familia monoparental y adopción

Archivo para la Categoría "Películas y libros"

Mañana quién sabe

La casualidad hizo que llegara a mis manos el libro “Mañana quién sabe”, las memorias de Lisa Lovatt-Smith, una editora de Vogue reconvertida a capitana de una ONG en Ghana.

Una infancia muy distinta a las convenciones de la época, con una etapa en acogida, una juventud trepidante en el mundo de la moda, una hija que llegó cuando menos la esperaba, simplemente porque no pudo mirar hacia otro lado, y que no le puso las cosas nada fáciles… y una evolución en el mundo oenegero digna de encomio, empezó fundando orfanatos y terminó ayudando a cerrar los que había, y ayudando a los niños a volver a sus casas, después de descubrir el negocio sucio que eran muchos de ellos: campos de trabajo forzado para niños y adolescentes y granjas de bebés destinados a la Adopción Internacional.

Extraigo solamente lo que le dijo un funcionario de la Embajada de Estados Unidos:

“La cuestión es esta: yo soy el encargado de legalizar las adopciones, y muchas veces entrevisto a las madres biológicas. A veces, estas mujeres saben que sus hijos no van a volver, a veces no. Pero, en todos los casos, han recibido dinero de un intermediario. Son estos intermediarios los que se hacen ricos, y suelen tener vínculos con los orfanatos privados. (…) Si los niños encajan en lo que Estados Unidos define como huérfano, realmente no podemos decirles que no a las familias de nuestro país. Y Estados Unidos define como huérfanos a los niños ‘abandonados o desatendidos’: cualquier bebé que venga de algún tipo de orfanato sirve. Se le considera automáticamente huérfano, por haber estado interno allí aunque fuera sólo un día. (…) Sabemos que es un negocio , pero tenemos delante a un ciudadano de nuestro país que, en muchos casos, ya se ha encariñado con el bebé, se ha pasado tres meses en un hotel, ha pedido permiso en su trabajo. Lloran, quieren al bebé, y son nuestros contribuyentes, los que nos pagan el sueldo. Además, todo es legal, ¿qué vamos a hacer nosotros?”

Anuncios

Tod@s deberíamos ser feministas

Hoy, Día después del día de la Mujer Trabajadora, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda por qué tod@s deberíamos ser feministas:

Generación Mei Ming

Finalmente, después de tanto oír hablar de él, pude ver el documental Generación Mei Ming, que el otro día emitieron en Documentos TVE:

Generación Mei Ming

Es la historia de varias niñas adoptadas en China por familias españolas que han llegado a la adolescencia. ¿Cómo ven su vida? ¿Cómo se sienten teniendo rasgos chinos pero crianza española? ¿Cómo las ven en su entorno? ¿Tienen ganas de regresar a su país natal, de encontrar a sus familias biológicas?

Por lo que había leído, me esperaba encontrar un documento muy light, que profundizaba poco en los temas y que mostraba la cara amable de la adopción. En cierta manera, así es… pero si leemos entre líneas vemos que hay mucho más. Problemas de autoestima, agresiones verabales en la escuela, cierto rechazo, deseo y miedo de conocer los orígenes… en una época convulsa y compleja como es la adolescencia.

Merece la pena verlo.

Paddington

Estos días fríos (hemos descubierto que la puerta de nuestro patio trasero da directamente al invierno eterno y escarchado de Narnia) hemos ido al cine. Una de las películas que hemos visto es Paddington, la historia de un osito originario del recóndito Perú que llega a Londres.

No tenía muchas expectativas puestas en la película, pero lo cierto es que me gustó.

Me gustó el mensaje sobre el colonialismo: la relación de los europeos y estas recónditas civilizaciones a las que consideramos “inferiores” y que muchas veces nos dan sopas con honda.

Me gustó el mensaje sobre el respeto, encarnado en esta familia tan distintos unos de otros pero que conviven, se quieren y se gustan tal y cómo son.

Me gustó el mensaje sobre la confianza, no tener miedo a relacionarnos con desconocidos, esperar lo mejor de los demás. Aquello de que el hogar es donde uno va, y nos tienen que dejar entrar.

Me gustó el mensaje sobre cómo nos cambia convertirnos en padres, simbolizado en una sola escena: esta pareja de padres primerizos que llega al hospital en una Harley y sale de él en una ranchera.

Me gustó el mensaje sobre (cómo no) la adopción: que aunque seamos distintos y hayamos nacido en lugares muy alejados, querernos nos convierte en familia.

Y, aunque es una película eminentemente blanca (los únicos negros son los músicos callejeros que aportan la magnífica banda sonora), me gustó el mensaje sobre la aceptación, la integración de lo diferente en el Londres multicultural. Algo que he oído a más de un adoptado adulto: cuando llegué a Londres dejé, por primera vez, de sentirme distinto.

La ciudad muerta

Hará… ¿35? años, un porrón ya, la madre de una niña de mi colegio fue detenida de forma arbitraria, junto a un puñado de personas más, y se le aplicó la ley antiterrorista. Estuvo incomunicada el máximo de días que permitía la ley, y no sufrió precisamente buenos tratos. Recuerdo el día que la liberaron, un niño de mi clase acompañó a sus padres en la comitiva que fue a recibirla y estuvimos hablando de lo que había sucedido.

Cuando llegamos a casa, mi abuela dijo: “algo habría hecho”.

Mi estupor no fue menor cuando el sábado por la noche vi, por fin, el documental “Ciutat Morta”. Narra unas detenciones igualmente arbitrarias, una policía igual de corrupta y carente de escrúpulos, un funcionamiento de la justicia igual de surrealista… no podía dejar de imaginarme en la piel de estas personas, convencidas de que vivían en un Estado de Derecho, embarcados en un proceso del que no comprendían nada, del que no podían defenderse, del que ninguna prueba les servía para defenderse… como personajes de Kafka, que terminan descubriendo que el Estado de Derecho es para los otros, los que visten de forma convencional, los que tienen apellidos catalanes, los que pagan hipotecas.

Que descubren que son no-ciudadanos.

No debéis dejar de verlo.

Podéis hacerlo aquí.

Y aquí podéis ver los 5 minutos que un juez obligó a censurar cuando se emitió por la televisión catalana, a petición del protagonista del fragmento. Nunca 5 minutos han circulado tanto como lo han hecho estos este fin de semana:

De este historia yo recordaba sólo el inicio. La fiesta okupa, la llegada de la Guardia Urbana, los objetos volando desde el tejado, el policía local en coma. Las detenciones. Ahí me quedé, nunca más supe nada. ¿Por qué? Igual que se preguntan en este artículo de Cafè amb Llet, yo también me digo que “no puedo evadir mi responsabilidad por no haber conocido nunca esta historia. Porque desde el mismo día en que sucedieron los hechos, cientos de personas se movilizaron intentando que todo el mundo supiera lo que estaba pasando. Primero fueron los familiares y amigos de las víctimas del montaje que desmonta Ciutat Morta: manifestaciones, huelgas de hambre, actos, charlas… ¿Por qué no vi nada? Quizás porque los manifestantes llevaban rastas? ¿Caí en la trampa de los prejuicios? ¿Cómo hice para no ver a aquellos jóvenes que se plantaban con pancartas a las puertas del ayuntamiento diciendo que Patricia Heras había sido “asesinada por el Estado”? ¿El aspecto “antisistema” de Patricia? ¿El origen sudamericano de los condenados? ¿Puede haber sido eso? No puedo evitar preguntármelo porque Ciutat Morta nos interpela a este nivel. ¿Hasta qué punto una historia terrorífica como ésta se hubiera podido producir sin el consenso social de sospecha ante lo que es diferente, lo que se peina y viste de otro modo?

 

Creciendo

R. es madre de 3 hijos, de 6, 4 y 2 años, el mayor, E., adoptado. Esta es una escena de cotidianedad familiar que vivieron hace unos días y que me ha permitido compartir aquí.

 

Hoy cenamos viendo “Lilo y sticht”, la película.

Como la mayoria de protagonistas infantiles de cine, Lilo es huérfana.

E. se concentra en los tiroteos, sin prestar mucha atención a los vínculos de los protagonistas (¡Mira mamá! ¡La nave espacial tiene rayos laser! ¡Uhalaaaaa!). M. se regodea en el lenguaje (¿Qué quiere decir aloha? ¿cuál era la palabra que significaba eso de somos una familia para siempre? ¿Qué son los servicios sociales?).
L., por su parte, se limita a comer el arroz en silencio mirando a la pantalla.

Al acabar la película pises, pijamas, dientes, cama, luz apagada.

Discusiones habituales antes de dormir: ¡Yo en este lado! ¡No, me toca a mí, tú estuviste ayer! ¡Mamá me duele el pié! E., no me des patadas. Mamá, ¡me dejé la moneda en el pantalón!. Mamá, que no se me olviden mañana las invitaciones de mi cumpleaños. ¡E.! ¡Échate para allá, que no quepo!. ¡M.! ¡no me quites la manta!. Mamá, ¿sabes que unas niñas el otro día se llevaron dinero a clase?…

Voy contestando a E. y a M. e intento poner orden. Termino todas mis intervenciones con un “Cerrad los ojos ya, que es tarde y mañana hay cole. Dejad dormir a la hermana”.

L. está en silencio tumbada a mi lado, como cada noche. Una mano bajo su mejilla y otra en mi cara. De vez en cuando presiona mi rostro y recibe un beso en la frente, a demanda.

Los mayores van espaciado sus intervenciones, según aumenta la irritación en mi tono de voz. Baja también la frecuencia de los besos poco a poco. Quedan apenas unos minutos para que todos por fin se duerman…

De repente un sollozo intempestivo. L. angustiada levanta la cabeza de mi hombro y pega su frente a mis labios. Sube un poco más y se abraza con fuerza a mi cuello.

– ¿Qué pasa, hija, te duele algo, has tenido una pesadilla?

-¡Mamáaaaa, no quiedo que te muedas!

…………………

Y así, mi bebé de dos años y medio, se ha hecho un poquito más mayor esta noche.

Historia de Ruthie

Ruthie es una niña de 5 o 6 años. Es el centro de la vida de sus padres, que no se atreven a contradecirla por miedo a traumatizarla. La vida de sus padres – y de los adultos que les rodean – gira en torno no a las necesidades de la niña (que sería lógico), sino a sus deseos y caprichos. Ella marca los ritmos, dirige las conversaciones, exige – y consigue – cualquier cosa que se le ocurra, por absurda que sea … Sus padres no la regañan nunca, no importa lo peregrina que sea su actitud, y jamás se atreven a contrariarla. Cuando hace algo manifiestamente grosero, la justifican, le echan la culpa a cualquier persona que esté cerca.

Es difícil definirla con otra palabra que “malcriada”.

Descubrí a Ruthie volviendo a ver “Dos en la carretera”, es magnífica película de Stanley Donen, que es mucho más agridulce de lo que la recordaba.

Y me sorprendió que el retrato de esta niña caprichosa, mimada y tiránica, fuera del año 1967, tanto tiempo antes de los hijos únicos y los padres mayores, que han convertido a las criaturas en un bien tan preciado que hay que protegerlo aún a costa de su educación.

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: