familia monoparental y adopción

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No dormía el fascismo sino las personas blancas

En los últimos días, hemos vivido un repunte del fascismo. No me refiero al hecho de que personas teóricamente de izquierdas justifiquen la violencia policial (el “no haberse manifestado” ocupa el lugar de “no haber llevado minifalda”) e incluso se hayan destapado casi como herederos del franquismo… me refiero a la violencia física, la de los bates de béisbol y la mano alzada cantando el cara al sol.

¿Pero realmente está volviendo el fascismo? ¿O sólo se siente más libre? O, mejor aún, ¿no será que ahora golpea a personas a las que miramos?

Así lo ha escrito Alicia Murillo, y como yo no podría haberlo dicho mejor, se lo robo:

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¿Sabéis lo que nos pasa a todas las personas blancas que nos estamos llevando las manos a la cabeza por el “renacer” del fascismo? Que están empezando a hostiarnos a nosotrxs también. Hasta hace unas semanas la represión racista y nazi la sufrían sólo las personas racializadas por eso no nos parecía tan grave. Ahora decís: “Malditos catalanes, han despertado a los fascistas”. En realidad el fascismo no dormía, estaba bien despierto al lado de tu casa, en el aula de tu hija, en el despacho de enfrente, en la Moncloa, en el Parlamento…

Estaban bien despiertos negando asilos a refugiados, asesinando a seres humanos en el Mediterráneo, insultando a niñxs gitanxs en los patios de las escuelas, desconfiando de las familias multirraciales…

Sí, ahora los fascistas van además a manifestaciones y han pegado a unas decenas de personas blancas. Por miles en cambio se cuentan las racializadas perjudicadas por el racismo en los años de esta supuesta democracia y a muy pocxs vi actuar.

Más hostias mereceríamos todos los blancos indignados a los que hoy nos parece que el fascismo ha “renacido”, pero hostias de realidad porque, de verdad os lo digo, vivimos en las nubes, en unas muy blancas, tan tiernas y acogedoras como el algodón. Son las nubes del privilegio.

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Privilegio

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Debe hacer ¿20 años? salíamos N. y yo de ver una película de Spike Lee, no recuerdo el título y tampoco he sabido encontrarlo, y N. me dijo que le llamaba la atención tanta reflexión entorno a ser negro, que ella nunca había pensado sobre qué significa ser blanca. Quizás fue la primera vez que fui consciente de que muchas más veces reflexionamos sobre lo que nos hace distintos a lo establecido que a lo que nos hace pertenecer al grupo dominante. Los heterosexuales no se construyen entorno a su orientación sexual, ni las personas sin discapacidades sobre el hecho de ver, oír y andar sin problemas; ni los blancos sobre la raza.

Hasta que no tuve un hijo negro, no me planteé siquiera que existiera un White privilege.

¿Qué es un privilegio?

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Es ser blanco y pensar que el color de piel no tiene importancia. Es ser heterosexual y no ver que los impresos de matrícula del colegio discriminan a las familias donde no hay padre y madre. Es ser hombre y no tener miedo cuando vuelves solo y tarde a casa. Es estar en pareja y no ser consciente de lo injusto que es que los packs de los hoteles sean para dos adultos y un niño. Es tener las piernas sanas y no valorar la altura de los bordillos. Es ser cisexual y no plantearte que deba dejar de haber baños para hombres y baños para mujeres. Es tener una nacionalidad europea y no ver que tu cola en la Administración es más corta que la que hacen las personas con pasaporte extracomunitario. Es tener dinero para pagar el viaje de esquí de tus hijos y pensar que sus compañeros no se apuntan porque no les gusta la nieve.

Es no ver que lo que tú das por sentado, otros lo tienen que pelear hasta dejarse la piel.

Algo que solo se ve desde la posición no privilegiada

El metro y la vida

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Subo al metro, está bastante lleno.

A mi lado, una chica asiática lee un libro escrito con ideogramas. Me pregunto si se leen de arriba abajo o de abajo arriba, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda.

De pie enfrente de mí hay una mujer de unos cincuenta años, con hiyab y chilaba, cara severa. Me recuerda a las tías del Cuento de la Criada.

Alguien se levanta en la fila de enfrente, y la mujer se sienta, al lado de otra mujer, más joven, que también lleva hiyab. Me planteo si tendría lógica que dos mujeres con hiyab en un metro de gente con la cabeza descubierta sientan afinidad y se hablen aunque no se conozcan. Pero ellas, ajenas a mi lógica, miran al frente.

De pie al lado de la puerta, un chico negro, alto y delgado, con una perilla perfectamente recortada, escucha música en sus auriculares.

La chica del libro de ideogramas se levanta y ocupa su lugar una mujer de color chocolate y rasgos andinos.

Este es el día a día de un vagón de metro. Un 25%, 30% de personas no blancas.

Entonces, ¿por qué cuando entro en las tiendas, en el claustro de profesores, en la secretaría del Centro de Salud, en mi empresa… no sucede lo mismo?

¿Qué nos contarían las niñas y los niños negros?

I. es la madre (adoptiva) de F., un quasi adolescente nacido en Etiopía y que está creciendo en España. Esta es una reflexión de I. sobre las vivencias de F. que ha accedido a compartir con nosotros.

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Silvia Albert decía “Lejos han quedado los días en los que te pegaban una paliza sólo por ser negro, los días en los que te insultaban varias veces por la calle, los días en los que los skinhead te pegaban una paliza solo por ser negro… Ahora el racismo se ha vuelto mucho más sutil, son pocos los casos denunciados de agresiones directas, pero son infinitos los casos de agresiones sutiles, el racismo invisible nos rodea hasta que abrimos los ojos y entonces no podemos parar de verlo”.

Cuando leo, y leo mucho sobre estas cosas, pienso en lo que viven los niños y niñas negros….Aunque no lo sepas, aunque no lo creas. …..

El otro día, fue un día de esos…

10h. Atravesamos Blasco Ibañez para ir a la clínica odontológica universitaria. Los bares de las facultades llenos de gente. F observa. “ Mamá, ni un solo negro”.

10.15h. Lxs futurxs profesionales de la Odontología empiezan a jugar con el nombre de F. (entra solo), cambiando las letras, el orden…. Jugando con su nombre. Todo muy cariñoso… y molesto.

Pasa un niño negro por el pasillo….. lxs futurxs profesionales de la odontología, y actuales practicantes de la ignorancia supina, preguntan a F. “¿Es tu hermano?”.

17.30h. Tras la sesión de piscina. F. solo en el vestuario, con otros niños y niños acompañados de sus padres. Uno de ellos, un padre que pierde el norte, se dirige a F. y le dice. “Yo pensaba que iban a ponerte en el grupo de principiantes”. Y se quedó tan fresco.

Para muestras, un botón. Si los niños y las niñas lo escribieran…… veríamos lo mal que lo estamos haciendo como sociedad. No es sólo la calle…  es el colegio, es el aula…

Que España es un país racista sólo depende de nuestra capacidad de escucha, no mirar a otro lado, no relativizar, ni quitar importancia a lo que nosotrxs no vivimos.

Después del atentado

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El atentado nos encontró en Barcelona, lejos del lugar de los hechos (si es que se puede estar lejos en una ciudad como Barcelona), pero igual nos golpeó.

La calle en la que he trabajado 20 años, el trayecto por el que volvía a casa, la hora de salir a recoger a los niños.

Primero fueron las llamadas y los Whatsapps, la búsqueda de noticias, las preguntas. El silencio de la piscina mientras la gente iba marchándose a sus casas. Después, las sirenas de ambulancia a lo largo y ancho del barrio. Y el helicóptero sobrevolando nuestra terraza toda la noche.

¿Podemos dormir contigo?

Y luego llegó el momento de hablar. La conversación que siempre hay que tener con los niños, qué ha pasado, por qué, quiénes eran, qué querían, qué pasará ahora.

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Pero también otra conversación que tenemos que tener cuando nuestros hijos tienen un origen que les conecta con los terroristas: la de las burradas que van a oír a partir de este momento, más todavía. El “puto moro”, “vete a tu país”, “es que no se integran”…

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Pero hay una tercera conversación de la que no he sido consciente hasta que han ido pasando los días y goteando las informaciones, y hemos sabido que los terroristas son chavales, niños en algunos casos, muy parecidos a los nuestros: niños que iban al colegio y jugaban al fútbol, y se encontraban en un casal en el que nadie imaginó siquiera que algo así fuera a pasarles por la cabeza… ¿Hasta qué punto pueden convertirse nuestros hijos en el caldo de cultivo de los radicales que puedan querer aprovecharse de sus dudas identitarias y sus arraigos inseguros para sembrar en sus cabezas la ilusión de pertenecer a algo o alguien?

Cinco letras

Hace poco cayó en mis manos – ante mis ojos – esta entrada de un blog que no conocía.

No es nueva, pero por desgracia, hay cosas que no cambian.

 

Cuando era pequeño, no tenía cuerpo. Mi cuerpo estaba hecho de impulsos, emociones, deseos. No era sólido, sino fluido: como niebla recién nacida con el día. Como lo son todos los niños. O deberían serlo.

Pero pronto las conocí: a esas cinco letras.

Ya siendo pequeño, empezó la caza. Tres años; preescolar. De esa época no guardamos más que unos pocos recuerdos, y yo guardo este: cinco cuchilladas, cinco armas arrojadizas.

Y aún se preguntan si un niño puede ser cruel.

Desde entonces, las he oído demasiadas veces. En boca de conocidos y de extraños, en el colegio y en la calle. De pie o postrado de rodillas, en miradas y en corros de risas. Me las han gritado de lejos, me las han escupido en la cara. También he oído su silencio: ausencias eufemísticas cuando estás cerca. Ojos que te preguntan, y tú de dónde eres. De aquí, señor. Este es mi país.

Pero eso no es lo peor. Lo peor llega el día en el que aparecen escritas en el espejo; esas cinco hijas de puta. Y no con vaho, sino con algo que no se borra aunque pases la mano. No salen de otras bocas, sino de la tuya. No están en otros ojos, sino en los tuyos. Lo peor llega el día en el que ya no eres un niño. En el que la niebla se levanta, y qué ves. Una cara, un cuerpo que duele. Que quema. Y que nadie podrá amar porque no lo merece. Porque no es como debe ser, porque está mal hecho. Que será tu cárcel hasta el fin de tus días.

¿Cuánto daño pueden hacer cinco letras?

¿Cuántas palabras hacen falta para vencerlas?

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

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