familia monoparental y adopción

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Cinco letras

Hace poco cayó en mis manos – ante mis ojos – esta entrada de un blog que no conocía.

No es nueva, pero por desgracia, hay cosas que no cambian.

 

Cuando era pequeño, no tenía cuerpo. Mi cuerpo estaba hecho de impulsos, emociones, deseos. No era sólido, sino fluido: como niebla recién nacida con el día. Como lo son todos los niños. O deberían serlo.

Pero pronto las conocí: a esas cinco letras.

Ya siendo pequeño, empezó la caza. Tres años; preescolar. De esa época no guardamos más que unos pocos recuerdos, y yo guardo este: cinco cuchilladas, cinco armas arrojadizas.

Y aún se preguntan si un niño puede ser cruel.

Desde entonces, las he oído demasiadas veces. En boca de conocidos y de extraños, en el colegio y en la calle. De pie o postrado de rodillas, en miradas y en corros de risas. Me las han gritado de lejos, me las han escupido en la cara. También he oído su silencio: ausencias eufemísticas cuando estás cerca. Ojos que te preguntan, y tú de dónde eres. De aquí, señor. Este es mi país.

Pero eso no es lo peor. Lo peor llega el día en el que aparecen escritas en el espejo; esas cinco hijas de puta. Y no con vaho, sino con algo que no se borra aunque pases la mano. No salen de otras bocas, sino de la tuya. No están en otros ojos, sino en los tuyos. Lo peor llega el día en el que ya no eres un niño. En el que la niebla se levanta, y qué ves. Una cara, un cuerpo que duele. Que quema. Y que nadie podrá amar porque no lo merece. Porque no es como debe ser, porque está mal hecho. Que será tu cárcel hasta el fin de tus días.

¿Cuánto daño pueden hacer cinco letras?

¿Cuántas palabras hacen falta para vencerlas?

This is us

Hemos empezado a ver la serie “This is us”, muy recomendada por personas del entorno adoptivo.

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Es la historia de tres hermanos, desde el día de su nacimiento hasta los 36 años. Un trío de hermanos peculiar, porque los padres, que esperaba trillizos, perdieron a uno de los chicos al nacer y decidieron adoptar a un recién nacido negro cuya madre había muerto en el parto y que compartía nursery con sus hijos.

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Los “Big Three” crecen como hermanos en una familia transracial, adoptiva, numerosa, caótica… y afrontan muchas de las situaciones que vivimos en nuestras familias. Los duelos sin resolver, la vuelta que da la vida al convertirnos en padres y madres, la complejidad de criar a niños con realidades y necesidades muy distintas, los falsos gemelos la falta de referentes raciales, las dificultades para peinar el pelo afro, las dificultades para vincularse, la (no) relación con la familia de origen, los secretos, las mentiras y los silencios, el racismo de baja intensidad (y el de alta), la necesidad del adoptado de ser aceptado, su fragilidad,  las dificultades de crianza numerosa, los celos, el buscar espacios para cada uno, el agotamiento, las peleas entre los chicos…

Llevamos 8 capítulo, y subiendo.

No dejen de verla.

Identidad y capas

Hace algún tiempo conocí en las redes a M., adoptado transracial adulto y gay, muy activo en muchos grupos de adopción. Siempre aporta puntos de vista interesantes, de los que ayudan a crecer. Como esta reflexión sobre la identidad, las diferencias y las capas:

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Nací en Corea del Sur y fui adoptado, junto con mi hermano gemelo, de bebé. Crecí en el Medio-Oeste de los Estados Unidos, y he vivido en Chicago durante muchos años. Cuando era niño, atribuía todo mi sentido de “originalidad” a ser asiático, y a ser adoptado transracial. Cuando tenía 18 años, salí del armario como gay en mi primer año en la universidad. Mi hermano gemelo, también se reveló como gay al mismo tiempo. Hace 20 años se dio cuenta de que era transgénero, y ahora vive como una mujer.

Ser gay y ser adoptado, y el hecho de ser un adoptado transracial, significa tener varias capas en la identidad, varios elementos. Es muy complejo.

Los niños y los adolescentes de ahora se están desarrollando psicológicamente y socialmente  a edades más tempranas de lo que lo hicimos en mi generación; y están expuestos a muchas más influencias sociales. Lo bueno de ahora es que hay tantas fuentes de información y entretenimiento disponibles. En el momento en que yo estaba creciendo en Milwaukee, Wisconsin, en los años 1960 y 1970, la homosexualidad nunca se hablaba, salvo en susurros asustados y ansiosos, o se mencionaba en relación con el delito o la cárcel. De hecho, yo apenas sabía que existía antes de ir a la universidad. Y me di cuenta después de salir del armario que yo había atribuido la totalidad de mi sensación de diferencia a ser un niño adoptado transracial asiático, cuando en realidad, hay otro elemento muy grande del que yo no había sido consciente.

La mejor manera en la que puedo explicar mi identidad compleja es hablar de las capas de la cebolla–excepto que todas las capas están al mismo nivel. Soy asiático, soy adoptado, soy  adoptado transracial, soy gay, soy  inmigrante (no nacido en el país donde yo vivo y del que soy ciudadano). También soy padre, y periodista, y americano. Todas estas capas son verdaderas. Todas son elementos de mi identidad. Ninguna de ellas es “más importante” o “más significativa.” Simplemente existen, juntas, en mí. Y cada elemento afecta a los demás.

Un resultado muy importante de tener tantas identidades es que siempre me siento raro, diferente, alejado de los demás, incluso en grupos compuestos de miembros con una identidad común. Por ejemplo, en un grupo de hombres gay, yo podría ser el único hombre de color, y ciertamente el único adoptado transracial. En un grupo de adoptados transraciales, puedo ser el único hombre gay. En un grupo de padres, es posible que sea yo el único hombre gay. En un grupo de padres gay, yo podría ser el único hombre de color. (De hecho, soy miembro de un grupo de padres gay, y soy el único hombre de color, y también el único hombre que no estaba casado antes de salir del armario como gay).

Para alguien como yo,  adoptado transracial gay, es absolutamente imposible para mí  vivir en cualquier parte que no sea urbana, cosmopolita y tolerante–con la convivencia. Sólo puedo sentirme cómodo en un lugar (por tanto, CIUDAD) con gran diversidad. En este entorno, puedo sentirme apoyado y, sobre todo, puedo sentirme cómodo sabiendo que no estoy solo. Para aquellos de nosotros que tienen identidades múltiples y complejas, los espacios sociales en que nos podamos sentir cómodos son mucho menores. También tenemos que elegir a nuestros amigos, nuestras carreras, e incluso nuestros viajes, con más cuidado y más consideración

Todo dicho, tengo una vida maravillosa, y estoy muy agradecido por todo lo que ha sucedido. Es increíblemente importante no vernos como “víctimas”: no lo somos. Somos personas cuya vida será compleja y rica, con muchos elementos y capas. Y honestamente, en mi vida, cada cosa buena que me ha sucedido ha salido de la complejidad, la riqueza, e incluso las luchas de mi vida.

Carasucia

Un vídeo vale más que 1.000 palabras

¿Somos latinos?

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Cuando tenía 18 años me fui de Interrail por Europa con una amiga de la facultad. Llegamos hasta Estocolmo (que se convirtió en una de mis ciudades favoritas) y nos quedamos allí varios días.

Solíamos pasar por una plaza donde se concentraban chicos latinoamericanos que estudiaban cosas como prospección de pozos petrolíferos becados por la URSS (sí, aún existía la URSS. Y la Alemania del Este. Y Berlín tenía muro. Así de mayor soy). Muchos días nos sentábamos a charlar con ellos.

Un día yo dije:

Y ellos me preguntaron: ¿Ustedes se consideran latinos?

Y yo les dije: “Coño… ustedes son latinos porque nosotros somos latinos”.

Son latinos porque descienden de españoles y portugueses.

Nos une la lengua, los apellidos, la cultura, el catolicismo.

Latinos en oposición a sajones o norteeuropeos.

Latinos, del Sur de Europa, hablamos lenguas derivadas del latín, fuimos romanizados.

Latinos, los que somos morenos y pobres.

En la peluquería

M. es una mujer blanca, su marido es blanco aunque de piel más oscura, y su hijo, procedente de un país africano, es biracial (blanco y negro). Como muchas personas blancas, es la llegada de su hijo la que le ha hecho reflexionar sobre la raza… y generar un radar para detectar el racismo de baja intensidad. Que duele todavía más cuando toca a los nuestros. Como lo que le pasó un día cuando estaba en la peluquería.

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Mi marido siempre se ha considerado blanco. Pero desde que tenemos a nuestro hijo ha sido consciente de que en muchos contextos no es identificado como tal, por su color de piel, sus rasgos…no lo se.

Un día venían él y mi hijo a buscarme a la peluquería. La peluquera no los había visto antes. La puerta era de cristal y te la abren cuando llamas.

Llamaron y la peluquera y su ayudante miraron y les vieron a los dos. La ayudante pregunto: ¿qué hago? Yo no entendía, pero antes de que pudiera contestar, la peluquera dijo: haz como siempre, diles que no tenemos horas libres. (Cuando yo sabía que no había nadie después de mí).

Cuando vio mi cara reflejada en el espejo se dio cuenta de la cagada (ella sabía que tengo un hijo adoptivo de origen africano). Y en seguida dijo: ai! Que son tus… ohh! Disculpa!. Y les abrió la puerta.

Y eso en una peluquería tope cosmopolita, que siempre están viajando a Londres para reciclarse.

Que decir tiene que ya no volví más.

Pero me quedó claro la imagen que mi familia da cuando no les acompaño yo. Aunque mi marido no tiene familiares cercanos de otras etnias hasta donde ellos recuerdan.

Las niñas son así

G., una madre del anterior colegio, comparte en FB este reportaje de fotos titulado “las niñas también son así”.

Efectivamente, son ruidosas, activas, desinhibidas, risueñas, deportistas, luchadoras, valientes…

E incluso hay niñas que no son blancas, le digo.

En vez de ofenderse por mi comentario, o quitarle importancia, o relativizarlo, me dice que decidido añadir un poco de color al reportaje en B/N y ha buscado “black girl bold”, “black girl football”, “black girl naughty”, “chinese girl football”… y ha desistido: Todos son tetas y culos.

Muy revelador.

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