familia monoparental, diversidad familiar y adopción

Hace 20 años, O. me dijo que su vida ya era como sería el resto de su vida: no tendría más hijos, la pareja estable había terminado con la posibilidad de tener amantes nuevos, no viviría cambios importantes en lo laboral, ni se iría a vivir a otra ciudad, no habría grandes aventuras. Hizo esta asunción con resignación y cierta tristeza.

Tenía 40 y pocos años.

Hace pocas semanas estuve hablando con G., que a los 40 y tantos probablemente también tenía claro el resto de su vida. Pero la crisis del 2008 hizo que viera tambalearse su negocio, su pareja la dejó cuando menos se lo esperaba y el año pasado empezó un nuevo trabajo: profesora en el aula de acogida de un instituto.

“Nunca pensé que sirviera para esto”, me dijo, y también “los niños me dicen, profe, tú nunca te enfadas cuando nos equivocamos, tú nos dices que así aprenderemos cosas”.

Hoy, M., que no sé si con 40 años pensaba que su vida ya estaba dibujada, colgaba este dibujo:

Puede ser un dibujo animado

De repente, pierdes el trabajo, o muere alguien de tu familia, o llega un cáncer, o una pandemia, o un apocalipsis; y descubres que toca reinventarse.

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