familia monoparental y adopción

Viernes

© The Norman Rockwell Estate; used with permission

La perspectiva de 10 días en familia, el viaje, el cansancio, el último día del cole, dejar cosas cerradas en el trabajo, las maletas, los “seguro que me dejo algo”, la emoción del reencuentro, la separación de los compañeros, el álbum, dejar las plantas regadas, la primavera, el final de los madrugones, las notas, las notas, las notas.

1000 minutos

A menudo, los padres adoptivos nos preguntamos por qué algunos niños, adoptados al nacer, y que no han sufrido por lo tanto ni institucionalización, ni negligencia, ni la experiencia de apegarse a alguien para perderlo después… parecen tanto o más dañados que niños que han sido adoptados de mayores (y que procedían en algunos casos de hogares donde no eran bien atendidos o de orfanatos inhóspitos).

Nancy Verrier aseguraba en su libro “La herida primaria”, que esta herida, la que procede de la separación entre el niño y su madre cuando aún forman parte de un “todo”, es más grande cuando el niño es separado inmediatamente al nacer que cuando puede pasar aunque solo sean unas horas con ella.

En “La Contra” de la Vanguardia publicaron la semana pasada una entrevista que aporta elementos muy interesantes a esta idea. es con el experto en neurociencia perinatal Nils Bergman.

Copio algunos extractos:

Los mil primeros minutos de vida determinan la salud y el desarrollo para toda la existencia.

La separación madre-bebé después de parto y durante el primer período crítico (incluso con grandes prematuros) crea un estrés tóxico que provoca cambios hormonales, metabólicos y cognitivos que afectan la salud y la duración de la vida.

Que madre e hijo permanezcan piel con piel durante esos mil primeros minutos hace que los circuitos neuroanles de la inteligencia emocional se conecten: la amígdala (el cerebro emocional) se conecta con el lóbulo prefrontal (el cerebro social). Si el bebé percibe que este mundo es un lugar difícil, en lugar del circuito de la oxitocina conecta el del cortisol. El neonato en las primeras dos oras tras el nacimiento escoge entre las dos opciones según si se siente seguro o inseguro. Hay un sitio en concreto en el cerebro que dice a la amígdala en qué dirección tiene que empezar a hacer las conexiones y la decisión responde a la cuestión “¿estoy seguro o inseguro?” Es una decisión binaria: sí o no. El circuito del cortisola acelera otros circuitos, eleva el estrés, la presión, y el cerebro y el cuerpo experimentan  un desgaste que afecta también a la duración de la vida.

 

Últimamente me han llegado varias propuestas de actividades para padres y madres. Por ejemplo, este ciclo de Conferencias llamado “Con mirada de niño” (se ve que la mirada de las niñas importa menos), con los inevitables Carlos González y Rosa Jové al frente; o esta charla sobre los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal organizado por AFIN, un grupo de investigación muy interesante que depende de la Universidad de Barcelona; o esta actividad, una de las muchas organizadas por el Instituto Familia y Adopción.

No he ido a ninguna de las tres citas. Por muchas razones: no me interesan especialmente los asuntos a tratar, la logística (siendo monoparental y con dos hijos) es complicada y hace tiempo que no voy a actividades que no contemplen un servicio de monitoraje para niños, la vida no me da para más…

Pero también porque hace tiempo que decidí no dar a ganar dinero a las organizaciones que me discriminan, en uno u otro sentido.

Y en este caso, la discriminación no podría ser más clara…

En el primer caso, el precio es 12 euros la entrada individual y 18, para las parejas.  En la charla de AFIN, el coste de inscripción es de 10 euros por persona, 15 por pareja. En la charla del Instituto Familia y Adopción, el precio son 10 euros por unidad familiar, se entiende que indistintamente de si es monoparental o biparental.

Hagamos números: en el primer caso, las personas monoparentales pagamos un 33% más que las personas que forman parte de una pareja; en el segundo, la cosa sube: un 50% más si eres monoparental. En el tercer caso, si estás sola, pagas ¡¡el 100% más que las personas que tienen pareja!!

¿No es un sinsentido? Los monoparentales tenemos la mitad de ingresos, de manos, de familia extensa, pagamos solas todos los gastos derivados de la crianza, tenemos la mitad de vacaciones y tenemos que organizar toda nuestra vida (incluida la asistencia a charlas y conferencias) con un solo horario laboral. ¿No deberían hacernos el descuento a nosotros?

 

Hace 5 años

Debí levantarme en la cama de mi apartamento de Marruecos, junto a A., pensando en B., que se había marchado unos días atrás con el abuelo, con esa sensación desasosegante de que, si no estaba en mi entorno visual, no podía estar bien.

Debimos desayunar, te y gallegas, A. su inevitable bibe tibio, que agarraba con ambas manos con fuerza al grito de “¡Ten, ten, ten!”.

Es posible que pasáramos por la inmobiliaria del apartamento para saludar a S. y H. Quizás H. decidió poner un ratito el cartel de “he salido” para irnos a tomar un te en la terraza del centro comercial del centro. Bebimos mientras charlábamos y mirábamos el mar.

Quizás puse alguna lavadora, quizás me acerqué al supermercado. No sé si bajamos a la playa o dimos un paseo por las calles de la ciudad.

Miraríamos cuentos y yo debí observar a A. jugando en el suelo al único juego que dominaba en ese momento, y que consistía en llenar un barreño de objetos, arrastrarlo por el salón, vaciarlo, volver a empezar.

No sé si fue este el día que fuimos a la crèche a buscar una foto de A. de bebé que me habían prometido. Al volver, se me rompió el carrito donde A. se había quedado dormido (decidí ahorrarle la angustia de volver a su anterior hogar, sin poder explicarle que no se iba a quedar en él), y tuve que cargarle en brazos. ¡Cómo pesaba!

Debimos comer en casa, y sin duda, hicimos la siesta.

Seguramente volví a pasar por la inmobiliaria a la hora del cierre y dimos una vuelta con H. y con S., tal vez comimos m’simen, nos tomamos un te e hicimos alguna compra. Quizás fue este día el que conseguí la tetera en la que cada mañana me hago té a la menta.

Lo que sí es seguro es que pasé el día pendiente del móvil, a ver si llegaba el último documento que faltaba, el visado para el pasaporte de A., que se retrasó porque la persona que los gestionaba en la embajada estaba de vacaciones.

Esperando un SMS con la palabra “Fax”.

Que llegaría dos días más tarde.

Quizás me llamó mi padre por la noche, quizás hablé con B. Quizás me sentí angustiada por la distancia, por la necesidad de abrazarle.

No guardo muchos recuerdos concretos de ese día, uno de los últimos que pasé en el pueblo de A. antes de regresar a casa, convertidos en una familia de tres.

A 900 kilómetros de allí, la familia de N. también se convertía en una familia de tres. Mientras yo esperaba el visado de A., nacía el pequeño P.

Hace 5 años.

Que extraña es la vida, ¿verdad?

Retirada

168 Film

Este vídeo de 12 minutos explica mejor la adopción que muchos libros, charlas, cursillos para el CI…

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Es la historia de muchos de nuestros hijos. Este pasado del que no consiguen desprenderse, que les sigue como una sombra, que estalla en cualquier momento. Estas reacciones imprevisibles y descontroladas, que no responden a nada que esté sucediendo en este momento sino a algo que sucedió, tiempo atrás, y que sigue sucediendo en sus cerebros. Algo que nosotros no sabemos y ellos no recuerdan. Esta capacidad para tensar las relaciones hasta el límite, para validar lo que les ha enseñado la vida: que no merecen ser queridos.

Y la incondicionalidad, como única respuesta posible.

Cambio de hora

Andamos estos días con jet lag por la hora de menos, y veo que los chicos tienen cierto lío:

B.: Hoy iremos más tarde al colegio.

Yo: No, iremos a la misma hora de siempre, a las 9, solo que han cambiado la hora, y las 9 es a la hora que la semana pasada eran las 8..

B.: ¿Y por qué cambian la hora?

Yo: Para ahorrar energía, dicen.

(Silencio)

A.: Pues yo no veo que el cambio de hora nos dé más energía… ¡¡estoy agotado!!

Collage de Señora Milton que ilustra el artículo de Beatriz Gimeno 'Construyendo un discurso antimaternal'

Me ha parecido muy interesante este artículo, de Pikara Magazine titulado “¿Por qué nos enfada tanto debatir sobre la maternidad?”

En él da un repaso a los artículos más polémicos de la revista, que son, sorprendentemente, los que están relacionados con la maternidad.

Con títulos como ‘Estoy en contra de la lactancia materna’, ‘Crianza con apego, por qué sí’, ‘Los ‘peros’ de la lactancia prolongada o el pecho a demanda’, ‘Desocupar la maternidad’ o ‘Construyendo un discurso antimaternal’.

Todos artículos muy interesantes que darían para un debate, que quizás podemos hacer, o hacer en otra ocasión, o hacer en los comentarios de los propios artículos…

Pero sobre lo que yo quería reflexionar en un blog como este, que versa sobretodo sobre maternidad, es sobre lo que dice este párrafo:

Así que, más que debatir sobre crianza natural sí o crianza natural no, sobre cómo dinamitar los modelos hegemónicos de “la buena madre”, sobre si es necesario o no poder romper tabúes sobre los sentimientos y discursos contrarios a ese ideal de buena madre… Lo que me reconcome es lo siguiente: ¿No es una paradoja interesante que en un medio feminista (ese movimiento que ha luchado y sigue luchando por que las mujeres no seamos reducidas a una categoría ‘madre’ a la que se nos destina desde que nos ponen a cambiar los pañales del Nenuco) sea la maternidad el tema que más nos revuelve, el único tal vez en el que siempre aparecen las descalificaciones personales y uno de los que más polaridad en los debates provoca?

Me dice E. que tener bajo tu entera responsabilidad la vida y educación de un ser pequeño y desprotegido no es tema baladí, y tiene razón; pero creo que la cosa va más allá de esto. ¿Por qué tantas personas no sienten que sea suficiente con escoger de qué manera quieren (pueden, nos dejan) ejercer la maternidad, sino que necesitan cuestionar la manera en la que lo ejercen otras? ¿Por qué elegir un estilo de crianza implica entrar en guerra con los demás? ¿Por qué cuestionamos, y nos cuestionamos, tanto las madres, y generalmente, los padres parecen ausentes de este debate?

¿Por qué hay algunas cuestiones que ni siquiera parecen poder plantearse?

(La ilustración, sacada del artículo principal, es el Collage de Señora Milton que ilustra el artículo de Beatriz Gimeno ‘Construyendo un discurso antimaternal’)

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