familia monoparental y adopción

Desencajada

Al hilo de la última entrada, sobre diversidad familiar, publico esta reflexión de A., madre en una familia que no podría contener más diversidad.

Todos queremos encajar en algún sitio, encontrar nuestro lugar en el mundo. Pero a veces no es fácil. A veces es muy, muy difícil.

 

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En el grupo de Familias de Niñ@s Transexuales soy la única madre de una niña trans fluida no binaria y no blanca; en el grupo de Altas Capacidades soy la única con hijos adoptados, con una hija trans, con hijos negros; en el grupo de Homeschooling, la única monoparental y con una hija trans; en el grupo de Feministas soy la única monoparental por decisión propia y la única adoptiva, la única con hijos negros.

Si vas con familias adoptivas te dicen cosas como: ¿y le ha cogido muy fuerte esto de ser una niña? Ya se le pasará… y cuando estás con familias trans que entienden, tienes que aguantar comentarios del tipo: Siempre he querido adoptar pero… Qué buena acción, te has ganado el cielo, qué suerte han tenido… y cuando no, piensas que quizás has encontrado el lugar, entonces se cuestiona por qué se tiene que hacer diferencia con las familias monoparentales si hay biparentales que tienen solo un sueldo.

Hay una insensibilidad general hacia aquello que no te afecta

Y ya no entro cuando  en un grupo, para defender al colectivo LGTBI, hay comentarios racistas; o en cuando en otro, para defender a las personas racializadas, son contra los colectivos LGTBI; o cuando en todos hay contra quien no cumple los estándares o que no siguen un modelo concreto. Y esto cuando no es insensibilidad sino fobia, porque el grupo no va de eso, y por tanto, se puede expresar tranquilamente.

Estas líneas, sorprendentemente, nadie tiene problemas en traspasarlas.

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Hace unos meses leí un artículo que llevaba el concepto “diversidad familiar” en su titular. Como es uno de mis focos de interés, me lancé a leerlo… cuál fue mi sorpresa cuando la única familia de la que hablaba era una familia numerosa recompuesta, es decir, una familia integrada por dos adultos (hombre y mujer heterosexuales) y cuatro hijos de relaciones previas de ambos.

Una familia blanca, heteroparental, con hijos biológicos sin ningún rasgo distintivo.

Pero más me sorprendió cuando, al comentar lo “poco diversa” que me parecía esta familia ejemplo de diversidad familiar, otras personas me respondieron que cualquier cosa que se salga de la familia compuesta por hombre y mujer, casados antes de procrear, con hijos comunes, biológicos, y concretamente dos (a poder ser niño y niña) lo consideraban diversidad familiar.

Por ejemplo, una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco con tres hijos biológicos.

O una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco con gemelos, biológicos también.

O una familia formada por un matrimonio heterosexual blanco separado con dos hijos biológicos (niño y niña).

Sin negar las peculiaridades de estas familias, si estos casos son ejemplo de diversidad familiar, ¿dónde quedan la homoparentalidad, la monoparentalidad, la adopción, la discapacidad (de padres o hijos), la transracialidad, la transexualidad, la reproducción asistida, la donación de gametos…? ¿Qué pasa con las familias donde son los abuelos o los tíos los que crían?  ¿O los hermanos mayores? Por no hablar de situaciones más divergentes aún, como la crianza en colectivo el acuerdo entre más de dos personas para sacar hijos adelante.

Nadie es quien (y menos yo) para repartir carnés de diversidad familiar, pero si cualquier cosa que se salga de la foto fija de padre+madre casados con la parejita de niño y niña, biológicos, de la misma raza (a poder ser blanca) y heterosexuales todos nos parece que entra en el concepto “diversidad familiar”, ¿no lo estamos banalizando?

 

La mentira de la maternidad

Hace años que descubrí este blog delicioso que sigo intermitentemente, sobre las zozobras y las maravillas de una maternidad rebelde en tiempo complejos. Este post me ha hecho sentirme tan identificada que no he podido resistirme a compartirlo.

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cuando seas madre comerás huevos

y sabrás hacer huevos fritos, con puntilla y sin que te dé miedo que salten

sabrás también hacer croquetas

te acordarás de decirles que se laven las manos

y coser botones

y no lloraras sin ton ni son, no empezarás a hacer manualidades imposibles cerca de la crítica hora del sueñohambre

te acordarás de la dosis de apiretal sin mirar internet

guardarás las medicinas con orden y tendrás el termómetro en un sitio fácil de encontrar

mentiras todas

y sobre todo mentira que llegarás a un lugar diferente, como desbloquear el nivel último del Mario Bros

serás la misma que has sido siempre

pero ahora cuidarás a una persona o a varias, ahora tus recuerdos se grabarán de otros colores y tus preocupaciones se medirán por esas caras.

a veces me descubro tan igual que siempre, tan parecida a una elena de 6 años que inventaba historias, tan parecida a la que con 10 le quiso fabricar un vestido a mi madre (con retales, to desigual y absolutamente sobrevalorado), tan igual a mi yo de 22, cuando me independicé y al volver de noche a casa me entraba llorera, y no era de pena (o no siempre) era que me emocionaban muchas cosas…

aquí estoy, incapaz de controlar el caos, con los dedos llenos de pegamento y dos niñes destrozándome la cocina (J le da una gelatina a Y, la gelatina llevaba viviendo en la nevera un tiempo difuso, así destapada y a medio comer, Y alterna la gelatina con trozos de queso y J me grita “que se come lo negroooo”)

esta mañana en urgencias mientras le miraban el oído a Y, parecía yo una madre de verdad…de esas súper resueltas, de las que no se ponen las lentillas caducadas …

es todo mentira

menos el amor

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Dicen que el mundo se divide entre los que aman a Astérix y los que aman a Tintín.

Yo siempre he sido de Tintín. Aprecio las historias de Astérix, el humor, los dobles sentidos, la amistad entre los protagonistas… pero en mi casa éramos de Tintín. En casa de mis abuelos había los Tintíns franceses que mi madre y mi tío leían de pequeños, y en casa de mis padres fueron entrando, uno a uno, los Tintíns publicados en catalán.

Incluidos los que estaban fuera de las colección y varios libros que hablaban de los libros de Tintín.

Sus historias se transmitían en mi casa de generación en generación. Le poníamos música al aria de las joyas de la Castafiore. Usábamos las blasfemias delirantes de Haddock. Repetíamos las frases de hechas de Dupond y Dupont.

Pero cuando llegó B. pensé que igual no era consciente del racismo que tenían estos libros que leí en mi infancia. Que así como su machismo no se me escapaba ni a los 10 años, el racismo igual me había pasado desapercibido.

Y volví a léermelos con atención.

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Y descubrí algo: lo que cuenta Tintín, en casi todos sus libros (exceptuando el del Congo, que es racista sin paliativos) habla de la desconfianza y desconocimiento hacia los demás. Cuenta cómo dos colectivos tienen prejuicios el uno hacia el otro y por esto no se relacionan y usan todo lo que sucede para alimentar estos prejuicios. Para seguir sin entenderse.

Tintín es el personaje que se atreve a cuestionar los prejuicios y acercarse a la gente distinta…

…para descubrir que son como él.

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Me parece importante aprender esto.

Hoy más que nunca.

La idoneidad

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La idoneidad en adopción… ¿qué será exactamente? A mi entender son unas características personales que trascienden la propia adopción. Una persona idónea para adoptar es aquella capaz de respetar y tener sentimientos positivos hacia personas a las que no conoce ni de las que posee ningún dato. Es tratar de entender desde la compasión unas circunstancias trágicas y desde la humildad intentar repararlas en la medida de lo posible. Ser idóneo es cuestionar lo que te han dicho, entender que la vedad es poliédrica e incluso aceptar que, aún creyendo no haber hecho nada malo, podemos ser responsables del dolor de otrxs. Es amar sin condiciones ni esperar nada a cambio. Es incorporar a tu vida otras culturas y otras formas de ver el mundo. Ser idóneo en adopción son muchas más cosas, pero pongo aquí estas pocas porque estos días he leído cosas de madres y padres adoptivos que nada tienen que ver con estas características personales. En situaciones de conflicto debemos mantener las cualidades humanas. Quienes no las conservan, para mi, no son idóneos. 

L.E., madre de una niña adoptada en Malí.

Cuerdas y marionetas

En una discusión sobre el tema que debatimos en el post anterior, una docente bienintencionada me recomendó ver el cortometraje Cuerdas. No sé si lo recuerdan: ganó un Goya hace unos años, y fue noticia, entre otras cosas, porque el autor pidió repetidamente que no se compartiera por Internet.

La petición debió surtir efecto porque he estado buscando y solamente he encontrado trailers.

No sé qué opciones hay ahora mismo de verlo completo. Yo lo vi en su momento (pirateado, sorry) y recuerdo la historia de ese niño con parálisis cerebral que llegaba a un orfanato y que entablaba amistad con una de las niñas que había allí…

…y recuerdo también las críticas que desde Asociaciones de personas con discapacidad se hicieron, y me ha parecido interesante compartirlas aquí.

Esta es de Rocío Molpeceres, autora de un blog en el que da a conocer la parálisis cerebral desde la perspectiva de los propios afectados. Dice así.

Este corto  se desarrolla bajo el paradigma médico-rehabilitador.

La madre dice que sabe que no es el centro adecuado para él y no se preocupa de buscar los apoyos necesarios para que el niño pueda participar en la clase. Simplemente deja informes y medicinas, ¿por qué no nos fijamos en las capacidades que tiene una persona y no solo en sus problemas?

En cuanto a la profesora, lo presenta como un niño especial y ni siquiera le pone una mesa o un libro y sigue la clase normal con el resto de los niños y cuando le saca al patio solo pretende que le dé el sol.

Solamente hay una niña que se acerca a él y ella pretende que hable y que juegue al balón de la misma forma que los demás.

Esto cambiaría si en lugar de solo atender al niño, se le proporcionasen los medios para mejorar realmente su calidad de vida. Lo primero, con un sistema de comunicación adecuado para él o la adaptación de juegos; para esto habría que contratar a una persona que le apoyase o que ciertas entidades especializadas ayudasen, tanto al colegio como a la familia a normalizar la diferencia.

Por otro lado, es muy importante educar a los niños en el valor de la diversidad, es decir, hay gente que se mueve de forma diferente o habla de forma diferente: no somos enfermos, simplemente funcionamos de forma diferente. Por ejemplo, se puede bailar desde la silla.

Aunque es cierto que se habla de términos como normalización e inclusión, todavía queda mucho camino por recorrer y muchas mentalidades que cambiar. Es importante que existan leyes, pero también hay que quitar miedos, quizá algunos profesores no hayan trabajado nunca con personas con diversidad funcional.

Sin olvidarnos tampoco de las familias que a veces se centran en los problemas, sin saber buscar las capacidades. De hecho creo que aún se da demasiada importancia a la recuperación y no tanto a la calidad de vida, que es lo realmente importante.

Esta otra es de Ignacio Calderón Almendros,  Profesor de Teoría de la Educación, interesado en la experiencia de exclusión e inclusión educativa de personas situadas en los márgenes, desde la discapacidad y la desventaja sociocultural. Empeñado en que la escuela sea un lugar donde todas las personas podamos crear sentido”. Aquí algunos extractos:

En el film se asimila parálisis cerebral con enfermedad (debido al desenlace), pero tener parálisis cerebral no es una enfermedad, es una condición. Es evidente que si no se genera reflexión, se tiende a consolidar el estereotipo de que las personas con discapacidad están enfermas. También se alimentan otros estereotipos, por ejemplo, al quitarle al niño cualquier capacidad, incluso la comunicativa (y no me refiero únicamente al lenguaje). Bonita, pero…

Por todo esto, mientras la mayoría de los comentarios que he tenido la oportunidad de leer hacían alusión a “la integración”, yo lo que fundamentalmente veo es una evidente historia de exclusión educativa. Un niño tratado por las instituciones como un mueble, que tampoco tiene lugar, lo cual no hace otra cosa que reflejar la cruda realidad.

(…)

El corto se asienta en muchas cosas demasiado cuestionables, y no se ofrece una posibilidad de crítica, sino una normalización de la sangrante situación institucional que viven como si fuera neutral. Los niños con discapacidad estorban y no tienen lugar en las escuelas ordinarias, se podría leer. Las personas con discapacidad son objetos hasta el punto de que el ¿protagonista? no tiene ni nombre, lo cual obliga a quien ve la película a llamarle por la etiqueta: “el niño malito”.

Así se había mostrado en la inexistente relación del resto de niños, niñas y docentes con el chico: nadie en toda la película le hace caso. Por otra parte, es evidente que estaba allí para cualquier cosa menos para aprender, hasta el punto de ¡no tener ni mesa! Estaba en la escuela del orfanato, pero en realidad no era una escuela para él, sino un lugar desolado en el que un niño “raro” y una niña “rara” se relacionan mientras son marginados por menores y adultos.

Lo mejor, a mi juicio, es la hermosa relación que comienza a establecerse entre la niña y el niño, y la metáfora de la cuerda, como el vínculo que les une. Pero incluso en esto el niño es convertido en objeto, que nunca es preguntado por lo que desea hacer. Y la cuidadora es una niña, como no podía ser de otro modo… con lo que reproducimos los roles de género, mientras eliminamos la responsabilidad de las administraciones públicas en establecer relaciones de cuidado justas.

Las cuerdas. La hermosa metáfora inicial comienza a chirriar cuando las cuerdas parecen hilos de una marioneta, y se revela con el mensaje final: la cuerda en la muñeca de una María (que sí tiene nombre) adulta comenzando su función como maestra en una escuela de educación especial… Es evidente que hay que segregar al alumnado con discapacidad.  Y esto ocurre porque en realidad nunca se valoró al niño como tal, sino como lo que no era: como si él fuera una enfermedad, como si él quisiera la voluntad de la niña, como si su valor estuviera (incluso en los sueños) en el niño que puede bailar. ¡Qué daño hizo que la bestia se convirtiera en príncipe al encontrar el amor de la bella!

Por eso genera tantas lágrimas, porque no dejamos a las personas ser ellas. Entonces da pena la persona discriminada, en lugar de darnos pena nosotros mismos, y lo que hacemos con los demás. Creemos que vive atenazado por su condición, en lugar de cuestionar las relaciones y nuestro sistema social que lo excluye.

En cualquier caso, toda película permite pensar y sentir, y es evidente que ésta lo hace. Eso sí, necesitamos desplazar nuestra mirada hacia lo que hay en los márgenes de “Cuerdas”, para poder ver las cuerdas que también a nosotros nos mueven como marionetas, que se compadecen por personas cuyos problemas los constituimos nosotros mismos.

 

Sobre escuela e inclusión

La Generalitat de Catalunya acaba de publicar el decreto de escuela inclusiva, que prevé que los niños con NNEE sean escolarizados en escuela ordinaria. Sobre el papel, parece la solución ideal, pero, ¿lo es? ¿Siempre la escuela ordinaria es la mejor opción, para todos los niños?

Hace años, yo también pensaba que era lo mejor. Que los niños, sean como sean, tienen que estar en el mundo, que no se les puede poner en una burbuja, que la escuela debe y puede adaptarse a las necesidades de cada uno.

Y lo cierto es que la escuela tiene previstos mecanismos para integrar a los niños “diferentes”: adaptaciones curriculares, dictámenes, apoyos de distinto tipo, repetición de curso. Mecanismos que a veces permiten a los niños trabajar a su ritmo, pero otras, reconozcámoslo, son meros parches para que no interrumpan el ritmo de la clase.

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Con las adaptaciones, los niños reciben menos presión a la hora de trabajar, sobretodo mientras son pequeños y está la esperanza de que maduren, “hagan el click”, se coloquen al ritmo de los demás;  pero muchas veces cargan con una cosa tal vez peor: el estigma. “Va a apoyo”, “el grupo de los tontos”, “pobrecito, no puede”. Y ven que los demás dejan de esperar que sean capaces, y dejan de esperarlo ellos mismos.

Y pasa otra cosa cuando crecen. Que de repente, todos los niños que a los 3, a los 5… no veían las diferencias, las empiezan a ver. Y la empieza a ver también el propio niño afectado. Y esto, en muchas ocasiones, convierte la vida escolar en un infierno.

Niños que pelean consigo mismos para llegar a los mínimos académicos aceptables, pero también niños que tiran la toalla y se convierten en el payaso o el gamberro de la clase. Niños que cambian de colegio una y otra vez. Que tienen suerte y les toca un buen tutor que les acompaña, pero al curso siguiente tienen menos suerte y les toca otro que no se preocupa lo más mínimo y deshace de un plumazo el trabajo de años. Niños que se encuentran a la merced de la capacidad / buena voluntad del profesorado que les toque. Niños que se desconectan, que se desmotivan, que empiezan a mirar a los demás con desconfianza y a tener conductas disruptivas.  Y la autoestima que no deja de bajar.

Por no hablar del patio. O de las horas de después del colegio.

Las madres y padres de los niños “normales”, los que no tienen problemas, los que no llevan la etiqueta del “tonto”, o el “distinto”… no dejan de defender la bondad del sistema. Están integrados, dicen. Son queridos, dicen. Tienen amigos, dicen. Les vemos contentos.

Incluso sus profesoras te dicen estas cosas cuando vas a preguntarles, extrañadas de que tengas dudas.

Lo que no ven  es lo que pasa por las tardes, en casa: los llantos, los ataques de rabia, la tarea rota, el “soy tonto”, el “soy inútil”, el ¿por qué mis hermanos van a casas de amigos y a mí no me invita a nadie?, el que los niños a los que invitó a su cumple no le devuelvan la invitación, el “me dicen que soy un acoplao”, el “no quiero ir al cole”…

El vivir disimulando las dificultades además de sorteándolas y superándolas, el estrés que esto provoca.

Lo deseable, claro que sí, es una escuela que incluya a todos. Pero, ¿cómo podemos hacer una escuela inclusiva cuando la sociedad no lo es? Lo deseable es que tengan las mismas oportunidades que el resto de chicos y chicas, pero siendo el “distinto” en una escuela uniforme no siempre las tienen. Lo deseable es que crezcan entre iguales, pero para esto tienen que dejar de sentirse diferentes. Lo deseable es que aprendan a convivir, pero, ¿cómo pueden hacerlo si siempre son “el otro”?

El mundo, dicen, no es una burbuja. En el mundo no estarán protegidos. La escuela tiene que ser un reflejo del mundo.

Pero esto no es cierto. Nunca, jamás, después de la escuela, en la vida, estamos tan expuestos. Procuramos escoger trabajos que sepamos hacer, nos relacionamos con gente que tiene gustos e ideas parecidas, creamos nuestra aldea gala para resistir a las inclemencias.

Este vídeo lo han hecho en una escuela de educación especial especializada en niños con Inteligencia Límite. Niños que fueron escolarizados en escuela ordinaria en primaria y que en secundaria han llegado a un entorno en el que los niños se parecen más a ellos.

Fijaos cómo explican (y muestran) lo que ha representado este cambio:

(El vídeo se ha presentado a un concurso sobre bullying. Podéis votarlo aquí).

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