familia monoparental, diversidad familiar y adopción

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Diario del año de la peste, entrega 98

Corría el año 2010, cuando descubrí que las Familias Monoparentales con dos hijos – yo lo era desde un año atrás – sufríamos una discriminación flagrante en el contexto de las Familias Numerosas; mientras ellos tenían esta consideración y una serie de beneficios con 3 criaturas (es decir, una ratio menor a la mía de criaturas por adultx, incluso en el caso de que todos sus hijos e hijas fueran comunes), nosotras quedábamos excluidas. No solo eso: si eras monoparental por viudedad – y por tanto, probablemente cobrabas en casa prestaciones por orfandad y/o viudedad – también eras Familia Numerosa. Si no había habido un padre legal en ningún momento, no.

Hubo cierto debate en esa época, en la que me sentí muy incomprendida: el discurso generalizado era, o bien que tener 2 hijos no se podía considerar una familia numerosa, o bien que las monoparentales no viudas habíamos escogido tener criaturas solas, o bien, por parte de los colectivos monoparentales, que el hecho de tener dos hijos no marcaba ninguna diferencia: que lo realmente importante era ser una sola persona adulta.

Y entonces descubrí un comunicado de la Asociación de Madres Solteras por Elección, que recogía todos y cada uno de los puntos que me preocupaban. Y aunque no soy muy de asociarme, me apunté. Y allí conocí a un puñado de mujeres que tenían conmigo muchas más cosas en común que la monoparentalidad: también maneras de ver la vida, preocupaciones, miedos, expectativas, logísticas. No con todas, claro: era un grupo heterogéneo con ideas e ideologías muy distintas, pero sí unas cuantas. Y había una que, cada vez que entraba en los foros que compartíamos y veía su nombre, leía, convencida – nunca me decepcionó – de que estaría de acuerdo en todo lo que decía, de que me aportaría reflexiones interesantes.

Era N.

Entonces no sabía que era ella quién había escrito el texto que me llevó a la Asociación; ni sabía, claro está, que acabaríamos compartiendo vida, casa, proyectos, maternidad, logísticas.

Nuestras criaturas han crecido y, aunque conservamos amistades y afectos, nuestra relación con la Asociación de MSPE se ha diluido mucho, excepto una vez al año: en la Asamblea Anual. Durante un fin de semana nos encontramos con decenas de mujeres de todo el Estado para definir objetivos y luchas comunes.

Excepto este año, claro.

Este año hemos seguido la asamblea a través del Zoom. Sin el calor del encuentro, las charlas después de la cena, los reencuentros con las que viven lejos, el café de media mañana, los manolitos de la merienda, las risas de las criaturas en las actividades por la granja, las carreras por las literas, los carritos de los bebés en el pasillo de la sala.

Después, los pequeños se fueron a casa de G. para el cumpleaños de M. comieron allí, pasaron la tarde, se quedaron a dormir.

N. y yo decidimos dejar a los mayores con barra libre de Netflix y palomitas y salir a cenar. Llamamos al restaurante de delante de casa. Llamamos al restaurante hipster del barrio. A la hamburguesería guay. Al restaurante delicatessen del barrio vecino. A otros restaurantes menos guays.

En ningún sitio tenían mesa.

La gente reserva con varios días de antelación, nos dijeron.

Me sorprendió, igual que cuando el día anterior me contaron que el campamento deportivo del barrio estaba ya lleno. Como nosotras apenas hemos salido, me llama la atención que tanta gente salga a hacer tantas cosas.

Finalmente encontramos una mesa en un bar del barrio, un sitio nuevo que no estaba nada mal.

Siempre se dice que la de Sant JOan es la noche más corta del año, pero no es cierto: la más corta ha sido esta noche pasada, que ha durado 8h, 49 minutos y 48 segundos.

Y luego ha llegado el verano. El del calendario, y el meteorológico.

Y el final de Estado de Alarma: El paso al solsticio de verano marca el paso al inicio de la nueva normalidad.

Diario del año de la peste, entrega 81

Leo en el blog de Una antropóloga en la luna que “Solnitt asegura en su libro “Un paraíso construido en el infierno” que “en la mayoría de los desastres, las personas se comportan de manera altruista y con recursos. Improvisan comunidades. Y a menudo encuentran en eso una verdadera sensación de alegría. Lo ves en el terremoto de 1906. Lo viste en el 11 de septiembre, y en Katrina.” “Lo que también ves es que, debido a que las autoridades piensan que somos monstruos, ellos mismos entran en pánico y se convierten en monstruos en el desastre. Algunos de los sociólogos con los que trabajé, Lee Clarke y Caron Chess, llaman a esto “pánico de élite”, la sensación de que las cosas están fuera de control; y piensan que deben recuperar el control, ya sea disparando contra civiles sospechosos de robar, ya sea que eso signifique centrarse en el control y las armas como respuesta, en lugar de en la ayuda y el apoyo o simplemente dejando que las personas hagan lo que ya están haciendo magníficamente. Por lo tanto, realmente no solo cambia el sentido de lo que sucede en el desastre, en estos momentos extremos, sino que creo que cambia nuestro sentido de la naturaleza humana, quiénes somos y quiénes queremos ser.”

Y efectivamente, esto es lo que veo en mi entorno, en mi barrio: un grupo de Ayuda y Cuidados que crece y se transforma, que responde a las necesidades de cada uno, que se autogestiona de forma flexible y eficiente, donde la gente entra porque necesita ayuda de algún tipo, pero a los pocos días, esas personas que entraron desvalidas se han empoderado y están ayudando a otros: como P., que entró pidiendo comida para su familia y ahora lleva las riendas de un grupo de crianza donde se comparten recursos, ropa, consejos; o M., que estaba con su pareja en situación de calle y devuelve la ayuda recibida haciendo recados, compras, portes, y organizando a los nuevos que entran en las distintas comisiones. Gente que pidió ayuda porque no podía salir de casa, ha puesto sus máquinas de coser a fabricar mascarillas; los que saben de química fabrican soluciones hidroalcohólicas, los que tienen contactos en hospitales hacen de enlaces para llevar y recoger cosas que se necesitan, los que tienen tiempo libre se ocupan de pasear perros de personas que no pueden salir, los que no pueden salir de casa, consuelan por teléfono la soledad de los que no tienen a nadie. De los que piensan que no tienen a nadie.

Espero que no vengan las autoridades e intenten patrimonializarlo, o sacarle rendimiento. O convertirlo en delito, sin más.

Del cole de A. nos han escrito para hablarnos de la posibilidad de ofrecerle clases de refuerzo personalizadas si el lunes que viene pasamos a la Fase 2; aunque no lo creen necesario porque está trabajando muy bien. Les damos la razón: lo que funciona, mejor no tocarlo.Nos escriben del cole de B. con la solicitud para el curso que viene, que cambiará de modalidad. Lleva un documento similar al que nos mandaron del cole de A., pero PEOR: en él se contemplan las posibilidades:

-Fallecimiento
-Privación de patria potestad
-Imposibilidad de contactar
-Consentimiento
(Detrás de todas estas posibilidades, “del otro progenitor”, porque siempre tiene que haber dos, ni uno más ni uno menos)
y finalmente:
-Otras circunstancias
O sea, la existencia de la monoparentalidad, NI SE LA PLANTEAN

Diario del año de la peste, entrega 78

El sábado pasado pusimos en marcha el ordenador para hacer la solicitud para que A. entre en el instituto, que este curso es conveniente hacer de forma telemática, por razones por todo el mundo conocidas. N., que tiene más mano con estas cosas, se arremangó. Fuimos buscando los datos, los documentos que nos pedía adjuntar, introdujimos las claves que nos mandaban… y al llegar al final, a la hora de “firmar” (digitalmente) el documento, se bloqueó.

Toda esta semana he intentado completar el proceso. Algunas veces, no me permitía entrar en la web porque no me mandaba la clave correspondiente; otras, no me permitía adjuntar el documento sin el cual no me dejaba continuar; en todos los casos, al llegar al final, me daba error.

Llamé al 012.

“Cambie de navegador”, me dijeron.

Había probado en todos los navegadores que hay en el ordenador, le dije.

“Es lo que nos han dicho que digamos”.

“Ven el lunes al despacho e intentamos hacerlo aquí”, me dijo la orientadora cuando me llamó para preguntar.

Finalmente, ayer por la tarde, en el ordenador de trabajo de N., conseguimos completar, firmar y enviar la solicitud.

Un rato más tarde, recibí un mail del centro que decía lo siguiente:

FALTA FIRMA EN SOLICITUD DE ADMISIÓN

hemos recibido de forma telemática solicitud de admisiòn para su hija (sic). Debemos comunicarle que tal y como establece la Resolución Conjunta de las Viceconsejerías de Política Educativa y de Organización Educativa de la Comunidad de Madrid, las solicitudes de admisión deben estar firmadas por ambos tutores legales del alumno, en caso de no poder ser así, deberá rellenar y firmar el documento adjunto indicando el motivo por el que uno de los tutores no puede firmar y devolvérnoslo firmado.

Y en el documento, dice “Declaro que el impreso al que se adjunta esta declaración está firmado por uno solo de los progenitores debido a:

  • Familia monoparental
  • Fallecimiento del otro progenitor
  • Privación al otro progenitor de la patria potestad
  • Imposibilidad material de contactar con el otro progenitor
  • Consentimiento expreso del otro progenitor
  • Otras circunstancias

Y sí la primera opción es ser familia monoparental, pero todo, en el mail y en el impreso, expresa que ser monoparental es una anomalía. Una carencia.

Por no hablar de la ausencia de lenguaje inclusivo.

 

Donantes y anonimato

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La recomendación del Comité de Bioética de que las donaciones de gametos dejen de ser anónimas, ha vuelto a levantar todas las alarmas en los grupos de MSPE, compuestos mayoritariamente por mujeres que tienen criaturas concebidas con donante de esperma y en algunos casos, también de óvulos (o de embriones).

Las preocupaciones son las mismas de siempre:

A ver si los donantes adquirirán a partir a de ahora derechos y deberes hacia nuestras criaturas, si dejará de haber donaciones, o si subirá el precio que se paga a los donantes…

Todas las regulaciones que afectan a las donaciones en Reproducción Asistida distinguen perfectamente entre derechos y deberes de los padres y madres (que los tienen) y de los donantes (que no los tienen en ningún caso). Sea la donación anónima o no lo sea.

En los países donde se ha eliminado el anonimato, las donaciones han bajado… temporalmente. Después han vuelto a subir, aunque haya cambiado el perfil: son más conscientes y solidarios, dicen. En cuánto a apelar a que encarecerá el proceso, y que esto lo pondrá fuera del alcance de las personas menos pudientes, me parece una muestra de cinismo, teniendo en cuenta que dentro de la Reproducción Asistida, los gametos son casi el chocolate del loro.

Y en todo caso, si eso sucede, ¿qué? Es como decir que si no se legalizan los vientres de alquiler, habrá familias que se quedaran sin hijos; o que sin el trabajo esclavo, no tendremos fresas baratas. O lo que pasaba cuando los adoptantes empezaron a hacer las primeras denuncias de irregularidades en los procesos adoptivos y otras familias en proceso de adopción se les lanzaban a la yugular porque se iban a quedar sin sus niños. Si eran criaturas robadas, o lo que sea, ya si eso.

El fin nunca, nunca, justifica los medios.

A mí no me importa, yo no quiero saber, si el donante no hubiera sido anónimo no habría optado por este sistema…

Es comprensible, pero también lo es que para muchas personas concebidas con gametos de donante sí es importante; es comprensible que se pregunten sobre parecidos, tomas de decisiones o enfermedades familiares. O que lo puedan hacer en algún momento de sus vidas.

Mi hijo no preguntará, yo le explicaré bien las cosas, yo le educaré para que sepa que no tiene importancia, si yo no le doy importancia, él tampoco se la dará

Y nos olvidamos de que las criaturas, sobretodo cuando crecen, tienen el curioso vicio de pensar por sí mismas y preguntarse cosas, que muchas veces van más allá de lo que se preguntan sus familias. Y la naturalidad, la normalidad y la positividad no están reñidas con acompañarles en ese proceso.

Querer saber no implica que se haya explicado mal, que se busque una familia alternativa, o que haya ningún trauma. Nuestros hijos pueden querer saber / buscar sin que esto implique que tengan carencias.

No es un padre, es un donante

Son nuestros hijos los que, en muchas ocasiones, deciden llamarles “padres”, y esto no quiere decir que confundan su función, saben muy bien la diferencia entre los que parentamos y los que han aportado la genética. Como define el diccionario de la RAE en su primera acepción, padre es el “varón que ha engendrado uno o más hijos”. Y esta función, la biológica, está ahí por más que queramos negarla.

La sociedad no está preparada para afrontar este cambio.

En solo medio siglo hemos pasado de ocultar la adopción a exponerla abiertamente. El ADN y las redes sociales hacen que el anonimato sea cada vez más una falacia.

Seguramente la sociedad está tan preparada para la desaparición del anonimato como lo estaba una sociedad de raíces católicas para la eclosión de la Reproducción Asistida, las donaciones de gametos, la aparición de los colectivos de MSPE, las adopciones transraciales… y esto no nos frenó, ¿no?

Los cambios sociales van muy rápido, sobretodo si hay diálogo sobre ello.

Es la decisión que tomé en su momento, no me arrepiento de ella.

Puedes contarle a tus criaturas por qué tomaste la decisión y cómo comprendes que le duelan los límites de la misma, o bien transmitirle que te alegras de que no pueda conocer esta información o que no es lícito que tenga ese interés. Tomamos decisiones con la información que tenemos en el momento, pero cómo las gestionamos marca diferencias.

Igual que sucede en adopción: las familias que adoptaron creyendo que hacían algo que cumplía todos los requisitos legales y éticos y luego han descubierto que no era así, puede tirar balones fuera o bien acompañar a sus hijos en sus duelos y búsquedas e intentar cambiar el sistema que tiene cosas imperfectas.

¿Qué pensarán los donantes, que tomaron esa decisión sabiendo que no serían encontrados, si de repente llaman a la puerta unos chavales contándoles que son sus hijos (biológicos)?

Es posible que nos sorprenda que a muchos no les parezca mal. Aunque no tengan ningún interés en parentar a nuestras criaturas, quizás tienen curiosidad por saber cuántas nacieron y cómo son, qué ha sido de ellas. Quizás no les parezca mal darles un lugar en sus vidas.

Y si no es así, tampoco pasa nada: a diferencia de lo que pasa en adopción, donde la búsqueda puede representar un riesgo para las madres que renunciaron a sus criaturas en determinadas circunstancias o lugares, y donde se pueden encontrar con historias muy duras, es prácticamente imposible que para un donante, que su entorno conozca esta información sea mucho más que una molestia.

Por otra parte, no siempre es muy importante que el donante quiera o no ser encontrado o contactado, porque encontrar respuestas sin entablar contacto puede ser suficiente.

Si hubiera querido que mis hijos tuvieran padre, no habría optado por tenerlos mediante donante

Si no querías que te preguntaran por el donante, ¿por qué usaste esta figura para concebir a tus criaturas?

Si el proyecto de familia incluye un o unos donantes, ¿cuál es el problema de incorporarle(s) a nuestras vidas?

Si se elige una familia creada a partir de las aportaciones de donante(s), se construye una familia en la que esta figura existirá (a nivel simbólico), y existirán las preguntas y las curiosidades hacia esta(s) persona(s).

No es un padre, de acuerdo. Pero tampoco hace falta ser tan taxativo, o padre o nada. Llámale de otra manera. Llámalo cómo quieras, pero nómbralo. Dale un lugar simbólico en tu vida, y sobretodo, en la de tus criaturas.

 

Diferencias

“¿Echará de menos un padre?” “¿Crecerá correctamente?” “¿Tendrá alguna carencia?” “¿Estará enmadrada en exceso?” “¿Se sentirá diferente?”

Cuando decidimos criar a nuestras criaturas en familias no normativas, nos asaltan montones de preguntas respecto hasta qué punto se van a criar y sentir alejadas de la “normalidad”.

¿Y si esta “normalidad” no es en realidad tan deseable? ¿Por qué no aceptamos que si nos salimos de la norma, nuestras criaturas estarán también del lado de fuera?

Esta es la reflexión de M., madre por elección de una joven:

21 años tiene mi hija ya. Y cuando me venían -y nos vienen aun- con esa de lo apegadas y tal, mi respuesta es “simbióticas y a mucha honra jaja”. Es OBVIO que nuestra relación no es igual que las de familias donde hay padre. Para algunas será más apegadas, para otras por el contrario más independientes por el orden familiar … pero si nosotras ELEGIMOS que fuera diferente ¿qué nos hacemos rollo? Esa diferencia en alguna singularidad que alguno atribuirá a esa decisión seguramente tendrá. Y si… si esto no fue un accidente. Afrontar los efectos, es parte de la decisión.

Monoparentalidad, familias, privilegios

Hace unos días hubo un Pleno en la Comunidad de Madrid sobre la posibilidad de que las familias monoparentales tuvieran acceso a ciertas ayudas dado su nivel de vulnerabilidad. Muy reveladora la intervención de Ana Camins, portavoz del PP: 

Me parece muy llamativo cómo, una persona que pertenece a un partido y a una corriente ideológica que tradicionalmente se ha negado a admitir como familia a todas las familias que no responden a su concepto de la misma, que ha atacado, perseguido, prohibido, estigmatizado, a todas las familias diversas, considera un ataque se cuestionen sus privilegios.

Es la misma manera en la que los machistas ven el feminismo, en la que los racistas ven la lucha antirracista, en la que los homófobos ven las reivindicaciones de los colectivos LGTBIQ, en las que las personas sin divergencias ni discapacidades ven la presencia de personas con discapacidad o neurodivergentes.

Esto tan agotador de lo que hablaba Audre Lorde:

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Testimonio de un donante

Hace algún tiempo, publicamos el blog el testimonio de un hijo concebido con esperma de donante que ha dado muchas vueltas. Tanto en este blog, como en otros foros, como en la vida real.

Unos días atrás, esa historia tuvo la respuesta de un hombre que ha ejercido de donante y ha querido compartir con nosotros su testimonio, muy distinto a la figura estereotipada de donante que nos viene a la cabeza muchas veces cuando pensamos en él. Un testimonio que ayuda a humanizar a una figura que, en muchas familias está tremendamente despersonalizada.

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He sido donante de esperma en mi país y tengo contacto con las familias que les he donado y sin duda ha sido una experiencia muy bonita; los visito, ellos me visitan, nos vemos a veces de fin de semana para ir a la playa, etc.

Si algo he aprendido, es que si nos quitamos los miedos, egos y formas de pensar donde los niños son pertenencias de los adultos, creo que disfrutaremos más libremente de nuestras relaciones donante-familias receptoras. No olvidemos que el amor al final no tiene títulos ni roles, ni tampoco reemplaza el amor de otros (un chico concebido por donante nunca reemplazará el amor de su padre o madre por el del donante), el amor solo agrega más amor y entre más personas amen a los niños es mejor. Incluso, algunas familias y yo planeamos más adelante que mi familia (abuelos y tíos biológicos de los niños de mi parte), conozcan a los niños y pueda haber un vínculo afectivo entre ellos, pero es algo que seguimos planeando, pero creemos será una buena experiencia para ambas partes en el futuro.

A mi parecer, como donante, he ganado una familia extendida, el amor que les tengo a cada niño y sus familias es inmenso, y es una gran dicha el verlos crecer y que sus familias me compartan videos y fotos por redes sociales. Además, las familias saben que ante cualquier emergencia médica siempre contarán conmigo. Incluso, es curioso cuando me llaman por móvil para pedirme mi historial médico reciente porque el pediatra lo pidió o me preguntan si en mi familia ha habido antecedentes de gustos o habilidades en ciertos deportes o música, porque el niño muestra ciertas aficiones, habilidades, gustos y es sorprendente cómo sí hay cosas que influyen y concuerdan, que nunca me imaginé se pudieran heredar y siempre pensé que era aprendido por su entorno.

Pero sí, todo lo anterior se ha logrado gracias a que decidimos no hubiera anonimato entre nosotros y todo es claro y cordial. Pero lo más importante, es que no hay miedos internos por resolver de los padres o madres con respecto a su infertilidad y, por ende, no se sienten atacados o invadidos por la presencia del donante.

He visto comentarios aquí de madres que dicen que un donante dona solo por dinero, no dudo que gran parte de los casos sea así (pues el $$ el lo que usan las clínicas como marketing para atraer candidatos), pero otros donamos porque hemos vivido la infertilidad en amigos o familiares y que gracias a la reproducción asistida, han podido ser padres o madres. Y el donar, es una forma de aportar y regresar el buen karma.

No es válido ponernos a todos los donantes en el mismo costal y ni tampoco considerar que todos los donantes nunca nos hemos preguntado qué ha pasado con nuestras donaciones a través de los años y que nunca nos ha importado saber qué ha sido de estos niños. Aunque yo he podido tener la fortuna de conocer a los niños, en varios países a pesar del que donante quiera ser conocido y tener contacto con las familias, la ley no lo permite y eso está mal, porque debería ser elección de las familias y el donante el estar en contacto o no.

Estoy en contacto con otros donantes de otros países que donaron anónimamente en los 70 y 80 en EUA e Inglaterra  y los testimonios de dudas y preguntas existenciales se repiten, muchos de ellos les gustaría saber qué pasó con sus donaciones, cuántos niños se concibieron, si se parecen a ellos o no, o incluso a muchos les gustaría crear vínculos con los jóvenes; algunos compañeros han podido encontrar a sus hijos biológicos que de igual manera los estaban buscando (se encontraron por 23andme.com o MyHeritage, webs donde envías tu saliva [adn] y el sistema te vincula con todas las personas que comparten tus genes. El sistema los enlaza y te dice si son primos, hermanos o padre o madre). Estoy seguro que es cuestión de un par de años para que estas empresas se expanda también a otros países y regiones como Europa o América Latina, varios donantes y medios hermanos salgan a la luz y se encuentren, pues no se necesita que el donante envíe su saliva, solo se necesita que un familiar del donante o medio hermano lo haga para que pueda ser localizado el donante u otro medio hermano concebido por donante.

Por otro lado, es curioso darse cuenta que ambas partes (donantes y jóvenes concebidos por donantes) lo que más miedo existe cuando comienzan a tener curiosidad del uno por el otro, es que sean rechazados, no solo el joven concebido por donante tiene ese miedo que lo rechace el donante, también el donante tiene miedo a ser rechazado por el joven. No quiero decir que todos los donantes seamos así de abiertos y tengamos el mismo interés de saber de los jóvenes, hay muchos que donaron y olvidaron y tienen sus familias y seguramente no quieren saber nada de ese pasado de donaciones.

No obstante, hay otros que sí nos interesa saber de los jóvenes, porque no nos dieron la opción de escoger si ser o no anónimos o también porque las experiencias de vida y el tiempo te cambian, y ya no eres el chico universitario que lo hacía por tener un dinero extra, creces, maduras y cuando ya tienes tus propios hijos, es cuando te preguntas: ¿Qué habrá pasado con esos niños que habrán nacido de mi donación? ¿Estarán bien? ¿Sabrán la verdad se su concepción?…

Por ello, me sorprende el concepto que se tiene sobre nosotros los donantes. Y es triste que muchos padres y madres nos han reducido a solo un montón de células que quieren olvidar que usaron para concebir a lo que más aman (sus hijos). Los donantes también somos personas que sentimos, respiramos y creamos vínculos…

En buenas manos

Anoche tuve ocasión de ver “En buena manos”, una película que se estrenará la semana que viene, en un pase especial organizado por CORA , Federación de Asociaciones de Familias Adoptivas y Acogedoras. Es francesa y narra los entresijos del proceso de adopción de un bebé, desde el punto de vista de los profesionales que lo gestionan. Desde el personal sanitario que en el hospital recibe a la madre que llega de parto diciendo que no quiere quedarse con su hijo, a la trabajadora social que la acompaña y gestiona la información que ella decide dejar, la familia que acoge al niño y los técnicos que le apoyan, la psicóloga que da el Certificado de Idoneidad a la futura madre adoptiva (una adoptante monoparental que, por primera vez, según cuentan, va a ser considerada en igualdad a las familias biparentales), el consejo que toma la decisión de asignarle a esta criatura y los profesionales que hacen todo el seguimiento.

No sé si narra lo que sucede… o lo que debería suceder: este respeto exquisito por la madre biológica, esta meticulosidad a la hora de decidir sobre la idoneidad, este cuidado escrupuloso sobre todos los tránsitos que vive el bebé: de la madre biológica al padre de acogida, del padre de acogida, a la madre adoptiva.

Aunque mis asignaciones y procesos de acoplamiento no tuvieron nada que ver con lo que muestra la película, el proceso de idoneidad fue curiosamente parecido al mío, y el tono del certificado de idoneidad, prácticamente idéntico.

En general me pareció una buena película, muy interesante, no tanto quizás como retrato (creo que la realidad está muchas veces lejos del ideal que muestra el film) sino como objetivo a conseguir. Pero hubo dos cosas que me chirriaron: la primera, cuando la madre biológica está decidiendo qué datos dejar por si su hijo quiere encontrarle algún día, le dicen que “la mayoría de los adoptados nunca buscan”. No es la impresión que tengo: creo que muchos buscan, muchos buscarían y que incluso los que deciden no buscar, se preguntan. La otra, cuando le preguntan a la madre adoptiva qué nombre le va a poner al bebé, y ella dice que el niño ya tiene nombre y la convencen de que se lo cambie, porque es “su derecho como madre”.

La persona que hizo la presentación de la película dijo que lo más importante de lo que habla esta película es de aprender a mirar, a mirar a la criatura que es, o debería estar, en el centro de todo. Buscar su mirada y mirarle para entender qué necesita, para que pueda ser tenido en cuenta. Pero yo creo que otra cosa importante que enseña es lo importante que es la palabra: hablarle a la criatura desde el primer momento, tenerla en cuenta, explicarle cada parte del proceso aunque parezca que no entienda, contar con él aunque él no pueda expresar lo que quiere.

Es la palabra lo que sana las heridas.

 

La caperucita roja y la censura

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Tenemos a todo el personal en pie de guerra por una noticia con un titular espectacular: “Vetada la caperucita roja por sexista”. Un titular llamativo, creado para levantar expectación y que le demos al enlace y leamos la noticia… pero parece que no ha funcionado y mucha gente no ha pasado del titular.

Si leemos la noticia, nos damos cuenta de que habla de cómo algunas escuelas están analizando y revisando sus bibliotecas escolares para que los fondos que contienen sean menos sexistas. Esto implica eliminar algunos libros, sobretodo en las primeras etapas, y adquirir otros que sí tengan perspectiva de género. Es decir, que ofrezcan modelos a las niñas (¡y niños!) que van a leerlos más allá de la clásica princesa de pelo largo y rubio que espera que la salven.

A mí me parece que se han quedado cortos. Que deberían revisar las bibliotecas, además, desde el punto de vista de la raza, de la orientación sexual, de la diversidad familiar y de las capacidades diversas.

En una biblioteca escolar cabe un número limitado de libros, y cuidar qué tiene -y qué no- es importante, para evitar estereotipos y para que todas las realidades estén representadas. Tanto en lo que se refiere a los libros clásicos como a los nuevos. Más, teniendo en cuenta que en otros entornos es posible que nadie lo cuide.

El trabajo fundamental de las bibliotecarias es hacer una buena selección de lo que hay en una biblioteca, teniendo en cuenta los criterios que consideren apropiados. Yo a mis hijos les he contado y comprado todos los cuentos clásicos, pero tengo en cuenta cosas como que en su biblioteca los personajes femeninos sean activos o que estén representadas las personas racializadas, o que huyan de estereotipos… y cuando no es así, le aplicamos una mirada crítica. Como hicieron con nosotras nuestros padres, lo que nos permitió ver desde muy pequeñas lo chirriante que era que en las aventuras de Tintín o Astérix las mujeres brillaran por su ausencia – y tuvieran un papel bastante penoso en las pocas ocasiones en las que salían – o lo llamativo que era que la niña valiente de “Los 5” quisiera ser nombrada en masculino mientras que la otra se ocupara de la limpieza y la intendencia de toda la pandilla.

Igual que para mi biblioteca busco libros de personas racializadas, de mujeres, que traten temas cercanas a la sensibilidad LGTBI, que hablen de y desde las distintas capacidades… lo mismo busco para las bibliotecas de mis criaturas.

Echo mucho de menos esto en las bibliotecas de las escuelas de mis hijos –han traído a veces libros a casa que son de juzgado de guardia-, y agradezco que haya centros que se plantean este tipo de cosas.

He oído y leído todo tipo de barbaridades respecto al hecho de que, ¡por fin!, haya bibliotecas escolares en las que se revisan los fondos desde lo coeducativo (insisto: ojalá pronto se consideren otras variables igual de importantes).

Por ejemplo, he leído la expresión “Fascismo de género”… y no, con esto no se refieren al hecho de que casi todos los libros de las bibliotecas de las escuelas tengan una gran mayoría de protagonistas masculinos, ni que estos sean valientes y activos, o que las madres que salgan se dediquen a los trabajos domésticos, mientras que los hombres conserven el  papel de salvadores. Y claro, es mucho mejor decir que el feminismo censura a los clásicos que plantearnos por qué aceptamos que las bibliotecas de las escuelas de nuestros hijos estén llenos de libros cuajados de estereotipos de todo tipo, que les llegan sin ningún acompañamiento ni valoración crítica por parte de sus maestras y maestros.

También he leído que esta medida es fomentar la ignorancia, y me llama la atención que consideremos ignorancia al hecho de que falten libros machistas, racistas, homófobos o capacitistas, pero no que falten libros que muestren niñas y mujeres fuertes, protagonistas racializados, familias y personas diversas.

Por supuesto, he oído la palabra censura. Y me parece muy curioso que con la cantidad de censura que hay en nuestro entorno – raperos condenados, titiriteros presos, autores de documentales sobre la pervivencia del Franquismo con penas de cárcel … – en vez de hablar de ellos arremetamos contra un colectivo que hace un trabajo de coeducación para nuestras criaturas. No me parece inocente en absoluto.

Día del padre (again)

Hemos reflexionado tanto sobre el Día del Padre que casi podríamos llamarle El Día de la Marmota. Todos los años me sorprende la cantidad de gente de mi entorno que sigue celebrando esta fecha. Todos los años las mismas discusiones sobre inclusión y privilegio. Todos los años me prometo a mi misma que no caeré…. que no volveré a hacer entrada en el blog. Pero en la página de Facebook de la Asociación de MSPE, una de las participantes, P., ha escrito un texto que me ha gustado tanto que he decidido compartirlo.

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Yo no soy padre, ni lo soy, ni lo pretendo. Yo soy madre monomarental, la adulta de una familia que no se corresponde con el modelo tradicional que nunca ha sido el único real. Yo tomé la decisión meditada y responsable de ser madre sin una pareja, hombre o mujer, que compartiera las tareas de crianza y cuidado de mi hijo, pero por fortuna no estoy sola, hay más adultos que nos quieren y nos ayudan tanto a mi hijo como a mi, con y sin vínculos de sangre. Desde el momento en que decidí que mi hijo vendría al mundo asumí que no éramos una “familia parcial”, yo no tendría que ocupar el papel de alguien ausente, porque no nos faltaba nada, éramos, somos, así. Tampoco sé que es hacer de padre, más allá de lo que dicta la biología (concebir,gestar, parir, amamantar…), no creo en los roles masculinos y femeninos, ni en progenitor1 ni progenitor2, ni como lo quieran llamar los que pretenden ir de modernos sin tenernos en cuenta,por supuesto, la biología tampoco es la base de todas las familias, ni siquiera el ingrediente más importante de las que sí comparten genes. Mi hijo necesita más referentes adultos de los que yo le proporciono, claro, pero no vivimos aislados en una montaña, vivimos en una sociedad plagada de referentes, buenos que reforzar, y malos que contrarrestar, con todos los grises que median entre unos y otros. Yo soy MADRE, y exigirme, aunque sea en rollo adulador, que sea algo más me parece machista e injusto, un parche para que nos adaptemos a lo convencional, me produce la misma sensación que cuando me felicitan el día de la Mujer llamándome heroína, la obra más bella de la creación y mil ideales inalcanzables más.

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