familia monoparental y adopción

Respetar el ritmo

Hablamos a menudo de la necesidad de respetar los ritmos de los niños: tanto cuando nos referimos al colegio como a la familia o entorno cercano, nos molesta igualmente que les empujen o que les ralenticen, que intenten acelerarles o que les pongan palos en las ruedas… Cada niño, pensamos, tiene su propio ritmo, y si le dejamos encontrarlo, todo fluirá.

¿Es así? ¿O sólo es así cuando el ritmo que llevan se ajusta a la idea que nosotros tenemos del que deben llevar?

Esto lo escribió T., madre de una adolescente. Reconozco que me hizo gracia lo que cuenta, y sobretodo, cómo lo cuenta… pero también tengo que decir que, a un nivel más profundo, me siento reflejada en muchas cosas de las que dice. Creo que es fácil aceptar a nuestros hijos… cuando son como queremos que sean.

En teoría yo quiero respetar sus ritmos, que busque sus intereses, que vaya a su ritmo, no imponerle… pero me he dado cuenta de que quiero que haga todo eso pero sea una niña a mi gusto, que su ritmo sea el que yo quiero en el fondo, que sus intereses sean los que a mí me parecen interesantes, que su esfuerzo sea el que a mí me parece aceptable… cuando me encuentro con una huevona que su ritmo es cero, intereses alejados totalmente de lo que a mí me parece adecuado o formativo, cero ganas de superarse/leer/formarse/esforzarse, etc. etc., entonces toda mi ideología se va a tomar por saco y me olvido de lo de respetar ritmos y dejar que busquen su camino. Creo que has de ser muy muy tolerante y creer mucho en ese sistema, y yo me veo que fallo. Me gustaría que mi hija aprendiese de otra manera, cogiendo las mil oportunidades que se le ofrecen, mostrando curiosidad, ganas de aprender, inquietudes culturales, en ese caso sería fantástico aplicar el método en el que creo que creo. Pero cuando no pasa nada de esto y veo que si la dejase se limitaría a plancharse el pelo, probarse modelitos y chatear sobre bobadas con el móvil, me cuesta mantenerme firme.

A mí esto me tiene en un continuo estado de indecisión,¿ la dejo hacer? ¿o la obligo? ¿le sugiero y no me frustro cuando pasa de mí? ¿le pego un grito y se lo impongo porque es por su supuesto bien? ¿y si no progresa? ¿y si la dejo en paz y espero a ver qué pasa? ¿y por qué no lee ese libro tan genial que le compré? ¿y por qué no mira los vídeos de internet que le sugerí y pasa la tarde retocando fotos para mí ridículas? ¿y si luego es muy tarde? ¿y si la estoy agobiando? ¿y si no estoy aceptando que sea como es? ¿y si no me gusta lo que veo? ¿debería gustarme todo lo que veo y punto, y quererla sin más? Respetar es una palabra que me queda grande con ella, y sé que muchas veces no la respeto ni la acepto, y me hace luego sentirme fatal, aunque supuestamente esté tratando de ayudarla para un futuro, para su independencia, qué se yo. Me fascina la gente que tiene clarísima una postura o la otra y es capaz de ser coherente y firme.

Creo, lo creo de verdad, que los resultados se verán a largo plazo, y las que somos nerviosas lo queremos ya, y ahí nos viene el desespero. Seguro que si nuestras hijas estuviesen fascinadas con los proyectos, buscando actividades por su cuenta, preguntándonos cosas, estaríamos súper motivados también con el método. Pero si no lo hacen nos cuesta mucho lo de respetar sus ritmos. ¡Es que respetar los ritmos es un trabajo y un aprendizaje enorme para todos! para mí de las cosas más difíciles que me han tocado vivir en la maternidad.

Raseros

 

Cuando yo era pequeña era muy buena niña. Sacaba notas excelentes, era confiable, responsable, madura, tranquila, obediente… vamos, la clase de niña con la que muchos padres sueñan. Y maestros.

No me desmandé hasta 3º de BUP, cuando descubrí la noche, los chicos y la vida más allá de la familia y el instituto. Mis notas bajaron, pero no mucho. Y empecé a hacer cosas que no casaban con la imagen que me había creado. Por ejemplo, novillos.

Me di cuenta, en ese momento, de que mi personaje de niña responsable y madura me daba mucha cancha para hacer cosas que no se le toleraban a otros compañeros. Podía faltar a clase y dar cualquier justificación, nunca me ponían en duda ni pedían una justificación de mis padres. Podía llegar a ser impertinente con los profesores, si lo hacía con la suficiente finura, porque me toleraban cosas que no habrían tolerado a compañeros considerados menos listos o menos buenos.

Incluso me puntuaban los exámenes al alza.

 

Pensé en esto el otro día cuando hablaba con A., la madre de V., un niño de 8 años movido y respondón que ahora está empezando a sacar buenas notas… pero que se encuentra con que a menudo, le puntúan a la baja. Le sacan los dos puntos que vale una pregunta que ha contestado bien en parte, por ejemplo. Le ponen flechas hacia abajo en los notables y sobresalientes que empieza a llevar.

Tuve la sensación, que compartía con su madre, de que donde en otros niños valoran esfuerzo y mejora, en él siguen juzgando el niño movido y gamberro que ha sido estos años.

Hace un par o tres de años, B., tuvo conflictos repetidos en una de las extraescolares. Se peleaba con sus compañeros, y siempre acababa castigado. Lo cual no me parece mal… pero sí me sorprendía que los otros niños, que a menudo habían hecho lo mismo que él (no es una valoración mía ni de B.: es del monitor), siguieran con el juego mientras él se iba a conserjería a esperarme. Tuve la sensación de que le medían con un rasero distinto al de sus compañeros. Un rasero que se debía a su historial previo, a su actitud movida y a veces desafiante, a la cantidad de veces que se metía en líos… A él le castigaban más veces, y le castigaban más duro.

Puedo entenderlo, pero también puedo entender que a él le pareciera injusto y no le animara a portarse mejor.

 

Hace poco, hubo una pelea en la plaza con amigos de B, con dos niños implicados. La madre de uno de ellos me lo contó luego, y me llamó la atención la diferente manera en la que relataba la misma acción según viniera de un niño o de otro. De R., un niño que tiene fama de movido, cuyos padres no tienen mucha relación social con el resto, que tienen una pinta poco convencional, decía “su actitud es inadmisible: tiene que aprender que no puede ser tan agresivo”; de M., un niño que tiene fama de no haber roto un plato, explicaba: “para que él llegue a pegar, tienen que haberle pinchado mucho”… Dos raseros muy distintos para dos niños que habían hecho lo mismo.

 

A menudo aplicamos raseros distintos a lo que hacen los niños. No miramos la acción, sino que miramos el niño que actúa. Y valoramos distinto, hacemos una interpretación distinta, según si es movido o tranquilo, niño o niña, sacaba buenas notas o suspende, es negro o es blanco… según si es nuestro hijo o el de otros.

¿Cómo se resuelve esto? Me pareció muy acertada la frase de D., una adolescente que acaba de empezar la ESO en una escuela distinta a la que había ido hasta ahora. Su madre la elogió por lo mucho que la felicitaban y valoraban sus maestras y ella dijo: “Hago lo mismo que en la escuela de antes, pero ellas me miran distinto”.

Esas pequeñas cosas

 La lejanía del mar, las distancias inaprehensibles, la sequedad en la piel y en la nariz, la media hora de más al anochecer, las cigüeñas posándose en el campanario, la calidad del agua del grifo, el metro que siempre llega por el lado por el que no lo esperas, el calor asfixiante de agosto, la irrupción sorpresiva del otoño, el cielo azulísimo, el pan sin tomate, el cosquilleo en la nuca al oír a alguien hablar tu idioma, las tapas en los bares, la absoluta incapacidad para hacerte una imagen mental de la geografía urbana, lo rápido que se seca la ropa tendida, las tardes larguísimas de la jornada intensiva, levantarte en otoño y asarte a mediodía, la afición a trasnochar, la manera de hacer las cuentas cuando pagas a escote, el girar una esquina sin saber qué hay al otro lado, las neveras de los súpers sin butifarras ni libritos, la imposibilidad de imaginar el mar.

E ir dándote cuenta de que las que realmente cuestan no son las diferencias grandes sino las pequeñas. Y que son también las primeras que se dan por sentadas.

Mucho hemos debatido en este blog sobre la autonomía de los niños, el juego libre, el uso de las calles,… este texto de Fernando Tonucci añade algunos elementos de reflexión con los cuales no podría estar más de acuerdo. Seguramente, el gran cambio en la vida de nuestros hijos no es tanto cómo ha cambiado su relación con los padres (que somos mayores, que tenemos menos niños, que tenemos menos tiempo y nos sentimos más culpables) como la desaparición de las relaciones no regladas entre iguales.

(Por cierto, un tema de debate no menor es si los que han perdido la calle son todas las criaturas… o solo los chicos. Me da la sensación de que las niñas, a partir de edades bastante jóvenes, nunca han tenido la calle a su alcance).

Las consecuencias de que los niños no puedan salir a jugar en la ciudad libremente son varias y son graves. La primera es que un niño que no puede salir de casa solo -sin adultos- no puede jugar. Y bueno, cuando digo esto los adultos se ofenden: “¿cómo que no pueden jugar, si gastamos tanto dinero por sus juguetes y los acompañamos todos los días al parque?” En mi opinión los juguetes pueden ser buenos para jugar si son pocos y se pueden aprovechar por mucho tiempo con varios amigos. Y estos dos elementos: tiempo y amigos, han desaparecido. Con lo cual se han quedado solo los juguetes y nuestros hijos se están transformando de jugadores a propietarios de juguetes. Esto tiene relación con el parque para el juego. Es un lugar inadecuado para los niños porque se quedan siempre en lo mismo. Tienen que ir acompañados por los padres y acompañar a un niño a jugar es nocivo. Es una contradicción interna: el verbo jugar no se puede conjugar con el verbo acompañar sino que es conjugado con el verbo dejar (permitir). Por lo cual el juego necesita confianza.

Primera semana de colegio

Día 1.

Madrugón, nervios, estómagos cerrados, mochilas, prisas, leche derramada, cepillos de dientes, cepillos de pelo, vámonos vámonos vámonos.

8:40. Por el camino

Yo: C. también entró en el cole en 1º, seguro que también estaba nerviosa. Y mira ahora.

C: A mí me daba mucha vergüenza. Y yo no tenía hermanos mayores que me lo podían explicar todo, que me podían presentar a la gente. A la hora del patio ya tenía 2 amigas.

8:50. Patio del colegio.

P. entra por una puerta, los mayores por otra. Se supone que la profesora de P. estará antes de que abran la otra puerta, pero no está. Carreras de un lado a otro, con los tres niños pegados a los riñones. C. ya ha encontrado a sus amigos y se ha quedado donde estará su fila.

Finalmente, llega la maestra de P. y vamos con A. y B. a buscar sus filas. Nos acercamos a una de las maestras de 4º de primaria: no sabe si B. va a su clase, pero le dice que se ponga en su fila. Su cara es un poema. No me deja darle un beso.

Luego buscamos la fila de 1º. El profesor no sabe a qué clase va A. Ni siquiera tiene claro que vaya a su curso. Se pone en marcha con el resto de la clase hacia el patio donde van a darles la bienvenida… A. se queda desconcertado hasta que la profesora de Gimnasia le coge la mano y se lo lleva.

Desde la distancia, N. y yo vemos pasar a los niños, cada uno con sus clases, y sentarse para ver la bienvenida. Cuando termina, se levantan. B., con cara de palo, saluda discretamente con la mano. A. me ve y se agarra a mí. Lo acompaño a su fila. El profesor de inglés le da la mano y empieza a explicarle cosas, me dice “ahora ya sigo yo”. Veo cómo los lagrimones le caen por la cara (a A., no al profe de inglés. Bueno, y a mí).

15:00

Me cuenta N. que ha llegado al colegio y les ha visto jugando, alegres. Salen contentos. Me llaman y me cuentan cómo le ha ido el día.

A.: yo me he portado muy bien, muy bien. No han tenido que regañarme ni una vez. Un niño me ha escupido, y otro me ha dicho que me fuera, pero K. es un buen amigo y me ha protegido.

C.: Yo he visto como un niño mayor le decía a A. que se fuera y me he acercado a preguntarle qué pasaba.

B.: Yo a la hora del patio ya tenía 20 amigos.

 

Día 2

8:40

Yo: ¿Ya tenéis preparadas las mochilas? Coged el plátano!!

B.: Podemos llevarnos un zumo. Todos los niños llevan.

A.: Yo no tengo que llevar mochila, en mi clase sólo lleva la niña nueva. Me llevo el plátano en la mano. Y el zumo.

8:50. Por el camino.

B.: ¿Sólo puedes repetir curso una vez?

Yo: Creo que sí.

B.: Pues entonces ya estoy salvado. No hace falta que haga los deberes, ni que estudie…

 

Día 3

Llego tarde a casa, está C. esperándome.

C: Tienes que firmarme una cosa de la agenda, mira… Es que ponía “padre” y “madre” y yo he tachado “padre” y he puesto “madre” y tu nombre y tu teléfono… ahora tienes que firmarlo.

Lo firmo.

 

 Día 4

Nos encontramos con E., una amiga que tiene a un niño en el colegio:

E: Que dice R. que que morro tiene B.,… que en solo 3 días se ha hecho amigo de los más guays del colegio… de los más macarras.

Manifiesto para niños

Hace unos días colgamos el Manifiesto para niñas; hoy voy a colgar el que han hecho para niños. Algunos puntos, claro está, coinciden. Pero me llama la atención que a los chicos se les hable de la diversidad sexual (punto 10) y esto no se considerara importante en el caso de ellas… Y echo de menos algún punto en el que se les diga que está bien que te gusten el rosa, o el lila, y que pintarte de uñas no es de chicas, sino de quién le gusta.

(breve listado abierto para chicos de más o menos ocho años en adelante)

1. No sos un príncipe azul y no lo vas a ser nunca. No sos un guerrero, ni un soldado, ni la luz de los ojos de tu madre, ni el orgullo de tu padre. Sos un nene común y corriente, y las expectativas que haya sobre vos son eso: expectativas de otros. Vos podés ser lo que quieras ser, no lo que los dibujitos, mamá o papá te digan.

2. Vas a estar bien en tanto entiendas que el amor es más importante que la guita.

3. Muchos hombres son tontos y tienen mucho miedo a lo diverso, como por ejemplo las mujeres y los homosexuales. No seas tonto, sé valiente.

4. A la gente se la quiere o no después de conocerla, no antes y por cómo o dónde nació. Lo otro se llama prejuicio y para mucha gente es lo mismo que ser Hombre con mayúsculas. Están equivocados, ser hombre es otras cosas más lindas.

5. Nadie debería quererte menos por no ser como ellos esperan que seas.

6. Jugá al fútbol cuando quieras, no cuando quieran los otros. El fútbol es un juego, uno de los más hermosos del mundo, no dejes que te lo conviertan en obligación.

7. Antes las nenas no jugaban al fútbol, ahora sí. Y les gusta tanto como a vos, aunque muchos varones te digan que el fútbol es de chicos.

8. No tenés que ser el mejor en nada, pero podés serlo en lo que vos elijas. Si los demás quieren que seas el mejor en algo que no te interesa, deciles que eso lo hagan ellos.

9. Puede pasar que te eduquen para que pienses que ser un hombre es ser un montón de cosas que ya no se usan. Son cosas viejas, de la época de los abuelos, o de San Martín. La vida es muy distinta ahora, abrí mucho los ojos, mirá bien alrededor, llegá a tus propias conclusiones.

10. Está bien ser gay, travesti, bisexual, heterosexual. Nadie es quien para juzgar nadie por lo que hace con su sexo, la vida es mucho más que eso. Son los mismos tontos del punto 3, y no entienden bien lo que es querer a la gente.

11. Es posible que en un tiempo te gusten las chicas. Portate con ellas como te gustaría que se porten con vos y vas a ver qué bien te tratan.

12. Los culos y las tetas que ves todos los días en la tele, en internet y en los quioscos de diarios no los vas a encontrar en las mujeres que te rodeen, si tenés suerte.

13. Las chicas tienen menos fuerza física que vos. Eso no las hace más débiles, pensarlo así es ser machista, y a las chicas los machistas les gustan cada vez menos. No te compliques la vida.

14. Puede ser que te guste demostrar que sos más hombre agarrándote a piñas con algún compañero de colegio. Si te pinta, hacelo, pero enterate de que lo que ganás no vale mucho en realidad. A veces es más valiente no pelear que pelear.

15. Te van a hacer creer que el tamaño del pito es re importante. Te van a hacer creer que el pito tiene que funcionar siempre porque sino sos menos hombre. Es todo mentira, no sufras al pedo.

16. Toda la música que existe ahora viene de música anterior que te va a volar la cabeza. Que el universo de la música que escuchás no se limite a lo que pasa la radio.

17. Leé mucho, leer te va a hacer descubrir que tu cerebro es enorme, que a otros les pasó lo que te pasa a vos, que no estás solo.

18. No hay juegos de varones y juegos de mujeres. Eso también es de la época de San Martín.

19. Jugar a ser Supermán está buenísimo, pero Supermán es un extraterrestre, no te olvides nunca. Vos sos un humano, sos vulnerable, podés llorar cuando quieras, no tiene nada de malo.

20. Pensá. Pensá siempre. Pensar es como hacer deporte: cansa, pero ayuda a vivir mejor.

21. Hay gente que cree que los sentimientos son cosas de nenas. A estas alturas deberías saber que no es así, pero va por las dudas: te prometo que sentir y pensar son las únicas cosas que nunca, nadie te va a poder sacar.

Manifiesto para niñas

Me encantó este manifiesto para niñas encontrado en este blog. Que también deberían leerse los niños. Y dentro de unos días, cuelgo el que han escrito para ellos, y comentamos la diferencia.

 

(breve listado abierto de consejos para todas las nenas de más de cinco años de edad)

1. No sos una princesa y no lo serás nunca, salvo que tu mamá o tu papá sean reyes o conozcas un principe y te cases con él. Sos una nena común y corriente. Si vas a identificarte con algo, tanto da que sea con princesas como con amazonas, guerreras, artistas o jugadoras de fútbol.

2. Los príncipes azules no existen. Pertenecen a los cuentos de hadas que te cuentan para que asumas que tu rol en el mundo es el de aguardar al hombre ideal que te alivie de las cargas de ser una mujer responsable y autónoma, que te salve de las fátigas de la sociedad y te convierta en madre de niños que deberían completarte como ser humano.

3. Todos los juguetes del mundo son para vos. No es verdad que haya cosas de varones y cosas de nenas. Te van a regalar cocinitas, bebés de juguete y sets de belleza para que te habitúes a esas actividades cuando crezcas, incluso si estudiás una carrera y te apasionás por una profesión. Si querés tener más autitos que muñecas está todo bien. No dejes que nadie te diga lo contrario.

4. No hay límites para tus ganas de ser libre. Lo mejor que te puede pasar en la vida es elegir más allá de tu género, sin condiciones, y que tus elecciones varíen tanto como vos lo desees.

5. No aceptes que te digan “una nena no hace eso”. Los que te hablen así (incluso si son tus padres), quieren cortarte las alas y marcarte un camino que creen que deberías seguir. Defendé tus decisiones, crecé sabiendo que los que sostienen divisiones según el sexo tienen cerebros chiquitos y mentes de villanos.

6. Trepate a todos los árboles que puedas. Eso no es ser varonera, es estar viva y saber jugar. Recordá que para eso vas a necesitar ropa cómoda.

7. Incluso ahora, cuando la mujer recorrió gran parte de su largo camino hacia la liberación, vas a encontrar discriminación en los que te rodean. Recordá que lo hacen porque tienen miedo y son ignorantes. Si podés, explicales que están equivocados. Si no, seguí en la tuya: que tu vida sea la mejor prueba de que no saben lo que dicen porque no lo han pensado bien.

8. El mundo está lleno de colores bellísimos, el rosa es uno más. Que tu existencia sea un arcoiris, no un merengue o una novela de la tarde.

9. Buscate juegos que vayan más allá de cambiar pañales, dar mamaderas de mentira y usar ollas de plástico.

10. Los chicos tienen pito y vos vagina. No te falta nada, lo de la envidia del pene es un invento para que pienses que ellos son mejores.

11. Evitá las publicidades. Evitá las modas. Evitá todo lo que te quieran imponer desde la televisión, hasta que puedas discernir qué te sirve de todo eso.

12. Tu amiguita que tiene más muñecas que vos no es más feliz.

13. Nunca jamás dejes de preguntar por qué las cosas son como son. Nunca te conformes con la primera respuesta. Nunca te quedes con dudas si podés sacártelas. El conocimiento es luminoso y te abre puertas.

14. Huí de la violencia. No porque sea patrimonio de los hombres, sino porque es la herramienta de los imbéciles.

15. Nadie va a quererte más porque seas muy flaca ni porque tengas tetas grandes. Al menos nadie que valga la pena conocer.

16. Mirar dibujitos está bien, pero también leé. Leé mucho. Leé hasta que te duelan los ojos. Leé cuentos, novelas, historias de piratas, extraterrestres y ballenas blancas. Incluso si al principio no entendés lo que estás leyendo porque sos chiquita, algo de eso queda en tu cabeza y la abre.

17. No descartes leer Cenicienta, pero acordate que ella y todas las demás se cansaron de comer perdices, en la parte que viene después del “y vivieron felices para siempre”.

18. Lo mismo vale para la música, el mundo no se termina en Shakira y Selena Gómez. Si podés, aprendé a tocar algún instrumento, el que sea.

19. Casarte y ser mamá es uno de tus destinos posibles, no es obligatorio. Tu futuro no está escrito en piedra, es como la arcilla y vos podés moldearlo.

20. Nunca sos muy chiquita para entender, lo que pasa es que a veces los grandes no sabemos cómo explicarte.

21. No siempre hubo mujeres presidentas. Son el producto de siglos de lucha y esfuerzo. No olvides a las que te precedieron, les debés mucho de tu libertad.

22. Las chicas que aparecen desnudas en las tapas de las revistas y en la tele lo hacen porque no tienen otra cosa que mostrar. Vos mostrá tu cerebro, que al contrario que el culo, se te va a poner más firme con los años.

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