familia monoparental y adopción

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Espacio seguro

Siempre he pensado que los padres y madres blancos que criamos a hijos negros (hijos racializados en general) tenemos una enorme desventaja respecto a las familias negras que crían hijos de su mismo color: no hemos vivido en propia piel el racismo y la discriminación que nuestros hijos sufran. Alguien me hizo notar hace un tiempo que tenemos, o podemos tener, ciertas ventajas sobre las familias racializadas: en muchos casos, ellos tampoco están entrenados a sufrir racismo porque vienen de lugares donde no lo sufrían y, además de no poder darle a sus hijos las herramientas necesarias, su situación de desventaja no les permite sentirse empoderados y son menos feroces al reclamar sus derechos.

Festival Nyansapo

Esto puede ser cierto. Pero los niños que crecen en familias de su mismo color, siempre tienen algo de lo que nuestros hijos, muchas veces, carecen: un espacio seguro. Un espacio donde no son los únicos negros, donde no se sienten amenazados, donde pueden compartir vivencias sabiendo que no serán malinterpretados o incomprendidos, donde no escucharán comentarios racistas emitidos desde la ignorancia o el desconocimiento, donde no serán juzgados.

Un espacio que ocupa el mismo lugar que los locales de ambiente pueden tener en la comunidad LGTBI, las asociaciones feministas para las mujeres, y en general, en cualquier grupo minoritario o discriminado. Como se cuenta en este artículo, son espacios que se construyen sobre la base de experiencias de lucha verdaderas y no reflejan estructuras de poder ya existentes, sino que intentan subvertirlas.

Un oasis como el que decenas de jóvenes LGTBI han encontrado en estas colonias donde, como ellos mismos explican, han podido ser ellos mismos.

 

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Desencajada

Al hilo de la última entrada, sobre diversidad familiar, publico esta reflexión de A., madre en una familia que no podría contener más diversidad.

Todos queremos encajar en algún sitio, encontrar nuestro lugar en el mundo. Pero a veces no es fácil. A veces es muy, muy difícil.

 

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En el grupo de Familias de Niñ@s Transexuales soy la única madre de una niña trans fluida no binaria y no blanca; en el grupo de Altas Capacidades soy la única con hijos adoptados, con una hija trans, con hijos negros; en el grupo de Homeschooling, la única monoparental y con una hija trans; en el grupo de Feministas soy la única monoparental por decisión propia y la única adoptiva, la única con hijos negros.

Si vas con familias adoptivas te dicen cosas como: ¿y le ha cogido muy fuerte esto de ser una niña? Ya se le pasará… y cuando estás con familias trans que entienden, tienes que aguantar comentarios del tipo: Siempre he querido adoptar pero… Qué buena acción, te has ganado el cielo, qué suerte han tenido… y cuando no, piensas que quizás has encontrado el lugar, entonces se cuestiona por qué se tiene que hacer diferencia con las familias monoparentales si hay biparentales que tienen solo un sueldo.

Hay una insensibilidad general hacia aquello que no te afecta

Y ya no entro cuando  en un grupo, para defender al colectivo LGTBI, hay comentarios racistas; o en cuando en otro, para defender a las personas racializadas, son contra los colectivos LGTBI; o cuando en todos hay contra quien no cumple los estándares o que no siguen un modelo concreto. Y esto cuando no es insensibilidad sino fobia, porque el grupo no va de eso, y por tanto, se puede expresar tranquilamente.

Estas líneas, sorprendentemente, nadie tiene problemas en traspasarlas.

Hay que volver a leer a Tintín

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Dicen que el mundo se divide entre los que aman a Astérix y los que aman a Tintín.

Yo siempre he sido de Tintín. Aprecio las historias de Astérix, el humor, los dobles sentidos, la amistad entre los protagonistas… pero en mi casa éramos de Tintín. En casa de mis abuelos había los Tintíns franceses que mi madre y mi tío leían de pequeños, y en casa de mis padres fueron entrando, uno a uno, los Tintíns publicados en catalán.

Incluidos los que estaban fuera de las colección y varios libros que hablaban de los libros de Tintín.

Sus historias se transmitían en mi casa de generación en generación. Le poníamos música al aria de las joyas de la Castafiore. Usábamos las blasfemias delirantes de Haddock. Repetíamos las frases de hechas de Dupond y Dupont.

Pero cuando llegó B. pensé que igual no era consciente del racismo que tenían estos libros que leí en mi infancia. Que así como su machismo no se me escapaba ni a los 10 años, el racismo igual me había pasado desapercibido.

Y volví a léermelos con atención.

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Y descubrí algo: lo que cuenta Tintín, en casi todos sus libros (exceptuando el del Congo, que es racista sin paliativos) habla de la desconfianza y desconocimiento hacia los demás. Cuenta cómo dos colectivos tienen prejuicios el uno hacia el otro y por esto no se relacionan y usan todo lo que sucede para alimentar estos prejuicios. Para seguir sin entenderse.

Tintín es el personaje que se atreve a cuestionar los prejuicios y acercarse a la gente distinta…

…para descubrir que son como él.

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Me parece importante aprender esto.

Hoy más que nunca.

No dormía el fascismo sino las personas blancas

En los últimos días, hemos vivido un repunte del fascismo. No me refiero al hecho de que personas teóricamente de izquierdas justifiquen la violencia policial (el “no haberse manifestado” ocupa el lugar de “no haber llevado minifalda”) e incluso se hayan destapado casi como herederos del franquismo… me refiero a la violencia física, la de los bates de béisbol y la mano alzada cantando el cara al sol.

¿Pero realmente está volviendo el fascismo? ¿O sólo se siente más libre? O, mejor aún, ¿no será que ahora golpea a personas a las que miramos?

Así lo ha escrito Alicia Murillo, y como yo no podría haberlo dicho mejor, se lo robo:

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¿Sabéis lo que nos pasa a todas las personas blancas que nos estamos llevando las manos a la cabeza por el “renacer” del fascismo? Que están empezando a hostiarnos a nosotrxs también. Hasta hace unas semanas la represión racista y nazi la sufrían sólo las personas racializadas por eso no nos parecía tan grave. Ahora decís: “Malditos catalanes, han despertado a los fascistas”. En realidad el fascismo no dormía, estaba bien despierto al lado de tu casa, en el aula de tu hija, en el despacho de enfrente, en la Moncloa, en el Parlamento…

Estaban bien despiertos negando asilos a refugiados, asesinando a seres humanos en el Mediterráneo, insultando a niñxs gitanxs en los patios de las escuelas, desconfiando de las familias multirraciales…

Sí, ahora los fascistas van además a manifestaciones y han pegado a unas decenas de personas blancas. Por miles en cambio se cuentan las racializadas perjudicadas por el racismo en los años de esta supuesta democracia y a muy pocxs vi actuar.

Más hostias mereceríamos todos los blancos indignados a los que hoy nos parece que el fascismo ha “renacido”, pero hostias de realidad porque, de verdad os lo digo, vivimos en las nubes, en unas muy blancas, tan tiernas y acogedoras como el algodón. Son las nubes del privilegio.

Privilegio

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Debe hacer ¿20 años? salíamos N. y yo de ver una película de Spike Lee, no recuerdo el título y tampoco he sabido encontrarlo, y N. me dijo que le llamaba la atención tanta reflexión entorno a ser negro, que ella nunca había pensado sobre qué significa ser blanca. Quizás fue la primera vez que fui consciente de que muchas más veces reflexionamos sobre lo que nos hace distintos a lo establecido que a lo que nos hace pertenecer al grupo dominante. Los heterosexuales no se construyen entorno a su orientación sexual, ni las personas sin discapacidades sobre el hecho de ver, oír y andar sin problemas; ni los blancos sobre la raza.

Hasta que no tuve un hijo negro, no me planteé siquiera que existiera un White privilege.

¿Qué es un privilegio?

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Es ser blanco y pensar que el color de piel no tiene importancia. Es ser heterosexual y no ver que los impresos de matrícula del colegio discriminan a las familias donde no hay padre y madre. Es ser hombre y no tener miedo cuando vuelves solo y tarde a casa. Es estar en pareja y no ser consciente de lo injusto que es que los packs de los hoteles sean para dos adultos y un niño. Es tener las piernas sanas y no valorar la altura de los bordillos. Es ser cisexual y no plantearte que deba dejar de haber baños para hombres y baños para mujeres. Es tener una nacionalidad europea y no ver que tu cola en la Administración es más corta que la que hacen las personas con pasaporte extracomunitario. Es tener dinero para pagar el viaje de esquí de tus hijos y pensar que sus compañeros no se apuntan porque no les gusta la nieve.

Es no ver que lo que tú das por sentado, otros lo tienen que pelear hasta dejarse la piel.

Algo que solo se ve desde la posición no privilegiada

El metro y la vida

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Subo al metro, está bastante lleno.

A mi lado, una chica asiática lee un libro escrito con ideogramas. Me pregunto si se leen de arriba abajo o de abajo arriba, de izquierda a derecha o de derecha a izquierda.

De pie enfrente de mí hay una mujer de unos cincuenta años, con hiyab y chilaba, cara severa. Me recuerda a las tías del Cuento de la Criada.

Alguien se levanta en la fila de enfrente, y la mujer se sienta, al lado de otra mujer, más joven, que también lleva hiyab. Me planteo si tendría lógica que dos mujeres con hiyab en un metro de gente con la cabeza descubierta sientan afinidad y se hablen aunque no se conozcan. Pero ellas, ajenas a mi lógica, miran al frente.

De pie al lado de la puerta, un chico negro, alto y delgado, con una perilla perfectamente recortada, escucha música en sus auriculares.

La chica del libro de ideogramas se levanta y ocupa su lugar una mujer de color chocolate y rasgos andinos.

Este es el día a día de un vagón de metro. Un 25%, 30% de personas no blancas.

Entonces, ¿por qué cuando entro en las tiendas, en el claustro de profesores, en la secretaría del Centro de Salud, en mi empresa… no sucede lo mismo?

¿Qué nos contarían las niñas y los niños negros?

I. es la madre (adoptiva) de F., un quasi adolescente nacido en Etiopía y que está creciendo en España. Esta es una reflexión de I. sobre las vivencias de F. que ha accedido a compartir con nosotros.

La imagen puede contener: una o varias personas y personas de pie

Silvia Albert decía “Lejos han quedado los días en los que te pegaban una paliza sólo por ser negro, los días en los que te insultaban varias veces por la calle, los días en los que los skinhead te pegaban una paliza solo por ser negro… Ahora el racismo se ha vuelto mucho más sutil, son pocos los casos denunciados de agresiones directas, pero son infinitos los casos de agresiones sutiles, el racismo invisible nos rodea hasta que abrimos los ojos y entonces no podemos parar de verlo”.

Cuando leo, y leo mucho sobre estas cosas, pienso en lo que viven los niños y niñas negros….Aunque no lo sepas, aunque no lo creas. …..

El otro día, fue un día de esos…

10h. Atravesamos Blasco Ibañez para ir a la clínica odontológica universitaria. Los bares de las facultades llenos de gente. F observa. “ Mamá, ni un solo negro”.

10.15h. Lxs futurxs profesionales de la Odontología empiezan a jugar con el nombre de F. (entra solo), cambiando las letras, el orden…. Jugando con su nombre. Todo muy cariñoso… y molesto.

Pasa un niño negro por el pasillo….. lxs futurxs profesionales de la odontología, y actuales practicantes de la ignorancia supina, preguntan a F. “¿Es tu hermano?”.

17.30h. Tras la sesión de piscina. F. solo en el vestuario, con otros niños y niños acompañados de sus padres. Uno de ellos, un padre que pierde el norte, se dirige a F. y le dice. “Yo pensaba que iban a ponerte en el grupo de principiantes”. Y se quedó tan fresco.

Para muestras, un botón. Si los niños y las niñas lo escribieran…… veríamos lo mal que lo estamos haciendo como sociedad. No es sólo la calle…  es el colegio, es el aula…

Que España es un país racista sólo depende de nuestra capacidad de escucha, no mirar a otro lado, no relativizar, ni quitar importancia a lo que nosotrxs no vivimos.

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