familia monoparental y adopción

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8 de marzo

He decidido que cada vez que alguien me diga que estamos involucionando en lo que a derechos de las mujeres, violencia doméstica, machismo, etc, se refiere… le pondré esta canción, que hace medio siglo cantaba una mujer de izquierdas sin sonrojo ni crítica (y que yo escuché en el disco que mis padres de izquierda tenían en su colección).

 

 

 

Nosotras, las de entonces…

No hay texto alternativo automático disponible.

Me recuerdo desde mi infancia queriendo ser madre. Imaginando, esperando, previsualizando, cómo serían mis hijos, cómo sería mi vida. Añorando algo que no había vivido.

Sabía exactamente la clase de madre que sería.

Paciente, abierta, incansable, siempre dispuesta al diálogo y el pacto, preparada para tirarme en cualquier momento a jugar sobre la alfombra, leerles cuentos, cantar nanas hasta que se durmieran.

En algún lugar, el diablo aún se ríe de mis planes.

Nada me preparó para una realidad mucho más compleja, más demandante, con muchas más aristas… de lo que yo había podido imaginar.

¿Soy más feliz que antes de ser madre? ¿Me ha completado de alguna manera? ¿Ha respondido a alguna de mis preguntas?

Como decía Benedetti, cuando ya tenía todas las respuestas me cambiaron todas las preguntas. Y tuve que aprenderlo todo.

Nada me ha hecho crecer, pensar, aprender… evolucionar, como tener a mis hijos.

Es como haber entrado en otra dimensión.

No soy más feliz, ni me siento menos vacía.

Soy otra persona.

Cohen

Hubo en mi adolescencia una cassette de Leonard Cohen, 90 minutos por cara, que escuché y escuché hasta que todas sus canciones dejaron de parecerme iguales.

Aún así, me cuesta hoy encontrar una canción que sobresalga, en mi memoria emocional, por encima de los demás.

Quizás Chelsea Hotel…

…porque hablaba de Janis Joplin y porque tiene unos versos que dicen “you told me again / you prefer handsome men / but for me you would make an excepcion”

…o Dance me to the end of love…

 

Porque una vez la escuché en una esquina del Barrio Gótico cuando tenía veintitantos años.

¿Somos latinos?

Resultado de imagen de Stockholm

Cuando tenía 18 años me fui de Interrail por Europa con una amiga de la facultad. Llegamos hasta Estocolmo (que se convirtió en una de mis ciudades favoritas) y nos quedamos allí varios días.

Solíamos pasar por una plaza donde se concentraban chicos latinoamericanos que estudiaban cosas como prospección de pozos petrolíferos becados por la URSS (sí, aún existía la URSS. Y la Alemania del Este. Y Berlín tenía muro. Así de mayor soy). Muchos días nos sentábamos a charlar con ellos.

Un día yo dije:

Y ellos me preguntaron: ¿Ustedes se consideran latinos?

Y yo les dije: “Coño… ustedes son latinos porque nosotros somos latinos”.

Son latinos porque descienden de españoles y portugueses.

Nos une la lengua, los apellidos, la cultura, el catolicismo.

Latinos en oposición a sajones o norteeuropeos.

Latinos, del Sur de Europa, hablamos lenguas derivadas del latín, fuimos romanizados.

Latinos, los que somos morenos y pobres.

Me recuerda el FB

Que un día como hoy, hace 4 años, colgaba una foto en la que comenté “En Madrid en buena compañía”.

A la izquierda del sofá está C., con la vista puesta en la tele y un vaso de leche en la mano, tranquila y ajena al bullicio que a su derecha hacen B., medio tumbado en ese sofá negro que ahora está en nuestra casa, A., que detrás de él saluda a la cámara, y P., que no se sienta ni por equivocación y no deja de tocarlo todo. Todos en pijama a la hora del desayuno.

Han pasado cuatro años, sí, y ellos han crecido… pero qué fácil es reconocerles en esos niños que se estaban conociendo y que no podían ni imaginar que algún día se llamarían hermanos.

 

Mi Nobel

¿Qué puedo añadir sobre Dylan que no se haya dicho ya?

Que llevo todo el día queriendo escuchar esta canción.

 

Aún más, aunque nunca he sido de las que piensa que las canciones de Dylan son mejores en otras voces,

llevo todo el día queriendo escuchar esta canción tal y como la cantaban Peter Paul and Mary

Es más,

llevo todo el día queriendo escuchar esta canción tal y como sonaba en el vinilo de mis padres, que se encallaba cuando llegaba al verso que dice

still I wish there was something, still I wish there was something, still I wish there was something

hasta que le dabas un golpecito al tocadiscos y

you would do or say to try and make me change my mind and stay, we never did too much talking anyway,

so don’t think twice, it’s allright.

 

 

Volviendo a casa

Hace mucho que no salgo, pero sí, recuerdo cambiarme de acera, escudriñar las esquinas y los rincones por si había alguien escondido en ellas, vigilar por encima del hombro por si alguien se acercaba demasiado, aguzar el oído, evitar algunas calles, trazar un mapa mental de lugares seguros – abiertos, con gente -, radiografiar desde la distancia a los grupos de chicos o a los hombres solitarios, llevar las llaves en la mano, caminar cerca de los coches, apretar el paso… ser consciente de que, como a la mayoría de las chicas de mi edad, si no me había pasado nada grave es porque, la primera vez, cuando aún me pilló desprevenida, tuve suerte.

Ahora tengo una niña de 12 años. Que volverá a casa. Que tendrá miedo. Que correrá riesgos. Que querrá que nada le sea negado. Que respirará cuando cierre la puerta de casa.

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