familia monoparental y adopción

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Niños en venta: mi madre fue engañada

Después de descubrir la historia de Mata, busqué más información sobre el caso. Este texto profundiza en su caso y expone también el de otra niña, Violah, sacada sin permiso de su familia del mismo pueblo de Uganda, y que también retornó a su país. Sus hermanas, también adoptadas en Estados Unidos, no han vuelto.

Violah's mother embraces her daughter and Stacey Wells, the woman who adopted Violah and then returned the girl to her Ugandan village. "I'm very happy and very grateful," Violah's mother said.<br />

La niña de 7 años, vestida de color fucsia y sujetando uno de sus peluches favoritos, ve a su madre por primera vez en cerca de un año. Una sonrisa radiante ilumina la cara de Namata, puntuando su emoción.

Ella y su madre están hablando por Skype separadas por más de 7,400 millas. Namata, o Mata, como la llaman, habla desde la casa de sus padres adoptivos en Ohio. Su madre la observa a través de un ordenador portátil en Uganda, en un lugar tranquilo cerca de su pueblo.

“Hola”, dice Mata, “¿Cómo estás?”

Su madre se ríe. Está asombrada mientras mira a la hija que creyó que había perdido para siempre. La madre tiene en brazos un recién nacido, y Mata dice que quiere ver más de cerca a su hermana. Su madre se pone de pie y sujeta a la bebé, acunándola frente a la pantalla del ordenador.

Mata sonríe, como lo hace su madre adoptiva, Jessica Davis.

La conversación avanza, y Mata quiere respuestas. Quiere saber por qué su madre la abandonó.

Cuando la llamada termina, la sonrisa radiante de Mata se ha convertido en sollozos. “Engañaron a mi madre”, dice. “Engañaron a mi madre”.

Su madre le ha contado que nunca tuvo intención de renunciar a Mata – que la engañaron. Le dijeron que Mata tendría una gran oportunidad de educarse si viajaba al extranjero, pero que un día regresaría. Que mamá sería siempre una parte de la vida de su hija.

Una conversación de Skype lo ha cambiado todo para Namata, para su madre de nacimiento en Uganda y para su familia adoptiva en Ohio.

Para la madre adoptiva de Mata, la revelación fue como un terremoto. Devastadora. Traumática. Todas las emociones posibles convertidas en una sola.

También confirmó lo que le decían sus tripas: que algo faltaba en la historia que la agencia de adopción asentada en Ohio había contado a Jessica y su marido, Adam, sobre el pasado de Mata. La agencia, European Adoption Consultants, les contó que el padre de Mata había muerto y que madre la negligía y no podía permitirse alimentarla. La documentación decía que Mata nunca había pisado una escuela.

Pero en los meses posteriores a su llegada, a medida que el dominio de Mata del inglés mejoraba, ella habló brillantemente sobre su madre. Cómo cocinaban juntas, cómo iban juntas a la iglesia y cómo su madre la recogía del colegio.

La conversación de Skype, el 29 de agosto del 2016, confirmó las sospechas de Jessica. A medida que asumía la información, jessica se dio cuenta de que no había participado en una adopción sino que inconscientemente había “participado en sacar a una criatura de una familia amorosa”.

Y supo qué tenía que hacer: devolver a Mata a su madre.

Una investigación de la CNN sobre este presunto tráfico descubrió que las criaturas eran sacadas de sus hogares en Uganda bajo la promesa de mejor escolarización, colocadas en orfanatos a pesar de no ser huérfanas, y vendidas por cantidades como 5.000 dólares a familias americanas que no sospechaban nada. La investigación de la CNN descubrió que muchas familias fueron engañadas así.

Keren Riley, de Reunite, una organización de base que ayuda a retornar niños traficados a sus madres de nacimiento, dice que los facilitadores en el terreno se aprovechan de las madres vulnerables, a menudo viudas, con la promesa de oportunidades educativas para las criaturas.

Los traficantes, afirma, pueden incluir policía y abogados, maestros y líderes locales. Para complicar las cosas, no hay palabra para “adopción” en el lenguaje que muchos habitantes de Uganda hablan, así que las madres pueden ser fácilmente engañadas.

“Es fácil quitarse la venda de los ojos”, dice Riley, que organizó el encuentro en video entre Mata y su madre de nacimiento. Los traficantes “saben cuando alguien ha perdido un marido de forma trágica y es vulnerable y no lo puede afrontar – y les marcan”.

Esto es exactamente lo que pasó en el pueblo de Mata, dice Riley: un aldeano convertido en traficante hizo una llamada en la iglesia local y consiguió meter a 7 criaturas en el circuito de adopción, incluida Mata, que fue enviada a un lugar llamado God’s Mercy, a una cuatro horas de viaje. Ahí es donde los Davis la conocieron: “Estaba en un orfanato. Sin juguetes, con barrotes en la ventana”, dijo Jessica.

De acuerdo con una declaración jurada, la madre de Mata le dijo a un tribunal de familia ugandés que estaba desconsolada después de que su esposo muriera en un accidente automovilístico en marzo de 2014 y que la hablaron de la manera de dar a Mata una buena educación.

“No fui consciente de que había habido un proceso para quitarme mis derechos parentales”, dijo en testimonio jurado en septiembre del 2016. “Había siempre pensado y entendido que la niña iba a recibir una educación y regresar conmigo”.

Pero el formulario original que mandó a Mata al God’s MErcy pintaba una imagen distinta, diciendo que la madre estaba “indefensa” y “no podía ocuparse de las necesidades básicas para que su hija creciera”.

El formulario tiene fecha de octubre de 2014 – exactamente una semana después de que los Davis dijeran que recibieron una llamada de la agencia European Adoption Consultants diciéndoles que Mata era adoptable.

Cuando recibieron la llamada, creen ahora los Davis, Mata no era huérfana en absoluto, sino que vivía en su casa con una madre que la quería. Creen que fue arrancada de su casa y llevada al orfanato después de que la agencia encontrara una pareja americana – compradores, en definitiva – con dinero para adoptar una criatura.

El gobierno ugandés determinaría más tarde que la madre de Mata había sido engañada, y el tribunal ugandés descubriría que el formulario había sido falsificado y que de hecho no estaba firmado por la policía ugandesa.

Creyendo que la historia en el formulario era falsa, los Davis empezaron su propia investigación y contactaron el Departamento de Estado norteamericano para aclarar las discrepancias.

“Nos dijeron que el padre había muerto, que ella estaba siendo gravemente negligida en su casa y que su madre dejaba que la maltrataran, abandonándola durante días”, dice Jessica Davis. “Era un archivo bastante dramático”.

Una mujer llamada Debra Parris de European Adoption Consultants fue la primera persona en hablar a los Davis sobre Mata, diciéndoles que tenían que decidirse rápido sobre si querían proseguir con la adopción.

Adam Davis dice que nunca ha olvidado esta llamada porque, en medio del dolor de conocer el pasado de Mata, fue un momento de alegría. “Cuando dijo su nombre, fue tan hermoso”. Convirtió el proceso de adopción en real.

Poco imaginaba que era el principio de un viaje desgarrador.

La sede de European Adoption Consultants, o EAC, resta abandonada en el césped bien cuidado de un parque empresarial en Strongsville, Ohio, cerca de Cleveland. Un vistazo a través de la ventana descubre tarjetas de tiempo aún colgadas en la pared, y escobas tiradas en el suelo en medio de restos de muebles de oficina.

El logo de la compañía permanece colgado en u lateral del edificio, pero le falta una letra de us dirección en Alameda Drive.

“Alameda Dive”, dice.

European Adoption Consultants asignó a más de 2.000 niños de otros países en casas norteamericanas desde principios de los 90 antes de que el Departamento de estado inhabilitara la agencia en diciembre.

El edificio fue cerrado en diciembre después de que el Departamento de Estado inhabilitara la agencia para tres años – lo que significa que no pueden seguir asignando criaturas. El FBI desde entonces ha allanado el edificio, llevándose cajas llenas de material, y la oficina del fiscal general de Ohio presentó una demanda en junio para disolver por completo la agencia de adopción.

El Departamento de Estado dijo que EAC “fracasó al no supervisar adecuadamente a sus proveedores en países extranjeros para asegurarse” que no participaban en la “venta, secuestro, explotación o tráfico de menores”.

Dijo que EAC había mostrado “un patrón de un patrón de incumplimiento grave, voluntario o gravemente negligente ” de las normas para la adopción internacional y que fallaron los procedimientos de seguridad que evitan la” solicitud de sobornos “y el” consentimiento fraudulento de los padres biológicos “.

“EAC indujo a los padres de nacimiento a entregar a sus hijos en adopción” y no tomó las medidas adecuadas para asegurarse de que los padres de nacimiento daban su consentimiento a renunciar a sus derechos parentales de acuerdo con las leyes vigentes”, determinó el Departamento de Estado.

“Al no supervisar adecuadamente, se contribuyó a muchas de las violaciones descritas anteriormente”, dijo el Departamento.

Cuatro meses después de que el Departamento de Estado tomara medidas contra EAD, el gobierno de Uganda cerró el orfanato God’s Mercy, donde Mata había sido enviada. El orfanato fue cerrado por “tráfico de niños”, “irrumpir ilegalmente en los hogares de los niños” y “procesar órdenes de tutela fraudulentamente”.

El gobierno también descubrió que todas las órdenes de tutela que se procesaron para los niños de God’s Mercy se hicieron a través de un bufete de abogados ugandés que trabajaba directamente con EAC.

El abogado que procesó las adopciones de EAC en God’s Mercy, Dorah Mirembe, negó toda mala praxis por parte del orfanato. Insistió en que los niños no eran traficados en Uganda a través de orfanatos y que ni ella ni EAC nunca traficaron con criaturas.

También dijo que la madre de nacimiento sabía que su hija iba a ser adoptada en Estados Unidos, a pesar de que el tribunal Ugandés falló que a la madre de Mata se la había engañado. Dijo lo mismo de otra mujer del mismo pueblo cuya hija también fue enviada al God’s mercy y adoptada por una pareja norteamericana a través de EAC.

De acuerdo con la demanda del fiscal general de Ohio, cerca de 300 familias habían pegado a EAC por adopciones internacionales que estaban en distintas fases cuando la agencia fue inhabilitada. El Departamento de Estado dijo que estos casos se habrían transferido a otros proveedores de adopción autorizados y que se estaba ayudando a numerosas familias en el proceso.

Las alegaciones del Departamento de Estado efectivamente lograron el cierro de una agencia que había colocado a más de 2.000 niños de otros países en hogares de todo Estados Unidos desde 1991 – un sueño que empezó después de que su fundadora, Margaret Cole, perdiera un hijo de muerte súbita. Cole dijo que ya tenía 4 hijos pero que después de la muerte de su quinta hija, puso en marcha la agencia de adopción y posteriormente viajó a Rusia a establecer contactos para empezar lo que ella dijo que era su nueva misión en la vida.

“La agencia es lo único bueno que me h pasado después de la muerte de mi hija”, dijo.

La agencia floreció. A medida que EAC crecía, tramitó adopciones en más de una docena de países, incluidos la República Democrática del Congo, Guatemala, Haití, Rusia y Uganda. Los registros de impuestos del 2000 al 2015 muestran que EAC EAC reportó más de 76.1 millones de dólares en ingresos y más de 76.3 millones de dólares en gastos durante ese período.

En 2004, se le preguntó a Cole cómo había evitado a los delincuentes en medio del oscuro negocio de las adopciones internacionales.

“Tengo un radar”, dijo.

¿Engañó EAC a las familias a propósito como parte de un esquema para traficar criaturas por dinero? ¿O fue simplemente negligente, inconsciente debido a la falta de verificación de antecedentes de que los niños que estaban recibiendo de Uganda estaban siendo traficados? ¿Pudo EAC haber sido también una víctima de esta supuesta trama de tráfico?  

En la misma época en la que los Davis se dieron cuenta de que su adopción era una farsa, una familia en Virginia Occidental hizo un descubrimiento parecido.

Stacey Wells y su marido, Shawn, habían adoptado en Uganda a una niña de 7 años llamada Violah a través deEAC.

Para los Wells, las preguntas empezaron a amontonarse en el año en el que VIolah vivió con ellos. Las cosas no encajaban. A medida que su inglés mejoraba, empezó a hablar de ir con su madre a la iglesia y cocinar con ella – no la historia de abandono que la agencia había contado a los Wells.

Violah habló del día en el que ella y su hermana fueron arrancadas de su madre, con las niñas gritando y llorando. “Sus vivencias en su casa simplemente no cuadraban con la documentación”, dijo Stacey Wells.

Entonces, una noche en Septiembre, Shawn Wells vio en el Facebook la página de Reunite. Había la historia de una mujer que decía que le habían quitado a sus hijas contra su voluntad. Shawn llamó a su esposa junto al computador. Estaban en shock.

“Es la madre de Violah”, dijo Stacey. “Es ella”.

Stacey Wells adoptó a Violah pensando que había sido abandonada por su madre. “Después de que el padre muriera, nos dijeron, no las alimentaba, las encontraron enfermas, muriendo, básicamente”.

No es inusual en Uganda que los padres adoptivos norteamericanos coincidan en el Tribunal con la madre biológica – procedimientos que suceden rápido, a menudo sin traductores, sin que la madre biológica pueda entender lo que ha aceptado y con los padres norteamericanos igualmente confusos sobre qué está sucediendo.

Este fue el caso de los Wells, que estaban devastados después de ver la página de Faebook.

“Nos pusimos enfermos”, dice Stacey, “debido a la mentira de que había sido abandonada”.

Ellos ya tenían dos hijos cuando acogieron a Violah. Pensaban que estaban dando un hogar a una huérfana. En vez de esto, dice Stacey, “fue convertida en huérfana”.

“Yo no me metí en esto para robar una criatura”.

Como los Davis, empezaron el camino extraordinario de devolver a Violah, que procedía del mismo pueblo ugandés de Mata y había sido mandada al mismo orfanato, God’s Mercy. Los Wells se pusieron en contacto con Reunite, que les dijo que a la madre de nacimiento de Violah también le habían mentido los traficantes locales usando la misma falsa promesa de educación en Estados Unidos.

Violah era una de las 4 niñas apartadas de su madre. Una ya había regresado con ella; las otras dos seguían faltando, se suponía que en hogares norteamericanos.

“Consiguen huérfanos porque hay un signo de dólar, sabes. Se ha creado un mercado”, dice Stacey. Como los Davis, los Wells pagaron sobre 15.000 dólares a EAC. Dijeron que habían dedicado los ahorros de su vida a la adopción. A ambas las ha entrevistado el FBI.

En noviembre, Stacey Wells llevó a Violah de vuelta a su pueblo natal, un momento emocional que quedará para siempre en su cabeza. La madre de Violah salió de una pequeña tienda donde trabajaba y corrió hacia ellas. Abrazó a Stacey y después dio a Violah un abrazo gigante.

En su casa, Violah fue recibida por hermanos jubilosos. Su hermano mayor la cogió de las manos y arrancó a danzar, balanceándola de un lado a otro en celebración.

“En este momento”, dice Stacey, llorando, “supo que ella estaba donde debía estar”.

Después de conocer el pasado de Mata, Jessica Davis dice que su mantra fue “quiero la verdad para mi hija, porque vivir una mentira no funciona nunca”.

Sin saber cómo proceder, contactó el Departamento de Estado.

Jessica dijo que hubo un momento en el que le dijeron “te la puedes quedar si quieres”.

“Les dije: “No la compré en el Walmart”

Pidió a los funcionarios que no notificaran a la agencia de adopción, temiendo que algo pudiera suceder a la madre de Mata como represalia.

Después de un culebrón de casi tres años, Jessica y Adam Davis estaban exhaustos, física y emocionalmente. Habían gastado sobre 65.000 dólares en la adopción, vuelos a Uganda, impuestos y otros gastos.

Al principio, adoptar había parecido la opción correcta. Esta en línea con sus fuertes creencias cristianas, y permitía a Adam poner en práctica lo que predicaba como pastor asociado en la Iglesia Metodista de St. Clairsville, Ohio. Bendecidos con cuatro criaturas propias, creían que adoptar a una criatura huérfana que estuviera en una situación desesperada era una menra de hacer algo bueno en un mundo difícil.

Abrieron su hogar y su corazón, sólo para sufrir el golpe aplastante de la realidad.

“Inconscientemente hicimos una solicitud para una criatura”, dice Adam. “El único trauma que esta pobre niña llegó a experimentar fue esencialmente porque nosotros presentamos esa solicitud”.

“La seleccionaron para nosotros”, añade Jessica.

Los Davis llenaron papeleo para deshacer la adopción de Mata, y en septiembre, el Gobierno ugandés devolvió a su madre sus derechos parentales.

La familia le organizó una fiesta de despedida antes de que se marchara de Estados Unidos el otoño pasado. Los Davis pidieron a sus cuatro hijos que pusieran buena cara – y trataran de no llorar delante de Mata. Los videos caseros permiten echar un vistazo a esta escena emocionante.

“¿Qué día es hoy?”, pregunta Jessica.

“Me voy a casa”, dice Mata, sonriendo.

“¿Estás emocionada?”

“Sí”

La primera cosa que hará cuando vea a su madre, dice, es “abrazarla”.

Pronto, Mata y Adam estuvieron en el vuelo de 14 horas hacia Uganda mientras Jessica y el resto de la familia se quedaba en casa. Mata había vivido con los Davis durante un año, encajando bien con los otros niños y adaptándose a la vida en Estados Unidos.

Devolverla era no solo lo correcto – en la cabeza de los Davis, era la única cosa posible.

El día después de aterrizar en Uganda, Adam y Mata viajaron hasta su pueblo. A medida que se acercaba a casa, Adam le dijo a Mata que la quería y que estaba orgulloso de haber sido su padre el último año.

Cuando Mata y su madre se vieron por primera vez, Adam dijo, fue como en la parábola bíblica del Hijo Pródigo. Su madre corrió hacia Mata, abrazándola. Reían y lloraban, desbordadas de pura alegría.

“Nunca había visto nada igual”, dice Adam.

Mata estaba en casa.

Epílogo.

Los Davis aún hablan con Mata vía Skype cada dos meses. Ha vuelto a la escuela en su pueblo y disfruta de su nueva hermana. Los Wells se mantienen en contacto con Violah, también.

Mata y Violah se han hecho amigas y han florecido desde que han regresado a casa.

Cuando se le pregunta cómo se ha sentido desde el regreso de Mata, su madre dijo con una sonridas: “Soy muy muy muy feliz”.

La madre de Violah compartía el sentimiento: “Estoy muy feliz y agradecida”.

Dos de sus hijas siguen faltando, sin embargo. Desde Reunite han notificado a las dos familias norteamericanos que parecen haberlas adoptado. No han tenido respuesta.

“Las dos familias son conscientes de la verdad. Parece que quieren continuar su vida y hacer creer a las criaturas lo que les han contado, aunque no tenga ni un gramo de verdad”.

Un estudio del Gobierno ugandés y de UNICEF descubrió que los padres ugandeses eran “sobornados” y “engañados”, a menudo con incentivos económicos, y que los orfanatos eran cómplices.

El informe dice que los orfanatos no siempre verifican correctamente la información sobre las historias de las criaturas antes de acogerlas. Los hallazgos de este estudio concuerdan en muchos sentidos con lo que sucedió a Mata y Violah.

Cómo ayudar.

Las familias que protagonizan nuestra historia trabajaron con Keren Riley de Reunite para ayudar a regresar a sus hijas adoptadas a sus madres biológicas. Riley, una ciudadana británica que vive en Uganda desde 2010 ha puesto en marcha una organización de base para proveer servicios a niños que no son atendidos por su familia, y para ayudar a criaturas que han sido traficadas o se han perdido en el sistema a reencontrarse con sus familias en Uganda.

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La huérfana que adopté en Uganda ya tenía una familia.

Desde que empecé mi periplo adoptivo, he oído incontables historias de adopciones irregulares. Adopciones en las que la documentación tenía información incompleta o directamente falsa, niños que al aprender el idioma contaban una historia muy distinta a la que había en sus papeles, historias de familias convencidas por buscadores de niños para ceder a sus hijos. Y en muchas ocasiones me han hecho (y me he hecho) la pregunta de qué haríamos si descubriéramos que la familia biológica de alguno de mis hijos no renunció a él voluntariamente y le está buscando. Este caso de adopción en Uganda es el primer caso que conozco en el que la familia adoptiva decidió reintegrar a la niña que habían adoptado a su verdadera familia.

Mata holds her baby sister, whom she first met via Skype while talking with her mother from Ohio. It was during that call that Mata realized her mother hadn't given her up for adoption. "My mom was tricked," she says.<br />

Siempre he querido dejar alguna huella en este mundo. Traer bondad, paz y sanación a un mundo que a menudo parece inundado de pérdida, privación y una gran variedad de obstáculos que hacen la vida difícil a tantos. Cuando tomamos la decisión de adoptar, parecía pan comido.

Pensé que era una manera de marcar una diferencia, al menos para una criatura. Mi marido, Alan, y yo, abriríamos nuestra casa y nuestros corazones a un niño que lo necesitara.

De lo que no fui consciente cuando empecé este camino era que la adopción era tanto más que solamente esto. No esperaba que fuera un camino lleno de rayos de sol y arcoíris, pero tampoco era consciente de la profundidad de la angustia y pérdida que implica la adopción, no solo para los padres adoptivos, sino todavía más, para las criaturas adoptadas, como la que estábamos a punto de conocer y acoger en nuestras vidas.

Adam y yo investigamos a fondo en cada escalón del proceso con la esperanza de garantizar una adopción apropiada y ética. Ya véis, ya éramos padres de cuatro hijos biológicos, así que no se trataba de “tener otro hijo” o simplemente “aumentar la familia”. Para nosotros, adoptar tenía que ver con compartir nuestra abundancia –nuestra familia, amor y hogar, con un niño al que le faltaban estas cosas básicas.

Ninguna parte del proceso fue fácil – ni siquiera la decisión de adoptar internacionalmente. Sabíamos que había niños americanos, al igual que en otras partes del mundo, que necesitaban lo que nosotros podíamos ofrecer. Acabamos llegando a la conclusión (a partir de lo que ahora veo como una forma de propaganda) de que la mayor necesidad estaba en los países más pobres.

Recuerdo leer que hay casi 3 millones de huérfanos en Uganda, y con esta estadística en la cabeza (y algo más de investigación), en octubre de 2013 empezamos el proceso para adoptar allí. Hicimos montones de papeleo, conseguimos innumerables juegos de huellas dactilares y gastamos decenas de miles de dólares. Tardamos algo más de un año a pasar todas las formalidades, pero finalmente llegamos a la mejor parte del proceso, responder a las necesidades de una criatura.

Finalmente llegamos a este punto. En 2015, dimos la bienvenida a nuestra casa a una niña de 6 años hermosa, fuerte y valiente que se llamaba Namata. No se puede anticipar mucho cuando se trata de adopción, pero traté de hacer mis deberes tan a fondo como cualquier otro adoptante – y aún así, nada me preparó para lo que pasaría después.

Tardamos un poco más de un año y medio en darnos cuenta que las cosas que “nuestra” hija nos estaba contando no cuadraban con las historias que había en lo documentación que nos brindó nuestra agencia de adopción, European Adoption Consultatns, Inc.

(En diciembre, el departamento de Estado de los EEUU inhabilitó la agencia por tres años, lo que significa que no pueden seguir asignando criaturas. El Departamento de Estado dijo que encontró “evidencia de un patrón de incumplimiento grave, voluntario o negligente de las normas y circunstancias agravantes que indicaban que continuar acreditando a EAC no habría sido en el mayor interés de los menores y familias implicadas”).

Al principio me pregunté si la información conflictiva que Namata compartía con nosotros reflejaba sus esfuerzos para afrontar el trauma de haber sido abandonada y maltratada. Pero acabé dándome cuenta de que me estaba contando algo distinto – y muchísimo más importante.

En muchos momentos durante este año y medio, tuve que suprimir la compulsión de ver las cosas que me contaba a través de mi propia lupa, ya que a menuda esta lente está velada por el privilegio y las experiencias que uno tiene. Fue cuando empecé a escuchar abiertamente cuando me di cuenta de qué era lo que ella intentaba tan desesperadamente que yo comprendiera.

La niña que habíamos adoptado tras años de lucha no era huérfana en absoluta y prácticamente todo lo que estaba escrito en su documentación y nos habían contado sobre su pasado no era una descripción precisa de su vida en Uganda.

Más que esto, finalmente descubrimos que tenía una familia muy amorosa de la que había sido ilegalmente arrancada con la finalidad (creemos y estamos convencidos) de proveer un “huérfano” para dar respuesta a nuestra solicitud de adopción.

Devastada ni siquiera empieza a explicar lo que sentimos cuando nos dimos cuenta lo que había sucedido para traer a Namata a nuestra casa. A la madre de Namata le dijeron solamente que Adam y yo íbamos a cuidar de su hija mientras le proporcionábamos una educación, que es la vía central al empoderamiento la oportunidad en Uganda.

Así que cuando esta supuesta oportunidad de ser apadrinada por una pareja americana “rica” se le presentó, sintió que ella y su hija habían sido bendecidas. Nunca renunció conscientemente a sus derechos como madre de Namata, pero una vez hubo una confirmación verbal de que nosotros íbamos a adoptarla, los que trabajaban sobre el terreno en Uganda falsificaron la documentación y colocaron a Mata en un orfanato.

Para el momento en el que la madre de Mata se dio cuenta de qué estaba sucediendo, que nunca iba a volver a ver a su hija, ella estaba indefensa para parar las ruedas que habían empezado a girar. Después de muchos meses investigando los detalles de nuestro caso, también me di cuenta de que la experiencia de la madre de Mata no es infrecuente en la Adopción Internacional.

Hay localidades en Uganda y en todo el mundo donde madres, padres, hermanos y abuelos están desesperados por reencontrarse con los niños que fueron ilegalmente separados de ellos a través de la Adopción Internacional. Ha sido descorazonador para mí darme cuenta de que un acto tan hermoso y puro puede estar contaminado con tanta maldad. Pero como sucede con muchas cosas hermosas en el mundo, la corrupción y la avaricia es una realidad – una que no podemos limitarnos a ignorar.

La Adopción Internacional debe ser reformada. Los padres adoptivos y los gobiernos implicados en este proceso no pueden seguir alegando ignorancia.

A través del proceso para reunir a Namata con su familia, me encontrado con tanta resistencia, saturada en derecho y privilegio. Más de una vez me han preguntado, ¿por qué no te limitas a “quedártela”? ¡Son palabras que utilizo cuando describo algo que he comprado en el colmado! Namata nunca me ha pertenecido: es un ser humano que merece algo mejor que este tipo de pensamiento egoísta y estrecho de mente.

En una ocasión, alguien sugirió que no le contara a nadie lo que ella nos había contado. Otras veces, me dijeron que era mi deber cristiano quedarme con ella y “criarla en la fe verdadera”.

Incluso al final, cuando toda la información dejaba claro que la madre de Namata nunca había renunciado a ella, funcionarios del Gobierno norteamericano me dijeron que yo debía decidir si quería o no devolverla a su familia. Su madre, que fue ilegalmente despojada de sus derechos, no parecía ser un factor a tomar en cuenta.

No haya palabras para describir lo paródico de esta injusticia. Debo dejar claro lo siguiente: mi raza, país de origen, nivel económico (aunque pequeño, es mayor que de la inmensa mayoría de personas del mundo), mi acceso a “cosas”, mi religión – ninguno de estos privilegios me da derechos sobre los niños de los pobres, sin voz y desamparados.

Si acaso, creo que estos privilegios deberían venir con una responsabilidad de hacer más, de levantarnos contra estas injusticias. ¡No podemos dejar que otras familias sean separadas para formar nuestras propias familias!

Estoy segura de que la mayoría de personas que adoptan internacionalmente tienen la mejor de las intenciones, pero las buenas intenciones no justifican la ignorancia. Después de desvelar la verdadera historia de Namata y buscar exhaustivamente, creo que he tomado conciencia de las realidades de la corrupción  que ocurren en general en la Adopción Internacional. Este acto a la vez complicado y hermoso de abrir un hogar y un corazón a una criatura que lo necesita se ha corrompido por la avaricia y el salvacionismo.

El proyecto de mi familia para adoptar se ha convertido en un proyecto para luchar por las familias. Familias que son destrozadas por la ignorancia y la falta de empatía hacia los que no tienen voz para luchar contra las injusticias que afrontan cada día. NO puedo mirar hacia otro lado. Debo continuar esta lucha hasta que vea un cambio en el sistema.

Puedo decir también que he visto al belleza de una familia reconstruida y que no hay nada parecido. Adam y Namata hicieron el largo viaje hacia su pueblo remoto en Uganda juntos, mientras yo permanecía en casa con mis hijos biológicos. No podíamos permitirnos viajar los dos y mi marido estaba preocupado por mi seguridad después de haber expuesto la corrupción. También le preocupaba la seguridad de Namata y quería estar a su lado hasta el momento en el que estuviera en casa, bajo la protección de su madre. Así que de mala gana me despedí de ella en Estados Unidos.

Aunque estábamos desbordados de angustia esa mañana, Adam, los chicos y yo intentamos sonreír, porque para Namata era un día feliz. No podía esperar a reencontrarse con su familia y tuvimos mucho cuidado de no quitarle su alegría.  Fui testigo de esta parte del viaje a través de videollamadas y fotos y fue hermoso. Dolorosamente hermoso.

En septiembre de 2016, la madre de Namata abrazó a su hija con alegría y risas abundantes y no se han vuelto a separar ni un día desde entonces. Namata ha florecido desde que llegó a casa y yo me siento agradecida por ello.

Durante este proceso, también he tenido la revelación de lo que significa realmente ayudar y querer a un huérfano (frase que a menudo usé cuando discutía sobre adopción). Este amor va más allá de nada que hubiera imaginado. Ahora parece clarísimo. Ahora que las voces de cientos de adultos adoptados que he conocido desde que empecé este camino resuenan claramente en mis oídos.

La inmensa mayoría de niños en orfanatos, y incontables niños adoptados internacionalmente, no son huérfanos en absoluto. La mayoría tienen un padre o madre, o ambos. Adicionalmente, muchos tienen hermanos, abuelos, tíos y tías, que se ocupan de ellos.

Mis buenas intenciones en todo el camino fueron erróneas. Si realmente quería ayudar a un huérfano, ¡este acto requeriría asegurarme que se han hecho todos los esfuerzos para mantener a este niño dentro de su familia biológica! Si este hubiera sido mi objetivo desde el principio, no habría pasado por alto tantas señales de alerta.

Demasiados vemos la adopción internacional como una manera de “salvar” niños. ¿Y si lo miráramos de otra forma? ¿Y si decidiéramos hacer todo lo que está en nuestra mano para asegurarnos de que estos niños pudieran vivir sus vidas dentro de las familias que Dios les dio en primer lugar?

No hablo de niños retirados por necesidad de familias maltratadoras o negligentes, sino de aquellos cuyas familias amorosas fueron erróneamente persuadidas para renunciar a ellos. Familias que pensaron que la decisión estaba fuera de su control debido a la enfermedad, la pobreza, la falta de acceso a la educación, intimidación, coerción o una idea falsa de lo que el “sueño americano” podía representar para su hijo.

¿Estoy diciendo que no adoptemos? ¡No!

He oído a montones de adoptados adultos que están totalmente en contra de la adopción, y no voy a menospreciar sus voces o negarles el derecho a sentirse así porque es toda una vida de experiencia lo que ha formado sus opiniones.

Pero debido a la fuerza de sus voces, también he visto una nueva ola de padres adoptivos con los ojos abiertos – padres que entienden las pérdidas que han sufrido sus hijos adoptados, que les escuchan, que afrontan las enormes obligaciones y los altos listones que requiere la adopción.

Sólo escuchando y reconociendo las verdades difíciles la adopción puede convertirse en algo ético y positivo. Esto significará algo distinto para cada familia. Para nosotros, significó reunir una familia destrozada por un proceso corrupto y sacar a la luz las actividades criminales de la Adopción Internacional. Para otros, puede representar una vida asegurándose que la criatura conserva su identidad cultural o racial, o mantener vivos los lazos con su familia de nacimiento, cueste lo que cueste. La adopción puede ser hermosa, pero no es nunca fácil.

Por esto digo sí a la adopción, cuando las familias comprendan claramente el peso que tendrán que cargar. El peso de hacer lo correcto para esta criatura de manera que no habías imaginado: de luchar por su mayor interés, sin intenciones enfermizas, egoísmo o avaricia. Y darse cuenta a veces de que el mayor interés puede ser que no termine siendo tu hijo adoptivo.

Recibo noticias de quién fue nuestra hija adoptiva, Namata, a menudo con fotos y a veces con vídeo. Cuando empiezo a verlas, suelo llorar por lo mucho que la echo de menos. Me encantaría abrazarla, pero entonces me recuerdo a mí misma todo lo que casi perdió ella al ser adoptada.

A veces hay fotos de ella en casa de su madre, con una sonrisa de oreja a oreja. Otras veces, lleva en brazos a su hermanita, o regresa de la escuela con su otra hermana.

Una de mis fotos favoritas es una en la que Namata está sentada en el suelo, de cara a su madre. Y su madre – la mujer que la parió, se le parece, sonríe como ella y la quiere más profundamente que nadie en la tierra entera – le devuelve la mirada a la hija que estuvo a punto de perder.

El principito

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Hace algún tiempo, V. me contó que su hijo adoptivo (el mediano de 3 hermanos) le había echado en cara que ella no era su madre.

¿Y qué le dijiste?, pregunté yo, que por aquella época acababa de estrenarme en la maternidad.

Le dije que me parecía bien, que yo entendía que su madre era E., pero que E. había muerto en Etiopía unos meses antes y ya no podía cuidarles; por esto ahora lo hacía ella, y que si querían llamarle por su nombre o “canguro” o lo que fuera, pues que adelante.

Me acordé de esa conversación cuando leí este párrafo de este texto de Loretta Cornejo:

“Tengo mi Principito particular, un niño de ocho años que me dijo que no quería volver a tener más madres en su vida (de esto hace doce años), y acepté que no lo sería, y le conté tu historia y la del zorro (ver historia), y que seríamos eso, nos domesticaríamos si podíamos. Y estábamos de acuerdo, y llenaríamos nuestras vidas de conversaciones y de historias, si lo veíamos posible. Y entonces me preguntaste si no soy hijo… ¿entonces que soy tuyo? Serás eso, mi Principito, te contesté. Y lo aceptaste, aunque al principio te daba risa esa palabra y aunque luego le perdiste el miedo a decirme mami, mami o mamá (y que repites aún con ternura todos los días) siempre has querido que te siga llamando así: Mi Principito”

Después de ver This is us, una persona adoptada se ausenta sin permiso

Descubrí el blog de Anne Heffron cuando vi la serie This is us (por cierto, se está emitiendo ya la segunda temporada. Yo la tengo pendiente todavía, pero dicen que es tan magnífica como la primera). Este artículo, aunque lleva el nombre de la serie en el título, no habla de ella. Pero me ha gustado tanto que he tomado la decisión de compartirlo aquí.

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Voy a conocer a mi padre de nacimiento dentro de unas semanas. En lenguaje de la adopción, a esto se le llama reunión. ¿Cuántos de vosotros habéis tenido una reunión con una persona a quien no habíais visto antes? Quiero decir, parte de mí era un espermatozoide dentro de él, así que me lo encontré como pez, pero era sólo una parte de mí. No tenía mis piernas ni mis dedos. ¿Me reconocería si apareciera en mi forma original? ¿Un pez diminuto, preparado para luchar con el gran huevo por un lugar en el mundo, estuviera este preparado para mí o no? Creo que no. Ni siquiera me vería.

Así es cómo me empoderé como persona adoptada: me dije a mi misma que el mundo tenía tantas ganas de que naciera que hicieron falta dos desconocidos, una fiesta, algo de alcohol, y la decisión de no abortar ilegalmente para hacerme.

Esto va sobre ser real.

Me he dado cuenta de que a medida que me hago mayor, más triste me siento sobre ser adoptada. Me parecía bien cuando era una niña, y entonces cumplí 50 y fue como si alguien me arrancara el cerebro y me diera otro nuevo, uno que apenas podía gestionar el duelo y las lágrimas.

Hablemos de la crisis de la mediana edad. No es solo que nadie hable de ello cuando eres adoptado. Mis padres nunca me dijeron: “Ey, no tienes problema en ser adoptada ahora, pero cuando uno de nosotros muera, podrías volverte loca una temporada”. Nunca dijeron esto porque no tenían ni idea. No tenían ni idea porque las personas adoptadas no hablaban de ello, y si lo hacían, no había nadie con cuadernos para tomar notas.

Intenta explicar a tu jefe que la razón por la que lloras es que te acabas de dar cuenta de que ser adoptada de bebé te traumatizó y ahora que tienes 52 años necesitas irte a casa un año y llorar. Que tengas suerte a la hora de conservar tus beneficios. Tu trabajo. Tu cordura. Tus amigos. Los contenidos de tu estómago.

Así que la palabra “reunión” es ridícula. Como lo es, de hecho, la expresión “padre de nacimiento”. No estuvo en mi nacimiento. No me sacó de la barriga. Inseminador es grosero y no es algo que me gustaría usar para presentarme. ¿Buen tipo? Ya os informaré.

Adoptada es una palabra que he llegado a odiar. No quiero ser una persona adoptada. Como adoptada, no quiero tener padres adoptados o hermanos adoptados. ¿Por qué? Cuando me casé (la primera vez) me quité los zapatos en el altar para que mi inminente marido y yo tuviéramos la misma altura. Todo el mundo en la congregación pudo ver la etiqueta brillante en la suela de mi zapato izquierdo. Ese zapato parecía tan adoptado. Como si nadie lo hubiera querido y hubieran tenido que ponerle una etiqueta para que pudiera encontrar un hogar.

Si yo soy adoptado y tú no, ¿qué eres tú? ¿Te pregunta alguien si tus padres son tus padres de verdad? Hmmmm. Probablemente no. Así que quizás tú eres de verdad. Y yo soy… no de verdad. Yo soy adoptada, y mis padres son mis padres adoptados. Blchhh. No gracias.

Adoptada significa “adquirida como propia por elección”. Esperad. ¿Qué? Yo no me pertenezco a mí misma porque el nombre que me dieron al nacimiento me fue quitado y recibí el nombre de mis nuevos padres. Así que una mejor definición podría ser “adquirida como de ellos por elección”. Pero esperad. ¿La elección de quién? ¿Mía? ¿De ellos?

Necesito una palabra que pueda traducir de forma más limpia y precisa al lenguaje que entiende mi cerebro, el idioma que resuena con mi experiencia de vida.

Y he aquí el problema. El lenguaje que hablo, el lenguaje de una persona adoptada, es diferente de vuestro lenguaje, os llame como os llame – personas no adoptadas. Recordad, vengo de un planeta distinto del que viene la gente que no ha sido adoptada. Vengo de un lugar donde el creador y la creación están separados. En cierto sentido, es un estado sin dios. Vengo de un lugar donde la carne de mi carne desapareció. Vengo de un lugar donde no se me permite tener un certificado de nacimiento original porque, me temo, soy peligrosa.

Quizás la gente está asustada de que prenda este certificado de nacimiento y use la llama para quemar edificios importantes. Quizás la gente está asustada de que publique el nombre de la madre que me parió y le arruine la vida haciendo nuestra conexión pública.

¿Sueno enfadada? ¿Es desagradable leerme? Lo pillo. El otro día alguien me dijo que la madre de unos niños adoptados no podía leer mi blog porque es muy depresivo. Lo gracioso es que yo intento minimizar el dolor de perder una madre antes incluso de que te pudiera coger en brazos.

Así que, al grano, aquí está mi palabra para reemplazar adoptada: jodida.

Esto suena más real. Ahora cuando vaya al Kaiser con mi misterioso dolor abdominal, puedo contarle al doctor que estoy jodida y probablemente recibiré más atención que si digo que soy adoptada. Si volviera a la Universidad y volverá a pensar en abandonar, podría ir a mi consejero y decirle que estoy jodida, y me haría más caso que si hubiera dicho que soy adoptada. Si estuviera mirando a mi segundo marido, incapaz de conectar con otra persona de la manera en la que todos mis amigos parecen poder hacer, podría haberle dicho que estoy jodida, y más probablemente me habría comprendido mejor que si le dijera, como hice, que soy adoptada.

Una vez, cuando mi hija era pequeña, estaba en el asiento trasero cuando alguien me cortó el paso. Dije, en voz alta, “¡Joder!” y entonces mi dulce niña, en voz alta, dijo lo mismo. Entre en pánico y me reí al mismo tiempo. Ella era tan perfecta, tan pura, tan dulce, y esta palabra, una línea de rabia oscura, salía repetidamente de su boca porque su madre se estaba riendo.

Resulta que me encanta la palabra “joder”. Sienta bien decirla y, si eres de Boston como yo, es como un miembro de la familia. Joder es mejor que jodida porque una es acción y la otra implica que actúen sobre, y yo no quiero pasar mi vida siendo alguien sobre quién se actúa. Así que mi objetivo es joder en  vez de ser jodida. Quiero ser un verbo. En mi sesentena, cuando voy al médico y la enfermera me pida por mi historia familiar, puedo decir simplemente Joder.

Qué bien sentaría esto.

Joder, no puedo esperar a hacerme mayor. 

 

 

 

Adopción e Internet

Este fin de semana tuve el privilegio de participar en el Segundo Congreso Galego de Adopción, titulado “De expectativas y realidades”. Me invitaron para hablar de Adopción e Internet (lo cual demuestra el pobre nivel de la blogosfera adoptiva española, dicho sea todo), compartiendo mesa con la autora del blog Una adoptada más.

La primera cosa que me dijeron cuando, hace ya más de una década, firmé con la ecai que me iba a llevar hasta B., fue “No leas nada en Internet”. Internet estaba lleno de bulos, mentiras, rumores y noticias sin fundamentar, esto dijeron, y era mejor que cualquier pregunta se la hiciera  a ellos.

Obviamente, empecé a buscar en Internet, y descubrí, entre otras cosas, que la información que se manejaba en foros y webs era casi siempre mejor, más fiable, más completa y más rápida que la que te llegaba por los canales oficiales, las ecais y la Administración.

Y que cuando alguien te dice que no mires algo, es porque tiene algo que ocultar.

Entonces eran los foros, algunos privados, otros abiertos (mención especial merecen los hace mucho desaparecidos “La Pizarra” y sobretodo, “Adoptiva”, donde primero fui lectora, después empecé a responder preguntas y finalmente vertí mis primeras reflexiones sobre adopción: este blog le debe mucho a aquel foro). Foros donde se intercambiaba información, opinión y reflexión, donde se generaban redes-  y de donde nacieron relaciones de amistad. Foros donde las relaciones eran horizontales, algo parecido a lo que ahora llamamos Economía Colaborativa: todos pedíamos lo que necesitábamos y dábamos lo que teníamos, sin esperar nada a cambio. Y nada nos podría haber enriquecido más.

Los foros de aquella época, dijo alguien, eran como un iceberg: sólo un 10% estaba en la superficie, pero fuera de la vista, otro 90% de intercambio, correos, relaciones bipersonales… formaban el entramado que aguantaba la estructura.

Después de los foros llegaron los blogs, que después han sido sustituidos por los grupos de Facebook. Algo más inmediato, aunque también por ello, que se desvanece antes. Todos estos formatos nos han permitido a los que adoptamos a encontrar iguales– personas que vivían lo mismo que nosotros y que a menudo no era fácil encontrar en nuestro entorno, pero también a encontrar algo más difícil e importante: adoptados adultos. Gente que nos dice aquello que nuestros hijos quizás nos dirían pero que no se atreven, no saben, o no quieren compartir con nosotros.

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Internet, además, ha abierto una puerta que no fuimos capaces de imaginar: la del encuentro. Es tan fácil poner un nombre y unos apellidos y, si hay suerte, encontrar a alguien al otro lado… y hoy hay padres y madres de niños adoptados en Nacional que atesoran fotos de la madre y los hermanos de sus hijos, chicos que quizás en casa no hablan siquiera de su familia biológica pero que rastrean el ciberespacio en busca de pistas,… y familias biológicas que hacen el camino a la inversa. Porque si Internet nos permite buscar, también nos permite ser buscados.

A este respecto, no os perdáis el documental “Twinsters”, la historia de dos gemelas, nacidas en Corea, separadas al nacer, adoptadas por familias separadas por un océano… y a las que la casualidad e Internet las volvió a unir.

El lenguaje de la adopción (2)

Buscando información sobre otra cosa, encontré esta entrada, en el texto atribuyen el magnífico blog Rarezas de la adopción (que me he alegrado de ver que vuelve a estar en marcha), aunque en realidad es del no menos magnífico Cuaderno de Retazos. Copio un fragmento que me sigue haciendo darle vueltas a la cosa de la adopción y el lenguaje

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El niño adoptado no es un niño emigrante. El niño emigrante,  cuando llega al nuevo país con su familia, aprende la lengua del país (proceso aditivo). Este  niño  sigue utilizando su lengua materna en su hogar y el nuevo idioma lo adquiere de una forma gradual y  sólida. Y les sirve de idioma funcional para comunicarse y también para el  aprendizaje.El niño adoptado sufre un proceso diferente. Su mundo desaparece  y es sustituido por un nuevo universo (nuevo tipo de alimentación, rutinas, formas de relación, sobrecarga emocional y de estímulos…)  donde, entre otras muchas cosas,  su idioma no le sirve…  ni le entienden…  ni  entiende. En ningún momento se puede considerar a estos niños bilingües. El niño adoptado se ve obligado a olvidar muy rápido su lengua original (de forma brusca y total, modelo privativo). Comprenden y aprenden muy deprisa  la nueva lengua  de sus padres (necesitan de  uno a tres meses ). ¡Increíble! Pero ¡qué pasa en el interior de nuestros niños!. Según parece se produce una especie de barrido psicológico en el que olvidan su lengua materna, proceso  inconsciente que  es necesario para que el niño pueda adaptarse a una nueva realidad. Entre olvidar un lengua y aprender otra hay  una etapa intermedia de privación de  competencias cognoscitivas  en las dos lenguas (Lambert 1977). Es decir, se quedan sin idioma en el que pensar y aprender, en el que recoger sus emociones y el enorme cambio que están viviendo. Viven en una especie de limbo lingüístico y educativo. Recordemos que nuestra lengua materna es el idioma que usamos para pensar, soñar y sentir las emociones y que su aprendizaje se inicia en el seno materno. Adquieren la nueva… pero tan solo les sirve para una comunicación instrumental. No la llegan a adquirir y consolidar de forma que les sirva de lengua de aprendizaje. Esto provoca en ellos graves desajustes, porque el lenguaje es imprescindible para las construcciones mentales y procesamiento de nuevos conocimientos. El resultado es que tienen una buena competencia verbal pero muchos déficits para aprender y adquirir conocimientos en la nueva lengua. Dicho de otro modo  sus dificultades para aprender son grandes y además, acumulativas. Se da casos de niños que al principio se van desenvolviendo bien, pero a medida que van creciendo y se complican los contenidos académicos que les dan, su rendimiento va cada a vez a peor. Incluso retroceden y olvidan cosas que parecía que habían aprendido.

El lenguaje de la adopción

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Como madre de niños que perdieron su primera lengua cuando aún no la hablaban, o no la hablaban correctamente, que empezaron a hablar su nuevo idioma calcando estructuras de otro que en teoría no era el que habían escuchado, y que luego volvieron a cambiar de lengua vehicular y decidieron abandonar la que hablaban por otra distinta, hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema del idioma y la adopción.

A lo largo de los años he ido leyendo cosas dispersas: que el primer idioma queda en algún lugar del cerebro y que hay adoptados (¿todos? ¿algunos? ¿muchos?) que son capaces de recuperar la lengua materna cuando se vuelven a acercar a ella por años que hayan pasado y por olvidada que la tuvieran; que el tiempo que pasa entre la pérdida del primer lenguaje y la consolidación del segundo crea un vacío que tiene consecuencias en el uso sofisticado del lenguaje, más allá de lo coloquial, y en los aprendizajes; que entre los hijos de inmigrantes españoles en Francia, tenían mejor nivel de francés los niños cuyos padres les habían hablado en español (o en sus lenguas maternas) que los que les habían hablado en francés, porque educar a tus hijos en una lengua que no es la primera les hace poco competentes en cualquier idioma; o que los niños adoptados tienen tal instinto de supervivencia que tienden a abandonar los idiomas que no precisan en su nueva vida, porque han aprendido a adaptarse como camaleones a cada nuevo medio.

Sigue siendo mucho menos lo que sé que lo que me pregunto, de hecho, en ocasiones ni siquiera sé bien qué tengo que preguntar para conseguir sacar alguna luz de este tema que me trae de cabeza.

Unos días atrás cayó en mis manos – a mis oídos – esta historia de adopción. La historia de Peter, un niño adoptado en Rusia por una familia norteamericana con la que no conseguía entenderse. Los padres llamaron a un intérprete de ruso, y este les dijo que el niño no hablaba ruso; quizás checo. Llamaron a un intérprete de checo, pero tampoco hablaba checo. Ni polaco, ni búlgaro, ni ninguna de las lenguas que, una a una, fueron descartando. Finalmente, un lingüista les desveló el misterio: Peter hablaba un idioma único en el mundo, que solo hablaba él y 59 niños más: sus compañeros en la habitación de su orfanato en Rusia.

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