familia monoparental y adopción

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This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

Identidad y capas

Hace algún tiempo conocí en las redes a M., adoptado transracial adulto y gay, muy activo en muchos grupos de adopción. Siempre aporta puntos de vista interesantes, de los que ayudan a crecer. Como esta reflexión sobre la identidad, las diferencias y las capas:

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Nací en Corea del Sur y fui adoptado, junto con mi hermano gemelo, de bebé. Crecí en el Medio-Oeste de los Estados Unidos, y he vivido en Chicago durante muchos años. Cuando era niño, atribuía todo mi sentido de “originalidad” a ser asiático, y a ser adoptado transracial. Cuando tenía 18 años, salí del armario como gay en mi primer año en la universidad. Mi hermano gemelo, también se reveló como gay al mismo tiempo. Hace 20 años se dio cuenta de que era transgénero, y ahora vive como una mujer.

Ser gay y ser adoptado, y el hecho de ser un adoptado transracial, significa tener varias capas en la identidad, varios elementos. Es muy complejo.

Los niños y los adolescentes de ahora se están desarrollando psicológicamente y socialmente  a edades más tempranas de lo que lo hicimos en mi generación; y están expuestos a muchas más influencias sociales. Lo bueno de ahora es que hay tantas fuentes de información y entretenimiento disponibles. En el momento en que yo estaba creciendo en Milwaukee, Wisconsin, en los años 1960 y 1970, la homosexualidad nunca se hablaba, salvo en susurros asustados y ansiosos, o se mencionaba en relación con el delito o la cárcel. De hecho, yo apenas sabía que existía antes de ir a la universidad. Y me di cuenta después de salir del armario que yo había atribuido la totalidad de mi sensación de diferencia a ser un niño adoptado transracial asiático, cuando en realidad, hay otro elemento muy grande del que yo no había sido consciente.

La mejor manera en la que puedo explicar mi identidad compleja es hablar de las capas de la cebolla–excepto que todas las capas están al mismo nivel. Soy asiático, soy adoptado, soy  adoptado transracial, soy gay, soy  inmigrante (no nacido en el país donde yo vivo y del que soy ciudadano). También soy padre, y periodista, y americano. Todas estas capas son verdaderas. Todas son elementos de mi identidad. Ninguna de ellas es “más importante” o “más significativa.” Simplemente existen, juntas, en mí. Y cada elemento afecta a los demás.

Un resultado muy importante de tener tantas identidades es que siempre me siento raro, diferente, alejado de los demás, incluso en grupos compuestos de miembros con una identidad común. Por ejemplo, en un grupo de hombres gay, yo podría ser el único hombre de color, y ciertamente el único adoptado transracial. En un grupo de adoptados transraciales, puedo ser el único hombre gay. En un grupo de padres, es posible que sea yo el único hombre gay. En un grupo de padres gay, yo podría ser el único hombre de color. (De hecho, soy miembro de un grupo de padres gay, y soy el único hombre de color, y también el único hombre que no estaba casado antes de salir del armario como gay).

Para alguien como yo,  adoptado transracial gay, es absolutamente imposible para mí  vivir en cualquier parte que no sea urbana, cosmopolita y tolerante–con la convivencia. Sólo puedo sentirme cómodo en un lugar (por tanto, CIUDAD) con gran diversidad. En este entorno, puedo sentirme apoyado y, sobre todo, puedo sentirme cómodo sabiendo que no estoy solo. Para aquellos de nosotros que tienen identidades múltiples y complejas, los espacios sociales en que nos podamos sentir cómodos son mucho menores. También tenemos que elegir a nuestros amigos, nuestras carreras, e incluso nuestros viajes, con más cuidado y más consideración

Todo dicho, tengo una vida maravillosa, y estoy muy agradecido por todo lo que ha sucedido. Es increíblemente importante no vernos como “víctimas”: no lo somos. Somos personas cuya vida será compleja y rica, con muchos elementos y capas. Y honestamente, en mi vida, cada cosa buena que me ha sucedido ha salido de la complejidad, la riqueza, e incluso las luchas de mi vida.

Carasucia

Un vídeo vale más que 1.000 palabras

¿Somos latinos?

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Cuando tenía 18 años me fui de Interrail por Europa con una amiga de la facultad. Llegamos hasta Estocolmo (que se convirtió en una de mis ciudades favoritas) y nos quedamos allí varios días.

Solíamos pasar por una plaza donde se concentraban chicos latinoamericanos que estudiaban cosas como prospección de pozos petrolíferos becados por la URSS (sí, aún existía la URSS. Y la Alemania del Este. Y Berlín tenía muro. Así de mayor soy). Muchos días nos sentábamos a charlar con ellos.

Un día yo dije:

Y ellos me preguntaron: ¿Ustedes se consideran latinos?

Y yo les dije: “Coño… ustedes son latinos porque nosotros somos latinos”.

Son latinos porque descienden de españoles y portugueses.

Nos une la lengua, los apellidos, la cultura, el catolicismo.

Latinos en oposición a sajones o norteeuropeos.

Latinos, del Sur de Europa, hablamos lenguas derivadas del latín, fuimos romanizados.

Latinos, los que somos morenos y pobres.

En la peluquería

M. es una mujer blanca, su marido es blanco aunque de piel más oscura, y su hijo, procedente de un país africano, es biracial (blanco y negro). Como muchas personas blancas, es la llegada de su hijo la que le ha hecho reflexionar sobre la raza… y generar un radar para detectar el racismo de baja intensidad. Que duele todavía más cuando toca a los nuestros. Como lo que le pasó un día cuando estaba en la peluquería.

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Mi marido siempre se ha considerado blanco. Pero desde que tenemos a nuestro hijo ha sido consciente de que en muchos contextos no es identificado como tal, por su color de piel, sus rasgos…no lo se.

Un día venían él y mi hijo a buscarme a la peluquería. La peluquera no los había visto antes. La puerta era de cristal y te la abren cuando llamas.

Llamaron y la peluquera y su ayudante miraron y les vieron a los dos. La ayudante pregunto: ¿qué hago? Yo no entendía, pero antes de que pudiera contestar, la peluquera dijo: haz como siempre, diles que no tenemos horas libres. (Cuando yo sabía que no había nadie después de mí).

Cuando vio mi cara reflejada en el espejo se dio cuenta de la cagada (ella sabía que tengo un hijo adoptivo de origen africano). Y en seguida dijo: ai! Que son tus… ohh! Disculpa!. Y les abrió la puerta.

Y eso en una peluquería tope cosmopolita, que siempre están viajando a Londres para reciclarse.

Que decir tiene que ya no volví más.

Pero me quedó claro la imagen que mi familia da cuando no les acompaño yo. Aunque mi marido no tiene familiares cercanos de otras etnias hasta donde ellos recuerdan.

Las niñas son así

G., una madre del anterior colegio, comparte en FB este reportaje de fotos titulado “las niñas también son así”.

Efectivamente, son ruidosas, activas, desinhibidas, risueñas, deportistas, luchadoras, valientes…

E incluso hay niñas que no son blancas, le digo.

En vez de ofenderse por mi comentario, o quitarle importancia, o relativizarlo, me dice que decidido añadir un poco de color al reportaje en B/N y ha buscado “black girl bold”, “black girl football”, “black girl naughty”, “chinese girl football”… y ha desistido: Todos son tetas y culos.

Muy revelador.

La madre de Juan Francisco

Es posible que hayáis visto a los padres adoptivos llorando desconsolados al ir a entregar al niño. A los vecinos y amigos manifestándose y pidiendo justicia (¿contra la propia justicia?). O hayáis oído al abogado defensor de los adoptantes arremeter contra la decisión judicial y la madre biológica.

Pero a mí la voz que más me ha impresionado es la de la madre de Juan Francisco.

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Mi nombre es María José Abeng Ayang.

Soy española, aunque mi piel sea negra. Nací en Guinea, y me vine con mi familia a España a la edad de dos años, acompañada de mi madre y mis dos hermanas. Mi madre vino a buscar un futuro mejor para sus hijas, y así crecí yo… en España… pensando que habíamos llegado por fin a nuestro país, al sueño prometido…

Fui al colegio aquí, hice mis amigas, mi mundo y me creí europea. Y digo esto porque, evidentemente, mi madre no tenía el mismo concepto (las niñas guineanas no salen de su casa, se acuestan a las 7 de la tarde, y no van al parque solas con sus amigas). Así que a los 11 años, creyéndome la reina del mundo, y ante todo europea, yo no podía “permitir”, que, mi madre decidiera que debía acostarme temprano o que no podía ponerme una ropa determinada, entre otras muchas cosas, porque repito, YO ERA EUROPEA.

Así que un día, se me ocurrió la “maravillosa” idea (recuerden que tenía 11 años) de acudir al puesto de la Guardia Civil, para que dijeran a mi madre que yo no era guineana. Pero no fue así. Desde la Guardia Civil, se avisó a los Servicios Sociales del Principado de Asturias, y ahí empezó algo… que no sé muy bien como describir. Quizá la palabra exacta sea “el infierno”. Quizá yo había muerto y había ido directamente al averno sin pasar por el purgatorio.

A partir de ese mismo día, me ingresaron en un centro de acogida. Y aunque mi madre, luchó y luchó por sacarme del centro… solo era una “pobre” mujer guineana, que vivía entre Suiza, (lugar donde trabaja mi padre como ingeniero), España, y Guinea….

Mi sueño europeo quedó relegado a vivir en un centro de acogida. Mis ideas de “princesa” se esfumaron y negando mi responsabilidad personal y achacando todos mis males a mi madre. La necesidad de justificación de todo lo que me estaba ocurriendo, me hizo llegar a interpretaciones distorsionadas de la realidad y crearme un mundo paralelo para no sufrir. Un mundo de fantasía e ilusión propio de una niña, donde soñaba que un príncipe azul venía a rescatarme, luchaba contra los dragones malvados que me habían encerrado y vivíamos felices y comíamos perdices para siempre.

Pero en ese punto, me quedé embarazada con 14 años, estando ingresada en el centro de acogida, de una persona que ni era príncipe, ni era azul… todo lo contrario. Ni siquiera supe que estaba embarazada, porque para aquel entonces el príncipe había desaparecido, y yo ya había decidido salvarme sola. A los 7 meses de embarazo, en una visita de fin de semana a mi casa, mi madre se dio cuenta que mi tripa no era normal, y me obligó a hacerme una prueba de embarazo.

Qué curioso que los Servicios Sociales, que querían protegerme de mi propia madre, (recuérdese que para ingresarme en un centro de menores, se me había declarado en desamparo), no pudieran protegerme ellos de un embarazo, y ni siquiera se dieran cuenta de que, una vida crecía dentro de mí.

Desde ese momento, cuando mi madre se enfrentó a los dragones pidiendo explicaciones del embarazo, se me dijo muy cordialmente que el niño iba a ser dado en adopción. Porque sí, era un varón y se llamaría Juan Francisco Abeng Ayang.

Pasé aquella noche, tragándome mi propia estupidez, y suplicando a “quien fuera”, Dios, la Virgen o todos los Santos… que no le dejara marcharse de mi lado, porque yo, ya le quería, porque un sentimiento nuevo había nacido dentro de mí, porque daría mi propia vida por ese niño que llevaba dentro, y porque descubrí que cuanto más amas, más puedes amar. Empecé a recontextualizar el tiempo, el lugar y la intención, y a sentir que ya no necesitaba “conseguir” nada. Ya lo tenía todo. Y me sentí feliz como nunca, por llevar ese niño en mis entrañas.

Pero esta idea, no gustó a quien me había desamparado amparándome, ni entraba en sus planes, que yo pudiera hablar más de la cuenta, y mucho menos que me quedara con mi hijo, … así que cuanto antes se deshicieran del mismo, mucho mejor…. No fuera a ser que yo destapara lo que no convenía, o “la guineana” de mi madre pudiera incluso pedir responsabilidad patrimonial de la Administración Pública. Así que, cuando empezaron los asistentes sociales y los educadores a “intentar” convencerme de que mi hijo DEBÍA SER dado en adopción, huí de España sola, embarazada de siete meses y medio hacia Guinea, ayudada por un tío mío.

Permanecí en Guinea, durante mes y medio… ojalá nunca hubiera vuelto. Pero el abogado de mi madre me convenció para que volviese, bajo la presión de que podría causarle problemas legales a mi madre, y con la premisa de que nunca permitiría que quitaran a mi hijo.

Y volví. Y me puse de parto. Y me hicieron una cesárea, el día 4 de junio de 2012… y ni tan siquiera me dejaron ver a mi hijo. Le sacaron del hospital al día siguiente, mientras yo me quedé siete días. No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo. Nadie me decía donde estaba, solo que le iban a dar en adopción. Me pasé siete días llorando sin parar, y cuando salí del hospital volví a “mi centro de acogida”.

Juan Francisco, en cambio, ya estaba en otro centro de acogida. Ni siquiera nos dejaron estar juntos. Me programaron unas visitas un día a la semana durante una hora, y aunque mi madre el día 22 de junio empezó a iniciar acciones legales, yo me sentía sumamente desprotegida por la Administración, que precisamente era quien debía protegerme.

A los seis meses me redujeron las visitas, a una hora al mes, y a los tres meses suspendieron todas las visitas. Ya no quería ser europea, solo quería estar con mi hijo. Me sentía tan “desamparada en mi desamparo”, qué pensé que Dios me había abandonado, y que ya no necesitaba ayuda de nadie, porque solo yo podía ayudarme.

Me hice un inventario interior, y aunque parecía que mi mundo se había paralizado, saqué fuerzas para recurrir desde el año 2012, todas y cada una de las resoluciones de la Consejería, buscando letrados de oficio, que actuaban como defensores judiciales, (recuérdese que yo tenía 15 años, y seguía tutelada), llegando a juicios, donde se dictaban sentencias en mi contra, por el único motivo que yo era menor, y estaba siendo tutelada. (Ahí están las sentencias por si alguien, antes de hablar y opinar quiere verlas).

Mi madre por su parte, empezó su propia guerra particular contra la Administración Pública, convirtiéndose en una “abuela molesta”, que presentaba escrito tras escrito y recurso tras recurso.

Oíganme… no lo hagan nunca. No molesten a la Administración Pública. No molesten a aquellos cuyos sueldos pagamos. No incomoden a aquellos que hemos votado, y que están para defender nuestros intereses. No lo hagan nunca, o los dragones se volverán contra ustedes. Alábenles y díganles lo bien que hacen su trabajo…. así les irá mucho mejor. Confíen en mi experiencia.

Y prueba de lo que hasta aquí he escrito, copio literalmente, una contestación que se me dio en el año 2013 por la Jefa de la Sección de Centros de Menores del Principado de Asturias, (hay muchas como esta) para que ustedes observen y lean: (Si alguien quiere leer más… hay unas cuantas tan “agradables” como esta:

«Asimismo se te habló de que existe un conflicto de intereses en esta administración pública que no pueda defender el derecho legítimo de JUAN FRANCISCO a tener unos padres y no crecer en un centro y, tu derecho como madre a tener relación, aunque sola, sin apoyos que te permitan convivir con familiares y, en un centro de protección, motivos por los que no tienes capacidad para asumir su crianza. Es por este motivo por el que se te ha nombrado una defensora legal, en concreto, la letrada….., para que ejerzas tu derecho a valorar qué hacer y, si lo deseas recurrir la Resolución de 5 de Febrero de 2013 de Inicio de Acogimiento Preadoptivo en Familia Ajena (cuya copia se adjunta).

También cabe la posibilidad, aunque no estés conforme con el acogimiento preadoptivo de tu hijo, de que no recurras al entender que lo mejor para tu bebé es tener unos padres que le puedan dar todo lo que tu querrías pero no estás en condiciones de darle y, que te despidas llegado el caso de JUAN FRANCISCO».

Mi mundo se desmoronó. Durante meses, caí en una profunda depresión, más cuando abogado tras abogado, ninguno conseguía vencer al dragón gigante.

Fueron años de peleas en tribunales, de cerrarme la puerta en las narices, de incomprensión, de crueldad despiadada. Y les digo: No. Nunca he bebido, como se ha atrevido a decir el Sr. Vila, nunca he fumado, nunca me he drogado, ni nunca me han maltratado. Aquí está mi cuerpo para hacerme las pruebas que consideren. No me QUITARON A MI HIJO por tener mala vida ¿Qué mala vida podría haber tenido interna en un centro de acogida con 14 años? ¿Se preocuparon en cambio de si el padre, estaba en el propio centro? ¿Si pertenecía a esa Administración que intentaba tapar el sol con un dedo, dando a mi hijo en adopción para así acallar a una pobre niña guineana? Tranquilo Dragón. Mi hijo no tiene padre. Tiene madre, y soy YO.

Pero Dios, es grande, y nunca nos falla. Y a mí me puso un ángel en mi camino. Mi abogada, Nieves Ibáñez Mora, quien por primera vez se interesó por mi caso, y se pasó noches y noches en vela, estudiando aquel expediente enrevesado, descolocado y sin principio ni fin. Y tras dos nuevos juicios y dos años nuevos años de lucha, la Audiencia Provincial de Oviedo, con el apoyo de TRES PERITOS (dos psicólogos, Doña Elena Aza, Don Carlos Castellanos y una trabajadora social), estimó la aberración que se había hecho conmigo desde que me privaron de mi hijo. Sí Sr. Vila, no mienta más. TRES PERITOS, NO UNO COMO USTED VA CONTANDO. La sentencia está a disposición de quien quiera leerla, porque es demoledora respecto a la Administración Pública, y al trato que se me dio en lo que respecta a mi hijo.

No voy a entrar Sr. Vila, en su doble moral de representar a madres biológicas para recuperar a sus hijos, y ahora … curiosamente el caso contrario. Tampoco en los libros que usted escribe, sobre el mal funcionamiento del sistema, y los niños robados. Pero no voy a permitir, una difamación más, por su parte.

En cuanto a que mi hijo necesitaba una adaptación antes de ser entregado, estoy totalmente de acuerdo. Por eso, después de dilatar el proceso de entrega día tras día, el Juzgado instó la entrega el día 8 de agosto de este año, señalando un acoplamiento propuesto por la Consejería de Asturias, desde el día 3 al 8. Y allí nos vimos mi abogada y yo el día 2 de agosto en Valencia, para que el día 3 no se presentaran los padres de acogida. Tampoco lo hicieron ni el 4, ni el 5, ni el 6, ni el 7 ni el día 8 (día en el que acudieron desde Asturias tres técnicos de la Consejería de Servicios Sociales de Asturias a Valencia, para acudir la entrega y se fueron como vinieron). Cada día, era una tortura, como si me clavaran un puñal en el centro del corazón. Discutí hasta con mi abogada, quien me relegaba a la calma y yo solo podía pensar dónde estaría mi hijo. Nos quedamos en Valencia, mi abogada y yo hasta el día 12, suplicando una respuesta, y un poco de piedad. Pero… nos volvimos 14 horas en tren hasta Asturias, con el coche de la Patrulla Canina que había comprado para mi hijo, un montón de tortugas Ninja, (que no pararon de sonar en las 14 horas de viaje), y el corazón roto, amén de la incertidumbre de si los padres de acogida habían desaparecido para siempre y jamás volvería a ver a mi hijo. Ni una sola palabra de aliento hubo por su parte, ni un mínimo de compasión.

Buscados los padres de acogida por las fuerzas de seguridad, para el cumplimiento de una sentencia (que digo yo, que las sentencias tienen que ser cumplidas por todos, como yo las cumplí en su momento, desde cuando me denegaron desde las visitas hasta la última resolución judicial), y constando los padres de acogida oficialmente como “desaparecidos”, se dictó por el Juzgado una orden de “búsqueda y localización” de los mismos.

Localizados los padres de acogida por la Guardia Civil, el 5 de septiembre (casi nada ¿verdad?, solo un mes en el que yo creí morir de angustia pensando en qué jamás volvería a ver a mi hijo, que se habían ido de España, y miles de cosas más que pasaron por mi cabeza…), mi abogada se puso en contacto con el Sr. Vila, para realizar un plan de adaptación, desde el día 7 de septiembre (que yo, me volví a personar en Valencia), hasta el día 12. Pero no. No podía ser así. Los padres de acogida se negaron, instándoles como último día la Guardia Civil el día 12, o en su caso proceder a su detención.

¿Y ahora vienen ustedes a hacer todo este circo mediático, el día 12, en el cuartel de la Guardia Civil, con ambulancia, manifestación, mentiras, calumnias y difamaciones… cuando yo podía haber instado su detención, negándome a ello por entender su propio dolor?

¿Y me encuentro que toda la prensa, televisión nacional y privada hablan de mí, sin saber lo ocurrido, lo que he pasado, y sin contrastar los hechos, guiados únicamente por lo que dicen los padres de acogida, que estaban legalmente desaparecidos?

¿Y sale en Televisión Española, el Sr. Fernando Onega, suplicando justicia, en una televisión que pagamos todos los españoles? ¿Justicia para quién? ¿Y qué sentido de la justicia mueve a estos padres, su interés o el del menor? ¿No es acaso el interés fundamental de cualquier persona, el conocer y estar con su familia de origen? ¿Justicia para quién, repito? Justicia, solo si les favorece… si no les favorece ¿se saltan la ley, la sentencia sin más y desaparecen? ¿qué justicia está pidiendo quien incumple la justicia?

¿Qué oscuro transfondo mediático esconde “mi caso”, que se ha hecho noticia a nivel nacional, como si hablásemos de una cuestión de interés nacional? ¿Se preocupa alguien de investigar si hay más casos como el mío, de negligencia de la Administración Pública, o de qué procedimiento se realiza para dar a los niños en acogida, o cómo se eligen a los padres de acogida? ¿Ustedes saben la cantidad de personas que se han puesto en contacto conmigo, por padecer un caso similar al mío? ¿Se preocupa alguien de ello?

¿Qué contactos tienen ustedes, para llegar a nivel nacional, y qué todos los medios de comunicación den la noticia de manera sesgada? ¿Hacer más mediático aún al Sr. Vila? ¿Defendemos los intereses de un niño, o queremos ganar nuevos casos para el despacho, y más dinero para embolsar?. ¿A qué responde esta manipulación de la opinión pública, más cuando en este país hablar es gratis?

Esta es mi historia. Mi triste historia documentada, y que la Audiencia Provincial supo valorar, con un expediente de muchos folios, y SÍ. Juan Francisco Aben Ayang, es mi hijo. Aunque se me privara de estar con el mismo durante cuatro años, ES MI HIJO. No soy alcohólica, ni drogadicta, ni tan siquiera fumo. No me maltratan ni me han maltratado jamás, como usted, Sr. Vila, osa decir. No me quitaron a mi hijo por llevar mala vida, porque yo era una niña custodiada, que vivía en un centro de acogida.

¿Acaso alguien ha preguntado por qué la Consejería en abuso permanente de su derecho, envío después de la sentencia a la Policía a mi casa, para preguntar a todos mis vecinos, si mi pareja me maltrataba? ¿Por qué después de dictarse sentencia a mi favor, me sigue la Policía y va a donde yo estudio? ¿Creen que voy semidesnuda por la calle y que bebo alcohol? Ya está bien, por Dios. Y si bebiera alcohol cuando salgo, que no es el caso, porque además no me gusta el alcohol, ¿qué? Tengo 19 años, soy mayor de edad y hasta ahora, no he tenido a mi hijo conmigo. ¿Ninguno de ustedes beben cuando salen? ¿Me van a demonizar por eso? Más cuando es incierto….

Difamar en este país, parece que resulta gratuito… de momento. Solo soy una chica española de origen guineano, que YA NO QUIERE SER EUROPEA, y que lo único que desea es estar feliz con su hijo. Hijo, que tiene una familia, unos abuelos, unos tíos, unos primos, y ante todo una madre. Y mi hijo, no se llama Joan (en valenciano), ni Xuanín en asturiano. Se llama Juan Francisco.

Solo tengo 19 años, pero la vida me ha curtido en la lucha con dragones. He llorado en estos cuatro años, tanto!!! que a veces pensaba que no tendría más lágrimas para llorar el resto de mi vida. Me equivoqué, Sr. Vila. Hoy viendo sus calumnias, he vuelto a llorar. Llorar de rabia, impotencia…. Preguntándome el por qué de tanto dolor hacia mí y hacia mi familia…. Y de alegría, de mucha alegría al abrazar de nuevo a mi hijo (que por cierto, es igual que yo… hasta tiene los mismos dientes separados que yo)…

No soy yo quien ha iniciado esto. No soy yo en quien tienen que volcar su rabia, su tristeza y su impotencia. Yo no les dí el niño en acogida. A mí, me lo arrebataron. No soy yo, quien les ha puesto en esta situación. Solo soy una madre que AMA por encima de todo a su hijo. Que no ha dejado de luchar por él, desde el mismo momento en el que supe me lo querían arrebatar… o ¿cree que me fue fácil huir a Guinea embarazada, con 14 años, para que no me lo quitaran?.

Lo que está claro es que no voy a renunciar a mi hijo, ni ahora ni nunca. Si no hubiera llegado a recuperarle…. Le buscaría cuando tuviera 18 años…. Y ¿Qué cree que opinaría Juan Francisco, cuando conozca toda mi historia, toda mi lucha contra los dragones?.

Gracias a todo aquel que se ha detenido en leer mi historia. Y por Dios… antes de opinar, conozcan la verdad.

P.D: El niño está bien. Tranquilo como soy yo, y como es él. Respétennos y déjennos disfrutar lo que se nos ha denegado por el dragón en estos cuatro años. Gracias.

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