familia monoparental y adopción

Archivo para mayo, 2017

Lo vivido / lo contado

Los que leéis habitualmente sabéis que soy fan entregada de Tarike. De vez en cuando comparto sus historias (solo algunas, porque tampoco estaría bien compartirlas todas). Y a esta no me he podido resistir… Una historia de A. y B. que no tienen nada que ver con mi B. y mi A…. y aún así…

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La historia de hoy comienza con dos gemelos, que llamaremos A. y B. Iguales en todo, menos en su sangre: uno seropositivo y el otro no. A la muerte de sus padres, el gemelo A. (seropositivo) fue ingresado en el centro residencial para huérfanos seropositivos donde trabajaba la Doctora. Su gemelo, B., negativo, después de un año junto a A., fue dado en adopción a una familia europea. Tenían cuatro años.

Los años pasaron y, cuando los niños tenían como ocho años, la familia europea y B. vinieron a ver a A. Pasaron dos semanas en el centro. Los hermanos jugaban cada día juntos. Aparentemente, todo iba bien.

Y llegó el final de las vacaciones. El mismo día que B. se fue, A. destrozó una habitación entera. Como digo, tenía ocho años. Lo que pareció un episodio de “escape” debido a la tensión emocional, se fue repitiendo cada vez con más frecuencia.

Por su parte, su gemelo europeo, empezó también a mostrar problemas de conducta, comenzando a rechazar a su familia adoptiva.

A lo largo de los siguientes años, el gemelo A. fue rulando de centro en centro. Unas veces se escapaba y otras veces lo expulsaban por problemas que iban desde los robos hasta los abusos (sexuales también), pero no sólo a otros menores de los distintos centros.

B., en Europa, fue distanciándose más y más de su familia adoptiva, que intentó recrear un vínculo entre los hermanos a través de una persona que trabajaba en uno de los centros donde estaba A. No era fácil, porque B. había olvidado el amárico y no podía hablar directamente con su hermano, por lo que, tras algunos tentativos, dejaron de hablar.

De centro en centro y tiro porque me toca, A. dejó de tomar los antirretrovirales y pasó a vivir en la calle cuando tenía quince años. La familia adoptiva de B. se lo dijo, y este desapareció de su casa durante siete días.

A. falleció en el patio de un hospital de Addis Abeba cuando tenía dieciséis años. Llevaba tres días tirado. El día de su funeral, la familia de B. llamó para decir que el día anterior B. había vuelto a desaparecer de casa. Que, cuando lo encontraran, habían decidido tirar la toalla y dar su tutela a los servicios sociales. No sabían que A. había fallecido. No sé si llegaron a decírselo.

Tampoco sé si, cuando descubrieron que su hijo tenía un gemelo, no quisieron adoptarlo o no pudieron (hay países que no permiten o no permitían la adopción de niños seropositivos). B. fue dado en adopción en un período en el que todos pensaban que lo mejor era encontrar familias para los niños huérfanos, aunque fuera a costa de separar hermanos. Sólo una vez conocí a A.: él también pasó un período en uno de los centros donde estuvo mi Nena. Me pareció un chaval normal y corriente. Seguí sus andanzas a través de amigos míos que intentaron salvarlo una y mil veces, empezando por la Doctora, cuya consulta destrozó cuando sólo tenía ocho años.

Hay muchas cosas que no sé en esta historia. Pero hay días en que no puedo sacármela de la cabeza. Supongo que será porque plantea preguntas bastante terribles y porque la muerte es siempre la peor de las respuestas. Porque está llena de incógnitas: a lo mejor si nunca hubieran vuelto a encontrarse, ¿las cosas habrían sido diferentes? ¿Es más fácil vivir no sabiendo dónde está tu hermano o sabiendo que está mucho mejor/peor que tú sin ningún motivo aparente y sin que puedas hacer nada para remediarlo? Supongo que, si es un hermano menor, que has cuidado, te alegras de que esté bien (si está bien). Pero…. ¿qué pasa cuando es exactamente igual que tú?

Las respuestas sólo las tienen A. y B. Por desgracia, uno de ellos ya no puede hablar. Ni siquiera con el otro. De verdad, que hay días en que no hago más que pensar en ellos.

Pocos días después de leer esta historia, me llegó esta otra en forma de comentario. Igualmente devastadora:

Mi hija tiene ahora 15 años, la adoptamos a los dos meses, cuando recibió el alta en el hospital, durante esos dos meses, médicos y enfermeras se desvivieron por salvar su vida. Estuvo en coma 17 días, su madre biológica, durante el parto intento matarla, causándole gravísimas heridas. Yo no sabía que iba a ser nuestra hija, así que no pude visitarla en el hospital durante ese tiempo. Cuando llegó a nuestra casa, su mirada era muy triste y sus ojos no tenían vida, poquito a poco se fue convirtiendo en una niña maravillosa, contenta y siempre dispuesta a agradar a los demás y también con problemas en el control de impulsos. A los 10 años empezó con crisis de epilepsia y a partir de ese momento, sus problemas de control de impulsos han ido creciendo. Lleva dos años con tratamiento psicológico, un año con antidepresivo, un intento de suicidio, tiene un vacío enorme, su único deseo es morir. Se está autolesionando con el cutter, y vomita,el instituto va mal y el conservatorio tan mal, nos miente, y ha cometido algún acto delictivo. Siempre supo que era adoptada, pero nosotros no le dijimos exactamente qué fue lo que su madre intento hacerle, pues los técnicos de atención al niño no sabían decirnos si era conveniente decírselo o no por la gravedad. En una revisión médica, cuando tenía 12 años, ella cogió su informe y lo leyó y así se enteró. Estamos luchando por ella, pero hay días que la situación es muy complicada, tengo que registrarle diariamente para quitarle las cuchillas con las que se corta. esta siendo tratada de manera intensiva por psiquiatras, psicóloga, orientadora del instituto. Estamos volcados con ella. No queremos perderla. Ella dice que tiene miedo, y que no sabe lo que le pasa. No paramos de darle amor pero está cerrada en banda.

¿Qué tienen en común estas dos historias, además de la dureza del principio y del final? El hecho de que la situación empeora al conocer su historia. ¿Pesa más lo vivido o lo contado?

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El lenguaje de la adopción (2)

Buscando información sobre otra cosa, encontré esta entrada, en el texto atribuyen el magnífico blog Rarezas de la adopción (que me he alegrado de ver que vuelve a estar en marcha), aunque en realidad es del no menos magnífico Cuaderno de Retazos. Copio un fragmento que me sigue haciendo darle vueltas a la cosa de la adopción y el lenguaje

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El niño adoptado no es un niño emigrante. El niño emigrante,  cuando llega al nuevo país con su familia, aprende la lengua del país (proceso aditivo). Este  niño  sigue utilizando su lengua materna en su hogar y el nuevo idioma lo adquiere de una forma gradual y  sólida. Y les sirve de idioma funcional para comunicarse y también para el  aprendizaje.El niño adoptado sufre un proceso diferente. Su mundo desaparece  y es sustituido por un nuevo universo (nuevo tipo de alimentación, rutinas, formas de relación, sobrecarga emocional y de estímulos…)  donde, entre otras muchas cosas,  su idioma no le sirve…  ni le entienden…  ni  entiende. En ningún momento se puede considerar a estos niños bilingües. El niño adoptado se ve obligado a olvidar muy rápido su lengua original (de forma brusca y total, modelo privativo). Comprenden y aprenden muy deprisa  la nueva lengua  de sus padres (necesitan de  uno a tres meses ). ¡Increíble! Pero ¡qué pasa en el interior de nuestros niños!. Según parece se produce una especie de barrido psicológico en el que olvidan su lengua materna, proceso  inconsciente que  es necesario para que el niño pueda adaptarse a una nueva realidad. Entre olvidar un lengua y aprender otra hay  una etapa intermedia de privación de  competencias cognoscitivas  en las dos lenguas (Lambert 1977). Es decir, se quedan sin idioma en el que pensar y aprender, en el que recoger sus emociones y el enorme cambio que están viviendo. Viven en una especie de limbo lingüístico y educativo. Recordemos que nuestra lengua materna es el idioma que usamos para pensar, soñar y sentir las emociones y que su aprendizaje se inicia en el seno materno. Adquieren la nueva… pero tan solo les sirve para una comunicación instrumental. No la llegan a adquirir y consolidar de forma que les sirva de lengua de aprendizaje. Esto provoca en ellos graves desajustes, porque el lenguaje es imprescindible para las construcciones mentales y procesamiento de nuevos conocimientos. El resultado es que tienen una buena competencia verbal pero muchos déficits para aprender y adquirir conocimientos en la nueva lengua. Dicho de otro modo  sus dificultades para aprender son grandes y además, acumulativas. Se da casos de niños que al principio se van desenvolviendo bien, pero a medida que van creciendo y se complican los contenidos académicos que les dan, su rendimiento va cada a vez a peor. Incluso retroceden y olvidan cosas que parecía que habían aprendido.

Aborto, subrogación y cuerpos

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Hemos debatido  en otras ocasiones sobre maternidad subrogada o vientre de alquiler, así que mi postura ya la conocéis. En estos últimos días he participado ampliamente en un par de discusiones sobre el asunto, y me ha chocado mucho uno de los argumentos que se utilizan para defender la maternidad subrogada: el derecho de las mujeres a decidir sobre el propio cuerpo.

Y comparan la lucha por el derecho al aborto con la lucha por legalizar la gestación subrogada.

¿Deciden las mujeres que gestan criaturas para otras personas sobre su cuerpo? ¿Qué capacidad de decisión tienen mujeres pobres de países pobres, donde raramente se respetan los Derechos Humanos y muchos menos los Derechos de la Mujeres? La desigualdad está siempre (o digamos casi siempre) detrás del vientre de alquiler. La desigualdad, el machismo y la pobreza. Si fuera altruismo, veríamos mujeres ricas (o de países ricos) gestando bebés para mujeres pobres pro-bono.

Y las que viven en países ricos, estas “mujeres norteamericanas blancas con buen estatus económico” de las que siempre nos hablan cuando nos hablan de subrogación… ¿qué, cuánto, hasta dónde deciden? Si de defender su capacidad de decisión se tratara, no habría contratos draconianos que obligan o impiden a la mujer gestante abortar en determinadas circunstancias, que las obligan o les impiden hacer una reducción embrionaria cuando gestan determinado número de embriones, que incluso regulan qué pueden comer, cuándo pueden tener relaciones sexuales, qué día van a dar a luz y qué tipo de parto van a tener…

¿De verdad deciden… o todas las decisiones las toman los que las contratan, los que usan su cuerpo?

Usan para reivindicar la subrogación el derecho de las mujeres a usar su cuerpo para lo que quieran, pero les obligan a firmar contratos draconianos por los cuáles, incluso si han decidido antes, no pueden hacerlo después.

Lo sabían cuando firmaron el contrato, nos dicen. Lo han firmado libremente.

Si firmas un contrato en el que te comprometes a trabajar 20 horas al día, obedecer a tu empresario en todo lo que te pida, comer lo que te diga y tener relaciones sexuales cuando te diga, este sería un contrato de nulo derecho desde el principio, porque la ley te protege contra los abusos. Pero suponiendo que libremente decidieras firmarlo… podrías dejarlo en cualquier momento que decidas sin que te pudieran obligar a seguir con el trabajo esclavo, ni te obligaran a indemnizar al empresario con más dinero del que tienes. Pidamos para las mujeres que gestan al menos los mismos derechos que los que nos da la legislación laboral.

Subrogar tu cuerpo es vender la renuncia a su derecho a elegir

¿De verdad se puede comparar la defensa del cuerpo y las decisiones sobre él en el caso del aborto y en el caso de la subrogación?

Usar el “nosotras parimos, nosotras decidimos” para defender la gestación subrogada me parece obsceno.

Mientras que en el caso del aborto, esta defensa viene de las mujeres, en el caso de la gestación subrogada viene de sus clientes y las empresas que sacan tajada. Seguro que no han visto ninguna manifestación de mujeres exigiendo embarazarse y parir para otros.

Se equiparan el derecho al aborto y la subrogación cuando los argumentos para permitir una y otra cosa son los contrarios: la defensa del derecho a abortar es la defensa de que las mujeres tengamos control y decisión sobre nuestros propios cuerpos; la defensa de la subrogación se hace desde la defensa de que otras personas tengan derecho a usar y decidir sobre nuestros cuerpos

Como en el caso de la prostitución, otra realidad donde sólo escuchamos la voz de las que lo hacen, dicen, voluntariamente (aunque es un oficio que también se asienta en la pobreza, la desigualdad y el machismo) y se nos hurta la de las mujeres que son víctima de trata, de violencia, de abuso: la mayoría. Como en el caso de la prostitución, se asume que es un camino sin retorno y se argumenta que es mejor regularlo para evitar abusos… aunque regularla siempre ha llevado a que aumente la trata y la precariedad.

Yo también defiendo la regulación. Una regulación que contemple la gestación altruista, no convertida en un negocio multimillonario que solo se rige por la lógica capitalista, y que ponga por encima de todo la libre decisión de la mujer gestante en todo hasta el último minuto. Exactamente lo contrario de lo que quieren regular todos los que se llenan la boca con el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Mi isla

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En invierno es impracticable. Hace frío y las plantas se secan y parece que nunca más van a reverdecer. De octubre a febrero prácticamente no lo pisamos, una vez se nos ocurrió traspasar la verja exterior y al otro lado se abría Narnia: aunque en la calle hacía sol, del otro lado había un paisaje blanco por la escarcha helada.

En marzo asoman los primeros rayos de sol, justo en el tendedero y con la primavera puedes empezar a colgar la ropa. Las plantas que parecían muertas empiezan a brotar hojas y algunas flores, y es entonces cuando limpiamos la mesa y empezamos a tender fuera.

Este fin de semana barrimos el patio y arreglamos las plantas: cortamos las hojas secas de los geranios, que ya han estallado en rojo  y blanco, plantamos claveles, lavanda y una buganvilia y vimos como la yerbabuena se había empezado a multiplicar y en el naranjo asomaban las primeras flores. Y la planta que había empezado a crecer espontáneamente no era una mala yerba sino una tomatera superviviente del verano anterior.

Hicimos plantones con tomates, calabacines, cebollino, melón, calabaza, zanahorias, judías, lentejas, maíz. Esperamos verlas brotar en las próximas semanas, algunas las pondremos en las jardineras, aunque la mayoría acabarán en el huerto del cole.

Desayunamos, comimos y cenamos fuera, buscando el sol por la mañana  y la sombra a mediodía, escuchando el canto de los pájaros y el de las voces de los niños del vecindario.

Y después reestrené la hamaca, con una taza de te y un libro.

Teniendo un patio como el mío, ¿a quién le hace falta una isla desierta?

Día de las familias

Hoy es el Día Internacional de las Familias, y abundan en las redes fotos como esta:

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O esta:

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¿Por qué mientras avanzamos en la visibilización de la diversidad familiar… seguimos inmóviles en la representación de la diversidad racial?

Mucho mejor este:

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Madre, en tu día

“Esta canción está dedicada a las Brigadas de Juventud Trabajadora Ho Chi Minh, que en Vietnam vienen a ser como la Juventud Comunista, y que en el último año de la guerra tuvieron la tarea de desactivar unas modernísimas minas que se habían colocado en la desembocadura de los puertos y de los ríos de la República Democrática de Vietnam. […] Un día muy señalado, que fue el día de las Madres. En el día de la Madres ya habían muerto varios centenares de jóvenes tratando de desactivar esas modernas minas. Y yo hice esta canción, que se llama Madre, en homenaje a ellos”

Silvio Rodríguez, recital en París en 1977.

 

 

 

 

 

El lenguaje de la adopción

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Como madre de niños que perdieron su primera lengua cuando aún no la hablaban, o no la hablaban correctamente, que empezaron a hablar su nuevo idioma calcando estructuras de otro que en teoría no era el que habían escuchado, y que luego volvieron a cambiar de lengua vehicular y decidieron abandonar la que hablaban por otra distinta, hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema del idioma y la adopción.

A lo largo de los años he ido leyendo cosas dispersas: que el primer idioma queda en algún lugar del cerebro y que hay adoptados (¿todos? ¿algunos? ¿muchos?) que son capaces de recuperar la lengua materna cuando se vuelven a acercar a ella por años que hayan pasado y por olvidada que la tuvieran; que el tiempo que pasa entre la pérdida del primer lenguaje y la consolidación del segundo crea un vacío que tiene consecuencias en el uso sofisticado del lenguaje, más allá de lo coloquial, y en los aprendizajes; que entre los hijos de inmigrantes españoles en Francia, tenían mejor nivel de francés los niños cuyos padres les habían hablado en español (o en sus lenguas maternas) que los que les habían hablado en francés, porque educar a tus hijos en una lengua que no es la primera les hace poco competentes en cualquier idioma; o que los niños adoptados tienen tal instinto de supervivencia que tienden a abandonar los idiomas que no precisan en su nueva vida, porque han aprendido a adaptarse como camaleones a cada nuevo medio.

Sigue siendo mucho menos lo que sé que lo que me pregunto, de hecho, en ocasiones ni siquiera sé bien qué tengo que preguntar para conseguir sacar alguna luz de este tema que me trae de cabeza.

Unos días atrás cayó en mis manos – a mis oídos – esta historia de adopción. La historia de Peter, un niño adoptado en Rusia por una familia norteamericana con la que no conseguía entenderse. Los padres llamaron a un intérprete de ruso, y este les dijo que el niño no hablaba ruso; quizás checo. Llamaron a un intérprete de checo, pero tampoco hablaba checo. Ni polaco, ni búlgaro, ni ninguna de las lenguas que, una a una, fueron descartando. Finalmente, un lingüista les desveló el misterio: Peter hablaba un idioma único en el mundo, que solo hablaba él y 59 niños más: sus compañeros en la habitación de su orfanato en Rusia.

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