familia monoparental, diversidad familiar y adopción

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Choque cultural y confusión identitaria

Mi necesidad de aprender – y sobretodo de desaprender – sobre el racismo, me ha llevado a hablar mucho con y leer mucho a personas racializadas. Una de las más interesantes es la activista antiracista y feminista Yousra El Mansouri, autora de este texto que explica tantas cosas:

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Cuando nacemos, lo hacemos abrazadas por unos quehaceres y cuando los años transcurren, los entornos se diversifican.

El primer par de lustros los recuerdo con voz. Respondiendo mi nombre, sin adaptar la forma de pronunciarlo, diciendo el de mis familiares, feliz del nacimiento de mis hermanos gemelos.

Pienso y pienso… No consigo recapitular a cuál fue el primer día que dejé de sentir admiración por las telas de los vestidos marroquíes, por la henna, por las comidas de mama África norteña… No consigo recordarlo. Pero sé que llegó un punto en el que mi cabeza estaba a punto de estallar.

Las noches en vela con una libreta y un bolígrafo, garabateando libertad, a pesar de tener mi conciencia enjaulada en la duda.

Había recibido tanto rechazo por mi nombre, que lo cambié por Yus. Había obtenido tanta burla por tener dos hermanos y una hermana, que dejé de mencionarlas. Había cogido tanto miedo a mis pertenencias moras, que abandoné mi sentir africano.

Ropajes ajustados al cuerpo, plancha en mano recorriendo mi pelo, omisión a mis viajes a Marruecos (aunque una vez allí fueran de lo más feliz que me pasaba), ignorancia a las preguntas sobre mi origen, YUS, YUS Y MÁS YUS.

Incluso recuerdo, y sé que son palabras graves las que escribo, sentir vergüenza de caminar con mi madre, no era bochorno hacia su persona (eso jamás), sino aversión a su hiyab, delator de nuestra “no integración”. O así lo percibía en su momento. Cada día y con cada beso pido disculpas a mama, me avergüenzo y no pretendo justificarme.

Pero, en un entorno que devalúa tus raíces, en un contexto que señala y apunta con el índice tu diferencia… ¿Cuántas adolescentes no han querido subirse al velero de la homogeneización? Aún sabiendo que este solo te permite montarte si eliminas tu esencia.

Aquí quiero llegar, a la necesidad pedagógica que tenemos como sujetos de acompañar las voces confundidas. De comprender que hay vida más allá de la polaridad, que cada persona puede navegar por sus corrientes, que existen las identidades múltiples, que fluyen y confluyen.

 

Reencuentros

Esta ha sido la Navidad en la que, después de 14 años, hemos vuelto a Etiopía.

Por múltiples razones, hicimos el viaje solamente B. y yo, aunque en principio planeamos ir con otras familias con criaturas originarias de Etiopía y aunque nos habría gustado poder desplazarnos toda la familia.

Ha sido un viaje intenso y complejo, con muchas emociones que no siempre han sido fáciles de gestionar, que han requerido tiempo y palabras y mimos. Con expectativas que ha habido que poner en su sitio y momentos de shock ante una realidad tan diferente.

Hubo reencuentro con la familia biológica, intenso, rápido y confuso, emotivo pero también con tensiones, sentimientos inesperados, preguntas sin respuesta y otras que quedaron pendientes, momentos de desbordamiento y otros de reconciliación con su propia historia, de incomodidad y de conexión. Muchas cosas que digerir, muchas emociones que colocar, mucha información que gestionar.

También hicimos una ruta por lugares preciosos, que nos permitió conocer algo del país, de su cultura, su historia y su importancia, pero también de la manera de vivir de su gente, y de las diferencias con nuestra forma de ver las cosas.

Las dificultades de no hablar ni entender el idioma y la distancia cultural que va mucho más allá de la religión o la comida, que tiene que ver con maneras de relacionarnos y de ver la vida. Pero también la cercanía de las emociones.

Y los aprendizajes que nos llevamos, claro.

B. pudo imaginar cómo habría podido ser su vida de haber crecido allí, pudo verse reflejado en los niños que fuimos conociendo. Dijo que estaba contento de haber crecido donde lo hizo, con su realidad… pero también que si hubiera crecido allí no lo sabría y le parecería lo normal.

Ha podido conectar con su país de origen, pero también con su país de acogida. Y de alguna manera, también con sus dos familias.

Hemos echado de menos a la familia y conectado con la gente que hemos conocido, hemos querido volver y quedarnos más días, ha sido tan intenso todo que ha parecido que durara semanas, pero a la vez ha pasado tan rápido. Estuvimos felices cuando llegamos pero también llegamos con ganas de volver a ir. Más días, más gente, más todo.

 

 

¡Feliz Navidad (etíope)!

Regresamos de unas navidades muy intensas, con encuentros, reencuentros y desencuentros familiares, distancias a ratos difíciles y viajes enriquecedores, con carroussel de emociones encontradas, experiencias insólitas y muchas historias que contar. Lo haré en los próximos días.

Ahora solo recordar que, mientras nosotros volvemos a la rutina, la Iglesia ortodoxa etíope y casi todos los cristianos africanos ortodoxos que derivan de esa tradición , celebran el nacimiento de Jesús el 7 de enero. El nombre africano que se le dio originalmente a la Navidad era ‘Ledet’, aunque actualmente se utiliza ‘Genna’ (derivado de ‘Gennana’, que significa “inminente”) para referirse a la venida del Señor y la liberación de la humanidad del pecado. ¡Feliz Genna!

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Desenredando el tema del pelo

Angel Davis

Una de las primeras cosas que pensé cuando recibí la asignación de B. fue “Menos mal que es un chico. No sabría cómo encargarme del pelo afro de una niña”.

Entonces no sabía todavía toooodo lo que puede dar de sí el tema del pelo en las personas africanas y afrodescendientes (también los hombres).

El cuidado del pelo afro es complejo y delicado, no sólo por cuestiones prácticas (desde el desenredado a los piojos pasando por la hidratación) sino también por razones culturales y de racismo. Las redes están llenas de grupos en los que se habla del tema, qué estilos son apropiados para cada edad, qué implicaciones tiene alisarse el pelo, qué reacciones puede provocar en la comunidad afrodescendiente que nuestras criaturas no vayan  correctamente peinadas, qué peinados son apropiación cultural y por qué cuando estos peinados los llevan personas blancas son “modernos” y “alternativos” pero en el caso de las personas negras implican “suciedad”, “descuido” y pueden vetar el acceso a determinados puestos de trabajo. En las familias, el cuidado del pelo se transmite de generación en generación y el desenredado y el trenzado crea un espacio de intimidad entre madres e hijas. Y las peluquerías afro se convierten en muchas ciudades en lugar de reunión donde se teje comunidad. Y la negativa a dejarse tocar el pelo por propios y extraños, una forma de proteger el cuerpo y empoderarse.

Por no hablar de las connotaciones históricas: el pelo afro fue en la esclavitud, que estableció leyes que obligaban a ocultarlo, un símbolo de lucha y resistencia, no solo simbólica; con las trenzas se dibujaban los mapas para que los siguieran los esclavos que huían en busca de la libertad.

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Una de las primeras personas a quién oí hablar del tema fue a Désirée Béla-Lobedde, que hablaba de la importancia de todo lo relacionado con el pelo afro mucho antes de que esto se denominara “activismo estético”.

“Históricamente venimos aceptando unos cánones de belleza blancos, para mujeres negras. El canon de belleza blanco ensalza la piel clara y el pelo liso, imagínate el nivel de violencia que implica para una persona negra intentar encajar en ese canon. Venimos creyendo que el pelo afro es malo, seco, duro, que no se puede peinar, etc. Efectos todos ellos de la colonización y la esclavitud.

Mucha gente dice que eso ya pasó, pero queda tanto poso a día de hoy que no podemos olvidarlo. Ese poso que queda también afecta a la imagen de las personas racializadas. Yo ofrezco contenido a las personas negras para que aprendan a valorar y a cuidar su pelo. Al final esto constituye una forma de descolonizarse el cuerpo, de aceptar que tu canon de belleza es otro, que tu pelo es muy rizado y crece alrededor de la cabeza, que es versátil y hay que valorarlo porque tiene que ver con nuestra identidad y la construcción de la misma.

Por otro lado, para las personas blancas mi activismo estético sirve para intentar derribar todos esos prejuicios, esa marcianización que hay en torno al pelo afro y crear un acercamiento y una normalidad, que se entienda de dónde venimos y porqué estamos donde estamos. Lo que pretendo es romper esas barreras y derribar mitos. Respecto a las empresas y marcas lo que hago es dar collejas. Cuando se habla de pelo afro se mete mucho la pata, lo que demuestra la poca gente negra que hay en los medios de comunicación”.

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También en Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie escribía sobre el pelo como «la metáfora perfecta para la raza en América» y sobre cómo su cuidado se convierte en una seña de identidad para la protagonista:

“El pelo es algo que vemos, pero no entendemos lo que hay detrás con respecto a la raza. Es algo que parece sencillo pero es realmente complicado. Por ejemplo, cuando vemos a una mujer blanca de mediana edad que se tiñe el pelo, no es algo que necesariamente todo el mundo entienda, sobre todo si es porque ella lo hace para cubrir sus canas. O si eres una mujer negra, a veces la manera en que tu cabello crece se considera descuidado por las personas que no conocen el pelo afro. No creo que las personas sean malintencionadas, creo que simplemente algunas personas no conocen el pelo afro y la belleza del mismo” (de una entrevista con la escritora).

La activista Superfunkie Nath da una vuelta de tuerca más al tema del pelo afro en el Blog Afronomadness (que por otro lado, no tiene desperdicio): la importancia de la concienciación para proteger los derechos de nuestros niños Afrodescendientes, y por esto ha iniciado una campaña en contra de los químicos tóxicos presentes en los productos capilares que hacen peligrar su salud y que han sido específicamente comercializados para ellos.

 

Regreso a Etiopía

Hace algunos días, en Addif organizaron una tertulia sobre la búsqueda de orígenes con Beza Oliver y Mulu Tort, dos jóvenes adoptadas en Etiopía que el verano pasado regresaron a su país de origen en un viaje de amigos. Me habría encantado ir, pero me quedaba lejos, así que me he tenido que conformar con leer algunas de sus intervenciones:

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  • Viajamos a Etiopía este verano tres adoptados y algunos amigos. Unos teníamos la intención de visitar a la familia de origen (años atrás ya habíamos viajado con nuestros padres adoptivos y habíamos estado con ellos), y otros de encontrarla. Penábamos hacer “entre familia y familia”, un poco de turismo, pero no podíamos dejar de hablar de lo que habíamos vivido o de pensar en la siguiente familia que iríamos a encontrar… Poder hablar entre todos nosotros de cómo nos sentíamos, poder compartir nuestras vivencias, fue muy bonito y  nos ayudó mucho. 
  • Nos encontramos, y nos sorprendió, el gran contraste que podía haber entre una familia y otra, unos viviendo en una ciudad con una forma de vida parecida a la nuestra, y otros viviendo en pueblos muy pequeños y muy alejados y con muy pocos recursos materiales, aunque muy, muy felices, risueños, contentos. 
  • A mí, mi familia, mis tíos, me veían llorar y me decía: ¿Pero por qué lloras? Si tienes una vida mejor que la nuestra… yo fui adoptada con 9 años y recuerdo a mi hermano pequeños, yo le hacía de madre y murió, como mis padres, y allá volvía a revivirlo todo, todos los recuerdos de mi primera vida. La verdad es que me angustié mucho, sentía una gran ansiedad, una carga emocional muy fuerte. Llamé a mi madre y hablando con ella, escuchándola, me fui tranquilizando. 
  • Si te han adoptado de mayor, tienes muchos recuerdos de allí. Así que cuando vuelves a tu país de origen, lo vuelves a revivir todo y es como un gran vértigo, y lo pasas mal. Mi hermano, que lo adoptaron de más pequeño (3 años) y no tiene recuerdos, decidió, años atrás, que no quiere volver. Cuando fuimos con mis padres la primera vez, él se sentía extraño, el sentimiento que tenía era “esta gente que me da besos, que se emociona, dice que es mi familia pero yo no los conozco de nada, no les siento mi familia…” y le sabía mal por ellos y se sentía muy incómodo. 
  • Reencontrarte con tu familia biológica, sin tus padres adoptivos, es muy duro. Cuando fui con ellos, anteriormente, era como si tuviera algo estable, seguro, a lo que poder agarrarme. Pero sola, no hay nada estable cerca de ti. Es una montaña rusa de emociones y cuesta gestionarla. Yo me preparé un poco, antes de ir, con una psicóloga, y esto me ayudó. Aunque hasta que no te encuentras allí no sabes cómo reaccionarás. Es muy duro el día del encuentro y también cuando te despides. Mi padre cogió un billete de avión y vino los últimos cinco días del viaje. Esto me ayudó mucho con la despedida de mi familia. Todos llorando. 
  • Yo sí que tengo el sentimiento de que son mi familia. Tengo muchos recuerdos, quizás idealizados, pero para mí la separación de mis hermanas fue muy dura. Así que el reencuentro con ellas ha sido muy importante para mí. Es como si, de alguna manera, hubiera podido recuperar mi infancia con mi familia. Como si nunca se hubiera roto la relación estrecha que tuve con mis hermanas. Ellas están aprendiendo inglés para poderse comunicar mejor conmigo, y yo miro películas etíopes. Siento que he recuperado el vínculo. 
  • También tienes el sentimiento de que hay una gran distancia entre tú y tu familia de origen, porque a menudo no hay demasiado que nos conecte, sientes una gran distancia entre tú y ellos, y esto también es duro de aceptar.  Intento, por esto, no ir con expectativas, teniendo muy claro que mis juicios y mis parámetros de vida son occidentales.
  • Yo les considero como unos amigos o como unos conocidos, pero no como familia, para mí la familia no es la sangre.
  • Me ha gustado volver, pero ahora tengo como un sentimiento de “deber” hacia ellos que me angustia muchos. Siento que debería ayudarles, porque son pobres. Me llaman y me preguntan si puedo enviarles dinero… y todo esto me hace sentir como responsable de sus vidas, de lo que les pueda pasar. En casa lo hablamos y me dicen que no soy en absoluto responsable, que tengo que sentirme libre de decirlos si puedo o no puedo ayudarles… pero me angustia mucho la situación.
  • Yo considero que tengo dos vidas, y sentir el contraste entre una y la otra me provoca muchas emociones. Ver a mi familia biológica ha sido positivo, y mantener el contacto también, aunque también me encuentro con que yo no tengo tanta necesidad de contactar como ellos y me siento presionada (Por qué no nos llamas – por qué no nos envías…). Poder ayudarles, en un momento dado me hace sentir bien. 
  • El viaje a Etiopía y el reencuentro con las familia biológicas, fue toda una montaña rusa emocional. Fue enriquecedor, pero requiere de un buen apoyo a nivel emocional. 
  • El encuentro con mi familia biológica para mí ha estado positivo, muy emotivo, aunque también me genera conflictos internos. Me ha ayudado a acercarme a mis orígenes, a volver a conectar con mi país y cultura de origen, con el idioma.
  • Yo aún estoy procesando, intentando encajar las dos realidades, las dos vidas que tengo. 
  • Esta es la primeva vez que regreso sin la sensación de tener alguna obligación, algún deber, con mi familia biológica. Y puedo separar lo que es su vida y la mía. Sabiendo que mi vida está aquí, que nos podemos ir cruzando y viendo, pero que cada uno tiene su vida.
  • Hablando con mi familia biológica, he podido obtener respuestas sobre mi vida allí y mi adopción, mucho más complejas de lo que me esperaba. La conclusión es que no vale la pena, no sirve de nada, estar enfadada por lo que sucedió. 
  • Allí todo el mundo considera que tenemos una vida mejor que las suyas. Una persona relacionada con el mundo de la adopción me dijo: nos explican que habláis muchos de vuestros sentimientos… Les sorprende, no lo acaban de entender, no se hacen cargo de que nuestro proceso emocional puede haber sido muy duro. 
  • ¿Por qué decidimos ir? No lo sé, llega un momento en el que sientes que necesitas ir. Y después de haberlo hecho, te sientes mejor. Aunque depende de cada persona, claro. 

Girl in return

Conocimos la historia de Amy Steen (el nombre de adopción de Tigist Anteneh) hace 3 años, cuando un tribunal etíope decidió revocar su adopción. Amy/Tigist fue adoptada a los 10 años por un matrimonio danés, junto a su hermana pequeña, Buzayo; luego fue abandonada, pasó a vivir con una familia de acogida de la que fue arrancada, contra su voluntad y la de sus acogedores, brutalmente; como las imágenes de este momento de violencia y desesperación se hicieron virales, pudo regresar a casa de sus acogedores, pero la administración danesa y su familia siguieron negándole el derecho a viajar a Etiopía. Así que lo hizo sin su permiso, con la ayuda de unos activistas contra el Tráfico de Niños y Niñas.

Todo esto se puede ver en los 47 minutos emotivos, impresionantes y también descorazonadores, del documental “Girl in return”, que podéis ver en este enlace hasta el 4 de diciembre.

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En él vemos cómo la adopción, teóricamente pensada para construir familias, en muchos casos lo que hace es destruirlas. Como hay familias adoptivas que a pesar de prometer convertirse en “familias para siempre”, se deshacen de las criaturas como si fueran mercancías dañadas, pero no contentas con ello, siguen mandando sobre sus vidas, decidiendo qué es mejora para ellas.

Me ha impactado que una familia que es capaz de cambiar el nombre de la niña a la que adopta, probablemente porque consideran que es la forma de hacerla “suya”, es capaz después de apartarla de su vida y seguir adelante.

Me ha impactado el peso de los nombres: como Tigist ha pasado a llamarse Amy y esto no tiene ni vuelta atrás, ni siquiera para su familia de origen; y cómo su madre ha dejado de ser “enate” (“mamá”) para pasar a ser Gennet.

Me impresiona la historia que falta: la de la pequeña Buzayo, que fue adoptada junto con Tigist a los 2 años, que sí sigue viviendo con la familia adoptiva, y que ha perdido toda relación con su primera familia, incluida su hermana que viajó a Dinamarca con ella.

Me ha impactado cómo esta niña, que se marchó con 10 años de su tierra y de su familia, ha perdido el idioma y la capacidad de comunicarse con los suyos. También lo más esencial de su cultura: saber cómo relacionarse con ellos. Es tremenda la distancia cultural.

Hay respeto, dice, pero no nos entendemos.

El viaje de ida y vuelta le sirve a Amy / Tigist para descubrir que la adopción es, quizás, no volver a encajar nunca en ningún sitio.

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Feliz año nuevo

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Sobre privilegio blanco y apropiación cultural

L., mujer sabia y siempre alerta ha viajado este verano a un país africano. Y se ha traído de allí reflexiones como esta:

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Este verano he viajado a un país africano (la cual cosa ya de por sí es un privilegio al que le he dado muchas vueltas). La cuestión es que estando allí he podido convivir con gente que me han contado muchas cosas, pero una de ellas me ha hecho reflexionar mucho. Estas gentes, son originarias de una de las ciudades más míticas y hasta hace unos años, más turísticas del África Occidental. Por su forma de vestir y sus costumbres, me contaban que ya desde pequeños venían los Toubab (blancos) a hacerles fotos. Para ellxs, que carecían de esta tecnología, les hacía mucha gracia que les hiciesen fotos, y ya en la era digital, verse en la pequeña pantalla les sorprendía. Muchxs de ellxs, no tienen ninguna imagen de cuando eran pequeñxs. Lo dicen con cierta melancolía. Seguro que en muchas casas tienen su imagen, quizás incluso colgada en alguna pared. Lo que más me chocó es saber, que ya incluso de adultos, y por casualidades de la vida, han visto sus fotos, sus caras, expuestas en tiendas, donde la persona (blanca) que se las hizo, obtiene unas ganancias. Esta gente vive en un conflicto que ya hace años que dura, y viven en situación de exilio y extrema pobreza. Mientras, nosotrxs, viajamos, hacemos fotos, los exotizamos y nos beneficiamos de su imagen. Al llegar a casa, después del viaje, hice una simple búsqueda en google con el nombre de la etnia y el lugar de procedencia y cual ha sido mi sorpresa al encontrarme, sin buscar demasiado, con 4 personas de las que he conocido. Sus fotos se venden en webs de descargas de fotos, con un precio que llega a ascender los 400 euros. El robo de imagen y identidad, el beneficio que extraemos, para mi es una forma de apropiación. Me da mucho qué pensar.

Feliz año nuevo

Como le sucede a tanta gente, mis años no van de enero a diciembre, sino de septiembre a septiembre: cuento la vida en cursos. Así lo hacía cuando era estudiante, lo sigo haciendo en mi trabajo en el que hablamos de “temporadas” y la vida escolar de mis hijos no hace sino encajar en este esquema.

Por esto me parece tan poético que hoy sea el año nuevo etíope

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Y también el año nuevo musulmán:

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo

Feliz año que empieza a todos.

 

Mi corazón huérfano

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E. me descubre a Sianna (nombre artístico y anagrama de Anaïs), una joven promesa del rap francés. Nacida en Bamako, Malí, en 1995, fue adoptada a los 8 meses por una familia francesa, como explica en su canción “Corazón huérfano”.

Hola mi África

No tuve tiempo de conocerte

Pero volveré pronto, y esto te lo prometo

Una señora vino a buscarme, desde Francia

Ella es hermosa, joven, blanca y todo irá bien, creo

Me mostró amor desde su primera mirada

Si sale mal, dentro de unos años me iré

En cualquier caso, sabrán que vengo de aquí

Como está escrito en mi piel, tengo África como edificio

 

Este es el comienzo de la historia de mi vida.

Con solo 8 meses, me voy de Bamako, mi ciudad

No sé lo que me espera, no sé a dónde voy, pero …

Es Dios quien lo eligió, así que la cosa promete

Veremos cómo crezco, veremos cómo me adapto

Estaba lejos de imaginarme que me acababan de adoptar

Me despido mucho más rápido de lo esperado

Y sin saberlo, la separación es muy dura

Me encuentro con mi familia, los conozco

Algunos no me hacen sentir bienvenida, pero tengo una sonrisa en mis labios

Mis padres me aman, y eso es todo lo que me importa

Sé que si tengo un problema, vendrán a echarme una mano

Estoy muy feliz, así que sonrío a menudo

Comienzo el principio de mi vida, digo lo que recuerdo

 

E incluso si en el fondo sé

que no elegimos nuestras vidas

¿Cómo olvidar de dónde vengo?

Eres la tinta de mi libro

Escribimos las líneas más hermosas

Sin ti, no sería nada

En mi corazón huérfano

 

Pasan los años y realmente no tengo quejas, no

Estoy bien en casa porque tengo amor a tiempo completo

Pero aún así, nadie sabe a qué me refiero

Cuando digo eso que a los 20, todavía no sé a quién me parezco

Pero no importa porque me siento bien en mi piel

Encontré gente como yo y remamos en el mismo bote

Descubro la música tarde; en directo, estoy en osmosis

Mi historia es extrañamente similar al único hijo de Oxmo

Me abro paso, lenta pero seguramente

Tengo principios; mis amigos pueden contar conmigo

Mis padres me enseñaron Tolerancia, Amor y Respeto

Hoy, si tengo que irme, solo me quedaré por ellos

Y luego muy a menudo espero ser lo suficientemente agradecida

Si se definiera la felicidad, tomaría mi vida como ejemplo

Creo que tengo suerte

¿En qué me hubiera convertido si no hubiera conocido a Francia?

Pero Dios lo quería así, así también lo es la vida

Aplico cosas como las aprendí y de acuerdo a mis deseos

Dicen que tengo una buena estrella; Prefiero decir que estoy bendecida

Al igual que el comienzo de mi historia, sigo siendo fiel al país

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