familia monoparental y adopción

Archivo para mayo, 2017

Aborto, subrogación y cuerpos

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Hemos debatido  en otras ocasiones sobre maternidad subrogada o vientre de alquiler, así que mi postura ya la conocéis. En estos últimos días he participado ampliamente en un par de discusiones sobre el asunto, y me ha chocado mucho uno de los argumentos que se utilizan para defender la maternidad subrogada: el derecho de las mujeres a decidir sobre el propio cuerpo.

Y comparan la lucha por el derecho al aborto con la lucha por legalizar la gestación subrogada.

¿Deciden las mujeres que gestan criaturas para otras personas sobre su cuerpo? ¿Qué capacidad de decisión tienen mujeres pobres de países pobres, donde raramente se respetan los Derechos Humanos y muchos menos los Derechos de la Mujeres? La desigualdad está siempre (o digamos casi siempre) detrás del vientre de alquiler. La desigualdad, el machismo y la pobreza. Si fuera altruismo, veríamos mujeres ricas (o de países ricos) gestando bebés para mujeres pobres pro-bono.

Y las que viven en países ricos, estas “mujeres norteamericanas blancas con buen estatus económico” de las que siempre nos hablan cuando nos hablan de subrogación… ¿qué, cuánto, hasta dónde deciden? Si de defender su capacidad de decisión se tratara, no habría contratos draconianos que obligan o impiden a la mujer gestante abortar en determinadas circunstancias, que las obligan o les impiden hacer una reducción embrionaria cuando gestan determinado número de embriones, que incluso regulan qué pueden comer, cuándo pueden tener relaciones sexuales, qué día van a dar a luz y qué tipo de parto van a tener…

¿De verdad deciden… o todas las decisiones las toman los que las contratan, los que usan su cuerpo?

Usan para reivindicar la subrogación el derecho de las mujeres a usar su cuerpo para lo que quieran, pero les obligan a firmar contratos draconianos por los cuáles, incluso si han decidido antes, no pueden hacerlo después.

Lo sabían cuando firmaron el contrato, nos dicen. Lo han firmado libremente.

Si firmas un contrato en el que te comprometes a trabajar 20 horas al día, obedecer a tu empresario en todo lo que te pida, comer lo que te diga y tener relaciones sexuales cuando te diga, este sería un contrato de nulo derecho desde el principio, porque la ley te protege contra los abusos. Pero suponiendo que libremente decidieras firmarlo… podrías dejarlo en cualquier momento que decidas sin que te pudieran obligar a seguir con el trabajo esclavo, ni te obligaran a indemnizar al empresario con más dinero del que tienes. Pidamos para las mujeres que gestan al menos los mismos derechos que los que nos da la legislación laboral.

Subrogar tu cuerpo es vender la renuncia a su derecho a elegir

¿De verdad se puede comparar la defensa del cuerpo y las decisiones sobre él en el caso del aborto y en el caso de la subrogación?

Usar el “nosotras parimos, nosotras decidimos” para defender la gestación subrogada me parece obsceno.

Mientras que en el caso del aborto, esta defensa viene de las mujeres, en el caso de la gestación subrogada viene de sus clientes y las empresas que sacan tajada. Seguro que no han visto ninguna manifestación de mujeres exigiendo embarazarse y parir para otros.

Se equiparan el derecho al aborto y la subrogación cuando los argumentos para permitir una y otra cosa son los contrarios: la defensa del derecho a abortar es la defensa de que las mujeres tengamos control y decisión sobre nuestros propios cuerpos; la defensa de la subrogación se hace desde la defensa de que otras personas tengan derecho a usar y decidir sobre nuestros cuerpos

Como en el caso de la prostitución, otra realidad donde sólo escuchamos la voz de las que lo hacen, dicen, voluntariamente (aunque es un oficio que también se asienta en la pobreza, la desigualdad y el machismo) y se nos hurta la de las mujeres que son víctima de trata, de violencia, de abuso: la mayoría. Como en el caso de la prostitución, se asume que es un camino sin retorno y se argumenta que es mejor regularlo para evitar abusos… aunque regularla siempre ha llevado a que aumente la trata y la precariedad.

Yo también defiendo la regulación. Una regulación que contemple la gestación altruista, no convertida en un negocio multimillonario que solo se rige por la lógica capitalista, y que ponga por encima de todo la libre decisión de la mujer gestante en todo hasta el último minuto. Exactamente lo contrario de lo que quieren regular todos los que se llenan la boca con el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Mi isla

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En invierno es impracticable. Hace frío y las plantas se secan y parece que nunca más van a reverdecer. De octubre a febrero prácticamente no lo pisamos, una vez se nos ocurrió traspasar la verja exterior y al otro lado se abría Narnia: aunque en la calle hacía sol, del otro lado había un paisaje blanco por la escarcha helada.

En marzo asoman los primeros rayos de sol, justo en el tendedero y con la primavera puedes empezar a colgar la ropa. Las plantas que parecían muertas empiezan a brotar hojas y algunas flores, y es entonces cuando limpiamos la mesa y empezamos a tender fuera.

Este fin de semana barrimos el patio y arreglamos las plantas: cortamos las hojas secas de los geranios, que ya han estallado en rojo  y blanco, plantamos claveles, lavanda y una buganvilia y vimos como la yerbabuena se había empezado a multiplicar y en el naranjo asomaban las primeras flores. Y la planta que había empezado a crecer espontáneamente no era una mala yerba sino una tomatera superviviente del verano anterior.

Hicimos plantones con tomates, calabacines, cebollino, melón, calabaza, zanahorias, judías, lentejas, maíz. Esperamos verlas brotar en las próximas semanas, algunas las pondremos en las jardineras, aunque la mayoría acabarán en el huerto del cole.

Desayunamos, comimos y cenamos fuera, buscando el sol por la mañana  y la sombra a mediodía, escuchando el canto de los pájaros y el de las voces de los niños del vecindario.

Y después reestrené la hamaca, con una taza de te y un libro.

Teniendo un patio como el mío, ¿a quién le hace falta una isla desierta?

Día de las familias

Hoy es el Día Internacional de las Familias, y abundan en las redes fotos como esta:

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O esta:

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¿Por qué mientras avanzamos en la visibilización de la diversidad familiar… seguimos inmóviles en la representación de la diversidad racial?

Mucho mejor este:

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Madre, en tu día

“Esta canción está dedicada a las Brigadas de Juventud Trabajadora Ho Chi Minh, que en Vietnam vienen a ser como la Juventud Comunista, y que en el último año de la guerra tuvieron la tarea de desactivar unas modernísimas minas que se habían colocado en la desembocadura de los puertos y de los ríos de la República Democrática de Vietnam. […] Un día muy señalado, que fue el día de las Madres. En el día de la Madres ya habían muerto varios centenares de jóvenes tratando de desactivar esas modernas minas. Y yo hice esta canción, que se llama Madre, en homenaje a ellos”

Silvio Rodríguez, recital en París en 1977.

 

 

 

 

 

El lenguaje de la adopción

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Como madre de niños que perdieron su primera lengua cuando aún no la hablaban, o no la hablaban correctamente, que empezaron a hablar su nuevo idioma calcando estructuras de otro que en teoría no era el que habían escuchado, y que luego volvieron a cambiar de lengua vehicular y decidieron abandonar la que hablaban por otra distinta, hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema del idioma y la adopción.

A lo largo de los años he ido leyendo cosas dispersas: que el primer idioma queda en algún lugar del cerebro y que hay adoptados (¿todos? ¿algunos? ¿muchos?) que son capaces de recuperar la lengua materna cuando se vuelven a acercar a ella por años que hayan pasado y por olvidada que la tuvieran; que el tiempo que pasa entre la pérdida del primer lenguaje y la consolidación del segundo crea un vacío que tiene consecuencias en el uso sofisticado del lenguaje, más allá de lo coloquial, y en los aprendizajes; que entre los hijos de inmigrantes españoles en Francia, tenían mejor nivel de francés los niños cuyos padres les habían hablado en español (o en sus lenguas maternas) que los que les habían hablado en francés, porque educar a tus hijos en una lengua que no es la primera les hace poco competentes en cualquier idioma; o que los niños adoptados tienen tal instinto de supervivencia que tienden a abandonar los idiomas que no precisan en su nueva vida, porque han aprendido a adaptarse como camaleones a cada nuevo medio.

Sigue siendo mucho menos lo que sé que lo que me pregunto, de hecho, en ocasiones ni siquiera sé bien qué tengo que preguntar para conseguir sacar alguna luz de este tema que me trae de cabeza.

Unos días atrás cayó en mis manos – a mis oídos – esta historia de adopción. La historia de Peter, un niño adoptado en Rusia por una familia norteamericana con la que no conseguía entenderse. Los padres llamaron a un intérprete de ruso, y este les dijo que el niño no hablaba ruso; quizás checo. Llamaron a un intérprete de checo, pero tampoco hablaba checo. Ni polaco, ni búlgaro, ni ninguna de las lenguas que, una a una, fueron descartando. Finalmente, un lingüista les desveló el misterio: Peter hablaba un idioma único en el mundo, que solo hablaba él y 59 niños más: sus compañeros en la habitación de su orfanato en Rusia.

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