familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Archivo para la Categoría "Orígenes"

Integrar a la madre biológica

No hay duda de que el mundo de la adopción está muchas veces excesivamente profesionalizado, medicalizado, que dejamos muchas (¿demasiadas?) cosas en manos de terapeutas y especialistas. Y tampoco hay duda de que muchos especialistas sostienen cosas que van en contra de nuestra intuición. Especialmente, cuando pretenden separar la biología de la vida, cuando minimizan la importancia de los orígenes y despersonalizan a las madres biológicas. Porque madre solo hay una.

No es el caso de uno de los terapeutas más interesantes a los que he leído y escuchado, Javier Martínez. Así explica la necesidad de integrar a la madre biológica.

Diblings (dermanos)

Muchas veces hemos hablado de donantes, la búsqueda de identidad, los cambios que en este tema ha introducido el análisis genético, los bancos de ADN y las redes sociales, el papel que juega en nuestra vida la gente con la que compartimos genética pero no historia (donantes, sí, pero también las personas concebidas con el mismo material genético)… este testimonio recoge todas estas cosas y da muchos argumentos para reflexionar sobre todo ello.  

Connecting 'diblings': how the law is failing to keep up with modern  families

Estaba dormida cuando mi identidad estalló. Era la mañana de un viernes del año 2019, me desperté en Brooklyn para ver un correo electrónico de un tipo de Florida que decía: “23andMe dice que eres mi media hermana. Estoy muy confundido. ¿Puedes llamarme, por favor?”.

Mientras miraba su foto de perfil, vi que parecíamos gemelos. Incluso teníamos el mismo hoyuelo en la punta de la nariz. Habíamos nacido con un año de diferencia cinco décadas antes. Me había hecho una prueba de 23andMe el año anterior.

Al marcar su número, sabía que no íbamos a empezar con una pequeña charla. De hecho, tardamos medio minuto para empezar, con torpeza, a hacer conjeturas: mi amado padre debió haber tenido una aventura con la madre de este hombre. Sin embargo, a las pocas horas, ambos habíamos hablado con familiares que nos contaron el secreto que habían prometido a nuestros padres llevarse a la tumba: nuestros padres habían sido infértiles, y nosotros habíamos sido concebidos con esperma de un donante. El donante había sido un residente del Hospital de Yale New Haven, donde los científicos eran pioneros en la inseminación intrauterina.

Conocía muchos secretos de mi familia, pero esta vez el secreto era yo. Nada había cambiado, pero todo era diferente. Mi familia seguía siendo mi familia, y mis queridos padres habían fallecido hace tiempo, lo que hacía que esto fuera un poco menos complicado. No obstante, tendría que revisar el manuscrito final de mi vida. Como escritora, no me gustaban los grandes cambios.

Sin embargo, mi nuevo hermano biológico (a quien registré de inmediato en mi teléfono como “HB”) y yo estábamos en contacto constante, chapoteando confundidos en nuestra nueva piscina genética. Con mi crianza como hija única y solitaria, me sentí entusiasmada. Tras unirnos al grupo de Facebook titulado “Nos concibió un donante”, aprendimos el término “dermanos”: hermanos que nacieron de donantes.

No podía explicar por qué este desconocido era digno de mi adoración feroz o de mi mirada atenta, pero mi ADN parecía codificado con instrucciones claras: “Mirar de manera fija. Conectarse. Consolidar”.

Esto era tan absorbente como un nuevo amor, pero esta vez el objeto de mi afecto parecía una foto generada por aquella aplicación que muestra cómo te verías si tu género fuera el opuesto. Nunca había visto mi rostro en el cuerpo de otra persona. Creé un álbum titulado “HB” en mi teléfono y me pasé haciendo acercamientos a su cara durante mis viajes al trabajo.

Puse un sonido de “polvo de estrellas” para sus mensajes, un guiño a la canción de Joni Mitchell que tenía en constante repetición: “Somos polvo de estrellas, somos dorados… Y tenemos que volver al jardín”.

Antes de la aparición mi ‘dermano’, había estado anhelando una conexión, salí a medias con un viudo que conocí por internet. Ahora, enamorada de mi pariente vivo más cercano, no tenía mucho margen para el romance (y resultó que el viudo tampoco).

Cuando HB vino a mi ciudad, la mesera del restaurante donde estábamos almorzando me preguntó si éramos hermanos, y mi corazón dio un vuelco.

El diagrama de la doble hélice es una escalera de caracol codificada por colores con peldaños de base química. Todos los días me subía a ella y me columpiaba, explorando, boquiabierta. Los cromosomas son las cosas más pequeñas y enormes del mundo. Si crees en la teoría de la crianza, no tienen importancia (como proclamaron con seguridad muchas personas inteligentes que me quieren: “¡Solo es esperma!”). Pero si crees en la teoría de la naturaleza, son lo más importante de todo.

Yo creo que son las dos cosas, aunque ya había quedado atrapada en mi propia obsesión cromosomática. Al final, ya no estaba sola; mi nuevo hermano estaba allí.

Enseguida, HB quiso encontrar a nuestro donante, al que nos referíamos como “nuestro padre”. Después de diez semanas de búsqueda genética a través de una línea de primos segundos en 23andMe, HB llegó a nuestro santo grial. Nuestro padre estaba vivo. Era un obstetra retirado que vivía en Nashville. Tenía 79 años y buen aspecto. Su nombre era Frank. Tenía un rostro amable. También se parecía mucho a nosotros. Su nombre bien podría haber sido “Gen”.

Frank estaba casado y tenía dos hijos mayores y una hija. En Facebook, también los observamos con detenimiento.

Decidimos escribirle a Frank una carta conjunta, pero mi corazón se encogió cuando nuestro primer conflicto como hermanos se desarrolló en los comentarios que hicimos en las revisiones de nuestros borradores. Mi enfoque era sincero y detallado; el de HB era alegre y breve. Ambos queríamos lo mismo, una respuesta, pero nos aferrábamos de manera obstinada a nuestras propias estrategias. Cada uno de nosotros temía que el estilo del otro nos llevara al silencio o, peor aún, a una carta de cese y desiste, como suele ocurrir. Un rechazo tan cósmico habría sido intolerable, y yo, de antemano, me puse furiosa con nuestro padre por su posible rechazo.

Finalmente, le dije a HB que se limitara a enviar su versión y no me mencionara.

“No es mala idea”, dijo. “Yo me encargaré del contacto y, si no responde, no puedes tomártelo como algo personal”.

Pero al excluirme de la carta me sentí sola una vez más, culpable por haber abandonado nuestro esfuerzo conjunto, y también aterrada de que HB desapareciera ahora. “Todo esto se desmorona sin él”, dije, sollozando, en el diván de mi terapeuta.

Tres semanas después, HB recibió una carta redactada con atención y esta venía con membrete del buen doctor. Era empática y respetuosa. Decía que estaba abierto a una mayor comunicación, así que él y HB concertaron una llamada.

En cuanto colgaron, HB me llamó.

“Cerré los ojos y dejé que su voz me inundara”, me contó. Como padre primerizo, estaba nervioso de una manera poco habitual. “Fue como cuando los bebés reconocen la voz de sus padres. Como la forma en que reconocen su olor”.

En su conversación, también le habló a Frank de mí.

Cuando Frank y yo hablamos unos días más tarde, oí el mismo timbre de voz masculino en su voz. Con lápiz y papel en mano, le pregunté y me respondió. ¿Sus intenciones? Claro, había querido ayudar a las parejas infértiles y formar parte de la ciencia, pero también necesitaba los 25 dólares por “espécimen vivo”. No, no se había presentado ningún otro vástago. Sí, se había estado preparando para una carta como la de HB, pero aun así le había costado trabajo responder. No, nunca había pensado mucho en los posibles resultados de sus donaciones. No, no habría donado si no hubiera sido anónimo.

De alguna manera, Frank era humilde y estaba lleno de la autoestima de un profesor emérito, pero sobre todo parecía orgulloso de que sus genes se hubieran desarrollado bien. Me gustó su combinación de seriedad y dulzura.

“No hay un plan de acción para esto, pero creo que encontraremos el camino”, dijo.

En mis notas, esa frase merecía un doble subrayado.

Después de colgar, no sabía qué hacer. Hacía calor y había humedad, y me adentré con mis pantalones cortos y mi camiseta en el estrecho de Long Island como si me bautizaran o renaciera, sin tener en cuenta las algas que se pegaban a mi piel. Floté. Me sentí primitiva.

Entonces Frank nos invitó a su casa de Boca Ratón para pasar un fin de semana. HB y yo nos alojamos en el mismo hotel cercano pero, debido a los horarios de viaje, llegué sola un día antes y me reuní con Frank en su departamento. Cuando cruzó la habitación, bronceado y sonriente, sentí la misma atracción magnética que había sentido con HB.

“Bueno, aquí estás”, dijo, con los brazos extendidos. Durante el abrazo más extraño de mi vida, mi cuerpo zumbó y sintió un cosquilleo.

“Aquí estoy”, dije. “Y aquí estás tú”.

“Bueno, aquí estamos entonces”, contestó.

Dio un paso atrás, manteniendo sus manos en mis hombros. “Vaya, eres una persona”, respondí de modo estúpido. Aquí estaba él, en carne y hueso, con su fuerza vital rugiendo a través de mí.

“Hace décadas que no veo la cara de mi madre”, dijo, siendo testigo de cómo sus genes se extendían y expandían hacia el pasado y el futuro.

Nadando en las cálidas olas del Atlántico, aprendimos que compartíamos el mismo patrón de arrugas alrededor de los ojos, la misma extroversión y los mismos juanetes. En un muestrario de pintura, solo un color coincidía con el de nuestros ojos (algo así como “bruma aguamarina”). Mi corazón dio un vuelco de afecto.

Dos años y medio después, ya no estoy tan obsesionada. Frank y yo hemos tenido dos visitas en persona; HB y yo hemos tenido cinco. Mis cuatro hermanastros (y once nuevos sobrinos y cuatro cuñados) y yo estamos construyendo relaciones, alternando lo serio, lo tonto, lo íntimo y lo despreocupado. Nuestra cadena de mensajes de texto en grupo se llama “Familia Extendida” y a veces incluye simpáticos emoticonos de ADN.

No hay mucha sabiduría convencional sobre cómo tratar estas sorpresas de ADN cada vez más comunes, pero todos en nuestra historia parecen creer que la vida y la conexión humana deben celebrarse sin importar lo extraño de las circunstancias. Al fin y al cabo, nuestro progenitor es un nutricionista profesional de la fuerza vital, que ha dedicado su carrera a los embarazos de alto riesgo y a dar a luz a más de 10.000 bebés.

Frank me ha descrito sus sentimientos cuando nacieron sus hijos: “Es como un pudín instantáneo. Añade agua y remueve, y obtienes amor”. Pero con HB y conmigo, es más como: “Añade ciencia y remueve, y obtienes gran afinidad y cariño”.

Nadie ha dicho “te quiero”, al menos no todavía. Pero parece que todos seguimos diciendo “me gustas”, lo que parece más importante en este momento. Al encontrar a Frank y a los demás, HB y yo hemos vuelto al jardín.

Donantes y anonimato

Resultado de imagen de donor conceived

La recomendación del Comité de Bioética de que las donaciones de gametos dejen de ser anónimas, ha vuelto a levantar todas las alarmas en los grupos de MSPE, compuestos mayoritariamente por mujeres que tienen criaturas concebidas con donante de esperma y en algunos casos, también de óvulos (o de embriones).

Las preocupaciones son las mismas de siempre:

A ver si los donantes adquirirán a partir a de ahora derechos y deberes hacia nuestras criaturas, si dejará de haber donaciones, o si subirá el precio que se paga a los donantes…

Todas las regulaciones que afectan a las donaciones en Reproducción Asistida distinguen perfectamente entre derechos y deberes de los padres y madres (que los tienen) y de los donantes (que no los tienen en ningún caso). Sea la donación anónima o no lo sea.

En los países donde se ha eliminado el anonimato, las donaciones han bajado… temporalmente. Después han vuelto a subir, aunque haya cambiado el perfil: son más conscientes y solidarios, dicen. En cuánto a apelar a que encarecerá el proceso, y que esto lo pondrá fuera del alcance de las personas menos pudientes, me parece una muestra de cinismo, teniendo en cuenta que dentro de la Reproducción Asistida, los gametos son casi el chocolate del loro.

Y en todo caso, si eso sucede, ¿qué? Es como decir que si no se legalizan los vientres de alquiler, habrá familias que se quedaran sin hijos; o que sin el trabajo esclavo, no tendremos fresas baratas. O lo que pasaba cuando los adoptantes empezaron a hacer las primeras denuncias de irregularidades en los procesos adoptivos y otras familias en proceso de adopción se les lanzaban a la yugular porque se iban a quedar sin sus niños. Si eran criaturas robadas, o lo que sea, ya si eso.

El fin nunca, nunca, justifica los medios.

A mí no me importa, yo no quiero saber, si el donante no hubiera sido anónimo no habría optado por este sistema…

Es comprensible, pero también lo es que para muchas personas concebidas con gametos de donante sí es importante; es comprensible que se pregunten sobre parecidos, tomas de decisiones o enfermedades familiares. O que lo puedan hacer en algún momento de sus vidas.

Mi hijo no preguntará, yo le explicaré bien las cosas, yo le educaré para que sepa que no tiene importancia, si yo no le doy importancia, él tampoco se la dará

Y nos olvidamos de que las criaturas, sobretodo cuando crecen, tienen el curioso vicio de pensar por sí mismas y preguntarse cosas, que muchas veces van más allá de lo que se preguntan sus familias. Y la naturalidad, la normalidad y la positividad no están reñidas con acompañarles en ese proceso.

Querer saber no implica que se haya explicado mal, que se busque una familia alternativa, o que haya ningún trauma. Nuestros hijos pueden querer saber / buscar sin que esto implique que tengan carencias.

No es un padre, es un donante

Son nuestros hijos los que, en muchas ocasiones, deciden llamarles «padres», y esto no quiere decir que confundan su función, saben muy bien la diferencia entre los que parentamos y los que han aportado la genética. Como define el diccionario de la RAE en su primera acepción, padre es el “varón que ha engendrado uno o más hijos”. Y esta función, la biológica, está ahí por más que queramos negarla.

La sociedad no está preparada para afrontar este cambio.

En solo medio siglo hemos pasado de ocultar la adopción a exponerla abiertamente. El ADN y las redes sociales hacen que el anonimato sea cada vez más una falacia.

Seguramente la sociedad está tan preparada para la desaparición del anonimato como lo estaba una sociedad de raíces católicas para la eclosión de la Reproducción Asistida, las donaciones de gametos, la aparición de los colectivos de MSPE, las adopciones transraciales… y esto no nos frenó, ¿no?

Los cambios sociales van muy rápido, sobretodo si hay diálogo sobre ello.

Es la decisión que tomé en su momento, no me arrepiento de ella.

Puedes contarle a tus criaturas por qué tomaste la decisión y cómo comprendes que le duelan los límites de la misma, o bien transmitirle que te alegras de que no pueda conocer esta información o que no es lícito que tenga ese interés. Tomamos decisiones con la información que tenemos en el momento, pero cómo las gestionamos marca diferencias.

Igual que sucede en adopción: las familias que adoptaron creyendo que hacían algo que cumplía todos los requisitos legales y éticos y luego han descubierto que no era así, puede tirar balones fuera o bien acompañar a sus hijos en sus duelos y búsquedas e intentar cambiar el sistema que tiene cosas imperfectas.

¿Qué pensarán los donantes, que tomaron esa decisión sabiendo que no serían encontrados, si de repente llaman a la puerta unos chavales contándoles que son sus hijos (biológicos)?

Es posible que nos sorprenda que a muchos no les parezca mal. Aunque no tengan ningún interés en parentar a nuestras criaturas, quizás tienen curiosidad por saber cuántas nacieron y cómo son, qué ha sido de ellas. Quizás no les parezca mal darles un lugar en sus vidas.

Y si no es así, tampoco pasa nada: a diferencia de lo que pasa en adopción, donde la búsqueda puede representar un riesgo para las madres que renunciaron a sus criaturas en determinadas circunstancias o lugares, y donde se pueden encontrar con historias muy duras, es prácticamente imposible que para un donante, que su entorno conozca esta información sea mucho más que una molestia.

Por otra parte, no siempre es muy importante que el donante quiera o no ser encontrado o contactado, porque encontrar respuestas sin entablar contacto puede ser suficiente.

Si hubiera querido que mis hijos tuvieran padre, no habría optado por tenerlos mediante donante

Si no querías que te preguntaran por el donante, ¿por qué usaste esta figura para concebir a tus criaturas?

Si el proyecto de familia incluye un o unos donantes, ¿cuál es el problema de incorporarle(s) a nuestras vidas?

Si se elige una familia creada a partir de las aportaciones de donante(s), se construye una familia en la que esta figura existirá (a nivel simbólico), y existirán las preguntas y las curiosidades hacia esta(s) persona(s).

No es un padre, de acuerdo. Pero tampoco hace falta ser tan taxativo, o padre o nada. Llámale de otra manera. Llámalo cómo quieras, pero nómbralo. Dale un lugar simbólico en tu vida, y sobretodo, en la de tus criaturas.

 

Choque cultural y confusión identitaria

Mi necesidad de aprender – y sobretodo de desaprender – sobre el racismo, me ha llevado a hablar mucho con y leer mucho a personas racializadas. Una de las más interesantes es la activista antiracista y feminista Yousra El Mansouri, autora de este texto que explica tantas cosas:

Resultado de imagen de eric lafforgue morocco"

Cuando nacemos, lo hacemos abrazadas por unos quehaceres y cuando los años transcurren, los entornos se diversifican.

El primer par de lustros los recuerdo con voz. Respondiendo mi nombre, sin adaptar la forma de pronunciarlo, diciendo el de mis familiares, feliz del nacimiento de mis hermanos gemelos.

Pienso y pienso… No consigo recapitular a cuál fue el primer día que dejé de sentir admiración por las telas de los vestidos marroquíes, por la henna, por las comidas de mama África norteña… No consigo recordarlo. Pero sé que llegó un punto en el que mi cabeza estaba a punto de estallar.

Las noches en vela con una libreta y un bolígrafo, garabateando libertad, a pesar de tener mi conciencia enjaulada en la duda.

Había recibido tanto rechazo por mi nombre, que lo cambié por Yus. Había obtenido tanta burla por tener dos hermanos y una hermana, que dejé de mencionarlas. Había cogido tanto miedo a mis pertenencias moras, que abandoné mi sentir africano.

Ropajes ajustados al cuerpo, plancha en mano recorriendo mi pelo, omisión a mis viajes a Marruecos (aunque una vez allí fueran de lo más feliz que me pasaba), ignorancia a las preguntas sobre mi origen, YUS, YUS Y MÁS YUS.

Incluso recuerdo, y sé que son palabras graves las que escribo, sentir vergüenza de caminar con mi madre, no era bochorno hacia su persona (eso jamás), sino aversión a su hiyab, delator de nuestra “no integración”. O así lo percibía en su momento. Cada día y con cada beso pido disculpas a mama, me avergüenzo y no pretendo justificarme.

Pero, en un entorno que devalúa tus raíces, en un contexto que señala y apunta con el índice tu diferencia… ¿Cuántas adolescentes no han querido subirse al velero de la homogeneización? Aún sabiendo que este solo te permite montarte si eliminas tu esencia.

Aquí quiero llegar, a la necesidad pedagógica que tenemos como sujetos de acompañar las voces confundidas. De comprender que hay vida más allá de la polaridad, que cada persona puede navegar por sus corrientes, que existen las identidades múltiples, que fluyen y confluyen.

 

Palimpsesto

Resultado de imagen de Palimpsesto Lisa Wool

Esta mañana he terminado de leerme “Palimpsesto”, la novela gráfica en la que Lisa Wool-Rim Sjöblom, coreana adoptada por una familia sueca, narra la odisea que para ella supuso la búsqueda de sus orígenes, y toda la suciedad que descubrió respecto a la adopción internacional.

Imagen relacionada

Los secretos, las mentiras, las omisiones, los tachones, las contradicciones, los papeles que han desaparecido (como en una pesadilla recurrente, en las historias de los adoptados se repiten los documentos destruidos en incendios, inundaciones, mudanzas). Los que no saben, los que no quieren saber, los que saben pero se niegan a hablar.

Resultado de imagen de Palimpsesto Lisa Wool

Y cómo ella y su pareja se abren camino a contracorriente en esta riada de negaciones, de silencios, de llamadas no devueltas, de informaciones contradictorias, siguiendo los rastros como miguitas de pan que han sobrevivido a los picotazos de los pájaros, buscando su propio relato. Una lucha contra el tiempo, dice, pero también contra la desinformación, la burocracia, la mala praxis y la mala fe que intentan ocultar debajo de una tonelada de papeles y errores de traducción lo que solo se puede calificar como tráfico de criaturas.

Resultado de imagen de Palimpsesto Lisa Wool

“La metáfora del palimpsesto funciona a varios niveles con muchos adoptados. Por un lado, reconoce a los huérfanos de papel. Es decir, a todos aquellos adoptados que han visto borrados y blanqueados sus orígenes, reemplazados con información falsa o manipulada sobre sus antecedentes, desde las fechas de sus cumpleaños hasta cómo llegaron a ser adoptados. Por otro lado, también sirve para visibilizar la forma en que las personas tratan a los adoptados y sus orígenes. Nuestras adopciones a menudo se ven como una especie de nacimiento y, a través de él, se nos cambia el nombre, se nos da una nueva ciudadanía, una nueva lengua materna y una cultura completamente nueva, de forma que a través de la adopción nuestras historias de origen se borran y la historia de la adopción se escribe por encima, haciendo que todo lo que sucedió antes sea irrelevante o de menor valor”, cuenta.

No dejen de leerlo.

Porno del reencuentro

La imagen puede contener: naturaleza, posible texto que dice "adoption reunion porn: sharing feel good moments of adoptee reunion stories as a means to uphold the fantasy that all that has been broken can and will magically be put back together as if it never happened. the bumbling adaptee"

Porno del reencuentro: compartir momentos de buen rollo de las historias de reencuentro de los adoptados como un medio de defender la fantasía de que todo lo que se ha roto puede y de hecho será reparado mágicamente como si nunca hubiera ocurrido.

No pienses que no pasa nada

«Mi hijo no pregunta nada»; «no tiene ningún interés en su historia»; «cuando yo le digo algo, cambia de tema»; «cuando quiera saber preguntará»; «le iré contando a medida que pregunte»…

He oído estas frases en boca de muchas familias adoptivas. No se me ocurre mejor respuesta que la que Patri Holmes, bloguera y adoptada argentina en busca de sus orígenes desde hace muchos años, escribió en este texto:

La imagen puede contener: exterior

No pienses que no pasa nada porque tu hijo adoptivo, o de crianza no pregunta…

No pienses que no pasa nada.

A veces, la revolución se siente adentro.

La necesidad de saber es un remolino que da a lugar a emociones inesperadas. A inquietudes que se acallan cada vez que tu hijo te escucha decir: «no, ella no necesita saber, siempre me dice que es feliz de que yo sea su mamá», «no, él ni piensa en eso».

Y tal vez piensa… pero el temor a lastimarte es tan grande, o el miedo a serte desleal… Porque le han dicho, con y sin palabras, que «sólo hay una madre», que «ni los animales abandonan a sus crías», que «debería estar agradecido por lo que le tocó».

¿Qué fue lo que le tocó?

Perder a su mamá. A quien lo gestó. De quien heredó células y de quien escuchó su voz. Perder sus raíces.

Nació perdiendo.

¿Te parece poco?

Es muchísimo.

Entonces… no pienses que no pasa nada.

Pudo haber llegado a una familia hermosa pero esa herida estará siempre y dependerá de su entorno y de la empatía de quienes lo rodean que pueda cicatrizar.

Amá, acompañá, abrazá y entendé la enorme magnitud de lo que sucedió para que tu hijo pueda preguntar, hablar, decir… y sanar.

Otro mensaje en una botella

Les hablaba hace unos días de esos mensajes en botellas que son las pruebas de ADN. Algo que aprendí de los adoptados adultos y en particular de dos mujeres nacidas en Argentina que llevan muchos años buscando sus orígenes. Una de ellas aún no tiene respuestas. La otra, sin embargo, sí. Y esta Navidad ha podido reencontrarse con parte de su familia de origen. Así lo cuenta:

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y exterior

Hace pocos días, abracé a mi padre, hermanos y sobrinos biológicos por primera vez. Tengo 50 años. Me siento como recién nacida. Mi familia se agrandó. Ahora tengo: dos padres, uno vivo y el otro vivo en mi memoria para siempre; cuatro hermanos: el de siempre y estos tres nuevos que me sonríen con los gestos de mis hijos y se maravillan cuando yo los miro con los ojos de su (mi) padre. Mis hijos tienen un abuelo, 3 tíos y dos primos más. Sueño con que un día no muy lejano mi padre biológico se abrace con mi mamá de siempre (la adoptiva) y mi hermano con mis nuevos hermanos. Y que ese encuentro hermoso de hace unos días se repita cuando mi madre biológica esté preparada para conocerme, y así también pueda abrazar a los otros tres hermanos que todavía no saben que existo. Sería importante tener en cuenta que cuando se adopta, no se adopta solo a un niño o niña, sino a toda su familia biológica también. Siento mucha paz. Ojalá todas las personas adoptadas puedan sumar e integrar a todas sus familias

Yo creo que, en la vida de una persona adoptada, nadie reemplaza a nadie. La familia adoptiva no reemplaza a la biológica aunque cumpla su función y, de la misma manera, cuando se produce el encuentro con la familia de origen, tampoco pasa a reemplazar a la adoptiva, que ya está afianzada en los afectos, sino que se añade. No hay reemplazo sino suma. Nadie debería ser forzado a tener que elegir entre una u otra familia cuando las circunstancias de la vida le han puesto en la situación de tener más de un padre, más de una madre, más de 4 abuelos, etc. No elegimos eso. Nos tocó. 

Mensaje en una botella

Resultado de imagen de message ina bottle

Imaginad un adolescente  que fue adoptado de bebé. Que procede de un país donde el embarazo fuera del matrimonio es no solo una vergüenza sino también un riesgo. Que no tiene ningún dato sobre su origen o su familia biológica. Que se encuentra con que los registros son opacos. Que no sabe dónde empezar a buscar.

Imaginad que ese adolescente descubre que puede hacerse una prueba de ADN que le ayudará a rastrear no solo su origen étnico, sino también si tiene alguna conexión genética con alguien que se haya hecho la misma prueba y haya dejado sus datos en el banco de ADN.

Imaginad que decide hacerse esta prueba.

“Las probabilidades de que encuentres son muy pequeñas”, le dicen. “En tu país de origen no hay mucha gente que se haya hecho estas pruebas, pero ¿quién sabe? Quizás más adelante alguien cercano a tus padres biológicos, a ti, se la haga. Es como lanzar un mensaje en una botella al mar y esperar que llegue a alguien algún día”.

Imaginad que llegan los resultados, y hay varias personas que tienen parentesco con ese adolescente. No un parentesco cercano: sus bisabuelos, o sus tatarabuelos, quizás eran hermanos. Imaginad que de estas personas que están emparentadas con él, algunas también están emparentadas entre sí. Y no solo eso: además, nacieron en el mismo pueblo donde estaba el orfanato en el que él pasó los primeros meses de vida.

Imaginad que una de esas personas responde a los mensajes; primero, con suspicacia. Luego con curiosidad. Finalmente, con interés y ganas de ayudar. Analiza a qué rama de su familia podría pertenecer al adolescente, especula cuáles pudieron ser las razones por las que renunció a su hijo. Promete investigar.

“El próximo mes”, dice, “volveré al pueblo, de vacaciones. Me van a hacer una entrevista en un medio local sobre mi experiencia con el banco de ADN. ¿Qué te parecería si digo que una de las cosas más sorprendentes que he encontrado es un adolescente adoptado en Europa que busca sus orígenes?”

Adelante, dice él. Otro mensaje en una botella.

Finales y principios

En estos días, como es lógico, le damos muchas vueltas a los reencuentros con la familia biológica. Casualmente ha caído en mis manos esta entrevista a tres bandas sobre el tema: con dos mujeres adoptadas, Laia Muñoz y Chandra Clemente, que han viajado respectivamente a Guinea y al Nepal para reencontrarse con sus familiares y con un mediador, Jaime Ledesma.

Resultado de imagen de El retrobament amb la familia biologica

Merece la pena verlo entero (más de una vez), pero me quedo con una frase de Jaime Ledesma que es para reflexionar al respecto: El encuentro, para los adoptados es casi siempre el final del camino, pero para las familias biológicas puede ser el principio. Ojo con cómo gestionamos esta contradicción.

 

 

 

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: