después de los foros llegaron los blogs, que después han sido sustituidos por los grupos de Facebook. Algo más inmediato, aunque también por ello, que se desvanece antes. Todos estos formatos nos han permitido a los que adoptamos a encontrar iguales– personas que vivían lo mismo que nosotros y que a menudo no era fácil encontrar en nuestro entorno, pero también a encontrar algo más difícil e importante: adoptados adultos. Gente que nos dice aquello que nuestros hijos quizás nos dirían pero que no se atreven, no saben, o no quieren compartir con nosotros.

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Internet, además, ha abierto una puerta que no fuimos capaces de imaginar: la del encuentro. Es tan fácil poner un nombre y unos apellidos y, si hay suerte, encontrar a alguien al otro lado… y hoy hay padres y madres de niños adoptados en Nacional que atesoran fotos de la madre y los hermanos de sus hijos, chicos que quizás en casa no hablan siquiera de su familia biológica pero que rastrean el ciberespacio en busca de pistas,… y familias biológicas que hacen el camino a la inversa. Porque si Internet nos permite buscar, también nos permite ser buscados.

A este respecto, no os perdáis el documental “Twinsters”, la historia de dos gemelas, nacidas en Corea, separadas al nacer, adoptadas por familias separadas por un océano… y a las que la casualidad e Internet las volvió a unir.

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