familia monoparental y adopción

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Mientras pueda pensarte

Acabo de leerme “Mientras pueda pensarte”, de Inma Chacón, una novela sobre el robo de criaturas en España de hace unas cuantas décadas (en la historia, los niños robados lo son a mitades de los años 60).

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Es una historia bien escrita, bien estructurada, que muestra todos los puntos de vista (aunque los narradores son la madre a quien se ha robado un hijo y el hijo que ha sido robado, están también muy bien dibujados la familia adoptiva, el entorno, y los que trafican con niños, desde el ginecólogo a la monja, pasando por los militares y los taxistas). Pero también me ha parecido especialmente atinado todo el subtexto, la explicación de cómo la pérdida, la separación, la adopción, lo que se cuenta, lo que se calla, los duelos sin resolver, las preguntas que se prefiere que sigan sin respuesta… afectan a todas las partes implicadas. En los adoptantes, en los adoptados, y en las madres biológicas he leído cosas que los adoptantes, adoptados y madres biológicas de mi entorno manifiestan cuando hablan de adopción.

Merece la pena.

 

Después de ver This is us

Llevamos días enganchadas a la serie This is us. Como adoptante, me parece un retrato magnífico de todos los ángulos de la adopción (y de la adopción transracial). ¿Piensan igual los adoptados? He encontrado este texto en el blog de una adoptada adulta (que tiene otras entradas sobre la serie y que parece en conjunto muy recomendable, aunque aún lo estoy empezando a explorar).

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Mi coguionista me vio acercarme a la cafetería está mañana y paró el coche y bajó la ventanilla. “¿Estás bien”, dijo.

Sacudí la cabeza. “Esa serie”.

“Salgo”, dijo. “Mejor que no venga nadie”. Dejó el coche enmedio de la calle y corrió a abrazarme. “Estuviste chillando a la televisión anoche”.

Asentí

“Pero te gusta la serie, ¿no?, crees que es buena”

Asentí otra vez.

“Vas a llorar, ¿verdad?”

“Es el aniversario de la muerte de mi madre”, dije

“Oh, no”, se puso a mi espalda y empezó a cepillar mi chaqueta como si estuviera cubierta de pelusa. “Y tu cumpleaños es mañana”.

A veces ser adoptado es demasiado. Como ser humano, soy un vaso de agua lleno hasta el borde conmigo misma. Como persona que fue adoptada, soy un vaso de agua que a menudo se derrama – soy demasiado – y no es infrecuente que la única gente que entienda este fenómeno sean otros adoptados.

Y el guionista de This is us.

Cuando prestas atención a algo de manera amorosa e interesada, esto prospera. Tener una serie en televisión que pone el foco en la adopción de una manera intrépida, amorosa e inteligente me hace pensar que vivo en un mundo completamente nuevo. Uno donde yo podría florecer de una manera completamente nueva.

Hay gente – millones de personas – que ven esta serie y a los que se les cuenta – ¡muestra! – cómo puede ser ser adoptado (sin mencionar cómo es ser parte de una adopción transracial) y los espectadores están PRESTANDO ATENCIÓN. No apagan el televisor cuando la palabra “adopción” aparece. De hecho, incluso SE QUEDAN DESPUÉS DE QUE TERMINE LA SERIE para meterse online y HABLAR de ella.

No puedo deciros lo que significa para mí. No puede decíroslo porque no lo sé. Sé que no puedo respirar profundamente cuando pienso en cómo la adopción no sólo es un tema de conversación aceptable, sino interesante para todas las partes. Quizás, incluso, esperanza sobre esperanza, interesante para los padres que adoptan.

¿Habría MI madre visto esta serie? (Lo he dicho antes, pero no puedo estar segura de que hayáis leído todos mis posts, cuando digo “madre” y “padre” me refiero a los padres que me adoptaron).

No. Ella no lo habría tripeado. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que mi madre vivía en su nube donde las historias de sus hijos empezaban “el día que te conocimos”, donde cualquier cosa que sugiriera que había habido otra madre era insostenible. En los ojos de mi madre, ella era la única madre. Fin a de la historia. (Peligro, Will Robinson. Peligro).

¿Puedes imaginar que toda tu vida has tenido un tercer brazos que a veces no te dolía, pero otras veces dolía mucho pero que sobretodo te dolía de una manera que te descentraba? Imagínate que era lo bastante desgarbado para hacer la vida más difícil de lo que era para la gente de dos brazos, solo que era un brazo que nadie podía ver. Pronto aprendiste que no merecía ni siquiera la pena sacarlo a colación porque nadie quería oír hablar de un brazo invisible (especialmente los médicos – quiero que me devuelva mi dinero, Dr. Fisher. Todas esas horas de terapia a 250 dólares cada una. Ser adoptado sí que importa y deberías haberlo sabido, Sr. Licenciado)

Los adoptados tenemos miedo de parecer llorones, víctimas, y muchos aprendemos a minimizar el dolor y la confusión e intentamos actuar y pensar como los demás. Pero si tienes un tercer brazo, se meterá en medio, incluso aunque nadie pueda verlo.

Hay una escena en el episodio de This is Us que vi anoche donde Randall presentaba a su padre biológico a su hermano. Me dejó sin aliento. Era como ver a alguien hacer lo imposible y juntar dos polos opuestos de un imán. Estaba a la par con la escena de Aliens donde esa cosa surge disparada de Sigourney Weaver. NO sabía que podía suceder.

No puedo siquiera imaginar cómo habría sido si una tarde yo hubiera llegado a casa y mi madre y mi madre de nacimiento estuvieran sentadas en la mesa de la cocina, charlando. Incluso más inimaginable habría sido la escena de yo misma llevando a mi madre de nacimiento a la cocina y presentándosela a mi madre, la madre a quien tanto quiero. Mi cerebro sabe que ni siquiera está PERMITIDO imaginarlo, así que no lo hago. Todo lo que sé es que este encuentro habría matado a mi madre, así que el cerebro se queda en blanco.

Crecí sabiendo que no todas las piezas que definen mi vida están en el mismo lugar. ¿Por qué? Porque los adultos estaban asustados. Y cuando no te permiten tener lo que es tuyo en la habitación, quiere decir que algo falla en ti, algo menos que.

Estoy luchando contra mi cerebro ahora e imaginando a todos mis padres, mis dos padres de nacimiento que no quisieron verme y mis padres que me adoptaron juntos en una habitación conmigo.

Santo Dios, sería como si las puertas del paraíso se abrieran y la luz del conocimiento nos iluminara. Estaría allí, completa. Sería la revelación de que el mundo se preocupaba lo suficiente para mostrarme todas mis piezas. Mis padres se preocupaban lo suficiente por mí para dejar a un lado sus miedos personales y mostrarse como padres.

Hay tanto espacio para el amor en este mundo, y los adoptados lo necesitamos más que la mayoría de la gente porque hemos experimentado la pérdida más profunda que puede tener una persona: la de las raíces. Dar a los adoptados piezas de si mismos: la historia de sus orígenes, sus nombres, sus raíces, su libertad para hablar, incluso, les hace sentir incluso más humanos. La primera cosa que vi cuando conseguí una foto de mi madre de nacimiento fue, no soy de Marte. Muchos adoptados sienten que llegaron de otro planeta. Puede sonar guay si no eres adoptado, como una aventura, pero no es un sentimiento positivo. Cuando los humanos caminamos, nos gusta sentir nuestros pies en el suelo. Nos hace sentir seguros. Conectados. En casa. Nadie de Marte conoce este sentimiento. Y lo quieren.

Llena la habitación de familia. Deja entrar a todo el mundo. Ama. Y observa qué sucede.

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

La luz entre océanos

Anoche vimos “La luz entre océanos”, una película que habla en cierta manera de adopción, o de la peor cara de la adopción.

Una pareja vive en un faro, en una isla entre dos océanos, aislados del mundo. La mujer, que tiene un gran deseo de ser madre, ha tenido dos abortos, cuando aparece un bote con un hombre muerto y una bebé. A pesar de ciertas resistencias de él, deciden quedársela. Pero esta niña, claro está, tiene una madre…

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La película me pareció un buen retrato de  la posición de muchos adoptantes: la falta de ética, el mirar hacia otro lado, los argumentos, “la niña está mejor con nosotros”, el no querer saber, la mala consciencia…

 OJO: a partir de aquí hay spoilers.

La escena en la que la “madre adoptiva” (apropiadora) se tiene que separar de la niña me recordó tremendamente a la escena de la familia de Sueca, padres preadoptivos de Juan Francisco: que difícil se lo ponen a la criatura, que poco piensan en ella.

Y me llamó la atención otra vez lo doloroso que es el retrato de esta separación y pérdida de la niña de todo lo que conoce… lo que te afecta cuando la ves… y el poco valor que damos los adoptantes a la misma separación cuando es para ser adoptado.

Lion

Vimos, finalmente, Lion, la película basada en la búsqueda de Saroo, un niño indio que se perdió con 5 años, fue llevado a un orfanato y adoptado por una familia australiana.

Pasan 20 años, ha crecido como australiano, la India es una referencia exótica para él… y de repente, el color, el olor y el sabor de un plato de su infancia le regresa a sus primeros 5 años perdidos. Y este chico, tan australiano, tan integrado, tan equilibrado… lo deja todo para obsesionarse con esa búsqueda que no dará resultados hasta 10 años más tarde.

Una historia tan compleja, con tantas cosas, contadas, a veces, con secuencias muy simples: la conversación entre Saroo y su madre adoptiva sobre por qué fueron adoptados; la llegada de Mantosh, hermano adoptivo cargado de secuelas de un pasado que se intuye durísimo; la conversación con los amigos de la universidad en los que él muestra su desapego de su país de origen; y, sobretodo, la comida en la que la madre adoptiva se niega a retirar los cubiertos para el hijo ausente: Que forma más sencilla, gráfica y profunda de explicar lo que es la incondicionalidad. Seguir esperando, siempre, pase lo que pase. Pagues el precio que pagues.

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C., adoptada adulta que lleva años buscando sus orígenes también, ha hecho esta crítica personal e intransferible:

Algunas de las razones por las que me gustó mucho: porque muestra a las claras que el deseo de saber e interesarse por la familia biológica no es incompatible con tener una excelente relación con los padres adoptivos; porque muestra también que reencontrarse con los orígenes da paz y no menoscaba en nada el amor de los adoptados por sus padres adoptivos; porque muestra que la adopción es la mejor reparación posible ante una desgracia, ante una pérdida inmensa, y no un cuento color de rosa; porque muestra que el amor no lo puede todo, que hay heridas demasiado profundas (pienso en el personaje del hermano adoptivo); porque muestra que sí, que es posible amar a dos madres; porque muestra el dolor inmenso de una madre que no pudo estar junto a su hijo tantos años y en medio de ese dolor, su amor es inmenso también y acepta que la madre adoptiva es tan madre como ella; porque demuestra, en suma, la incondicionalidad del amor. Me parece que es una película que va a hacer mucho bien, sobre todo va a hacer pensar a los padres adoptivos que el silencio (mi hijo no quiere saber) no siempre refleja lo que en realidad siente su hijo adoptado, que el silencio puede ocultar sufrimientos secretos. Algo que llama la atención es que a padres tan empáticos como los de la película no se les ocurriera que el comportamiento extraño de su hijo pudiera tener algo que ver con su búsqueda de orígenes, con su conflicto de identidad; nunca sacan el tema. Por otro lado, es una actitud muy habitual; en ese sentido, creo que la película hace un aporte muy positivo. En cuanto a la búsqueda, acierta en mostrar las sucesivas oleadas de obsesión, desmoronamiento, depresión, conflicto, etc. Me pareció muy realista. Así buscamos: por momentos, obsesivamente; luego, nos preguntamos para qué y abandonamos un año, volvemos a obsesionarnos, etc. Y en el camino, nos desconectamos de quienes tenemos al lado: pareja, familia, etc. La diferencia también es que el protagonista sabía que su madre se alegraría de verlo; la mayoría de nosotros, no tiene esa certeza.

Yo me sentí muy identificada, sobre todo con la angustia que provoca el proceso de búsqueda, que me parece especialmente bien mostrado en la película. Esa mezcla de sentimientos cruzados y contradictorios, esa doble culpa (sentimientos de traición hacia los padres adoptivos y sentimientos de culpa con los biológicos, por haber vivido una vida más cómoda y privilegiada que ellos, por “olvidarlos”) y sobre todo, una enorme soledad (la sensación de que nadie de nuestro entorno nos termina de entender).

En resumen: ¡vayan a verla!

 

 

Cielos de buenos aires

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.

Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.

Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche, duelen de noche bajo el sol.

Juan Gelman

Cigüeñas o la invisibilización de la maternidad

Escribí en mi última entrada sobre algunas de las películas que hemos visto estas Navidades, entre ellas, “Cigüeñas”, una animación sobre el reparto de bebés…

Me manda M, madre monoparental que este año se ha formado en Psicología Perinatal un artículo muy interesante (y crítico) de Iruña Arancibia, psicóloga perinatal, con la película que he decidido compartir aquí.

Reconozco que vi la película un poco de refilón pero sí nos llamó la atención lo mecánico de la “creación” de niños y sí lo hablamos con nuestros hijos… aunque la aventura trepidante, la huida, el conflicto entre las dos familias de la chica protagonista… les / nos atraparon y la presencia de diversidad familiar nos gustó, también cómo se construye la relación entre el niño que pide un hermano y sus padres estresadamente ocupados que de repente descubren que se están perdiendo lo más importante de sus vidas, es cierto que en todo lo que tiene que ver con la maternidad en el sentido “mamífero” de la palabra, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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El otro día mis hijos estaban viendo la película Cigüeñas y llegué al sofá en los últimos 5 min. Pude ver que los bebés en la película eran entregados a sus familias por una cigüeña en la puerta de su casa, y que nada más llegar, la mamá (con aspecto nada puérpero) ofrecía un biberón. Me dio un vuelco al estómago y le pregunté a mi hijo mayor si en esta película las mamás no se embarazan, paren y amamantan a sus bebés. Encogió lo hombros y me contestó: “no”.

En ese momento pensé que el cuerpo materno estaba siendo invisibilizado una vez más. Porque los bebés podrían prescindir de todo menos de una cosa para desarrollarse de manera óptima los nueve meses de vida intrauterina y los seis primeros meses de vida aérea, y es del cuerpo de su madre.

La neurociencia está demostrando repetidamente y cada vez con más detalle que el hábitat natural del recién nacido es el cuerpo materno, que la naturaleza lleva perfeccionando el proceso de gestar y parir millones de años y que lo que el bebé necesita nada más nacer es estar precisamente ahí, en contacto con el cuerpo de su madre y alimentándose de su pecho. También cada vez están más claros los efectos negativos para el desarrollo cognitivo y afectivo del bebé que tiene la separación y privación de ambos. Es increíble que la neurociencia tenga que venir a explicar lo que millones de madres han sabido siempre, pero es así.

Todos hemos nacido de una madre, del cuerpo de una mujer, y todos hemos necesitado de su cobijo. Los niños necesitan entender de dónde vienen y qué sucede con los bebés, cómo son, qué necesitan, cómo han sido ellos. Las madres explicamos a nuestros hijos repetidamente cómo nacieron, y si no lo hacemos ellos lo preguntan, con todo detalle.

Además las mujeres vivimos una transformación muy grande de nuestros cuerpos y de nuestra psique con la maternidad. El puerperio es una etapa muy potente en la que todo se trastoca. El cuerpo está cambiado, seguimos teniendo tripa, el pecho se hincha y gotea leche, no hay tiempo de peinarse, arreglarse, casi ni de ducharse… y somos más mamíferas que nunca. Pero en cambio en esta película, en el momento de la entrega del bebé, las madres son iguales a los padres, reciben a sus bebés delgadas, bien vestidas y peinadas, sonrientes y con el biberón en la mano. Nada de lo que sucede en cada maternidad del mundo, con cada bebé que nace, se muestra en las películas de dibujos animados. Apenas hay embarazadas (en casa sólo recordamos a Mavis de Hotel Transilvania) y mucho menos parturientas o puérperas. Y ni tocar el tema de la sexualidad y la concepción.

Decidí ver la película entera y descubrí que aún me esperaban más sorpresas. Lo primero que me impactó es el detalle con el que se describe un encarnizado mundo de la empresa. Los adultos podemos entender muy bien lo que ahí está pasando, pero ¿y los niños? ¿qué están entendiendo de todo eso? De ese jefe colérico y arbitrario en su torreón de poder, del subordinado chivato que hace comentarios machistas sobre su novia para ganarse a sus compañeros en el vestuario, del protagonista que quiere ser jefe pero no sabe para qué y tiembla cada vez que su superior le dirige la palabra… Todo esto me llama la atención porque parece que para los creadores de películas de animación la sexualidad, la maternidad y el puerperio no son mostrables, que no son cosas que los niños deban ver, pero en cambio muchas otras cosas de adultos sí, y además de una forma muy extrema y significativa (ver también el sistema militar que se muestra en “La navidad de Arthur”, aterrador).

En esta película hay un niño de unos 5 o 6 años que de repente quiere saber cómo se puede tener un hermano, y la pregunta concreta que hace a sus padres es “¿dónde me comprasteis?”. No pregunta de dónde vengo, cómo he nacido, cómo se hacen los bebés…No, ¡pregunta dónde fue comprado!. Es tan significativo del sistema capitalista que la película está mostrando… Pero casi es peor la reacción de los padres ante la pregunta de su hijo, porque, no sólo no le responden ni tienen ninguna intención de explicarle nada, ¡sino que además se ríen de él!. La película está enseñando a nuestros hijos que un niño de 5 o 6 años puede llegar a esa edad sin saber nada sobre bebés y cuerpos maternos, pero que además sus padres le van a ridiculizar cuando se interese y quiera saber.

Después la película muestra la máquina que hace los bebés, que se alimenta con la carta de deseos de las familias (bebés a la carta). La máquina los crea y salen de ella sonrientes, sentados, solos. Van bajando por una cinta transportadora y un brazo mecánico les lava y seca, otro les pone un pañal y otro tercero les enchufa un biberón (digo les enchufa porque les pilla desprevenidos, no hay demanda). Después los mete en una cápsula hermética que debe trasportar la cigüeña hasta la familia que lo ha pedido. Nadie les toca, nadie les acuna, no necesitan nada en días que dura el viaje. En la aventura que viven los protagonistas con la bebé que deben entregar salen varias veces biberones (y también un puré), que parece que se preparan solos a pesar de estar en medio de una huida, y que se le dan a la bebé mientras ésta permanece dentro de su cápsula (incluso lo toma ella sola). Nadie la toca mientras se alimenta. Una madre no parece necesaria para nada.

En esta película los bebés vienen a cumplir el deseo de los padres, son cucos y sonrientes, no necesitan la presencia permanente de una figura de apego, pasan de unas manos a otras, incluso aunque sean hostiles (lobos, pingüinos mafiosos) y sonríen a todos, se duermen con cualquiera, simplemente moviendo la cápsula o cochecito o cerrándoles los ojitos. No necesitan ni demandan contacto. Es decir, no son bebés reales. Porque, ¿alguien conoce algún bebé así, que no necesite brazos, contacto, que le acunen, tener siempre cerca a su madre?. No veo nada real en esos bebés salvo que son adorables.

En la noche que pasan juntos los tres protagonistas la bebé se despierta varias veces, pero sólo al final de la noche los padres improvisados descubren estupefactos que cogerla en brazos es maravilloso. Es curioso porque saben de biberones y de purés pero no saben de brazos, no la entienden cuando los pide en un momento de la película (la única vez). Y se muestran muy confusos antes de tocarla o cogerla. Y en realidad qué necesita un recién nacido: brazos, brazos, brazos… Y qué produce más satisfacción a unos padres: brazos, brazos, brazos. Entonces ¿por qué ese empeño en mostrarlo como prescindible, puntual, no instintivo, que crea confusión? ¿Por qué tanto empeño en esa separación y falta de contacto?

Y después la entrega a la familia, ese primer abrazo al bebé, esa primera mirada emocionada de la madre, ambos vestidos, en la calle, como si la sociedad norteamericana dijera “a partir de aquí sí”, antes no. Antes de los seis meses los bebés no importan, y sus madres (especialmente los cuerpos de sus madres) menos. Impensable mostrarlo, impensable mostrar la necesidad de cuerpo materno del bebé o el poder creador del cuerpo femenino. ¿Cómo les va a interesar eso a nuestros niños?

Todo esto me habla de patriarcado, de la incomodidad que produce todo aquello que es genuinamente femenino, aquello que confiere un poder infinito a las mujeres, y que es irreemplazable, imprescindible para la vida. Una vez más ese poder ocultado, apartado, inexistente, reducido a innecesario. Y todo aquello que transforma el cuerpo de una mujer, que la hace entrar en otro mundo durante meses, que la vuelve más mamífera que nunca, y también menos socialmente correcta y disponible, que simplemente no gusta a la sociedad patriarcal, es borrado directamente. Porque si los bebés son creados en una fábrica, entregados por cigüeñas y alimentados con biberón, ¡las mujeres ya no tienen ese poder tan exclusivo y tan peligroso!

Y pienso en la posibilidad de que en la película, cuando la cigüeña entrega a la bebé, la mamá sonriente y bien peinada se la pusiera al pecho, e inmediatamente sé que en el mundo de las películas de animación eso nunca sería posible… Qué tristeza pensar que mucha gente se llevaría las manos a la cabeza con una escena así, y que en cambio se acepte con tanta naturalidad que ese primer ofrecimiento sea un biberón. Resulta tan decepcionante que eso sea lo que se muestra a los niños (a mis niños) y al mundo sobre la maternidad, y sobretodo sobre el cuerpo de la mujer…

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