familia monoparental y adopción

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Bullying, antes y ahora

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Y el acoso era atroz. El profesor asiente: y más grave que el de ahora.. Sí, entonces no salía en los periódicos y no se debatía en los Consejos Escolares, y quizá por eso era peor, porque ningún ojo lo controlaba. Había un chico afeminado al que teníamos loco. Digo teníamos, porque, aunque yo no participaba en primera línea, consentía con mi silencio y me reía, porque reírse significaba que no me lo estaban haciendo a mí. Tirábamos sus cosas por la ventana. La mochila, los cuadernos, todo. Y cuando bajaba al patio a por ello, le arrojábamos proyectiles desde la clase. Borradores, tizas y, cuando la broma se desmadró, sillas, cajones, tablones de corcho. Como en un motín carcelario. El chico esquivaba la lluvia de objetos y contenía las lágrimas mientras recogía. Eso sucedía a diario y casi nunca llamaba la atención de los profesores, que andaban oportunamente encerrados en el claustro, comando café y subiendo el volumen de la tele para no oír nuestro alboroto. Sois mayores, decían. Apañaos.

Sergio del Molino, “La mirada de los peces”.

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Hay que volver a leer a Tintín

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Dicen que el mundo se divide entre los que aman a Astérix y los que aman a Tintín.

Yo siempre he sido de Tintín. Aprecio las historias de Astérix, el humor, los dobles sentidos, la amistad entre los protagonistas… pero en mi casa éramos de Tintín. En casa de mis abuelos había los Tintíns franceses que mi madre y mi tío leían de pequeños, y en casa de mis padres fueron entrando, uno a uno, los Tintíns publicados en catalán.

Incluidos los que estaban fuera de las colección y varios libros que hablaban de los libros de Tintín.

Sus historias se transmitían en mi casa de generación en generación. Le poníamos música al aria de las joyas de la Castafiore. Usábamos las blasfemias delirantes de Haddock. Repetíamos las frases de hechas de Dupond y Dupont.

Pero cuando llegó B. pensé que igual no era consciente del racismo que tenían estos libros que leí en mi infancia. Que así como su machismo no se me escapaba ni a los 10 años, el racismo igual me había pasado desapercibido.

Y volví a léermelos con atención.

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Y descubrí algo: lo que cuenta Tintín, en casi todos sus libros (exceptuando el del Congo, que es racista sin paliativos) habla de la desconfianza y desconocimiento hacia los demás. Cuenta cómo dos colectivos tienen prejuicios el uno hacia el otro y por esto no se relacionan y usan todo lo que sucede para alimentar estos prejuicios. Para seguir sin entenderse.

Tintín es el personaje que se atreve a cuestionar los prejuicios y acercarse a la gente distinta…

…para descubrir que son como él.

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Me parece importante aprender esto.

Hoy más que nunca.

Adopción e Internet

Este fin de semana tuve el privilegio de participar en el Segundo Congreso Galego de Adopción, titulado “De expectativas y realidades”. Me invitaron para hablar de Adopción e Internet (lo cual demuestra el pobre nivel de la blogosfera adoptiva española, dicho sea todo), compartiendo mesa con la autora del blog Una adoptada más.

La primera cosa que me dijeron cuando, hace ya más de una década, firmé con la ecai que me iba a llevar hasta B., fue “No leas nada en Internet”. Internet estaba lleno de bulos, mentiras, rumores y noticias sin fundamentar, esto dijeron, y era mejor que cualquier pregunta se la hiciera  a ellos.

Obviamente, empecé a buscar en Internet, y descubrí, entre otras cosas, que la información que se manejaba en foros y webs era casi siempre mejor, más fiable, más completa y más rápida que la que te llegaba por los canales oficiales, las ecais y la Administración.

Y que cuando alguien te dice que no mires algo, es porque tiene algo que ocultar.

Entonces eran los foros, algunos privados, otros abiertos (mención especial merecen los hace mucho desaparecidos “La Pizarra” y sobretodo, “Adoptiva”, donde primero fui lectora, después empecé a responder preguntas y finalmente vertí mis primeras reflexiones sobre adopción: este blog le debe mucho a aquel foro). Foros donde se intercambiaba información, opinión y reflexión, donde se generaban redes-  y de donde nacieron relaciones de amistad. Foros donde las relaciones eran horizontales, algo parecido a lo que ahora llamamos Economía Colaborativa: todos pedíamos lo que necesitábamos y dábamos lo que teníamos, sin esperar nada a cambio. Y nada nos podría haber enriquecido más.

Los foros de aquella época, dijo alguien, eran como un iceberg: sólo un 10% estaba en la superficie, pero fuera de la vista, otro 90% de intercambio, correos, relaciones bipersonales… formaban el entramado que aguantaba la estructura.

Después de los foros llegaron los blogs, que después han sido sustituidos por los grupos de Facebook. Algo más inmediato, aunque también por ello, que se desvanece antes. Todos estos formatos nos han permitido a los que adoptamos a encontrar iguales– personas que vivían lo mismo que nosotros y que a menudo no era fácil encontrar en nuestro entorno, pero también a encontrar algo más difícil e importante: adoptados adultos. Gente que nos dice aquello que nuestros hijos quizás nos dirían pero que no se atreven, no saben, o no quieren compartir con nosotros.

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Internet, además, ha abierto una puerta que no fuimos capaces de imaginar: la del encuentro. Es tan fácil poner un nombre y unos apellidos y, si hay suerte, encontrar a alguien al otro lado… y hoy hay padres y madres de niños adoptados en Nacional que atesoran fotos de la madre y los hermanos de sus hijos, chicos que quizás en casa no hablan siquiera de su familia biológica pero que rastrean el ciberespacio en busca de pistas,… y familias biológicas que hacen el camino a la inversa. Porque si Internet nos permite buscar, también nos permite ser buscados.

A este respecto, no os perdáis el documental “Twinsters”, la historia de dos gemelas, nacidas en Corea, separadas al nacer, adoptadas por familias separadas por un océano… y a las que la casualidad e Internet las volvió a unir.

Atípico

Hace algunos años, cuando la primera infancia de mis hijos parecía que no iba a terminar nunca, M. me advirtió: “Te van a decir que te prepares para la adolescencia, que es terrible… pero ¡no es verdad!, a medida que crecen las cosas mejoran, puedes compartir con ellos películas, libros…”

Lo cierto es que el tiempo ha pasado rápido, demasiado rápido, y B. y C. ya están entrando en la adolescencia (y a A. y P. no les queda tanto). Y empezamos a poder compartir cosas no de las que ellos desean ver (por buenas que sean) sino de las nuestras.

Exposiciones, canciones, algún libro.

Y series.

En estas últimas semanas hemos visto los 8 capítulos de “Atypical”, una serie protagonizada por un chaval que tiene un trastorno del espectro autista.

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Una serie que retrata muy bien el día a día de las familias con personas con alguna discapacidad: la centralidad de esta condición en la vida familiar, la invisibilidad de los hermanos, las distintas formas de afrontarlo de los padres, los conflictos con el entorno, la dificultad de la madre que ha sido cuidadora de dejar volar solo a su hijo cuando empieza a convertirse en adulto.

No dejen de verla.

Mientras pueda pensarte

Acabo de leerme “Mientras pueda pensarte”, de Inma Chacón, una novela sobre el robo de criaturas en España de hace unas cuantas décadas (en la historia, los niños robados lo son a mitades de los años 60).

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Es una historia bien escrita, bien estructurada, que muestra todos los puntos de vista (aunque los narradores son la madre a quien se ha robado un hijo y el hijo que ha sido robado, están también muy bien dibujados la familia adoptiva, el entorno, y los que trafican con niños, desde el ginecólogo a la monja, pasando por los militares y los taxistas). Pero también me ha parecido especialmente atinado todo el subtexto, la explicación de cómo la pérdida, la separación, la adopción, lo que se cuenta, lo que se calla, los duelos sin resolver, las preguntas que se prefiere que sigan sin respuesta… afectan a todas las partes implicadas. En los adoptantes, en los adoptados, y en las madres biológicas he leído cosas que los adoptantes, adoptados y madres biológicas de mi entorno manifiestan cuando hablan de adopción.

Merece la pena.

 

Después de ver This is us

Llevamos días enganchadas a la serie This is us. Como adoptante, me parece un retrato magnífico de todos los ángulos de la adopción (y de la adopción transracial). ¿Piensan igual los adoptados? He encontrado este texto en el blog de una adoptada adulta (que tiene otras entradas sobre la serie y que parece en conjunto muy recomendable, aunque aún lo estoy empezando a explorar).

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Mi coguionista me vio acercarme a la cafetería está mañana y paró el coche y bajó la ventanilla. “¿Estás bien”, dijo.

Sacudí la cabeza. “Esa serie”.

“Salgo”, dijo. “Mejor que no venga nadie”. Dejó el coche enmedio de la calle y corrió a abrazarme. “Estuviste chillando a la televisión anoche”.

Asentí

“Pero te gusta la serie, ¿no?, crees que es buena”

Asentí otra vez.

“Vas a llorar, ¿verdad?”

“Es el aniversario de la muerte de mi madre”, dije

“Oh, no”, se puso a mi espalda y empezó a cepillar mi chaqueta como si estuviera cubierta de pelusa. “Y tu cumpleaños es mañana”.

A veces ser adoptado es demasiado. Como ser humano, soy un vaso de agua lleno hasta el borde conmigo misma. Como persona que fue adoptada, soy un vaso de agua que a menudo se derrama – soy demasiado – y no es infrecuente que la única gente que entienda este fenómeno sean otros adoptados.

Y el guionista de This is us.

Cuando prestas atención a algo de manera amorosa e interesada, esto prospera. Tener una serie en televisión que pone el foco en la adopción de una manera intrépida, amorosa e inteligente me hace pensar que vivo en un mundo completamente nuevo. Uno donde yo podría florecer de una manera completamente nueva.

Hay gente – millones de personas – que ven esta serie y a los que se les cuenta – ¡muestra! – cómo puede ser ser adoptado (sin mencionar cómo es ser parte de una adopción transracial) y los espectadores están PRESTANDO ATENCIÓN. No apagan el televisor cuando la palabra “adopción” aparece. De hecho, incluso SE QUEDAN DESPUÉS DE QUE TERMINE LA SERIE para meterse online y HABLAR de ella.

No puedo deciros lo que significa para mí. No puede decíroslo porque no lo sé. Sé que no puedo respirar profundamente cuando pienso en cómo la adopción no sólo es un tema de conversación aceptable, sino interesante para todas las partes. Quizás, incluso, esperanza sobre esperanza, interesante para los padres que adoptan.

¿Habría MI madre visto esta serie? (Lo he dicho antes, pero no puedo estar segura de que hayáis leído todos mis posts, cuando digo “madre” y “padre” me refiero a los padres que me adoptaron).

No. Ella no lo habría tripeado. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que mi madre vivía en su nube donde las historias de sus hijos empezaban “el día que te conocimos”, donde cualquier cosa que sugiriera que había habido otra madre era insostenible. En los ojos de mi madre, ella era la única madre. Fin a de la historia. (Peligro, Will Robinson. Peligro).

¿Puedes imaginar que toda tu vida has tenido un tercer brazos que a veces no te dolía, pero otras veces dolía mucho pero que sobretodo te dolía de una manera que te descentraba? Imagínate que era lo bastante desgarbado para hacer la vida más difícil de lo que era para la gente de dos brazos, solo que era un brazo que nadie podía ver. Pronto aprendiste que no merecía ni siquiera la pena sacarlo a colación porque nadie quería oír hablar de un brazo invisible (especialmente los médicos – quiero que me devuelva mi dinero, Dr. Fisher. Todas esas horas de terapia a 250 dólares cada una. Ser adoptado sí que importa y deberías haberlo sabido, Sr. Licenciado)

Los adoptados tenemos miedo de parecer llorones, víctimas, y muchos aprendemos a minimizar el dolor y la confusión e intentamos actuar y pensar como los demás. Pero si tienes un tercer brazo, se meterá en medio, incluso aunque nadie pueda verlo.

Hay una escena en el episodio de This is Us que vi anoche donde Randall presentaba a su padre biológico a su hermano. Me dejó sin aliento. Era como ver a alguien hacer lo imposible y juntar dos polos opuestos de un imán. Estaba a la par con la escena de Aliens donde esa cosa surge disparada de Sigourney Weaver. NO sabía que podía suceder.

No puedo siquiera imaginar cómo habría sido si una tarde yo hubiera llegado a casa y mi madre y mi madre de nacimiento estuvieran sentadas en la mesa de la cocina, charlando. Incluso más inimaginable habría sido la escena de yo misma llevando a mi madre de nacimiento a la cocina y presentándosela a mi madre, la madre a quien tanto quiero. Mi cerebro sabe que ni siquiera está PERMITIDO imaginarlo, así que no lo hago. Todo lo que sé es que este encuentro habría matado a mi madre, así que el cerebro se queda en blanco.

Crecí sabiendo que no todas las piezas que definen mi vida están en el mismo lugar. ¿Por qué? Porque los adultos estaban asustados. Y cuando no te permiten tener lo que es tuyo en la habitación, quiere decir que algo falla en ti, algo menos que.

Estoy luchando contra mi cerebro ahora e imaginando a todos mis padres, mis dos padres de nacimiento que no quisieron verme y mis padres que me adoptaron juntos en una habitación conmigo.

Santo Dios, sería como si las puertas del paraíso se abrieran y la luz del conocimiento nos iluminara. Estaría allí, completa. Sería la revelación de que el mundo se preocupaba lo suficiente para mostrarme todas mis piezas. Mis padres se preocupaban lo suficiente por mí para dejar a un lado sus miedos personales y mostrarse como padres.

Hay tanto espacio para el amor en este mundo, y los adoptados lo necesitamos más que la mayoría de la gente porque hemos experimentado la pérdida más profunda que puede tener una persona: la de las raíces. Dar a los adoptados piezas de si mismos: la historia de sus orígenes, sus nombres, sus raíces, su libertad para hablar, incluso, les hace sentir incluso más humanos. La primera cosa que vi cuando conseguí una foto de mi madre de nacimiento fue, no soy de Marte. Muchos adoptados sienten que llegaron de otro planeta. Puede sonar guay si no eres adoptado, como una aventura, pero no es un sentimiento positivo. Cuando los humanos caminamos, nos gusta sentir nuestros pies en el suelo. Nos hace sentir seguros. Conectados. En casa. Nadie de Marte conoce este sentimiento. Y lo quieren.

Llena la habitación de familia. Deja entrar a todo el mundo. Ama. Y observa qué sucede.

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

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